CRECE LA LISTA DE LOS REYES GODOS

Durante  generaciones, los niños españoles tuvieron que aprenderse de memoria la engorrosa lista de los reyes godos. A partir de ahora dicha lista deberá integrar dos nuevos nombres.

 

Cuando los árabes invadieron la España visigoda en el año 711, el monarca godo era Rodrigo (o Róderic).

 

Las últimas investigaciones y excavaciones arqueológicas han aportado noticias sobre dos reyes godos posteriores que reinaron en los territorios septentrionales del reino visigodo hasta su casi total conquista por las tropas musulmanas.

 

Durante las excavaciones llevadas a cabo en el estratégico castrum visigodo de Puig Rom (Alt Empordá), y fechada su construcción por el arqueólogo Pere de Palol en la segunda mitad del siglo VII, durante el reinado del  polémico rey Wamba, fueron halladas diversas monedas que nos indican la existencia de un casi desconocido monarca posterior de nombre Akhila II, hijo de Witiza, que reinaría del 711 al 714.

 

En la fronteriza población en la Cataluña francesa, antiguamente fortificada de Torre de Elna, otras varias monedas nos indican que aún hubo un último rey godo, en este caso de nombre Balor (o Valor), que se mantuvo como monarca de los últimos ejércitos, o pequeñas grupos armados y disciplinados  godos hasta bien entrado el año 720, quizá 722,, en que fue derrotado al caer la fortificada población de Carbona; el último baluarte de cierta importancia de las tropas visigodas, en manos de los musulmanes invasores..

 

Las monedas de estos dos últimos y casi desconocidos reyes godos, que hasta ahora no aparecían en la lista de reyes godos, parece ser que fueron acuñadas en las cecas de Girona y las últimas halladas, en la gerundense ciudadela de Roses y Narbona.

 

Algunos contingentes de soldados visigodos siguieron resintiendo en las montañas, actualmente fronterizas, de Las Alberes. Sin descartar que algunas de las ruinosas y casi desconocidas o poco estudiadas fortificaciones que todavía hoy se pueden observar entre la maleza de la Serra de Roda, pudieran ser reductos militares o de resistencia goda ante la invasión árabe(1)

 

Miguel G. Aracil

 

( 1) Editamos esta entrada a día 30 de diciembre  del 2020 para informar que, un equipo de arqueólogos ha encontrado un palacio y un castro fortificado que añadiría  a esta lista otro rey godo, prácticamente desconocido, de nombre Teodomiro, que reinó parte del territorio hispano hasta el año 740 en que fue derrotado por los árabes ( dejamos enlace).

https://elpais.com/cultura/2019/12/27/actualidad/1577460008_695804.html?ssm=FB_CC&fbclid=IwAR34xKZAMDiPUzDNHDW50MdumlauvNJIq7RDadUSR8o7YYvhLFRiBB8N5u0

 

 

www.editorialbastet.com

www.miguelaracil.com

 

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa

Evolución histórica de la brujería y una breve pincelada sobre el sexo.

Evolución de la brujería

 

Dos grandes ideas contribuyeron en el desarrollo de la brujería:

 

  1. La adoración a las fuerzas consideradas origen de la nueva vida.
  2. El miedo a la muerte.

 

La primera de estas ideas se relacionó con la fecundidad y fue representada por una diosa de carácter femenino, ya que tiene que ser una hembra la que dé a luz a cualquier tipo de símbolo de vida

Considerando la brujería como una “religión” ritualista, hemos de destacar que este tipo de práctica era muy frecuente ya en tiempos inmemoriales y que, por lo tanto, estaríamos hablando de una creencia que a lo largo del tiempo ha ido recibiendo diferentes nombres, pero siempre ha tenido unos mismos objetivos. La prueba de este hecho es el hallazgo hecho en Ariège (Francia), donde se encontró una pintura que fue pintada en el fondo de una cueva, en dicha población, se cree que hace unos 12000 años aproximadamente. Dicho grabado representa a un hombre, vestido con pieles y llevando unas enormes astas, que se encuentra rodeado de animales.

Esta pintura, de función puramente religiosa, es la prueba que el hombre paleolítico creía que el hecho de asociarse con los animales cazados (vistiéndose con sus pieles) era una ofrenda para los dioses, los cuales, como recompensa, le ayudarían en sus futuras cazas. De dicha creencia, a partir de la figura del hombre astado (como el representado en la cueva de Ariège) nacerá el concepto del Dios “cornudo”, imagen que se ha encontrado simbolizada en muchos países a lo largo de la historia (entre ellos, los de Asia Menor, Egipto, Roma, Grecia y los que formaban parte del Mediterráneo). Al principio, el dios astado no era más que otra de las deidades a las cuales los pueblos y civilizaciones politeístas adoraban pero, más tarde, se convirtió en símbolo del sexo masculino y de aquí surgió la aparición a las deidades masculinas.

www.miguelaracil.com

 

Por el contrario, la aparición de la deidad femenina no está tan clara, aunque sí se sabe con certeza que estuvo situada en el Paleolítico. Algunos especialistas afirman que esta figura empezó a tomar importancia cuando, gracias a las tareas campestres practicadas por mujeres, nació la agricultura.

A partir de ese momento, la diosa madre (o diosa mater) ha sido representada de diversas maneras y ha recibido distintos nombres variando, cada uno, en relación a la zona o cultura; aun así, todos esas deidades  tienen en común la representación de la fecundidad y, como consecuencia, el atribuirles la creación de la tierra.

 

Prácticas sexuales en los rituales religiosos (a modo de aclaración)

 

En muchos pueblos antiguos se practicaba el sexo en rituales y, siguiendo esta costumbre, las mujeres seguidoras de la brujería, también lo hacían; es importante decir que dicha costumbre no estaba mal  vista en su momento ya que no se realizaba de forma obscena sino porque, aunque los ritos religiosos cambiaban según las circunstancias y necesidades de la gente, el propósito siempre era el de potenciar la fuerza creadora y la fertilidad (tanto a nivel de la agricultura y la ganadería como de procreación humana).

Fueron los sacerdotes quienes, por primera vez, relacionaron la religión con la moral desencadenando, por lo tanto, en atribuir el calificativo de “inmoral” a todo aquél que, siguiendo unas normas religiosas, practicaba sexo en los rituales.

Contrariamente a otras religiones, en la brujería (si es que se puede considerar como tal) nunca se ejercitó la prostitución con la finalidad de entregar el dinero recaudado a la divinidad o divinidades adoradas; aun así, durante los sabbats medievales se llevaban a cabo prácticas sexuales para procrear.

Para conocer el origen de dichos actos debemos retroceder hasta tiempos remotos cuando el hombre aun no tenía conocimiento alguno sobre los cuidados necesarios para cultivar plantas y, como consecuencia de esta ignorancia, creía en la realización de rituales con la finalidad de que los vegetales dieran fruto.

Los ritos practicados se hacían en honor a la madre naturaleza y, en ellos, se realizaban todo tipo de prácticas sexuales que, actualmente, serían consideradas como orgías. Dichos actos se practicaban en diversas zonas y aunque podían variar de fecha, siempre coincidían con la primavera y el otoño, factor que dio paso  a que, aun hoy, dos de los días más importantes para el calendario cristiano sean el primer día de mayo y de noviembre, festividades que, dependiendo del lugar, cambian de nombre (especialmente la última) pero tienen un mismo significado.

 

Relacionado con el tema de los rituales encontramos que una de las principales características de la brujería es el desnudo; así pues, las brujas asistentes a los sabbats asistían, a menudo, descubiertas. Esta costumbre  tiene su origen en viejas religiones; de la misma manera, los judíos ya danzaban sin ningún tipo de prenda alrededor del Becerro de Oro (representación del Dios egipcio Apis) rememorándolo como símbolo sexual de la fecundidad de Egipto.

 

Miguel G. Aracil

www.miguelaracil.com

www.editorialbastet.com

 

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa