Drácula versus Vlad III Tepes

Drácula versus Vlad III Tepes

 

Sin duda, el personaje que desde finales del siglo XIX (1897) hasta la actualidad ha aterrorizado a más niños, jóvenes, y no tan jóvenes, ha sido el “rey de los vampiros”, el Conde Drácula.

Esta obra cumbre del escritor y autor teatral irlandés Bram Stóker (1847-1912) junto a su “hermana menor” El invitado de Drácula, sobre la que hay muchas dudas sobre cuándo fue escrita si nos atenemos a lo contado por su viuda, Florence Stóker o sus colaboradores más allegados, sirvió para popularizar a un oscuro y cruel personaje de finales de la Baja Edad Media.

Este voivoda (noble) que vivió entre 1429 y 1476, fue príncipe de Valaquia. Una de las regiones que forman la actual República de Rumanía.

No nos extenderemos en la azarosa y aguerrida vida de este noble y guerrero que destacó por su crueldad. Aunque en aquel siglo, en que la ya más ilustrada Europa Occidental veía florecer el Renacimiento, pero no las bondades humanas de los poderosos, el orientalizado Vlad III no fue ni más cruel ni más genocida que otros muchos señores y reyes de su época.

Para quién desee conocer extensamente la vida de Vlad III Tepes, llamado “El Empalador”, sin duda la obra maestra del paleógrafo y doctor en Historia, especialista en el mundo bizantino y de sus países vecinos, Matei Cazacu, publicado en castellano (El Ateneo) desde hace algunos años, le aportará todo lo que actualmente se sabe, sin fantasías, de dicho personaje bajomedieval.

Nuestro interés va por caminos más arcanos, y es el personaje literario que aparece en la universalmente famosa obra de Stóker quién nos interesa.

Para la mayoría de especialistas y “expertos” en el Drácula literario, el autor irlandés se inspiró en el voivoda valaco para crear su aterrador personaje.

Incluso los más fantasiosos quieren ver en la pertenencia de Stóker a sociedades secretas de su época (algo muy común por otro lado), el origen de sus conocimientos “vampíricos”.

Pero, ya desde hace varias décadas son varios los autores e investigadores que ponen en duda la relación casi dogmática para algunos, entre el histórico Vlad Tepes III “El Empalador” y el solitario y literario conde vampiro de la novela.

Esta polémica está levantando serios, y en ocasiones encendidos debates entre los estudiosos del tema.

Si leemos atentamente las diferentes versiones de Drácula, que pueden incluso variar mucho dependiendo de la edición, observaremos que existen una serie de contradicciones que parecen indicar claramente que Stóker no se inspiró apenas, o quizá nada, en el caudillo guerrero para crear al igualmente sanguinario “príncipe de los no muertos”.

Antes de pasar a comentar estas diferencias entre ambos personajes, el real y el ficticio, añadiremos que los investigadores que defendían la teoría conforme el irlandés no se había inspirado en el noble valaco recibieron el espaldarazo de la mayor especialista mundial en el personaje, la doctora y catedrática de literatura inglesa Elisabeth Miller, actualmente jubilada de su plaza en la Memorial University of Newfounland, y dedicada todavía hoy al estudio histórico y literario de Drácula desde su despacho de Terranova.

Esta académica, especializada en la literatura inglesa del siglo XIX dedicó una gran parte de su tiempo e investigaciones a estudiar directamente las propias anotaciones de Bram Stóker, que se conservan en el Rosembach Museum and Library de Philadelphia.

Tras muchos años de investigación llegó a la conclusión, ya defendida por otros (Edmund Clyde por ejemplo) que el novelista irlandés conoció la existencia y “hazañas” del voivoda cuando su obra ya estaba muy avanzada. Y que sólo aprovechó el sobrenombre del príncipe valaco para dar título a su inmortal obra.

Añadiremos nosotros que, como veremos más adelante, en el caso real (como defendió su viuda) que su “hermana menor” antes mencionada, El Invitado de Drácula, ya estuviera contenida en un manuscrito anterior a Drácula, cuando Stóker imaginó o creó su personaje no tenía apenas idea de la historia, quizá ni la existencia, del cruel guerrero valaco.

Un gran número de investigadores aseguran, sin que haya pruebas realmente fiables que, Stóker supo de la existencia y atrocidades del voivoda de labios de un misterioso y polémico profesor húngaro de nombre Arminius Vámbery.

Incluso algunos aseguran que el personaje del profesor Van Hélsing fue bautizado con dicho nombre en honor al húngaro.

Si bien se puede asegurar que en dos ocasiones (no constan más en las notas de Stóker, que las recoge minuciosamente en sus “Recuerdos personales con Henry Irving”) ambos hombres se reunieron, no hay ninguna prueba cierta que nos indique que lo hicieron para hablar extensamente de Vlad III Tepes.

Incluso se dice que en la primera, tras ver la obra teatral El corazón muerto Stóker, Irving y el húngaro hablaron en un conocido restaurante sobre temas más lúdicos, posiblemente el juego.

En la otra ocasión se habló, al parecer, sobre la ingerencia rusa en la política de la zona. Ni mención a Vlad Tepes, o, en caso de haberla fue posiblemente más bien escasa.

Parece ser que Stóker tardíamente escribió una carta al húngaro preguntando sobre el tema, pero no se conoce con certeza que hubiera una respuesta por parte de éste.

Por otro lado no es realmente hasta 1972, que por gracia o desgracia, según se mire, de los historiadores estadounidenses Raymond T. Macnally y Radu R. Florescu ( este último de origen rumano)y su ya clásica obra En busca de Drácula que los interesados en el mundo del vampirismo pasan a relacionar directamente a Vlad III Tepes con el literario “Rey de los vampiros”; para disgusto del dictador nacional-stalinista Nicolas Ceaucescu que vio en aquella “superstición capitalista” un insulto a uno de sus héroes nacionales. Hasta el punto de censurar, en su paranoica visión de la Historia y la literatura diferentes libros sobre el tema. Lo que no fue obstáculo para que aprovechara el gran éxito de la novela (y las películas sobre el tema) y dicho trabajo literario para captar un naciente ( e inexistente hasta ese momento) turismo occidental que aportó muchos millones de dólares y marcos alemanes a la paupérrima y corrupta hacienda estatal.

Varios especialistas reconocen que el año 1958, un estudioso de segunda fila y con escasa repercusión, B. Kirtley, ya hizo una breve relación entre ambos personajes.

Según los papeles existentes del propio Stóker, ya a principios de 1890 (o quizá antes) había decidido escribir una novela sobre vampiros, a la que pensaba titular El Conde Vampiro.

Para bastantes estudioso la idea de escribir una obra sobre un conde vampiro y situarlo en aquellos territorios provenía de haber leído detalladamente una obra editada en 1820 sobre los príncipes y nobles de Valaquia y Moldavia (no de Transilvania) y de la que era autor un tan W. Wilkilson.

Cuando la doctora Miller decidió ir desgranando punto por punto las diferencias, en ocasiones casi abismales entre ambos personajes, se empezó a vislumbrar que existían y eran de peso.

 

Diferencias entre los personajes.

Vamos a comentarlas para que sea el autor quién decida y juzgue por sí mismo.

El autor irlandés sitúa a “su” Drácula en tierras de Transilvania.

Esta región, con gran número de personas de ascendencia alemana (sajones), pasó a formar parte de Rumania, junto a Valaquia y Moldavia solamente a partir del año 1918, tras finalizar la Primera Guerra Mundial. Y de hecho no es hasta el 20 de junio de 1920 con el Tratado de Trianón que Transilvania pasa a ser considerada y totalmente aceptada internacionalmente como parte de Rumanía.

Todavía en la actualidad existen, aunque casi no se informe, serios roces y diferencias entre húngaros y rumanos por la cuestión transilvana. Las más recientes y detalladas recogidas por el periodista y escritor estadounidense especializado en política de la zona Robert D. Kaplan.

Por qué Stóker, que en temas históricos era al parecer bastante meticuloso “convirtió” a un voivoda valaco, en un conde transilvano, sabiendo que ambos territorios o países apenas tenían nada que ver pese a su vecindad

Tan siquiera coincidían en lo religioso por pertenecer en general a iglesias diferentes.

Otro aspecto a tener en cuenta en esta descoordinación entre ambos personajes consiste en que, mientras Stóker sitúa al “rey de los vampiros” en su castillo cercano al Paso del Borgo (Montes Bargau, 1201 metros de altitud), el verdadero Vlad III tuvo como castillo y cuartel general la soberbia fortaleza de Poenari (Montes Fagarag), edificada sobre el año 1210 en las cercanías de la comuna de Arefu. En tierras bastante alejadas y que nada tienen que ver con el ya mítico paso del Borgo.

A nivel étnico e histórico, y este punto es muy importante, Stóker hace descender a su personaje literario de los szekely (sucesores de los hunos o de los gépidos) que llegaron a tierras húngaras hacia el año 670, y que nada tuvieron que ver con los valacos. De hecho hasta el levantamiento del voivoda valaco Mihai Viteazul en 1599 estuvieron enfrentados con los valacos en diversas ocasiones.  Por otra parte Vlad III se sabe con seguridad que descendía de una de las más rancias familias o dinastías “Basarabs” que darían nombre a la región conocida como Besarabia (Basaravia en ucraniano)

Mientras algunos investigadores ver consonancias entre la descripción física de Vlad III y el “rey de los vampiros”, otros investigadores, encabezados por la doctora Miller las hacen coincidir simplemente con un arquetipo de “ conde villano” que fue constante durante el periodo literario conocido como “gótico” ( Shelley, Polidori, Byron, Radcliffe y muchos otros describieron personajes similares)

Otro interrogante que se plantean cada vez más estudiosos del tema es por qué, el novelista no hace referencias, en caso de haberlo conocido, a las horribles atrocidades que históricamente cometió el Empalador.

En una novela gótica, y no olvidemos que Drácula es ante todo eso, parece poco lógico que no describiera, aunque fuera de manera sucinta, los terribles crímenes que cometió Vlad, y que constaban en diferentes trabajos, incluida la copia de un documento vaticano de finales del siglo XV que se encontraba (y al parecer se encuentra) en la Biblioteca Británica y en el que se describen dichas atrocidades.

Se puede considerar a Stóker como un hombre bastante meticuloso a la hora de tomar notas sobre los personajes de sus obras, como lo demuestra que para escoger a su héroe, Jonathan Hárker, había elegido como “modelo” a un emprendedor trabajador del liceo que él acostumbraba a frecuentar y que tenía dicho apellido. Otros personajes que aparecen en la obra parece ser que también eran modelos o estaban basados en personas que él conocía personalmente

Entonces, por qué existen tantas diferencias entre “su” Drácula y el histórico voivoda.

Mas bien, los “conocimientos” de Stóker sobre los supuestos vampiros transilvanos pudieron llegarle no sólo de alguna lectura aislada en la Bibloteca Británica, sino del documentado trabajo de la escritora y oradora escocesa Emily Gerard ( 1849-1905) escrito en 1881 “Las supersticiones en Transilvania( La Tierra más allá de los bosques)” que Stóker conoció con total seguridad. Y en la que se recoge la creencia en los ordogs provenientes de la tierra de los magiares (Magyarland) que poco tenían que ver con las creencias de los valacos del siglo XV; pueblo y época en que vivió Vlad III.

Además esta autora que posiblemente inspiró a Stóker, sólo conocía las supersticiones de origen húngaro, debido a ser la esposa de un militar ( comandante de caballería) del ejército del imperio austrohúngaro de nombre Miecislas de Laszowski.

Para terminar comentaremos que una de las obras de terror más leídas y traducidas en el siglo XX y parte del XXI, posiblemente la que más, sigue guardando uno de sus grandes secretos: ¿Quién inspiró al autor para crear la obra maestra más importante de la literatura gótica?

Sin duda no habrá acuerdo entre los investigadores, muy enfrentados, en ocasiones de forma un tanto acalorada, por este tema en los últimos tiempos. Pero este interrogante da todavía más valor y misterio a la obra que nos aproxima al “rey de los no-muertos”

 

Miguel G. Aracil.

 

Para saber más

www.miguelaracil.com

www.editorialbastet.com

 

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa

VIRGENES MILAGRERAS: Entre la parapsicología, el fraude y los Ovnis

VIRGENES MILAGRERAS: Entre la parapsicología, el fraude y los Ovnis

 

             

 

Pese a declararme ateo o quizá por eso mismo, siempre que cruzo el umbral de un lugar sagrado, sea una mezquita, una catedral gótica, una pagoda, sinagoga o simplemente una ermita montaraz, siento un gran respeto por la gente que acude o acudía allí a rezar a la divinidad o divinidades a la que se rinde culto, y como persona “neutral” guardo el mismo respeto a todos estos lugares “sagrados”, pero he de reconocer que tanto en mis años de creyente cristiano, (que también lo fui y mucho) como aún hoy, el culto que más me ha impactado es el que hace referencia a la Virgen María, en aquellos lejanos años por sincera devoción, y actualmente por estar convencido que tras aquellas pequeñas figuras de madera o piedra, se esconde un culto ancestral ( posiblemente el más antiguo de la Humanidad) y sincrético a la Gran Diosa Mater que es común a muchísimas religiones tanto actuales como antiguas, y principalmente prehistóricas.

A raíz de mis diversos  libro-guías escritas sobre la España misteriosa o la Cataluña mágica, he tenido ocasión de visitar numerosísimos enclaves marianos, donde se rinde culto a vírgenes de muy distinto “caché”; así podemos hablar de la patrona de Cataluña, esa “Moreneta” montserratina que recibe millones ( y no es exageración) de visitantes cada año, o de simples y sencillas vírgenes casi olvidadas que se guardan en pequeños santuarios medio perdidos en la montaña y en muchas ocasiones cerrados al público para evitar la expoliación de los “amigos de lo ajeno” que han visto en las tallas antiguas, un mejor negocio ( y menos peligroso) que las cajas fuertes de los bancos o las elitistas joyerías. Cuando llego a un santuario mariano, siento “algo” que me cuesta definir, quizá por que muchos de ellos están edificados en antiguos lugares de culto que nos indican que estamos en un lugar “especial” ( a mi me gusta llamarlo mágico), donde nuestros antepasados por alguna extraña razón que aún hoy se cuestiona, “supieron” o intuyeron que aquel lugar era el mejor para levantar un megalito, pintar las paredes de la cueva o simplemente acercarse a un árbol concreto y ponerse a rezar o hacer sus ofrendas.

Un estudio de las vírgenes, libre de dogmatismos religiosos es tremandamente interesante, pues tal como te vas introduciendo en su investigación, vas dándote cuenta que el tema es muy diferente a la aparición de una imagen hace siglos, y la consecuente devoción popular, si no que surgen unos factores, que los investigadores de lo “insólito” nos damos cuenta que forman un “síndrome” de fenómenos distintos, que van desde el posible fenómeno OVNI, hasta los actualmente populares sucesos parapsicológicos, pasando por los efectos de la geo-psicobiología y sus fuerzas telúricas y lógicamente la manipulación por parte de las autoridades eclesiásticas que mueven los hilos del marianismo a su capricho, sin descartar los sinvergüenzas que se aprovechan de la buena fe de los demás, y me refiero a estos vividores sin hacer diferencia entre la sotana aveces autoconcedida ( Palmar de Troya), la sotana “oficial” o el atuenda civil para llenarse los bolsillos..

En este libro solo he querido acercar al lector a una serie de hechos que nos lleven a comprender que detrás de las apariciones y la existencia de “vírgenes milagreras” se esconde “algo”, que puede escapar a nuestras mentes, pero que está allí, y que merece que las personas que nos interesamos por conocer las cosas un poco MÁS ALLÁ de lo que los poderes oficiales, sean religiosos o incluso científicos, nos quieren hacer ver, y así intentemos conocer esa Otra Realidad que a bien seguro existe.

No es este un libro antirreligioso ni muchísimo menos, es solamente o intenta serlo, un trabajo en el que se exponen una serie de hechos que se han dado dentro de la fenomenología mariana, y que humildemente creemos que merecen ser conocidos y estudiados.

Jamás en mi treintena larga de libros he intentado dogmatizar ni sentar cátedra de ninguna verdad, solamente he tenido como meta, dejar abierta una ventana para que todos aquellos que al igual que yo, sean curiosos, vean, descubran por su cuenta unos hechos que por lo menos, son diferentes a como nos lo han contado generalmente hasta ahora.

Aunque conozco diferentes lugares de Europa y América, esta investigación se ha centrado principalmente en las “vírgenes milagreras” españolas, ya que por proximidad y también por bibliografía, han estado más a mi alcanze, pero quede claro que en cuanto a vírgenes, no hay fronteras ni aduanas, y lo que vale para Cataluña, Galicia o Castilla-León, por poner ejemplos de nuestro país, es válido en Francia, Italia, Portugal o demás naciones europeas

No creamos que el culto a la Virgen fue en un principio del agrado de la Iglesia, pues como bien dice el investigador valenciano Juan García Atienza, “el clero tuvo que aceptarlo, so pena de perder las riendas de aquella autoridad que tan fírmemente creía sostener entre las manos”, y así observamos que no es hasta finales del siglo XI, que el culto a la Virgen María se instituye entre los fieles, principalmente gracias a la labor de los monjes cistercienses y de los caballeros del Temple, y es casi un siglo más tarde como bien dicen Javier Sierra y Jesús Callejo (La España extraña) que resucitará el valor simbólico e histórico de la Diosa Madre.

 

LA VUELTA AL POLITEISMO

 

Lógicamente el cristianismo en todas sus derivaciones es considerada una religión monoteista, pero basta con que estudiemos un poco su historia para que nos demos cuenta de que existe un verdadero panteón politeista, encabezado primero por el Padre, seguidamente Jesucristo, la Virgen María y los miles de personajes reales o inventados que la Iglesia decidió en casi dos mil años, subir a los altares, aunque muchos de ellos, sean solamente antiguos dioses paganos que las autoridades religiosas no tuvieron mas remedio que “fichar” para la causa en un sincretismo que se repite constantemente y en algunos casos, personajes que ganaron el altar gracias a su intolerancia religiosa (Santo Domingo de Guzmán por ejemplo que entre sus “bondades” cuenta con ser el “padre” junto al Papa Honorio III de la horrible institución que conocemos como Santa Inquisición). Valga como ejemplo que en toda España y según los investigadores antes citados Sierra y Callejo, solamente en España, existen 22.000 advocaciones a la Virgen, con sus correspondientes ermitas, santiarios, iglesias, etc, y a ello podemos añadir más de diez mil dedicados a diferentes santos, lo que nos indica que el cristianismo, y en este caso el catolicismo, es mucho más politeista de lo que los sacerdotes quieren aceptar.

El culto a la Virgen es desde la institucionalización del cristianismo en el siglo IV hasta bien entrado el siglo X, más bien escaso, y así nos encontramos que muchas de las ermitas y templos de aquella oscura época, estaban dedicados a los santos o a Jesucristo, pero en un momento dado, las “vírgenes milagreras” y las imágenes “encontradas” aparecen por toda la geografía. Personalmente y de una manera muy particular, estoy convencido que lo que sucede es un regreso disfrazado al animismo pagano, pero totalmente disfrazado con un halo de cristianismo. Durante el paganismo, todo tenía vida, y por lo tanto su genio o espíritu protector, y con el culto mariano sucede lo mismo, dejamos la palabra a Sierra y Callejo que nos dicen al respecto: “lo que está ocurriendo con tanta imagen mariana, es lo que ocurría a las claras en los años del paganismo, donde se creó un complejo sistema politeista en el cual todo fenómeno natural ( o inexplicable) estaba representado por una divinidad”.

Es entonces que nos encontramos con vírgenes que son halladas en cuevas que ya fueron lugar de culto en la antigüedad, en ancestrales fuentes consideradas mágicas ( en muchos casos se trata de antiguos enclaves celtas), en montañas con fama de sagradas, o en árboles  muy concretos ( robles, hayas,etc). Toda Europa y no solamente España como algunos autores muy conservadores y defensores de la “reserva espiritual de occidente” han querido vendernos, se llena de vírgenes encontradas y “milagreras”que simplemente ocupan el lugar y la gloria que otra divinidad ya tenía desde hacía en algunos casos milenios. Más adelante ya abordaremos casos concretos, pero ahora creemos que lo más importante es dejar claro que este culto es ante todo un sincretismo y que surge en un momento dado, aunque como veremos, en nuestro país se habla en muchas ocsiones de vírgenes prerománicas, anteriores a la invasión musulmana y que fueron escondidas en una cueva, el tronco de un árbol o un pozo para evitar que los árabes las encontraran, pero que una vez estudiada por los especialistas, han dado una fecha muy posterior al siglo VIII, y es un buen ejemplo la famosa Virgen del Boix ( Mare de Deu de Bastanist , Pirineo de Girona) de color negro, que según Mossen Casas i Balart había sido  esculpida en el año 705, en los últimos años de la dominación visigoda, y después de ser estudiada por los especialistas, se ha datado en los siglos XII-XIII, como bien indica el trabajo monográfico sobre Bastanist de la doctora (1)Anna María Capella i Cros, mencionaremos al hablar de dicha virgen, una de las más emblemáticas del Pirineo, que según la tradición, fue encontrada junto a un árbol  concretamente un boj, que tenía “doce” ramas, pero de los “encuentros” de dichas imágenes, ya hablaremos más extensamente en otro capítulo.

 

Miguel G. Aracil

 

Nota. Para saber más ver mi libro “ ¿Milagros en Cataluña? Entre los OVNIS, la mística y el fraude” publicado por Editorial Bastet

 

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa