MISTERIOS DE EGIPTO (LIBRO COMPLETO DE MI AUTORÍA YA AGOTADO)

MISTERIOS DE EGIPTO

 

Misterios que todavía quedan por resolver

 

 

 

Dedicatoria:

 

Para tod@s mis lector@s y seguidores de Facebook, twiter o Instagram

 

   A todos los que aman Egipto, a los que una vez visitado esa mágico país, necesitan febrilmente volver a él, pasearse por sus templos y pirámides, recorrer el Nilo, deleitarse ante las bellezas milenarias de sus edificios, y que tiemblan emocionados como niños, cuando se adentran en los mil misterios que envuelven aquel país que alguien llamó muy acertadamente Regalo del Nilo.

 

 

A los “arqueólogos románticos”, aquellos hombres que hace dos siglos empezaron a excavar en las arenas egipcias, con más voluntad que conocimiento científico, pero que pusieron la primera piedra de lo que después sería la egiptología.

 

 

Una apreciación muy personal:

 

Cuanto más nos adentramos en el estudio de las antiguas culturas, más dos damos cuenta que entre muchas de éllas, alejadas en ocasiones por millares de kilómetros y lo más importante, por miles de años, se repiten unas constantes, como por ejemplo el hecho de levantar pirámides, momificar a sus muertos, asimilar a sus monarcas con los “dioses” , estar pendientes de los movimientos estelares que marcaban las festividades sagradas de las distintas culturas, practicar la trepanación por razones mágicas ( y también sanitarias lógicamente), e incluso el utilizar inciensos, resinas y sahumerios para contentar a sus dioses.

Para los evolucionistas, esto se debe a que el ser humano, tiende a pensar y actuar de una misma manera aunque pertenezca a culturas y edades diferentes, pero siguiendo una misma evolución; para el difusionista, todo parte de un mismo origen y se va expandiendo,difundiendo por pueblos y culturas, las cuales separadas por grandes distancias tanto físicas como temporales, se van heredando,trasmitiendo, repitiendo y adaptando costumbres y conocimientos anteriores, procedentes como ya hemos dicho, de un “origen” común, en el caso de las antiguas civilizaciones, de una Cultura Madre.

La mayoría de científicos, “sabios” y “racionalistas” son defensores del evolucionismo, los investigadores “freelance”, permítaseme esta palabra tan periodística, lo son del difusionismo.

Como soy ante todo un freelance,en todos los sentidos de la vida, por lo que doy gracias a los “dioses”, y mi formación no es científica,  tras profundizar en el estudio de muchas culturas y civilizaciones antiguas,tanto a nivel bibliográfico, como in situ, me considero un defensor convencido aunque “moderado” del difusionismo, del que sin duda Egipto es una pieza fundamental, clave, aunque ni remotamente la primigenia.

 

 

 PRÓLOGO:

 

Soy un viajero “patológico”. Aún no he descubierto si mi obsesión por viajar se debe a mi profesión como reportero y escritor, o todo lo contrario, pero desde que empezé en el siempre fascinante mundo del periodismo, hace de eso ya 22 años, he intentado viajar tanto como mis medios económicos me han permitido, y el hecho de que mi esposa y después mi hija estuvieran aquejadas de mi extraña “travelpatía” me ha facilitado el tema.

Son muchos los países que he recorrido de Europa, Asia, América y Africa, pero puedo asegurar que si alguien me pregunta cuál es mi país preferido, sin duda contestaré vehementemente: EGIPTO ( por si puede interesar a alguien, seguidamente estarían Guatemala y Turquía).

El País del Nilo me encanta, me seduce, me “emborracha”, si se me permite dicha expresión. Acudo al país de los faraones siempre que tengo ocasión, y no me canso de recorrer sus templos, pirámides, necrópolis, TODO.

En mi nutridísima biblioteca, donde se apilan en decenas de estanterías más de cuatro mil libros, una buena cantidad de ellos están relacionados con Egipto y su historia, religión, y arqueología.

Cientos, quizá miles de arqueólogos y egiptólogos han recorrido, excavado, estudiado (  incluso dejado su vida) el pasado egipcio desde hace más de dos siglos, pero los miles de libros, decenas de miles de conferencias y docenas de tesis doctorales sobre el egipto faraónico, no han podido desprender al antiguo país de las pirámides, de su envoltorio de misterio.

Cuando el hombre se ha paseado por la Luna ( aunque ha decidido no volver, posiblemente por oscuras razones que se nos oculta, quizá con trasfondo exobiológico), ha llegado a las mayores profundidades oceánicas y día a día profundiza más, a Dios gracias, en los misterios de la medicina, el Egipto milenario, algunas de sus construcciones, personajes y sucesos, siguen estando cubiertos por un halo de misterio, que hace de Egipto uno de los países más “mágicos” (¡ como me gusta esta palabra tan abstracta!)que existen en nuestro castigado y viejo pero querido planeta.

El origen de la cultura egipcia sigue siendo un misterio, digan lo que digan algunos de los “sabios oficiales”, la función de las pirámides es todavía hoy desconocida, las “maldiciones” siguen estando en el candelero y asustando( y fascinando) a gentes de diversas procedencias, muchos sucesos acaecidos hace milenios siguen siendo un enigma, la datación de la soberbia y siempre enigmática Esfinge, varía en “miles de años” dependiendo de quién haga la datación, de algunos faraones,como veremos más adelante, tan siquiera se saben sus nombres ni dónde están enterrados, en fin, EGIPTO ES MISTERIO Y MAGIA.

Como en libros anteriores, dejo claro que no soy un científico, y mi formación dentro del campo de la Historia y la Arqueología, se reduce a algunos cursos para-universitarios dedicados preferentemente a la arqueología submarina, y sobre todo a muchas docenas, diría que centenares ( y no es exagareción)de libros leidos sobre estas disciplinas, asistencia a centenares de conferencias, simposiums, etc, y por encima de todo, a la deformación profesional que causa 22 años de reportero de “temas raros”. Como ya ha quedado claro que no soy egiptólogo, ni tan siquiera historiador, remarco que estas páginas que a continuación usted leerá, son el fruto de una larga investigación autodidacta, muchísimos libros y reportajes leidos ( y unos cuantos también escritos por mí)y varios viajes por el País del Nilo,de norte a sur y de este a oeste, y por encima de todo, un interés a toda prueba por la milenaria cultura faraónica.

En algunas ocasiones y en revistas de viajes e historia (La Espiral, Más Allá, Mundo Oculto, o la desaparecida Misterios de la Arqueología y el Pasado por ejemplo)me limitaba a la parte turística o histórica de aquel país, pero sin adentrarme en sus muchos misterios. En este trabajo he decidido adentrarme por el oscuro camino de sus enigmas, arcanos y preguntas sin respuesta, al menos hoy, y con la libertad de pensamiento que me da no pertenecer a ninguna “escuela científica”, intentaré presentar a continuación “algunos” ( pues realmente son innumerables)de los misterios que guarda Egipto.

Pensemos que ya en la antigüedad, viajeros como el genial y manipulador a la vez, Herodoto, llamado el Padre de la Historia, se sintió fascinado por una cultura que cuando él la visitó en el siglo V a.d.C, ya era “antigua”

Esta visión aquí presentada, es todo lo heterodoxa que usted pueda imaginar, pero creo que el País del Nilo, es heterodoxia pura, y pese a los muy ortodoxos estudiosos del pasado milenario del país, para buscar respuestas a algunos de sus enigmas, debemos romper moldes, mandar al diablo los “dogmas científicos” y reconocer que del país mas visitado por turistas de todo el mundo, aún sabemos muy poco.

Con estas advertencias hechas al lector, vamos a adentrarnos en el EGIPTO MISTERIOSO.

 

 

 

 

 

 

PRIMER CAPÍTULO

 

EL MISTERIO DE LA ESFINGE

 

“Las piedras tienen voz, pero hablan solamente si uno conoce las preguntas que tiene que realizar y sabe como escuchar las respuestas”

     Doctor Robert M. Schoch

 

Sin duda, la Esfinge es junto a las tres pirámides de Ghiza, el monumento mas emblemático del Egipto faraónico. Aquella soberbia figura hecha sobre la piedra madre, guarda sin duda uno de los mayores enigmas de nuestro planeta.

Oficialmente y según palabras del alemán Manfrer Lurker, una de las principales autoridades en el estudio de la simbología egipcia, y autor entre otros de su clásico Diccionario de dioses y símbolos del antiguo Egipto (1) el origen de la Esfinge es el siguiente: La metáfora del rey transformado en león, y que se remonta a tiempos muy antiguos, condujo a la forma de la esfinge, en la que la cabeza de león, fue sustituida por la del rey.

Y la que nos ocupa es para los egiptólogos “oficialista”, una representación del faraón Kefrén (2520-2494 a. C.) de la IV dinastía. Sus dimensiones son colosales, pues mide 73 metros de longitud, 20 metros de altura, y cada una de sus orejas, mide 1,37 m.; algunos de los bloques que forman sus patas, llegan incluso a las 50 toneladas.Según nos cuenta el historiador Nacho Ares, su aspecto original no tenía nada que ver con la que vemos en la actualidad, pues se encontraba totalmente pintada, el cuerpo de rojo, y el tocado de la cabeza de azul con rallas horizontales en color amarillo, y por delante de la falsa barba de los dioses que portaba la Esfinge, existía en la antigüedad una estatua con forma humana que posiblemente representaba a Amenofis II, padre de Tutmosis IV.                         A partir del 1991, una parte aunque pequeña de la comunidad científica, se replantea la cuestión, y entre estos “heterodoxos” destacó John Anthony West, quien ese mismo año, lanzó una nueva y revolucionaria hipòtesis, basada principalmente en las curiosas huellas que la erosión ha dejado sobre la roca sobre la que se esculpió la gigantesca figura. Este científico señaló que aquella inmensa mole trabajada por el hombre, podía remontarse nada mas y nada menos que al 15000 a.C aproximadamente, por lo tanto anterior incluso al final de la última glaciación.

West estaba convencido de que su hipótesis, muy protestada por gran parte de la “familia científica”, era verosímil, y para ello formó equipo junto al geólogo de la Universidad de Boston Robert Schoch y el geofísico Thomas Dobecki.Schoch afirmó que los análisis realizados con ondas de sonido sobre algunas rocas de los alrededores de la Esfinge, remontaba a la estatua hasta el cinco o siete mil antes de Cristo. Los resultados de los ambiciosos y meticulosos estudios realizados por el trío de científicos, dieron como resultado la siguiente conclusión:La erosión de la piedra, se había producido al final de la última Era Glacial, y que por lo tanto, la figura había sido esculpida mucho antes.

Pero aquello no iba a ser todo, pues un año mas tarde, el prestigioso New York Times publicaba un artículo de West en el que explicaba que un serio estudio forense echaba por los suelos otro de los “dogmas” de los egiptólogos “oficialistas”, pues según dicho estudio, la cara de la esfinge, no se parece absolutamente en nada al faraón Kefrén.

Además, los trabajos realizados por Schoch y Dobecki aportaron datos sobre la existencia bajo la misteriosa estatua y entre ésta y las vecinas pirámides, de diversas cavidades artificiales, hechas sin duda por la mano del hombre (2).

Fue en 1996, cuando los célebres investigadores Robert Bauval y Graham Hancock publicaban su mundialmente famoso libro Guardían del Génesis, en el cual se presentaban dos nuevos misterios referentes a la arcana Esfinge: La desproporción entre la cabeza y el resto del cuerpo, y que sea precisamente la cabeza la única parte de la figura que parece no estar erosionada por el agua. Con estos datos, llegaron a la hipótesis de que la Esfinge “verdadera” debió ser esculpida hace unos doce o quince mil años, mientras que la cara que actualmente podemos observar, habría sido remodelada en tiempos faraónicos.

Los científicos “oficiales” siguen con su dogmática datación, pero las mentes mas libres de otros investigadores, como los anteriormente mencionados, han demostrado que realmente NADA sabemos sobre la verdadera datación de la Esfinge (3), seguramente la estatua más famosa y misteriosa del planeta.Todas las teorías son defendidas vehemente por sus partidarios, pero el misterio sigue rodeando al inmenso “León del desierto”.

 

  • Publicado en castellano por ediciones Indigo, con el subtítulo de Manual del mundo místico y mágico de Egipto.
  • Es curioso que décadas antes, el famoso psíquico y vidente Edgar Cayce ya había predicho importantes hallazgos debajo de la Esfinge donde según él, se encontraban guardados importantísimos archivos sobre antiquísimas y desconocidas civilizaciones
  • Cuando estoy escribiendo estas líneas, acaba de aparecer un interesantísimo libro del doctor Schoch titulado Los viajes de los constructores de pirámides ( editorial Oberón)que nos presenta una visión totalmente distinta de la que nos ofrece siempre la arqueología oficial.

 

 

LAS PIRÁMIDES DE GHIZA: ¿UN MAPA ESTELAR?

 

 

“Todo el mundo teme al Tiempo,

pero el Tiempo teme a las pirámides”

(Proverbio árabe)

 

En el año 1994 los amantes de la egiptología, tanto heterodoxos como “oficialistas”, saltaban de sus asientos, los primeros llenos de placer, los otros “indignados”, pues un ingeniero egipcio, nacido en Alejandría pero de origen belga y maltés, intentaba explicar por qué la pirámide atribuida supuestamente al rey Mikerinos ( la más “pequeña” de la meseta de Ghiza)se construyó desviada de la casi perfecta diagonal que unía las de Keops y Kefrén. Robert Bauval, pues este es su nombre, creía que la clave para resolver este milenario enigma no se había de buscar en el cálido desierto egipcio, si no mucho mas “arriba”, nada mas y nada menos que en el infinito espacio.

Como dice mi buen amigo el periodista aragonés Javier Sierra Albert en su libro En busca de la Edad de Oro (1): Según Bauval, los antiguos constructores de pirámides, levantaron el monumento de Mikerinos ligeramente desviado del eje imaginario sobre el que se asientan Keops y Kefrén, porque así imitaban la disposición de las tres estrellas del “Cinturón de Orión”.

Lógicamente algunos pueden preguntarse qué diablos tiene que ver el lejano “Cinturón” estelar, con los antiguos egipcios y mas concretamente con las tres grandes pirámides, y es el mismo Bauval quien nos da posiblemente la respuesta, pues según él, en los misteriosos Textos de las Pirámides, estudiados por el francés Sir Gastón Camille Maspero (1846-1916), profesor del College de Francia, se cuenta claramente que “el difunto rey Osiris, se volvía en una estrella en la constelación de Osiris-Orión”.

Viendo esta misteriosa relación entre dichas estrellas y las maravillosas pirámides de Ghiza, Javier Sierra se hace una pregunta: ¿Sirvieron acaso ( las pirámides) como “máquinas” para guiar las almas de los reyes hacia su reposo eterno en los cielos? Y seguidamente vuelve Sierra a preguntarse ¿No sería ésa una explicación más lógica que la de meras tumbas?.Personalmente creo que Sierra, más que preguntar, afirma.

No es necesario decir, que esta hipótesis dolió a los “cabezas coronadas” de la egiptología en toda el alma, pues no encajaba con sus irrefutables “dogmas”, y este “dolor” se vió acrecentado cuando el ingeniero egipcio formó equipo con el famoso investigador vanguardista y heterodoxo Graham Hancock, verdadero “hereje” del pasado. Ambos aunaron esfuerzos y conocimientos y poco después demostraron que además de la relación directa de las tres pirámides con el “cinturón” estelar ( formado en su parte central por Zeta Orión, Épsilon y Delta), existía otro factor mas desconcertante si cabe, pues la disposición de los tres monumentos representaba la situación exacta de las estrellas de Orión sobre el horizonte egipcio, en el equinocio de primavera del año 10500 antes de Jesucristo (2).

Aquello ya era demasiado para los científicos “oficiales”, pues además si nos fijamos en esa fecha, es muy parecida a la que algunos investigadores mas vanguardistas y “heréticos” daban también para fechar la Esfinge.

¿Qué sucedió hace unos doce mil años para que los antiguos egipcios quisieran inmortalizar esa fecha?, ¿quizá un cataclismo planetario?, ¿ la llegada de los “dioses” venidos del cielo?, pero quizá, lo que se quiso trasmitir a las generaciones venideras no es el recuerdo de una fecha concreta,sino que sencillamente fuera cuando se edificaron dichos monumentos, con lo cual y como se publicó en un artículo de la revista Más Allá (3) ello implicaría que hace más de doce mil años, curiosamente casi coincidiendo con la supueta desaparición de la controvertida  Atlántida, en Egipto ya existía una avanzadísima civilización con una tecnología aún hoy sorprendente, muy alejada de los clanes de cazadores-recolectores de los que nos habla la “Ciencia oficial”.

Finalizaremos comentando que en los últimos años, son varios los autores que defienden que no solo las pirámides de Ghiza representan constelaciones estelares, si no que en casi todos los continentes,existen extraños monumentos que parecen querer representar en nuestro planeta, un inmenso mapa celeste, aunque su verdadera función se escapa a nuestro entendimiento(4).

 

  • Publicado por ediciones Grijalbo en su colección “Huellas perdidas”
  • Bauval también cree que las pirámides de Zahaw el Ariani, Diodefre y Snefru, así mismo guardan una correspondencia con la constelación de Orión.
  • Monográfico número 22, Misterios de Egipto, septiembre de 1997.
  • Ver El espejo del paraiso, Graham Hancock, ediciones Grijalbo

 

 

Cuando el Carbono 14 se vuelve loco:

 

Keops, Kefrén y Mikerinos desempeñaron funciones clave en el desarrollo de Ghiza.Pero cuando empezaron su trabajo, el lugar ya era muy, muy antiguo, y sin duda, sirven como una especie de reloj cósmico en el que se grabó el cielo del año 10500 a.C.

Dr. Robert M. Schoch y Robert A. McNally

 

Las pruebas del Carbono 14 no me han acabado jamás de convencer, pues imaginémonos por ejemplo que en el interior de un dolmen de 5000 años de antigüedad, los arqueólogos encuentran unos restos humanos del siglo XII ( suceso bastante frecuente); ¿significa eso que el dolmen solo tiene poco más de ocho siglos?. O que en las ruinas de una iglesia visigótica, encontramos los huesos de un monje del siglo XIII que fue allí piadosamente enterrado. En muchas ocasiones, el Carbono 14 puede dar una edad aproximada a un yacimiento, pero en otras ocasiones el baile de cifras puede volver loco a los investigadores, y eso es ni mas ni menos lo que sucede hasta el momento con las tres pirámides de Ghiza.

A mediados de la década de los ochenta,un equipo del American Research Center in Egypt (“Centro Americano de Investigación de Egipto”)dirigido por el prehistoriador Robert J. Wenke de la Universidad de Washington, realizó una serie de pruebas de Carbono 14 en las tres grandes pirámides,y en el templo de la Esfinge. Los datos fueron como para volver loco al mas cuerdo.Como veremos, habían oscilaciones de casi ¡dos mil años!.

Hemos de hacer constar, que como todos sabemos, las pruebas con en Carbono 14 solo se pueden realizar con materias orgánicas, razón por lo cual, aquel equipo científico recurrió a los diferentes trozos de madera, carbón y caña que están incrustados en el mortero que sirvió para soldar entre sí los grandes bloques de piedra del interior de las pirámides.

Aquellos restos fueron enviados a los laboratorios de la Universidad Técnica Federal de Zurich (Suiza) y de la Universidad Metodista del Sur, en Dallas (Tejas). Los resultados fueron recogidos por el doctor Schoch (1); resultó que aquellos restos eran 374 años más antiguos que lo que arqueólogos y egiptólogos creían, pero aún mas inverosímiles fueron los datos que aportaron algunos hallazgos orgánicos encontrados individualmente dentro de los diferentes monumentos. Dos trozos de carbón pertenecientes a una fila superior de la pirámide de Keops, fueron fechados en el año 3809 antes de Jesucristo con un margen aceptable de error de (más-menos) 160 años, lo que las puede remontar a una fecha máxima de 3969 A.C. Un pequeño trozo de madera de la misma pirámide, dio una datación de 3101 A.C. ( con una variación de más-menos 414 años).Otros trece trozos orgánicos, once de ellos de carbón, encontrados en la parte baja de dicha pirámide, dieron como datación entre el 3076 y el 2067 A.C.

Varios trozos hallados en la pirámide de Micerinos, datan entre el 3076 y el 2067 A.C., media docena de pruebas hechas a restos encontrados en la de Kefrén,dan entre el 3196 y el 2723 A.C, y finalmente las pruebas hechas en el templo de la Esfinge, tiene una datación entre el 2746 y el 2085 A.C.

El mismo Schochm nos comenta que otras pruebas se hicieron años mas tarde, en el 1995, y las fechas son un poco más “clásicas” pues solo remontan los datos a unos “doscientos años” antes de las dataciones que los arqueólogos “oficiales” dan para los tres faraones.

Para explicar estas veleidades del Carbono 14 (2), los científicos mas conservadores han optado por la explicación, en ocasiones totalmente posible, de que aquellas gentes, ante la pobreza de árboles y por lo tanto de madera que se da en Egipto,donde los bosques son escasísimos, utilizaran en muchas ocasiones maderos y traviesas que tenían décadas e incluso algunos hablan de siglos (Sic). Pero esta explicación no nos acaba de convencer, pues podría ser aceptable que se hubiera utilizado grandes trozos de madera “anteriores” a las pirámides,provenientes de obras anteriores, pero jamás “posteriores”.Si tal como nos aseguran la mayoría de egiptólogos, las tres grandes pirámides son aproximadamente del siglo XXVI A.C, cómo se podia utilizar en su construcción madera datada tres o cuatro siglos mas tarde.

La única explicación que encontramos es que las pirámides de Gizha fueron reconstruidas muchas veces durante milenios, y así no es de extrañar encontrarnos con restos del siglo 40 antes de nuestra era (3969 A.C.) y en otras ocasiones, una datación tan “cercana” como el 2067 A.C.

Si esta teoría es real, la primera construcción, después tantas veces reestrucurada, ¿ a cuándo podía remontarse?, hoy por hoy no hax explicación, pero este interrogante nos recuerda que prácticamente nada sabemos sobre la “primera” construcción de estas pirámides.

Terminaremos este capítulo con unas palabras de Schoch:

No hay duda de que la meseta de Ghiza fue un lugar sagrado cuya importancia ya venía de una época mucho más antigua que la IV Dinastía. Parece ser que el doctor Schoch y algunos otros estudiosos que opinan como él tienen razón en su teoría,seguidamente añade: Por tanto, es posible que los faraones de la Dinastía IV, quisieran estar cerca, y construyeran allí sus tumbas y templos, y levantaran nuevas pirámides sobre estas estructuras más antiguas o que repararan las existentes, igual que hizo Kefrén con la restauración de la Esfinge.

Ante esta teoría totalmente aceptable,por mucho que duela a los “oficialistas” y “racionalistas”, se abre un nuevo debate sobre el verdadero origen de dichas edificaciones y quién o qúe cultura puso sus primeros cimientos.

 

  • Los viajes de los constructores de pirámides. Ediciones Oberón, con la colaboración del escritor especializado en culturas antiguas Robert Aquinas Mcnally.
  • La datación cronológica por medio del radiocarbono, se basa en la desaparición del C-14 en un material orgánico. Pero debido a que la cantidad de C-14 no ha sido constante en la atmósfera, las calibraciones de fechas pueden ser muy variables y en ocasiones poco fiables.

 

 

SEGUNDO CAPÍTULO    

 

     TUTMOSIS II Y RAMSÉS VIII,                 las tumbas perdidas del Valle de los Reyes.

 

    

   Durante cinco siglos y tres dinastías ( XVIII, XIX y XX) el majestuoso Valle de los Reyes,sin duda uno de los lugares más emblemáticos del antiguo Egipto, sirvió como necrópolis para las momias de los reyes del país del Nilo y después de una epopeya científica que empezó en el siglo XVIII, los egiptólogos creían que todas las tumbas excavadas en aquellos impresionantes y áridos parajes habían sido descubiertas, pero las últimas investigaciones ponen en duda tal afirmación.

Existen como mínimo dos enigmas en el famoso valle, y que hacen referencia al lugar exacto donde fueron enterrados dos oscuros y casi olvidados faraones que quizá por sus cortos reinados, han dejado muy poca información y que vuelven a ser buscados en el Valle.

El primero de estos reyes,de la dinastía XVIII, es Tutmosis II,(reinó entre el 1493-1490 a.J. aunque no se saben las fechas con certeza y difieren bastante según los estudiosos) que murió relativamente joven, a los veintiocho años ( otros dicen que a los treinta y dos) y que solo destacó por su empecinamiento militar en mantener el orden en los siempre insurgentes territorios de Nubia.               El egiptólogo J. Winlok encontró una tumba en Deir-Ben-Behari y debido a unas dudosas inscripciones, creyó que había descubierto la última morada de dicho faraón, pero en los últimos tiempos, algunos arqueólogos han expresado serias dudas de que aquel simple pozo, contuviera en verdad la momia del rey, y parece ser como dice el popular egiptólogo y escritor  Christian Jacq,( La Vallée des Rois) que no existe razón aparente para que dicho rey ( del que apenas nos ha llegado documentación sobre su vida y reinado) hiciera construir su tumba fuera del Valle real donde eran enterrados todos los faraones y en algunos casos altos dignatarios de aquella época. Algunos investigadores como  J.M. Romer, opinan que por alguna extraña razón la momia que se encontró en Deir-Ben-Behari ( en un estrecho pozo falto de los objetos de valor que acompañaban normalmente a los faraones), sí que pudiera pertenecer a dicho faraón, pero que su tumba con todo el moviliario digno de una tumba real, debe de encontrarse en algún lugar desconocido del Valle de los Reyes, esperando la piqueta de los excavadores, quizá situada debajo de la de Tutmosis III ( descubierta y excavada en febrero de 1898).

Bien es verdad que existe en dicho valle, una tumba como mínimo “misteriosa”, la número 42, a la cual los egiptólogos más conservadores les place asegurar que es la de este misterioso faraón, pero en contra de esta teoría, sabemos con toda seguridad, que tras ser explorada en sus casi cuarenta y ocho metros de longitud, resultó que no se encontró ni un solo objeto, pintura o grabado, que mencionara para nada el nombre del ocupante, aunque no sería el primer y único caso de una tumba real del valle, que no mencionara ni hiciera referencia alguna al faraón allí depositado, pero que los arqueólogos adjudican alegremente.

Los estudiosos más heterodoxos, entre los que se cuenta el antes mencionado Christian Jacq y Charles Aldred, creen que dicho enterramiento pudo pertenecer a algún príncipe o incluso a alguna reina o princesa de la dinastía XVIII, pues esta enigmática tumba, es muy parecida a las de Tutmosis I y Tutmosis III, aunque la del primero y que se conoce como número 38,se sabe que no es la sepultura prevista originalmente para este monarca, si no que años después de su muerte, Tutmosis III lo mandó volver a enterrar allí, suceso nos que plantea otro interrogante: ¿dónde se encuentra la primigenia tumba de Tutmosis I?, ¿ está aún por descubrir?

Un caso similar es el que corresponde a Ramsés VIII  (dinastía XX, en la que podemos encontrar hasta “nueve” faraones con el nombre de Ramsés, desde el tercero hasta el onceavo), uno de los muchos hijos del poderoso Ramsés III, el cual reinó solamente tres años ( 1128-1125 a.C.). A él le debemos la última inscripción conocida de la magnífica Pí-Ramsés, la ciudad del delta que tanto amó el gran  Ramsés II.

   Su momia se buscó en Deir-el-Bahari, pero no se encontró tan siquiera un simple objeto o inscripción que mencionara a dicho rey, y tan siquiera en el Valle de las Reinas, tal como aseguraba el polémico egiptólogo Jacques Vandier, se encontró la momia o restos que hicieran referencia a dicho faraón; además muchos estudiosos actuales se han preguntado ¿por qué un faraón adulto iba a querer que le enterraran en el Valle de las Reinas?.La tesis de Vandier está prácticamente descartada en la actualidad.

Otra teoría para intentar explicar el enigma de dicha tumba, es que dicho monarca fuera enterrado en la última morada de uno de sus antecesores; pensemos que en un espacio muy corto de tiempo que va desde 1146 al 1070, el trono egipcio lo ocuparon ocho reyes de nombre Ramsés ( Ramsés IV- Ramsés XI)  pero en los pocos casos que conocemos de enterramientos reales “comunes” o sea de dos faraones, como es el caso de  Ramsés V y Ramsés VI, los nombres de ambos reyes están perfectamente mencionados en las pinturas de las paredes de su tumba común e igualmente en muchos de los objetos allí depositados. Entonces por qué no se ha encontrado jamás una mención de Ramsés VIII. La versión que está tomando más peso es que la tumba de dicho monarca, esté al igual que la de Tutmosis II, en algún lugar perdido del mágico Valle de los Reyes, el cual parece ser que aún puede dar a los egiptólogos, más de una sorpresa. Christian Jacq cuando trató el tema de los faraones “perdidos” se planteó una pregunta: “Estos dos enigmas, ¿se deben  a que no sabemos interpretar los restos arqueológicos que tenemos, o bien a que ambas tumbas se encuentran ocultás aún hoy en algún lugar desconocido del Valle de los Reyes?

Estos son solamente dos de los enigmas sobre tumbas reales “ perdidas”, pero aún quedan otros pendientes relativos a algunos altos dignatarios que se cree que fueron enterrados en la gran necrópolis real y cuyas tumbas no han sido todavía descubiertas, así como a quién perteneció la enigmática sepultura conocida como número 21, y que descubierta el 9 de octubre de 1817, aún hoy plantea el interrogante de a quién sirvió de última morada, sin olvidar que algunas otras tumbas (13, 15, 18, 55, 59 y 6O) han sido “adjudicadas” a ciertos faraones o en algún caso a altos dignatarios, de una manera un tanto rocambolesca, principalmente por los primeros egiptólogos.                   El interior de la tumba de uno de estos faraones “olvidados” podría contener riquezas parecidas a las de Tutankamón,( otro rey de poca importancia histórica) pues es prácticamente seguro que en caso de ser encontradas, no estarán profanadas como la mayoría de los otros enterramientos, y sus riquezas incólumes.                                                      Solamente la continuación de las excavaciones en el Valle de los Reyes, nos podrán desvelar los misterios que aún contiene la necrópolis más famosa del mundo(1).

 

(1) En el último capítulo ofrecemos una lista lo más completa posible sobre la cronología real de Egipto. En élla veremos que hay docenas de misteriosos e ignorados faraones de los que con toda seguridad, tan siquiera se sabe su nombre. Lógicamente sus tumbas son totalmente desconocidas y tal vez nos ofrezcan alguna sorpresa.

 

 

LAS MOMIAS “PERDIDAS”.

 

En el caluroso agosto del 2002 me encontraba en el Cairo casi “inutilizado”, pues en las semanas anteriores había castigado mi cuerpo mas de lo ya habitual; “trekinng” en Petra y desierto de Wadi Rum ( Jordania), ascensión nocturna al monte Sinaí, una de las mayores experiencias de mi vida, y para terminar constantes inmersiones en las maravillosas aguas del Mar Rojo. Todo aquello no hubiera tenido importancia si no fuera por una maldita hernia discal que me torturaba desde el principio. Al llegar al Cairo, no podía dar un paso, y solamente las infiltraciones de cortisona en la espalda me permitieron caminar; entre tanto dolor y problema, lo único de positivo era que entre los libros que llevaba en mi equipaje, se encontraba el formidable libro del egiptólogo Bob Brier,Momias de Egipto(1), que curiosamente y para  vergüenza ajena, lo había comprado “saldado” a un precio irrisorio.

Mientras estaba tumbado ( a la fuerza)bajo las palmeras en las hamacas del lujoso hotel, me relamía con dicho trabajo, que lógicamente leido en un establecimiento que estaba situado frente a las pirámides de Ghiza, todavía me absorvía más si cabe. De aquel libro, lo que mas me impresionó, fue el hecho de dedicar un capítulo a uno de los menos conocidos enigmas pendientes del País del Nilo, nos estamos refiriendo a las “momias perdidas”, lógicamente las reales.

No vamos a extendernos en el tema de la misma manera que Brier,cuyo libro recomendamos, pero sí que vamos a mencionar a algunas de estas momias reales que todavía no han aparecido, y que por desgracia quizá jamás aparezcan, sea por haber sido destruidas,o quedado enterradas para siempre, sin descartar que se encuentren en alguna colección privada.

Una de las mas antiguas y en paradero desconocido es la del faraón Horus Sejemjet sucesor de Zoser y que reinó hacia el 2600 antes de Jesucristo.Se conoce su pirámide inacabada y parecida a la de Saqqara gracias a las excavaciones que realizó en la década de los cincuenta del pasado siglo, el famoso arqueólogo egipcio Zakaria Goneim.Durante años se excavó la construcción, que solo sobresalía del suelo unos siete metros. Por fin el 26 de junio de 1954 se abrió su sarcófago: estaba vacío.

Otra “momia real” en paradero desconocido es la de la reina Hotepheres también del Imperio Antiguo. Su “tumba” fue encontrada el año 1926, y su descubridor reunió para la pomposa ceremonia de abrir el sarcófago, a la “creme” intelectual del momento, incluido George Andrew Reisner, por aquel entonces director del campo de investigaciones del Museo de Harvard-Boston, que hizo el papel de “maestro de ceremonias”.Al levantar la tapa del sarcófago, los allí reunidos vieron que en su interior no había momia alguna. Jamás se supo dónde estaba realmente la momia de la madre del gran Keops.

La momia de la princesa Neferuptah, hija del faraón Amenemheb III, es otra de las momias reales en “paradero desconocido”. Son varios los egiptólogos que han creido saber la ubicación de la momia, pero ésta, sigue sin aparecer.

Su pirámide fue descubierta en el año 1955 por el egiptólogo Zaky Iskander, cuando habrieron su sarcófago, solo encontraron…agua. Decenas de litros de agua, pero de la momia ni rastro. El agua fue analizada y los resultados confirmaron que allí había habido una momia, pues en el agua habían restos de proteinas humanas. Sencillamente y de forma totalmente misteriosa, la momia había desaparecido. Lo lógico y mas fácil para cualquiera es pensar en ladrones de tumbas, pero resulta que los arqueólogos encontraron dentro del sarcófago además de agua, un gran número de piezas de plata y otras joyas sin duda pertenecientes a dicha princesa ¿ qué paso con su momia?.

Un caso poco conocido y que a los egiptólogos les gusta “olvidar”, posiblemente por corporativismo, es el referente a la vergonzosa desaparición de las pequeñas momias de los dos hijos de Tutankamón. Creemos que por desconocido vale la pena comentar este suceso.

Cuando Carter descubrió la famosa y virginal tumba, además de la momia del rey-niño, encontró dos pequeños sarcófagos.Estos pertenecían a dos hijas del faraón, que gracias a unas inscripciones grabadas en oro en el costado de los pequeños ataudes, indicaban el nombre de las dos criaturas: “Osiris” y “El Venerado”. Pertenecían a dos fetos de 26 y 30 centímetros respectivamente, de sexo femenino, y según Bob Brier, hijas de Tutankamon y de su joven esposa Ankhesenamón ( otra momia en paradero desconocida de la que hablaremos más tarde).Las pequeñas momias fueron entregadas a uno de los “científicos” especializados en el estudio de las momias nilóticas, el Doctor Derry. Este se las llevó a su laboratorio en el hospital de Kasr el Ayni.Muchas décadas mas tarde,el doctor F. Filce Leek, un odontólogo especializado curiosamente en fetos, pidió y consiguió permiso para estudiar las pequeñas momias, supuestamente depositadas en la Sala Tutankamón del Museo Egipcio, pero cuál no sería la sorpresa de Filce y su equipo de colaboradores al saber que las momias habían “desaparecido”.

En junio de 1992, la prensa se hizo cargo del macabro hallazgo de 528 momias y trozos de cadáveres enbalsamados en el hospital de Kasr el Ayni, justamente en lo que fue “laboratorio” del doctor Derry muchas décadas antes. Parece ser que algunos investigadores, entre ellos R.G. Harrison ya sabían de aquel escondrijo de momias.No se sabe actualmente si alguno de los fetos allí encontrados, y concretamente uno de deforme perteneciente a una niña, podían ser las hijas nonatas del rey-niño, pero aquí nos encontramos no con un “misterio”, si no con un caso de depredación o simple negligencia, por parte de responsables de la ciencia “oficial”.

Otro enigma pendiente relacionado con las “momias perdidas” es la que hace referencia a las reinas de la XVIII dinastía, que aunque buscadas durante casi dos siglos, siguen sin aparecer, si descartamos a Ahmosé Nefertari esposa principal del faraón Ahmosé I, fundador de dicha dinastía.Hoy en día tenemos noticias de algunos egiptólogos que están excavando en la cercanía del Valle de los Reyes y el de las Reinas, esperando encontrar alguna de las momias de aquellas reinas “perdidas”. No hay documentación que hable epenas de éllas, e incluso en el caso de Ankhesenamón esposa de Tutankamón e hija de Akenatón y Nefertiti, parece que se haya intentado borrar todo rastro de élla,  ¿ por qué razón? la única que nos viene a la cabeza como “posible”, es que tenemos la certeza gracias a unas cartas diplomáticas de aquella época, que dicha reina, una vez fallecido su marido, se puso en contacto con el rey de los hititas, al cual le pidió que le mandara a uno de sus hijos para esposarse con él, y hacerlo faraón, lo que para un pueblo como el egipcio,en que el monarca era un ser “divino” pudo interpretarse como una verdadera ofensa, por lo cual no encontramos apenas documentos o inscripciones que hablen de élla, como si el pueblo egipcio hubiera decidido borrarla de su memoria. La egiptóloga británica Christiane El Mahdy que ha seguido con interés la pista de esta reina, llegó a la conclusión que: Su nombre parece haberse disipado de la memoria de Egipto, justo después de la muerte de su esposo (2).

“Conozco la ubicación de la tumba de Alejenadro Magno, pero no he hablado de ello con nadie, ni siquiera con el Departamento de Antigüedades. El secreto morirá conmigo”.

Esta frase que nos puede sonar pedante y con cierta soberbia falta de sentido científico, pertenece a Howard Carter, descubridor de la tumba de Tutankamón.Se lo dijo personalmente al rey Faruk y el príncipe Adel Sabit, durante una visita a Tebas en el año 1936, cuando la salud de Carter se encontraba muy menguada.

Jamás sabremos si aquella afirmación fue una bravuconada del arqueólogo o si en realidad sabía su verdadera ubicación. El secreto se lo llevó a la tumba.

A la muerte del gran guerrero macedonio, su cuerpo fue embalsamado en Babilonia siguiendo seguramente una variante del estilo egipcio. Allí estuvo durante algo mas de dos años, hasta que los orfebres y artesanos griegos finalizaron el ataud de oro y el catafalco que debía de llevar al gran caudillo a Aegae, lugar habitual de enterramiento de todos los reyes macedonios.

Según Diodoro, el catafalco que transportaba la momia, era un templo de oro de pequeñas dimensiones, con un techo de forma abovedada y apoyado en columnas de estilo jónico. Figuras de la diosa de la victoria se encontraban en cada esquina, y los frisos representaban momentos gloriosos de Alejandro.Cuando la expedición que llevaba la momia real llegó a Siria, su amigo el general Ptolomeo,sin duda el mas leal de sus ambiciosos oficiales, llegó con un inmenso ejército y se llevó el cadáver a Menfis, donde reposó durante doce años, mientras se construía su tumba final en su amada Alejandría.

Allí estuvo durante más de siglo y medio, hasta que el faraón Ptolomeo IX, necesitado de fondos para salir de la difícil crisis por la que pasaba su reino, exhumó el cuerpo para fundir el ataud de oro, y seguidamente lo reemplazó por uno de vidrio.La momia fue devuelta a su cripta, donde muchos años mas tarde, Cleopatra se lo mostraría a su amante Julio César.

Con la caida de los Ptolomeos, Alejandría perdería gran parte de su esplendor, hasta el punto de que pocos siglos mas tarde, nadie sabía donde se encontraba la que actualmente es la más deseada momia en “paradero desconocido”.

Algunos investigadores creen que la momia real del macedonio se encuentra situada justo debajo de la mezquita de Nebi Daniel de Alejandría. Incluso a nivel anecdótico, comentaremos que en 1979, se recurrió a un medimun para localizar el lugar exacto, y dicha persona, aseguró que estaba en uno de los túneles que se sabe con certeza que hay debajo de dicha mezquita.

Desde entonces, algunos estudiosos han asegurado haber descubierto la tumba mas deseada de Egipto, pero siempre ha resultado ser equívoco, y aún hoy, y quizá para siempre, la momia del gran Alejandro, el hombre mas poderoso de la antigüedad seguirá siendo un misterio más (3).

 

  • Publicado en castellano por ediciones Edhasa.
  • Para más información sobre el misterio de las “reinas perdidas” de la XVIII dinastía, ver el artículo ¿Dónde están las reinas de Egipto? Publicado en Revista de Arqueologia número 259.
  • Otros estudiosos creen que podría encontrarse en el oasis de Siwa. Para los interesados ver Siwa, ¿tumba de Alejandro Magno? publicado en la revista La Espiral número 10, y del que es autor Thor Jurodovich.

 

 

TERCER CAPÍTULO

 

 

¿FUERON GRANDES NAVEGANTES?

 

 

 

AUSTRALIA, EL PACÍFICO, AMÉRICA: ¿Visitadas por los egipcios?

 

Me gusta navegar. Con mi pequeña y familiar embarcación Ulises y la ayuda de un motor japonés, recorro muchos fines de semana las recoletas calas y escarpados peñascos que forman el abrupto Cap de Creus (Costa Brava-Girona), siempre atento a que la persistente tramontana ( viento del norte)o el traidor levante, que tantos cientos de barcos han convertido en pecios ( buques naufragados)en miles de años de navegación, no nos alcanze y nos mande a los fondos marinos. Cuando llego a puerto, recreo mi mente pensando en los temerarios navegantes de la antigüedad; por mi pensamiento pasan  decididos cretenses, comerciales y ávidos fenicios,curiosos griegos o los belicosos, sucios y violentos wikingos, pero en esta lista de grandes navegantes pretéritos, no entran mis admirados egipcios, pues “oficialmente”, eran más que mediocres, verdaderamente nulos navegantes marinos, pues sabemos que en sus pocas empresas marítimas de cierta importancia, tuvieron que recurrir a contratar marinos fenicios, como cuando el ambicioso faraón Necao II (reinó entre 609 y 593 a. C.) decidió rodear Africa por mar, no sabemos por si encontrar un paso para unir sus dos flotas militares, o buscar un camino más corto hacia la aún hoy, se diga lo que se diga,misteriosa y desconocida Tierra del Punt, de donde importaban los egipcios grandes cantidades de oro.

Pero a su vez, existen algunas huellas que parecen indicarnos que “quizá” en tiempos antiguos, los habitantes del País de los Faraones, no solamente se lanzaran al mar sin complejos, sino que incluso atravesaron el Atlántico y rizando el rizo, hicieron importantes incursiones por el Pacífico, llegando entre otros lugares, a la solitaria y misteriosa isla de Pascua y al continente australiano.

Que Cristobal Colón no descubrió el continente americano, lo saben todos menos los mas necios; fenicios, romanos ( se han encontrado ánforas de esta cultura en aguas brasileñas)chinos, irlandeses, wikingos,quizá templarios ( procedentes del puerto francés de La Rochelle) y antes, judíos, según asegura el investigador galo Pierre Carnac, etc, parece que en algún momento, fuera por razones fortuitas como derivas navales o simplemente por exploración, llegaron a las costas americanas y en ocasiones dejaron huellas tangibles, pero que un pueblo de “secano” como los egipcios llegaran al Nuevo Mundo, parece ser mas incongruente, pero son bastantes los investigadores que defienden tal teoría, que aunque “difícil”, no podemos negar a priori.

 

¿Egipcios en América?

 

No hablaremos de similitudes entre la práctica de momificar que es mútua a los pueblos precolombinos y a los egipcios, sin descontar otras culturas asiáticas y africanas,ni tan siquiera entre edificaciones, referiéndonos principalmente a las pirámides, pues podemos asegurar que en casi todo el mundo, incluido Europa si admitimos como tal a la enigmática formación que se encuentra en Falicón ( cerca de la ciudad de Niza)(1).

toda Iberoamérica ( Meso y Sud) está plagada de edificaciones piramidales que pertenecen a distintas y alejadas en el tiempo, culturas; China las tiene, y enormes y abundantes,aunque “ocultadas” al público por sus paranoicas autoridades, en el subcontinente indostánico también las encontramos, Mesopotamia, Maldivas,las maravillosas islas Canarias, etc. La lista sería larguísima y seguramente incompleta. Posiblemente la forma piramidal sea, un recuerdo arquetípico y ancestral que muchos pueblos de nuestro planeta tienen o tuvieron heredado de una cultura Madre perdida en el túnel del tiempo, fuera la Atlántida. Mú, Hiperborea, Lemuria , Ghtosland, etc.

Bastantes investigadores defienden la teoría de que los fenicios llegaron a tierras americanas, lo que parece estar apoyado por algunas inscripciones halladas en su cono sur, y a esta hipótesis, otros autores, como el austriaco Ludwig Schwennhagen añade que junto a estos marinos de origen fenicio, llegaron a tierras brasileñas, concretamente en la actual zona de el cabo de Säo Roque, una buena cantidad de ingenieron y técnicos egipcios (3), los cuales además de erigir grandes presas y organizar inmensas salinas, se dedicaron así mismo, a explotar las cuevas cercanas, de las que obtenían salitre, muy abundante en la región, el cual estaba destinado a la momificación de sus muertos. Según el austriaco, aquellos egipcios podían conseguir 1.000 toneladas de salnitre al año. Mucha salitre para un grupo de egipcios, pero allí queda la teoría de Ludwig,defendida a sí mismo por otros investigadores.

En el libro Un viaje mágico por los misterios de América, de mi buen amigo el periodista brasileño y viajero incansable Pablo Vilarrubia Mauso, también se relaciona la isla amazónica de Marajó, la ínsula fluvio-marítima más grande del mundo, con los egipcios, y al respecto dice que según el amazonista Raimundo Moraes que estudió la refinada cerámica de la cultura Marajó, en algunas de las antiguas vasijas encontradas y en trozos de cerámica, se encontraban representadas estilizadas embarcaciones fenicias y también egipcias.

Otra huella quizá defendible con mas fuerza, es lo que nos comenta el historiador Nacho Ares en uno de sus libros sobre Egipto (4) y que se refiere a ciertas esculturas de la muy antigua cultura de Valdivia, con unos cinco mil años de antigüeda; dejemos hablar a Ares: “lo que resulta más inexplicable, es, sin duda alguna, la “falsa barba” de los faraones del antiguo Egipto, y que vemos perfectamente representadas en algunas de las figuras de la cultura Valdivia” (5) Sobre la explicación oficial, el historiador leonés continúa: El etiquetado tradiciones que la arqueología ha otorgado a estas figuras barbudas es, paradógicamente, el de “Venus”. El aspecto exterior de cualquiera de estas figuras, haría dudar a mas de un arqueólogo, e incluso hacerle pensar que realmente, se había equivocado de museo o de sala.

No vamos a entrar en comparaciones entre la cosmogonia, el panteón y la mitología indígena y americana, que en algunas ocasiones tienen importantes elementos en común, pero nos atrevemos a aconsejar que si el lector está interesado en élla, consulte los trabajos de Dick Edgar Ybarra Grasso (Editorial Kier)

Antes de dejar el continente americano, comentar que existió una misteriosa cultura en Costa Rica que se conoce como Nicoya y de la que poco se sabe. Sus orígenes son inciertos,quizá coetaneos de los mayas, pero creemos que es digno de mencionarse el gran parecido que tienen algunas de sus figurillas con otras de egipcias. Hace algunos años, el experto catalán en arqueología precolombina Antonio Ortega, que me ayudó en mi libro Sí, existió otra humanidad, me regaló una de estas miniaturas,supuestamente del siglo VII d.C. la cual hoy conservo en mi colección particular; su semblanza con las pequeñas figurillas egipcias es más que sospechosa, aunque en este caso su fabricación sea más burda.

 

 

¿También en la Isla de Pascua?

 

Las tres personas, o incluso diríamos que personajes, que conozco personalmente y que han estado físicamente en la siempre enigmática isla de Pascua, han hablado en sus libros o conferencias sobre cierta relación, real o no, de los egipcios y la isla de Pascua.

Los dos primeros que me hablaron de ello en sendas y repetidas cenas, fueron nuestro llorado “padre de la ufología española” Antonio Ribera Jordá, ese “buceador” ( y nunca mejor dicho) de los grandes enigmas del cielo y la tierra, el otro fue su “amigo” en un principio, pues después, tal como ambos me contaron personalmente,y cada cual aportando su propia versión, las diferencias se acentuaron, y las buenas relaciones cambiaron bastante, el comandante de la aviación civil Antoni Pujador Estany, el primer hombre, o al menos el primer español que produjo ( y comercializó) un espectacular mapa arqueológico de Rapa-Nui ( uno de los muchos nombres de la isla de Pascua). El tercero es el psiquiatra madrileño y verdadero “abanderado” del mundo del misterio en España, Fernando Jiménez del Oso.

Situar aunque sea un pequeño grupo de egipcios en la isla mas perdida que podamos imaginar, y en medio del Océano Pacífico, es algo que puede escapar a cualquier “mente sensata”, pero como después veremos, en lugares mas alejados han quedado “al parecer” huellas de los habitantes del País del Nilo.

Pujador me decía un día en su imponente piso de la parte alta de Barcelona, que el parecido del moai situado en la cantera de Rano Raraku, situado en su ladera sudoccidental, con una figura egipcia, era como mínimo “inexplicable”.

Al respecto, mejor que contar lo que Ribera me contó personalmente en diferentes cenas y ágapes diversos, en que el submarinismo ( “vicio” que ambos compartíamos)y los enigmas convivían plácidamente, pasaré a reproducir lo que dijo a sus lectores en el libro Oprecaión Rapa-Nui (6):

Ptolomeo III Evergetes I fue un faraón extraordinario. Su reinado, comparable al del rey Enrique el Navegante en Portugal y los Reyes Católicos en España, marca el apogeo de las navegaciones egipcias de exploración, encomendadas casi siempre por el rey, a pilotos griegos. Naves de los faraones, naves hechas de papiro, llegaron hasta la India. Y posiblemente una expedición egipcia o varias expediciones, bajaron mucho mas al sur que todas las precedentes, arribó a las costas de Tasmania, de allí a Nueva Zelanda y de esta isla, aprovechando la corriente del Pacífico Sur, pudo haber arribado a las costas occidentales de Sudáfrica.

Seguidamente Ribera nos ofrece en su trabajo, una relación de hechos relacionados con el profesor de Harvard doctor Barry Fell, en que se insiste sobre este antiquísimo viaje de una flota egipcia que “pudo” llegar a la perdida isla del Pacífico.

El hecho de que como mínimo uno de sus célebres moais, de los que hay cientos en toda la isla, y no se puede desechar que otros muchos se encuentren enterrados, esté decorado con una “perilla egipcia”, sería solo una “prueba dudosa” del paso de los egipcios por dicha ínsula, pero además, como nos cuenta Jiménez del Oso en su libro En busca del Misterio(7) : Para ser justos, hay otras coincidencias que aparentemente apoyarían la idea de un contacto entre ambas culturas ( se refiere a pascuencas y egipcios). Una es la similitud fonética de la palabra “Raa”, que los pascuences utilizaban para referirse al sol, con el nombre del dios solar en el antigio Egipto, Ra. Seguidamente y continuando con el tema nos dice: En un relieve que tienen en la espalda los moais del “ahu”  “Nau-nau” en Anakena, parecido a la cruz ansada egipcia, el “Ank”, símbolo de la eternidad. Si a esto unimos que Anakena contiene las letras de “Ank” y en el mismo orden, podríamos argüir que son demasiadas coincidencias como para atribuirlas a la simple casualidad. Aunque seguidamente nos dice que si analizamos por separado cada una de las aparentes conexiones, veremos que son “pura apariencia”. Dejamos aquí las “posibles” apariencias para que las juzgue el lector.

Indudablemente Pascua, el “ombligo del mundo”, es un misterio de apenas doscientos kilómetros cuadrados. Es muy difícil que un simple “grano de arena” perdido en medio del mayor de los océanos, recibiera la visita hace varios milenios de marinos egipcios, pero “difícil” no quiere decir“imposible”,y como veremos seguidamente, a tierras más lejanas parece ser que llegaron los habitantes del País de los Faraones.

 

¿HUELLAS EGIPCIAS EN AUSTRALIA?

 

   A cualquier investigador “serio” le atemorizaría comentar en sus trabajos, que los egipcios llagaron hace milenios a tierras australianas, y más aún, que estos intrépidos exploradores pudieron haber vuelto a su país natal, pero ese hombre mitad aventurero, mitad estudioso de las antiguas culturas que es David Hatcher Childress no tuvo rubor ( ni había motivo para éllo, faltaría más) para exponer en su libro Las ciudades perdidas de Lemuria el fruto de sus estudios por los lejanos mares del sur.

Este investigador recogió varias pistas sobre el “posible” ( en este tema se debe ir con pies de plomo, sin asegurar, pero sin tampoco desechar a priori)paso de los egipcios por la isla continente, y así nos habla de la existencia de una “pirámide” escalonada de cuarenta metros de altura en Gympie, al norte de Queensland,( el hecho de ser escalonada, podría relacionarla mejor con las culturas precolombinas, pero al parecer algunos hallazgos lo contradicen) así mismo en sus cercanías dice que se encontraron varios “escarabajos egipcios” y una estatua del dios egipcio Tot, representado como un babuino. Sigue contándonos Hatcher, que en las Montañas Azules de Nueva Gales del Sur, y más concretamente en las cercanías de Leura, apareció otra estatua de Tot. En una cueva situada en la Tierra de Arnhem, parece ser que se encontró grabado un Ojo de Horus, típico simbolo egipcio.

Una muchacha que habitaba en Kyogle, Nueva Gales del Sur, encontró semi enterrado en un campo, un amuleto de ámbar con forma de obelisco, casi exacto a los que abundan en Egipto. Según Hatcher, el museo del Departamento de Minas, declaró que el amuleto era de origen egipcio, y que tenía una edad de unos cinco mil años, datación que en caso de ser cierto este hallazgo, lo vemos muy remoto, incluso para ser egipcio, pues en tiempos de las primeras dinastías, dudamos que aquellos primeros egipcios, tuvieran conocimientos ( al menos es la versión “oficial”) para navegar miles de millas naúticas.

En el museo Katoomba, propiedad particular del investigador Rex Gilroy, se encuentra una pequeña colección de monedas “imposibles” encontradas en Australia, entre las que además de romanas, se encuentral algunas de egipcias, aunque también sabemos que dicho investigador (Gilroy) asegura haber encontrado también en tierras australianas una cueva con inscripciones “mayas”, lo que personalmente nos huele a “cuerno quemado”, pero lo dejamos aquí reseñado para conocimiento de los lectores.

Si Ribera nos dice que “posiblemente” egipcios del siglo III antes de nuestra era, habían llegado a Tasmania, por qué no lo habían podido hacer a la “cercana” Australia. Finalizaremos diciendo que tanto entre los australianos como entre los egipcios, existía un objeto muy parecido: el “boomerang”, añadiendo que Hatcher asegura haber visto en tumbas de Tel-El-Amarna, la ciudad del faraón herético Akhenatón, “canguros pintados” en las paredes. Personalmente es la única persona que yo conozco que afirma tal cosa, pero aquí dejamos su comentario, agradeciendo al lector que los haya visto, que nos lo comunique….

 

VOLVIENDO A PUERTO:

 

   Todo lo expuesto hasta aquí en este capítulo, son solamente hipótesis, presuntas huellas, noticias pintorescas, etc. Nada de ello nos asegura que los antiguos egipcios recorrieron el mundo en sus embarcaciones de papiro, pero tampoco debemos de despreciar estas noticias, pues recordemos que hasta hace unas décadas, decir que los romanos habían visitado las Canarias o el lejano Brasil, despertaba la sonrisa, cuando no la carcajada, de los “sabios oficiales” y su corte de aduladores, y actualmente la tabla anforaria de Dressel, es obligatoria de consultarse para datar algunas de las ánforas encontradas en estos lugares.Por otro lado, es más que probable que grupos de fenicios llegaran al Brasil, donde dejaron algunas inscripciones y quizá a Venezuela ¿ por qué no iban a llevar entre su tripulación a egipcios? Y otra teoría que había hecho sonreir a los “racionalistas” durante años, era la posibilidad de que los antiguos chinos, durante la Edad Media, no solo hubieran visitado Australia, sino también América, y desde la segunda mitad del siglo XX, algunos historiadores de renombre destacando entre ellos el británico Gavin Menzies, que además de historiador fue comandante de la Royal Navy, tras dedicar muchos años de su vida al estudio de las antiguas navegaciones, llegó a la conclusión que a principios del siglo XV, muy posiblemente entre los años 1421 y 1424, una inmensa flota china comandada por el almirante Zheng He, navegó alrededor del globo, alcanzó Australia, bordeó el Cabo de Buena Esperanza y viajó hasta el continente americano, donde exploraron el Caribe, la costa sudamericana y Baja California, lo que estaría avalado por los esporádicos hallazgos de algunas monedas chinas en aquellas zonas.

No fue una civilización de grandes navegantes, pero eso no indica que “algunos” (8) tuvieran unos conocimientos, heredados “quizá” de una cultura anterior,(recuerden lo comentado al principio del libro sobre los difusionistas) que les llevó a cruzar el Océano y buscar restos de una antigua cultura Madre.

 

  • En lengua castellana se publicó un polémico trabajo titulado La pirámide de Falicón, en la que según su autor Henri Broch, muy cerca de Niza, se encuentra una misteriosa pirámide de posible origen “celta”. Ediciones A.T.E.
  • El mensaje de las pirámides, Harald Braem, Ediciones Martínez-Roca ( Colección Enigms de la Historia)
  • Brásil insólito: Guía para el viajero del misterio. Pablo Vilarrubia. Ediciones Corona Borealis
  • Egipto el oculto. Nacho Ares. Ediciones Corona Borealis
  • Para más información sobre esta misteriosa cultura, Valdivia, el descubrimeinto de la más antigua cultura de América. Peter Baumann, Editorial Planeta
  • Operación Rapa-Nui. Antonio Ribera. Ediciones Pomaire
  • Ediciones Nowtilus, página 19.
  • Lo de “algunos” lo escribo entrecomillado, pues siempre he estado convencido de que en grupos o incluso culturas rodeadas de un saber esotérico, este “Saber” era un bien de unos pocos,que no querían compartir con sus vecinos o “hermanos”, y así, estoy convencido de que como bien dice el profesor Jacques de Mahieu, en su libro Colón llegó después ( editorial Martínez-Roca) los templarios conocían la existencia del Nuevo Mundo, pero solo una “élite” dentro de la Orden, totalmente hermética al respecto de los demás monjes.

 

 

  CUARTO CAPÍTULO

 

 

CINCUENTA MIL CADÁVERES ESPERANDO UN DESCUBRIDOR:La maldición del Oráculo de Siwa

 

Cada verano destaca una “canción del verano”, que quien más quien menos baila o tararea, generalmente sabrosona y pegadiza, y un libro que miles de personas se llevan a sus vacaciones; lo que siempre es de agradecer en un país como España, que es después de Grecia, el país de la Unión Europea que menos lee…

El libro que según varios profesionales del sector me han comentado ha sido un éxito en este pasado y tórrido verano del 2003, se titula El enigma de Cambises (1) del que es autor el historiador británico especializado en Egipto Paul Sussman, en el que de forma novelada y con ciertos rivetes de mal gusto ( a mi subjetivo entender) nos habla de uno de los muchos enigmas pendientes en el País del Nilo: el ejército perdido de Cambises  II.

He rebuscado en librerías nuevas y “de viejo”, preguntado, consultado revistas especializadas y a historiadores, y muy poco me han sabido decir sobre el tema, salvo honrosas excepciones, como el caso del ya citado anteriormente Nacho Ares, que solícitamente me pasó la información por él recogida.

Con la ayuda de Ares, y lo poco que he podido recoger sobre el tema ( descartando libros sobre “tesoros perdidos” y otras fantasías con muy poco o ningún rigor histórico)intentaré introducir al lector en este tema, tan fascinante como desconocido.

Cambises II, es uno de estos reyes de la antigüedad de los que apenas se habla. Hijo del gran monarca Ciro el Grande, reinó desde el 529 hasta el 521 a.C. Extremadamente cruel, conquistó Egipto en el año 525, y humilló y mancilló a sus habitantes y sus creencias milenarias tanto como supo y pudo, hasta el punto de matar con sus propias manos al buey sagrado Apis, lo que según algunos le llevó a ser maldecido de por vida por los sacerdotes egipcios.

En su crueldad llegó a incitar a que un grupo de asesinos mataran a su hermano Bardiya, también llamado Esmerdis.

Tras las brillantes campañas militares de su padre,que consiguió dominar todos los reinos vecinos de Asia, el cruel Cambises dirigió sus ojos hacia el siempre deseado Egipto, donde reinaba un mediocre y gris faraón de nombre Psamético III,hijo del faraón Amasis I, que poca, desesperada e inútil resistencia supo ofrecer a las disciplinadas tropas persas y medas.

En poco tiempo conquista “casi” todo Egipto, llegando incluso a las rebeldes tierras de Nubia, pero como dice Ares (2):Cambises anhelaba poseer hasta el último grano de arena del desierto faraónico.

Fue entonces cuando Cambises escucho hablar del oráculo que desde Ammonium hablaba del monarca persa. Se trataba de una estatua del dios Ammón, transportada sobre una barca dorada, a la que se le hacían preguntas, y la estatua movía la cabeza en un sentido u otro, gesto que los sacerdotes que la guardaban y vigilaban, se encargaban de interpretar.

Para desgracia del egómano y cruel rey persa, las noticias que le llegaban, era que el oráculo le vaticinaba una pronta derrota y su fin como conquistador de Egipto.

Desde ese mismo momento en que Cambises oyó hablar del oráculo, muy popular entre los antiguos egipcios (3) e incluso otros pueblos de la antigüedad, el monarca invasor se obsesionó con su conquista.

Como todo dictador solo sabe “convencer a sus opositores por las armas”, Cambises decidió mandar un ejército de unos cincuenta mil hombres a conquistar el oasis de Siwa, donde se encontraba el oráculo.

Cuando había conquistado las grandes ciudades de la ribera del Nilo, el ejército persa se dividió en cuatro frentes diferentes: uno se quedó vigilando los territorios conquistados, otro se dirigió hacia Cartago, el tercero hacia la actual Etiopía, y el cuarto, integrado por unos 50.000 hombres, incluyendo la flor y la nata de su infantería, se dirigió hacia el lejano oasis de Siwa.

Según el polémico historiador y viajero ( personalmente y por deformación profesional lo definiría mejor como “reportero”) Herodoto (485-425 a.C), mal llamado “Padre de la Historia” ocurrió lo siguiente:”Las tropas que habían sido enviadas para atacar a los amonios, después de haber partido de Tebas, poniéndose en camino con unos guías, llegaron, sin duda a la ciudad de Oasis ( la actual Kharga), ciudad que ocupan unos samios que, según cuentan, pertenecen a la tribu Escrionia, y que distan de Tebas siete jornadas de camino por una zona desértica”. Herodoto continúa relatando:”Según dicen, hasta ese lugar llegó el ejército persa, pero a partir de allí, a excepción de los amonios y de los que se lo han oido contar a ellos, nadie mas saber decir nada sobre su suerte, pues las tropas jamás llegaron al territorio de los amonios, ni tan siquiera volvieron a su punto de partida. Según la versión que dan los amonios, cuando desde la mencionada ciudad, se dirigían contra ellos a través del desierto, y estaba más o menos a mitad de camino, se desató sobre los persas, mientras estos comían, un viento del sur, sumamente violento, el cual arrastrando torbellino de arena, sepultó al ejército, y así fue como desaparecieron” (4)

Una “leyenda” que hablaba de un ejército de 50.000 hombres enterrados con sus armas, equipo, y posiblemente algunas riquezas personales, tenía lógicamente que despertar el ansia aventurera de muchas personas, y así sabemos que el aventurero húngaro y perfecto conocedor del desierto Ladislaus E. Almasy (el mismo que inspiró la famosa película y anterior novela El paciente inglés)buscó afanosamente el “ejército perdido” por las miles de dunas que forman el Gran Mar de Arena. El explorador húngaro, achacaba la increible desaparición de todo un numeroso ejército, a la acción del violento quibli, que consiste en una serie de fortísimas e inesperadas ráfagas de virulentos vientos, acompañados de una subida insoportable de la temperatura, lo que según algunos investigadores, era asimilado por los antiguos egipcios con el destructivo “aliento de Amón”, el cual podía destruir a sus enemigos de forma súbita.

Se sabe de docenas de exploradores y aventureros que desde hace casi dos siglos, han venido buscando los restos del gran ejército persa ( donde estaban alistados también algunos mercenarios griegos).Se han llegado a buscar incluso recurriendo a la fotografía aérea. Ha sido recientemente, cuando un equipo geológico de la Universidad de Helwan, mientras realizaban unas prospecciones en busca de petróleo en el desierto oriental, muy cerca de Siwa, encontraron restos textiles perfectamente conservados,numerosos trozos de armas y muchos restos humanos. El descubrimiento fue comunicado al doctor Mohammed al- Saghir del Consejo Superior para las Antigüedades de Egipto. Poco después se organizó una expedición arqueológica en aquella zona, de las que todavía no conocemos los resultados, pero que parece confirmar, que la desaparición del ejército de Cambises, fue algo real.

Aunque este hallazgo reciente no se hubiera llevado a cabo, eran muchos los que estaban convencidos de la veracidad de la desaparición, pues muchos siglos mas tarde, concretamente en el año 1805, y según nos cuenta el prestigioso egiptólogo Ahmed Fakhry, toda una caravana con 2000 personas y varios miles de camellos ( posiblemente unos quince mil) y sus respectivas cargas, sucumbieron también a una tormenta de arena cuando se dirigían desde Darfur,a la ciudad de Asiut, en el Egipto Medio.

Pero sigamos con la “Maldición de Siwa”.Según consta en un documento conocido como El Manuscrito de Siwa, otros dos ejército siglos después, sufrieron la “maldición” de Siwa. El primero fue durante la Alta Edad Media, cuando un ejército que se dirigía a enfrentarse al las tropas invasoras musulmanas, se enfrentó a una terrible tempestad de arena. No volvió ningún soldado.

El segundo caso es el que hace referencia al ejército que los agresivos Tibbus, tribus que habitaban en los perdidos oasis del imponente Gran Mar de Arena,mandaron para conquistar el Oasis de Siwa y tomar como esclavos a todos sus habitantes. Todas las huestes de los Tibbus,por cierto grandes conocedores del desierto, perecieron en la expedición militar.

Los arqueólogos están excavando desde hace algunos años en aquel inmenso Mar de Arena, y posiblemente encuentren lo que sin duda sería el mayor hallazgo arqueológico de la historia; decenas de miles de esqueletos vestidos con sus armaduras y pertrechados con sus lanzas, mazas, escudos y espadas. Pero mientras esto no ocurra, el ejército de Cambises, será uno más de los misterios relacionados con el Oasis de Siwa, la “vivienda” del más poderoso oráculo de todos los tiempos.

 

  • Editado en castellano por Plaza y Janés
  • Ver “Más Allá” número 148, Una expedición busca los restos de un ejército persa.La venganza de los oráculos
  • El oasis de Siwa, se encuentra en pleno corazón del desierto libio de Egipto, a 562 kilómetros de la capital.En el año 332 a.C, el gran Alejandro Magno, se dirigió con sus soldados a este oasis, para verse confirmado por el oráculo de Amón en Siwa, como sucesor de los reyes persas y acceder al trono de las Dos Tierras. Era tanta la fama de este oráculo, que durante las Guerras del Peloponeso, los griegos acudieron a consultarlo para saber que sucedería en la guerra que enfrentó a atenienses y espartanos ( 431-404 a.C). Para más información sobre dicho oasis, ver el artículo sobre él aparecido en la revista La Espiral del Conocimiento número 10, firmado por Thor Jurodovich.
  • (Herodoto 3, 26, 1-3)

 

 

 

QUINTO CAPÍTULO

 

 

     

 

 

EL MISTERIOSO MUNDO DE LAS MALDICIONES

 

 

El prejuzgar ciertos postulados como únicos que expliquen satisfactoriamente los fenómenos de la Naturaleza, demuestra escaso conocimientos científico.

            Conde de Keyserling

 

 

Sin duda uno de los aspectos que mas misterio aporta a todo lo correspondiente la Egipto faraónico, es lo concerniente a las maldiciones. Estas son muchas y lógicamente no se limitan a la tumba del célebre y no precisamente por su importancia histórica, Tutankamón, con toda seguridad existen muchas mas, las cuales vamos a presentar a continuación.

El tema “maldición egipcia” es de tal riqueza, que incluso el famoso escritor eslovaco y especialista en temas egipcios Philipp Vandenberg publicó todo un libro monográfico sobre dicho tema (1).

Pocos son los turistas de cualquier país del mundo, que al visitar Egipto no mencionan en algún momento de su viaje la palabra “maldición”, aunque la mayoría de ellos se limitan a conocer la del faraón niño.

 

(1) La maldición de los Faraones. Editorial Plaza y Janés, colección “Otros mundos”.

 

 

 

La maldición de Tutankamón: ¿Realidad o ficción?

 

“La muerte golpeará con su bieldo a aquel que turbe el reposo del Faraón”

(Maldición que supuestamente estaba grabada en una tablilla de la tumba de Tutankamón)

 

 

 

Sobre lo que ocurrió el 4 de noviembre de 1922 a las once de la mañana en el célebre y hoy turístico Valle de los Reyes, se ha escrito tanto, que creemos que sería un insulto al lector repetir los sucesos ocurridos en el hallazgo de la tumba intacta del jovencísimo faraón Tutankamón. Nombres como Howard Carter o su mecenas Lord Carnarvón ya han pasado a la leyenda (1)

Sin duda, mas que su espectacular hallazgo, lo que popularizó al joven monarca egipcio, fue la serie de muertes “misteriosas” o como mínimo extrañas que ocurrieron poco después del descubrimiento y posterior investigación de aquella virginal tumba.Nosotros nos limitaremos a relatar los hechos, y será el lector y su libre albedrío  quien dicte una sentencia sobre si existió o no “maldición”.

El siempre inquieto Lord Carnarvon, que había viajado en un principio a Egipto para intentar restablecer su precaria salud, ya que en 1901 y concretamente en Alemania había sufrido un grave accidente de tráfico que había mellado su salud a nivel del sistema pulmonar, se sintió mal el día 19 de marzo de 1923 ( recordemos que el descubrimiento de la tumba había sido el 4 de noviembre del año anterior)pero en un principio pareció que el noble inglés mejoraba día a día, aunque el 30 del mismo mes, vuelve a recaer gravemente, afectado al parecer por una temible pulmonía que desgraciadamente terminará con su opulenta vida el 5 de abril. Poco antes de morir, dijo con voz entrecortada: “He escuchado su llamada y le sigo” ¿ se refería al espíritu del faraón por él descubierto?. Habían pasaso desde el descubrimiento de la momia del joven monarca egipcio un año y poco más de cuatro meses.Carnarvon tenía 57 años de edad.Según nos cuenta en uno de sus libros el historiador y especilistas en Egipto Ignacio ( Nacho) Ares Regueras, “…una infección en la sangre producida como consecuencia de abrise una herida mientras se afeitaba, agravó la situación del Lord.Esa herida había sido producida por la picadura de un mosquito, hecho que parecía dar cierta lógica al fallecimiento de Carnarvon…” (1)

Hasta aquí no observamos nada de misterioso en la muerte del mecenas británico, pero en el mismo instante que se daba el óbito, sucedieron dos acontecimientos para los que aún hoy, no hay explicación posible.El aristócrata tenía una hermosa perra fox terrie a la que adoraba y más todavía desde que en 1919 el pobre animal había sufrido un lamentable accidente y le habían tenido que amputar la pata delantera izquierda.Carnarvon la había dejado en su centenario y magnífico castillo de Highclere ( Gran Bretaña)y resultó que a la misma hora de la muerte de Carnarvon ( 3.55 a.m. hora británica) el noble animal daba un terrible aullido, se levantaba de donde estaba reposando y caía muerto.

El segundo y extraño suceso, nos lo cuenta el mismo hijo de Carnarvon, que nos dice que en el mismo momento de la muerte del aristócrata y mecenas, ocurrida en el elegante y elitista Hotel Continental, todo el Cairo sufrió un brusco apagón eléctrico general. Seguidamente volvió la luz. El joven Lord comentó al respecto:

 

“Nadie sabe por qué se quedó a oscuras todo el Cairo.Los de la central eléctrica dijeron que no había explicación lógica ni para el apagón, ni para la brusca vuelta de la luz”

 

Personalmente no creemos que aquello se debiera a una simple “coincidencia”, pero allí quedan los sucesos y cada cual juzgará con libertad.

A estos dos enigmáticos sucesos, debemos añadir que en la humilde casa que Carter tenía en el Valle de los Reyes y que aún hoy puede verse y fotografiarse, entró una cobra real ( animal relacionado directamente con los faraones)y mató al alegre canario que era propiedad del arqueólogo y que éste adoraba.Hemos de mencionar que en aquella parte de Egipto, estos agresivos y venenosos reptiles son muy escasos.

Aquellas muertes extrañas fueron conocidas entre los trabajadores egipcios como “la maldición de Osiris”.

Pero los óbitos se extendieron a otras personas, mientras curiosamente algunos de los mas directos responsables del descubrimiento no sufrieron los efectos de la “maldición”.

Aubrey Herbert, hermano de Lord Carnarvon murió de repente en septiembre de 1923, pocos meses después de su hermano; el egiptólogo galo Georges Benedité, tras visitar la famosa tumba, murió de una afección pulmonar grave; el ayudante de Carter, de nombre Richard Bethell, fue hallado muerto, sentado en un elegante sillón de cuero en el exclusivista y exquisito Club “Mayfair” en 1929 rodeado de otras extrañas circunstancias, dándose el caso que su padre el adinerado Lord Westbury al tener noticia de la muerte de su querido hijo, se suicidó lanzándose al vacío desde un edificio de siete pisos muy cercano al palacio de Buckingham, habiendo dejado antes de este fatal desenlace, un carta en la que decía según recogió Arnold C. Brackman : Realmente no puedo soportar mas horrores, no veo para qué pueda servir que yo esté aca. Además ocurrió un extraño suceso al ser trasladado el cadáver del Lord al cementerio,concretamente al incineratorio,ya que le horrorizaba que lo embalsamaran como a una “momia”: el coche fúnebre que llevaba el ataud, atropelló lógicamente de manera involuntaria a un pobre niño de ocho años.Brackman también nos cuenta que coincidiendo con este suceso, en la mesa de operaciones de un conocido hospital de Londres, moría Edgar Steel,de cincuenta y seis años de edad,custodio del Departamento de Antiguedades Egipcias del Museo Británico. Arthur Weigall que había sido director del Servicio de Antigüedades y que había advertido a Carnarvon de la maldición de la tumba, murió víctima de unas extrañas fiebres; en 1929, muere Lady Almina, esposa de Carnarvon, se dice que a causa de la picadura de otro “mosquito”.El Profesor Derry que había quitado las vendas de la momia del faraón niño, murió poco después de una embolia.

También tenemos noticia de que incluso el príncipe Aly Fahmy Bey que había visitado poco antes y con sumo interés la tumba, fue muerto de manera violenta ( según dicen acribillado a balazos) y sin que se sepa seguro quien fue el asesino, aunque todo apunta a su joven y bella esposa, de nacionalidad francesa.

Hasta aquí vemos que la leyenda de la maldición puede ser algo muy real, pero nos encontramos de repente con el estudio que ha hecho Nacho Ares y en el que recoge las fechas de nacimiento de los principales miembros del equipo de Carter, y que como veremos seguidamente, vivieron muchos años después del descubrimiento de la misteriosa tumba:

 

Howard Carter: (1874-1939)

Lord Carnarvon: (1866-1923)

Arthur C. Mace: (1874-1928)( mano derecha de Carter)

Alfred Lucas:   (1867-1945) (químico y conservador de los                               objetos hallados)

Harry Burton:   (1879-1940) ( fotógrafo)

Arthur R. Callender: (…-1936)( ingeniero del equipo)

Percy E. Newberry: (1869-1949) ( paleobotánico)

Alan Henderson Gardier: (1879-1963)( colaboró como filólogo)

James Henry Breasted: (1865-1935). (amigo de Carnarvon)

Walter Hauser:  (1893-1959) ( arquitecto y dibujante)

Linsley Foote Hall: ( 1883-1969)( dibujante del grupo)

 

Fueron estos once hombre, junto al enigmático Richard Adamson que se ocupó de la “seguridad” de la excavación ( o sea fue como dice Ares el “gorila” del grupo)y del que no sabemos cuando nació ni cuando murió, formaban el equipo de la excavación.

Que el lector mire las fechas de su defunción y juzgue, pero sin olvidar los extraños sucesos del perro, el canario y el apagón.

¿era una maldición selectiva?…

Pero también se dieron unas extrañas coincidencias en el “affaire” del “faraón-niño” pues según Barry Wynne, la picadura del mosquito que sufrió Lord Carnarvon y se infectó ocasionando mas tarde su muerte, estaba situada muy cerca de la sién, exactamente en el mismo lugar donde la momia del monarca egipcio tenía una cicatriz.

Y otro suceso relacionado con este personaje y su maldición, y que ha dado mucho que hablar, es lo que nos relata Peter Underwood en uno de sus trabajos sobre las maldiciones egipcias y en la que nos comenta que para algunos investigadores, la maldición llegó incluso a ser la responsable del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Creemos que será interesante comentar este tema con los datos que nos ofrece Underwood y los que personalmente me contó durante una cena en el Cairo un estudiodo egipcio, especialista en el antiguo Egipto de nombre Sisso. Desde 1930, se hicieron varias tentativas para trasmitir por la radio, el sonido de las trompetas de Tutankamon, una de plata y otra de cobre. A finales de febrero de 1939,y gracias a la perseverancia del periodista radiofónico Rex Keating, las autoridades dieron permiso ( pese a las reticencias del doctor Etiene Drotón, director por aquel entonces del Museo Egipcio del Cairo) para hacer sonar una de las inmensas trompetas de guerra que pertenecían a Tutankamón. Aquel instrumento bélico de casi medio metro de largo, no se había utilizado desde hacía 34 siglos.Se escogió como “músico” a un soldado del regimiento de húsares británico acuartelado en la zona. Un mal manejo del instrumento por parte del soldado al poner por la fuerza una boquilla de clarinete y ante los “reales” ojos del rey Faruk, hizo que la milenaria pieza musical se rompiera, pues la plata se había cristalizado y una torpeza del soldado músico hizo que se quebrara en varios pedazos.Dicen que todos los asistentes, incluido el monarca árabe, se agacharon inmediatamemente para recoger todos los pedazos que cayeron al suelo. Tardó un tiempo en ser reconstruida ( el soldado fue castigado con un tórrido destino en lo mas lejano del desierto).Al final se decidió que aquel domingo a las seis de la tarde se realizaría el singular “concierto”. El locutor que había tenido la idea salió de su casa media hora antes de empezar el programa y al subir a su automóvil tuvo un accidente al chocar con una carro de caballos, aunque pudo continuar hacia el museo, donde debía realizarse la grabación. Al llegar se dieron cuenta de que no funcionaba la instalación eléctrica, pese a que el día anterior todo estaba en perfecto estado. Tuvieron que recurrir a las linternas de los vigilantes para poder conectar los aparatos radiofónicos.Seguidamente y sin que exista una explicación racional, las linternas de batería también dejaron de funcionar, lo que era imposible; afortunadamente consiguieron unas velas.Al final, a las seis en punto de la tarde, un soldado de nombre Tappern conseguía reproducir unas pocas notas musicales que unían el Egipto faraónico y el siglo XX; el cielo del Cairo volvía a escuchar a aquella milenaria trompeta de guerra. No es extraño que dándose la coincidencia que pocos meses después de sonar la trompa faraónica, empezara la mas terrible de todas las guerras que se conocen, algunos aseguraran que la culpa la tenía la “maldición” del rey-niño, aunque si somos objetivos y repasamos la situación social y política de aquellos momentos, podemos verificar que la paz era imposible.

Antes de dejar a nuestro “faraón-niño” comentaremos un suceso que muy pocos han tenido presente y del que apenas se ha hablado o escrito.

 El doctor Gamal Mehrez era hace algunos décadas el director del majestuoso ( por cantidad de piezas, mas de 110.000) pero sucio, caótico y anárquico Museo Egipcio del Cairo (personalmente lo he visitado varias veces y siempre acabo comparándolo con el Louvre y siento vergüenza ajena). Un caluroso día de verano concedió una entrevista personal a Philipp Vandenberg, que por aquel entonces estaba preparando su ya mencionado libro La maldición de los faraones. El investigador europeo le preguntó mientras compartían unos “Camparis” en la piscina del hotel “Omar Khayam”:

 

– ¿No cree usted en el poder de la maldición?

 

A lo que el fornido egipcio después de pensarse bien la respuesta, contestó sonriendo:

 

  • De vez en cuando, en la historia del Antiguo Egipto, aparecen fórmulas de maldiciones,pero yo no creo en esas cosas.Fíjese en mí.He pasado toda mi vida entre tumbas y momias de faraones.En mí tiene la mejor prueba de que todos esos misterios no son más que coincidencias.

 

Exactamente 28 días mas tarde, aquel hombre, sano y de fuerte constitución, moría a los 52 años de edad, según los médicos de una embolia.

Llegado a este punto podemos pensar que solo fue una coincidencia, pero posiblemente pensemos de manera distinta si explicamos que exactamente el día en que murió, se habían presentado en los almacenes de su famoso museo, los transportistas que debían embalar y recoger la famosa y majestuosa máscara de oro de Tutankamon ( de un peso de veinticinco libras)para transportarla al aeropuerto cairota, donde sería embarcada junto a otras piezas arqueológicas en dos bombarderos de la “ Royal Air Force” para llevarlas a Londres,(1) donde serían exhibidas en una exposición conmemorativa del cincuentenario del descubrimiento de la tumba del “niño-faraón” (2).

 

 

  • Para más información sobre Tutankamón, su vida, su muerte y la maldición, recomendamos el libro Tutankhamón, el faraón de oro, de la colección “Libro amigo” (Bruguera) y del que es autor Michael Carter.Aunque publicado hace algunos años, es todavía relativamente fácil de conseguir en librerías especializadas.También es interesante de ser consultado el trabajo de Arnold C. Brackman titulado En busca del oro de Tutankamón (Ver bibliografía)
  • El historiador leonés especializado en temas de la antigua cultura egipcia y actualmente director de la revista Arqueología Nacho Ares, ha presentado un serio estudio sobre Tutankamon y la posible “maldición” en su libro El Egipto Oculto. De este mismo autor es el trabajo El Egipto insólito, ambos publicados por Ediciones Corona Borealis.El tema de la “trompeta” del “faraón-niño” fue también abordado por Arnaold C. Brackman en su clásico libro En busca del oro de Tutankamón ( editorial Javier Vergara)

 

 

Mas maldiciones y mas víctimas:

 

El mago-sacerdote egipcio es “especialista” tanto en las cosas de la vida, como las referentes a la muerte.

Paul Joseph Mistreaux

 

 

No vayamos ni remotamente a suponer que la maldición se limita a los miembros y colaboradores que intervinieron en las excavaciones de la tumba real del faraón-niño, pues conocemos otros muchos casos que por menos estudiados y difundidos no dejan de ser misteriosos.

Theodor Bilharz, era desde 1858  vicepresidente de la Egyptian Society. En 1862 este hombre conocido por su buenos modales y el dominio de distintas lenguas, acompañó a la cultivada esposa del duque Ernesto II de Coburgo-Ghota al Valle de los Reyes ( su marido había preferido dedicarse a la caza en el desierto) para visitar las tumbas por aquel entonces conocidas.

De Regreso a El Cairo, el científico se sintió indispuesto y lo llevaron a casa del doctor George Lautner, profesor de anatomía y del que hablaremos mas adelante.Allí estuvo el enfermo durante dos semanas en estado de coma hasta que murió.El diagnóstico “oficial” fue: tifus, pero el doctor Lautner desmintió el diagnóstico y aseguró que se trataba de una misteriosa y desconocida enfermedad.

Giovanni Belzoni fue el descubridor entre otras, de la majestuosa tumba del gran rey Seti I. Se trataba de un hombre fuerte y ambicioso.En uno de sus viajes se vió afectado por una extraña enfermedad que le provocó fiebres y delirios. Antes de morir dijo”Siento la mano de la muerte” y tras sacarse trabajosamente un anillo de amatista ( desconocemos si era de origen faraónico) que llevaba, expiró el 3 de diciembre de 1823.

Francoise Champollion, el hombre al que debemos agradecer que gracias a sus estudios podemos conocer mejor la cultura egipcia, pues con el encuentro de la “Piedra Rosetta” se pudo interpretar la antigua escritura de los egipcios, era un enamorado de Egipto.En 1828, encabeza una expedición arqueológica subencionada por el rey francés Carlos X y el gobierno de Toscana.A su regreso de Egipto Champollión fallece de una enfermedad desconocida. Tenía solamente 42 años.

Mas o menos a la misma edad murió de extrañas fiebres agitantes el egiptólogo Georg Möller, encargado de las excavaciones del cementerio prehistórico de Abusir y de la Ciudad de los Muertos de Tebas. Murió el 2 de octubre de 1921 en un lugar tan aséptico y lejano del caluroso Egipto como es la fría ciudad de Upsala (Suecia)

Otros dos prohombres de la egiptología, el profesor Johannes Dúmichen y Heinrich Brugsch enloquecieron mientras trabajaban en las excavaciones.

En tiempos mas recientes también se habla de maldición egipcia al comentar la extraña muerte del egiptólogo Walter Brian Emery.

Existe un curioso suceso muy poco divulgado pero que creemos interesante de comentar. Hacia mediados del siglo XIX, en Europa empieza la afición por los viajes turísticos al País del Nilo. En 1858, llegan varios grupos de europeos para visitar las pirámides de Ghiza y las tumbas del Valle de los Reyes. En muy pocos días, varios de ellos, de distintos grupos, enferman y cuatro de ellos mueren.El miedo se apodera de los turistas, y para satisfacer y tranquilizar a los turistas, se llevan los cuatro cadáveres a Alejandría donde se les hace la autopsia. El diagnóstico es claro:peste oriental, neumonía con síntomas de peste, fiebres petequiales y tifus icteroide respectivamente.Poco después, el cirujano austriaco Alexander Reyer, toda una eminencia médica por aquellos tiempos, y el profesor George Lautner que ya hemos mencionado anteriormente,que poco después ambos formarían parte de la Intendencia Sanitaria de Alejandría, anunciaron que las cuatro autopsias habían sido falseadas y que “no se podían explicar cientificamente las muertes de los cuatro turistas”.

Estas extrañas muertes y enfermedades mentales ¿ se trata realmente de maldiciones milenarias?, no lo sabemos pero es muy importante de reseñar lo que nos cuenta Nacho Ares Reguera en su ya clásico libro Egipto el Oculto:”…más recientemente se han apreciado dificultades técnicas a la hora de trabajar en el interior de la tumba de Tutankamon; dificultades que desaparecían, curiosamente,nada mas abandonar la tumba…” (1).

El investigador y escritor Philipp Vandenberg se dedicó a estudiar detenidamente las causas de muerte de los principales egiptólogos y llegó a unos curiosos resultados.La mayoría de ellos, habían muerto por tres causas principales: Fiebres con desvarío y presentimiento de muerte, embolia y cáncer de evolución rápida y fatal, y en algunos casos, se dio un extraño factor, pues mas de una de estas patologías se daban al mismo tiempo en una misma persona, como fue el caso del célebre egiptólogo Richard Lepsius, el cual había llevado tumbas enteras pertenecientes al Valle de los Reyes al Museo de Berlín.Este hombre sufrió a la vez de embolia ( le quedó medio cuerpo paralizado) y cáncer de evolución rápida.

Como vemos, son varios los egiptólogos y colaboradores en excavaciones en dicho país, que parece que sufrieron de algún tipo de “maldición”

 

 

(1) Tratado en los trabajos de Nacho Ares ya mencionados anteriormente ( ver bibliografía).

 

 

 

Amuletos y tablillas “malditos”:

 

“Cuando el mago creaba un amuleto, introducía en el objeto fuerzas esenciales para preservar la vida y garantizar la inmunidad de un cuerpo o de una momia”

    Christina Jacq

 

     En páginas anteriores ya hemos visto que se habla de una misteriosa tablilla aparecida en la tumba de Tutankamon que “maldecía” con el bieldo de la muerte a quien profanara el reposo del faraón, y que al parecer “desapareció” de forma sospechosa, aunque como bien dice el doctor Frederikc L. Beynon, al respecto: “ Sería falso pretender que en aquel momento, Carter o cualquiera de los otros arqueólogos, temiera la maldición; lo que sí temían, era la susceptibilidad de los excavadores egipcios ante este tipo de historias”.

Pero parece ser que en esta misma tumba apareció otra maldición inscrita en este caso sobre el dorso de un gran amuleto, y que decía así: “Yo soy el que ahuyenta a los profanadores de tumbas con la llama del desierto. Yo soy el que custodia la tumba de Tutankamón”, aunque esta maldición no es recogida por todos los investigadores, si no por solo algunos.Algunos de los estudiosos más ortodoxos y “racionalistas”, sencillamente han preferido ignorar este tipo de hallazgos.

Esta clase de tablillas y amuletos maldiciendo a quien profanara la tumba del faraón o de reinas, príncipes y sumos sacerdotes, parece ser que estaban muy generalizados, pues Beynon recoge en su trabajo al respecto otra relacionada con una tumba cercana a la pirámide de Medum en la que el arqueólogo Engelbach, por aquel entonces inspector general de la Administración de Antigüedades de Egipto, al penetrar en el mortuorio lugar, encontró una tablilla que decía textualmente: El espíritu del muerto, retorcerá el cuello al ladrón de la tumba como a un pato” y curiosamente en esa misma tumba, el egiptólogo y su equipo descubrieron dos cadáveres, uno el del “propietario” embalsamado, y el segundo de un …profanador de tumbas, con el cuello y la cabeza rotos, seguramente por la caida de una piedra: ¿casualidad? , ¿accidente?, ¿maldición?.

Sin duda han sido muchas las tablillas y amuletos conteniendo maldiciones que se han encontrado en las tumbas egipcias, pero posiblemente los egiptólogos, y quizá con razón, se han ocupado de que fueran “ignoradas” para evitar el temor y seguramente la deserción de su barata y supersticiosa mano de obra.

Antes de terminar, indicaremos pues es importante para ver el declive que sufrió la cultura egipcia, que hay una gran diferencia entre las tablillas y amuletos con función “maldita” de las primeras dinastías e incluso del Imperio Medio, a las utilizadas en los últimos siglos de la existencia del Egipto faraónico, pues mientras que en un origen parece ser que en éllas había “algo especial” que aún hoy no conocemos, en los últimos tiempos, los amuletos y tablillas “protectoras” o de defensa ( fuera de personas vivas, momias o edificios), se convirtieron, reproduciendo palabras de Jacq “ cada vez más ingenuas, cada vez más alejadas de sus raíces”. Durante los últimos seis o siete siglos, lo que podríamos considerar como verdadera “magia” (1)se convierte en vulgaridad,salvo algunos honrosos casos muy contados, donde se utilizan pelos de cabra, de vaca, huesos de animales,piedrecitas singulares, así como sustancias más o menos apetitosas para elaborar amuletos de un coste muy bajo (2).

Los egipcios fueron los maestros en el arte de “maldecir” tumbas mediante tablillas y amuletos para así protegerlas de los depredadores, pero otras culturas, como los guerreros de las estepas, también las utilizaron posteriormente, como es el caso de la famosa “Maldición” de Tamerlán (3)

 

  • Ver el capítulo “La magia en Egipto”
  • El Saber mágico en el Antiguo Egipcio. Ver Bibliografía.
  • Ver Maldito seas, Miguel G. Aracil, ediciones EDAF ( de próxima aparición)

 

 

 

 

Otras maldiciones sin explicación:

 

 

    Un escepticismo pretencioso que recuse los hechos, sin querer ahondar en ellos, es,en determinadas circunstancias, mas funesto que la pasiva credulidad.

 Alejandro von Humboldt

 

  

   Actualmente nadie puede dudar  que la del faraón Tutankamón fue la mas clásica de todas las “maldiciones”, pero también es verdad que algunas otras han pasado a ser populares y que han sido tratadas incluso en programas de televisión.

Así la mismísima BBC ha tratado en mas de una ocasión la famosa cubierta de la momia que tiene el número 22542 en el Salón Egipcio del Museo Británico y que fue estudiada extensamente por la doctora Margaret Murray que además de una profunda conocedora de los misterios del antiguo Egipto, está considerada como una de las mayores autoridades en el estudio de la brujería desde el punto de vista de la antropología.

De esta pieza el doctor Sir Ernest Wallis Budge, encargado de la sección de antigüedades egipcias del Museo Británico durante mas de treinta años, no duda en asegurar que tiene pruebas de que ha ocasionado la muerte o serias desgracias a una veintena de personas que estuvieron en contacto directo con dicha antigüedad.

Otro “clásico” de las maldiciones egipcias fue lo que les ocurrió a los barones de Abercorn.

Sir Alexander Hay Seton, décimo varón de Abercorn, y su esposa Zeyla Seton, visitaron Egipto en el año 1936. Una noche tras visitar la tumba de Tutankamón, el templo de Luxor y otras sepulturas del Valle de los Reyes, su guía de nombre Abdul, les comunicó que si querían, al día siguiente podía llevarlos a una tumba a medio excavar.

Así lo hicieron, y entraron en una oscura tumba en la que vieron el esqueleto momificado de una mujer que según el guía pertenecía a una joven de alta estirpe. El barón se limitó a rezar una oración y salió de la sepultura, pero su esposa se retrasó.

Al llegar al hotel la “dama” confesó a su marido que se había llevado un pequeño souvenir, consistente en algo que parecía un “bizcochito digestivo, ligeramente convexo” y que tenía la forma de un corazón. Resultó ser el hueso sacro, el que remata la columna vertebral en su parte inferior.Guardaron el “regalito” junto a otras piezas que habían comprado y se lo llevaron a su lujosa mansión de Edimburgo.

El barón colocó el hueso dentro de una cajita de cristal que depositó sobre una mesita del comedor.Aquella noche tenían un grupo de amigos invitados a cenar. Cuando marchaban, una parte del parapeto del tejado cayó violentamente a un metro de aquella gente que se dirigía a coger sus automóviles. Enseguida se habló de una “maldición egipcia” aunque se hizo en medio de bromas y chistes.

Pocas noches mas tarde, Janet Clark, la niñera de los Seton, acudió corriendo y horrorizada diciendo que había alguien en el comedor. Los barones bajaron y no vieron a nadie.Supusieron que eran visiones de la empleada y olvidaron el asunto.

Aquella noche Alexander creyó oir un ruido de cristales rotos pero no se levantó de la cama. Al día siguiente, su esposa estaba muy enojada pues había encontrado la mesita con la cajita de cristal, rota y en el suelo, junto al hueso.

Desde aquel mismo momento, toda la casa se convirtió en un verdadero posltergeist ( casa encantada) e incluso un sobrino de la pareja, aseguró haber visto en la salita, una persona “vestida de manera muy rara”. Cogieron el hueso y lo depositaron en su salita de “colecciones” donde había una preciosa colección de cajitas de rapé. Alexander para evitar cualquier incidente, cerró con llave por fuera la habitación con las cajitas y el hueso. Aquella misma noche escucharon ruidos y golpes en la habitación cerrada. Al abrirla, vieron que todo estaba por los suelos. Sillas por los suelos, libros destrozados, arañazos en las paredes,estanterías rotas,cristales de todos los tamaños, todo un verdadero caos.

Cada vez que transportaban el hueso de habitación o sala, ocurría lo mismo, muebles cambiando de lugar, roturas de cristales, etc.

Sir Alexander estaba ya convencido de que todo se debía al “hueso maldito” de aquella desconocida momia que habían visto en Egipto. Dijo a su esposa, al parecer caprichosa y no muy inteligente, que había decidido quemarlo. Aquello provocó un grave incidente entre la pareja. El caballero inglés marchó en su automóvil y se emborrachó.

La noticia llegó a la prensa que empezó a hablar de la maldición egipcia”. Un joven periodista le pidió tener el hueso unos días. Una terrible peritonitis obligó al informador a pasar urgentemente por el quirófano.

Poco después y quizá debido al estado de excitación que se vivía en la casa, la pareja se peleó y cada cual se fue a vivir por su cuenta. Solo quedó en casa la niñera. Los extraños fenómenos siguieron y la mujer de Alexander cogió el hueso y se lo llevó a un médico amigo de la pareja. El consultorio médico se vió invadido por una extraña figura fantasmal.Poco después la pareje hizo las pazes y  volvieron juntos a su casa

Finalmente Sir Alexander decidió que un tio suyo, sacerdote, hiciera un exorcismo sobre el hueso y seguidamente lo quemó sn que lo supiera su esposa. Las cenizas fueron también destruidas o esparcidas.

Poco después y quizá a raíz de los extraños sucesos la pareja se divorció ( la mujer jamás le perdonó que quemara su “souvenir”), y poco después la exesposa volvió a contraer nupcias, pero las disfrutó por poco tiempo, pues murió muy joven.Un terrible cáncer acabaría bastantes años mas tarde con sir Alexander. Su hija, actualmente una mujer mayor asegura que siempre intuyó que aquello ( el hueso) era “malo”.

Parece ser que las maldiciones egipcias no saben de fronteras y pueden perseguir a sus “víctimas” hasta lejanos países e incluso como veremos ahora, quizá “viajar” en un moderno trasatlántico, pues el primer y último viaje que hizo el todopoderoso buque turístico “Titánic”, llevaba no en sus bodegas como algunos estudiosos nos han querido contar, si no en una cámara muy cercana al camarote del capitán Edward J. Smith, la momia de una pitonisa de la corte del faraón Amenofis IV, la cual había sido descubierta en las excavaciones de Tell-el-Amarna años antes y que era propiedad del acaudalado Lord Canterville que también viajaba en el famoso barco.La momia llevaba entre sus vendas un amuleto que decía” Despierta de tu postración y la mirada de tus ojos triunfará de todo lo que se haga contra ti”. Posiblemente nada tuvo que ver la milenaria momia con el hundimiento y la muerte de las mas de 1500 personas que se ahogaron con el Titánic, pero no deja de ser curioso este hecho que algunos han intentado ocultar.

 

 

¿Podemos encontrar respuestas científicas a dichas muertes?

 

“Las matemáticas se encargan de demostrar palpablemente, que las posibilidades de que determinados hechos sean casuales, son prácticamente nulas”

   Doctor Frederick L. Beynon

 

   

   Durante el transcurso de una conferencia de prensa dada en noviembre de 1962 por el profesor Ezzedin Taha doctor en biología por la Universidad de El Cairo,posiblemente la mas importante del mundo árabe,y donde acuden a estudiar la élite intelectual de dichos países, este prestigioso científico aseguró que había descubierto la causa que había originado la “terrible” y temida durante casi dos siglos, “maldición de los faraones”.

A lo largo de muchos años de investigación, este biólogo había podido comprobar que entre muchos egiptólogos, conservadores y empleados de los museos arqueológicos egipcios o con material egipcio, se solían dar inflamaciones pulmonares causadas por un tipo de hongo muy concreto. Prometió demostrar en muy poco tiempo que su teoría era real, y que la “maldición de los faraones” era una superstición, una “simple fantasía” con una explicación racional que nada tenía que ver con lo sobrenatural.

Curiosamente, poco después el doctor Taha sufrió un terrible accidente de tráfico, al chocar frontalmente su automóvil con otro que venía en dirección contraria. Pero sobre este suceso, Ramón Simó, antes ya mencionado, nos dice: Un posterior reconocimiento reveló que cuando el vehículo del científico sufrió el choque, Taha ya estaba muerto…

Vamos a tomarnos la libertad de dar un pequeño salto en el tiempo, solo de unos pocos años, pero de bastantes miles de kilómetros, pues de la calurosa tierra de los faraones nos trasladamos a la fría Varsovia del año 1973 (1).

Catorce investigadores abrieron la tumba del rey polaco Casimiro el Grande ( 1310-1370) conocido popularmente como “El rey de los campesinos”,y seguramente el mas popular de todos los monarcas de aquel país, para estudiar entre otros factores reales, la espada, el cetro y la corona del monarca.

La tarea se realizó sin ningun tipo de protección, como podían ser máscaras o guantes, por lo que los investigadores estuvieron en contacto directo con las piezas enterradas.

En 1974, o sea solamente un año después de abrirse la tumba, cuatro de los investigadores morían por causas pulmonares, y en 1985, de los catorce solo quedaban con vida dos.

Uno de estos, era el profesor B. Smyk, el cual decidió hacer una investigación sobre el tema, y llegó poco después a unas conclusiones categóricas y al parecer irrebatibles, pues encontró que tanto en la espada, como en el cetro y la corona del rey polaco, existían unos microorganismos que nacían de las bacterias y de los hongos de las tumbas. Incluso en el femur del popular monarca polaco, se descubrieron bacilos del tipo asperguilus flabus, uno de las mas venenosos que actualmente se conocen.

Pero como bien nos indica Nacho Ares, también en los restos mortales de Ramsés II se encontraron en 1976, mientras se hacía una “cura” a la momia en París, aspèrguilus de los tipos flabus y niger. Allí no murió nadie; la explicación era sencilla: se habían utilizado en todo momento guantes y máscaras protectoras.

El mecanismo se basa en la concentración de bacilos en los alveolos pulmonares, factor que conlleva una carestía de oxígeno, y consecuentemente un ahogo prolongado y en ocasiones doloroso.

Nacho Ares nos indica en uno de sus trabajos (1)que egiptólogos o personas relacionados con el descubrimiento de Tutankamon, como Carnarvon, Bénédite, Mace o Reed,y que sufrieron de la “maldición”, estaban afectados anteriormente de patologías pulmonares. Hemos de mencionar que este bacilo se ha encontrado en diversas piezas que formaban parte del formidable hajuar funerario del rey-niño.

También en época reciente,el insigne médico italiano Nicola di Paolo, ha asegurado y parece ser que demostrado, que el “culpable” de estas “maldiciones” es este tipo de hongo, el cual encerrado desde hace milenios en las tumbas, actúa al menor movimiento (2).

Hasta aquí parece existir una explicación “racional” para “algunas” de las muchas muertes relacionadas con la “maldición egipcia”, pero como dicen M. Monty y también Ares y Simó, existen unas extraños fallecimientos que se conocen como muertes asociadas, y que afectan a amistades, familiares o incluso a las mascotas de los egiptólogos o mecenas; recordemos el fiel perro de Carnarvon o el canario de Carter; ¿ podemos creer que estas muertes asociadas estén relacionadas con el bacilo asesino?, personalmente lo dudamos.

Simó nos comenta que a finales de los cuarenta, y mas concretamente en 1949, el prestigioso profesor Luis Bulgarinni, científico especializado en el estudio de la energía nuclear, afirmó que él estaba convencido de que los antiguos egipcios, y concretamente sus altos sacerdotes tenían avanzados conocimientos relacionados con las fórmulas de la desintegración atómica (3), a lo que Simó añade que actualmente sabemos que en Egipto existen minas de uranio, por lo que se plantea el interrogante sobre sí los altos jerarcas de la religión egipcia ( que además era generalmente la clase científica, factor muy común en diversas culturas antiguas)no habrían depositado en las tumbas materiales radioactivos. En los archivos de la Asociación Catalana de Estudios Forteanos ( A.C.E.F.) que presido hace mas de 20 años, tenemos una ficha que dice literalmente: Un equipo de físicos nucleares del Centro de Oakridge, Estados Unidos, tras analizar materiales procedentes de la tumba ( de Tutankamón)avanzó una teoría desconcertante, pues había indicios casi insignificantes, por supuesto,pero indicios al fin y al cabo, de que en vez de veneno, los sacerdotes habían colocado en la tumba, material “radioactivo”.Esta versión no llegó a prosperar y contra ella se conjugó una unánime conjura de silencio, por parte de arqueólogos, egiptólogos e historiadores, pues si realmente se hubiera confirmado las teorías de los científicos de Oakridge, y los egipcios conocían el fenómeno de la radioactividad, muy fácilmente se podría llegar a la conclusión que los antiguos egipcios, conocían los secretos de la energía atómica.(4)

Docenas de muertes “misteriosas: ¿ virus, bacilos, radiaciones, casualidades del destino, la “mano negra” del poder faraónico mas allá de la muerte? Quizá jamás lo sabremos (5), pero por mucho que la ciencia egiptológica avanze y progrese, la sombra de las milenarias maldiciones de sacerdotes y faraones, sigue aleteando sobre la mente de millones de personas de todo el mundo que ven en Egipto, el país mas misterioso de todo nuestro planeta.

 

 

  • Ver Egipto el Oculto, Nacho Ares, ediciones Corona Borealis (Madrid 2001)
  • La maldición de los faraones. Monográfico Más Allá número 22, página 18)
  • Ya hemos mencionado que incluso algunos autores creen que la sangría humana del Titánic se vió relacionada o influenciada por estas “dudosas” radiaciones.

 

 

 

  • Esta ficha nos consta como recogida del trabajo La maldición de los faraones, editado por Ediciones UVE.
  • Cuando ya habíamos casi acabado este trabajo, ha caido en nuestras manos un trabajo de Maurice Miguet, titulado Tutankamon, el mayor misterio del Antiguo Egipto,( ver bibliografía) en el que se habla de otros estudios realizados por el doctor Geoffrey Dean del Hospital de Port Elisabeth (Unión Sudafricana)y que menciona a estos mismos microscópicos organismos , a los que dicho médico define como histoplasmosis, o “Mal de las cavernas”. Solo mencionamos este hecho como “posible” refuerzo de la teroría de los bacilos letales.

 

 

SEXTO CAPÍTULO

 

 

 

UNA TÉCNICA PERDIDA:

¿CONOCÍAN LOS EGIPCIOS, EL ARTE DE ABLANDAR LA PIEDRA?

 

La integración sin reservas de lo supranormal y misterioso al universo cotidiano de tres dimensiones, caracterizó la mentalidad y la Ciencia egipcia

  J.Louis Bernard

 

Antes de escribir este capítulo me lo he planteado seriamente, pues suena demasiado fantasioso, pero el hecho de que hace muy pocos días cayera en mis manos el libro de Fernando Jiménez del Oso En busca del misterio (1)ha hecho que me decida a incluir una extraña teoría sobre los “ablandadores de piedra” en este libro.No era la primera vez que leía sobre el tema, pues ya Javier Sierra en su libro En busca de la Edad de Oro, nos habla de una entrevista con un anciano profesor de quechua de nombre Faustino Espinoza

Hay algunos investigadores que sostienen que algunos de los grandes “misterios arquitectónicos” que se encuentran dispersos por distintos países de nuestro planeta, se deben a que algunos “iniciados” de viejas culturas y arcanas civilizaciones, conocían el secreto para “ablandar” la piedra, y esta sería la razón para encontrar en lugares como Egipto o en diversos monumentos precolombinos situados en la zona andina, construcciones “imposibles”.

En la publicación monográfica de Más Alla titulada “Misterios de Egipto” (2), y concretamente en un artículo no firmado que llevaba por título Ablandadores de piedra, se decía textualmente: Recientes estudios y expertos de renombre, apuntan a que los construtores de pirámides no fueron canteros, sino “alquimistas” (3) que poseían el conocimiento de cómo ablandar las piedras para manipularlas posteriormente y permitir que se solidificaran más tarde.

Esta teoría, que personalmente no comparto, me parece muy de “ciencia ficción” y si exceptuamos que en algunos de los grandes bloques que forman las pirámides o en rocas de la meseta de Ghiza se han encontrado al parecer restos de uñas y cabellos humanos, así como algunos restos orgánicos, no hay que sepamos, demasiadas evidencias que confirmen esta tesis, aunque después volveremos a élla.

Si solo fuera esta la información sobre el tema, ni tan siquiera la mencionaríamos, pero al leer el libro anteriormente citado del conocido psiquiatra madrileño, podemos saber, que en un país tan lejano como el Perú, también hay algún investigador que defiende la teoría de que “algunas” personas, han podido conocer el secreto, que nos parece casi alquímico, que permitiría convertir la dura piedra, en algo parecido a “goma”.

Jiménez del Oso conoció en el Perú, a un anciano sacerdote y prestigioso antropólogo, el primero que al parecer realizó un completo diccionario bilingüe quechua-castellano, que aseguraba que había averiguado la forma de hacer que la piedra, se reblandeciera.

El padre Lira, que así se llamaba aquel estudioso, le dijo al médico madrileño, que según una vieja tradición quechua, los antiguos dioses habían regalado a los indios tres plantas, una de ellas la coca, tan necesaria y funcional en aquellas latitudes, la segunda el maíz, base de la alimentación de aquellas pobres gentes, y la tercera y más misteriosa, era conocida como hoschka, y tenía como propiedad mágica ablandar la piedra.

Convencido de que podía haber algo de realidad detrás de aquella antigua tradición, dedicó catorce años de su vida a buscar aquella planta; por fin la encontró, y según aseguro el padre Lira, una vez encontrada la planta y averiguado con qué jugos también vegetales había de mezclarla, consiguió hablandar la piedra, aunque no llegó a conseguir que recuperara luego la dureza natural.

A la respuesta del investigador español sobre por qué no había continuado su investigación, el sacerdote contestó sencillamente “Me cansé”.

Si como al parecer, los antiguos pueblos andinos anteriores a la conquista conocieron la manera de ablandar la piedra, por qué los egipcios, cultural y técnicamente muy superiores a éllos, no pudieron también haber poseido el secreto de ablandar la dura piedra y así poderla trabajar mejor.

No son muchas las “pruebas” que podrían avalar esta teoría referidas al País de los Faraones, pero como se describe en el monográfico anteriormente citado de Más Allá, el doctor Davidovits dice que en la llamada Estela del Hambre  de la isla de Sehel (Asuhán) se hace referencia a cómo el dios Khnum, proporcionó por medios oníricos al faraón Zoser una lista de elementos minerales y otros productos que combinados permitían “fabricar los bloques” que se harían servir para construir los templos.

En los últimos tiempos, el investigador y conferenciante español Manuel Delgado, asegura haber encontrado un buen número de pequeñas piedras que parecen representar un reblandecimiento en su superficie, la cual mostraba ciertas incisiones.

Llegados a este punto, solo podemos presentar esta teoría como algo “aventurado” pero que no se puede descartar a priori.

Cuando en lugares tan lejanos en la distancia y el tiempo como son la cultura inca y la egipcia se dan este tipo de indicios, merece la pena que nos preguntemos si “algunos” de los sabios y sacerdotes ( siempre ligados a la élite intelectual de estas dos culturas, no lo olvidemos)pudieron haber conocido una tecnología que en el siglo XXI nos parece todavía fantasía.

 

 

  • Publicado en Nowtiles, colección La Puerta del Misterio
  • Septiembre de 1997,página 16, número de colección 22.
  • Como explico en mi artículo La alquimia en Egipto (Monográfico número 22 de Más Allá, página 87) es más que posible que este “Arte” que conocemos como alquimia naciera hacia el 2900 a.d.C en los templos de Caldea y pasara inmediatamente a Egipto. Proviene de la palabra kimiya, que significa “tierra negra”, exactamente uno de los nombres con que se conocía Egipto en tiempos de los faraones.

 

 

LA MAGIA EN EGIPTO:

 

“Para entender la mentalidad egipcia, hay que abandonar nuestros prejuicios racionalistas, y aceptar que los egipcios creían que todo en la Naturaleza estaba vivo”

 

Prólogo de Javier Sierra al libro El saber mágico en el antiguo Egipto de Christian Jacq

 

Hace ya bastantes años, siendo por aquel entonces director de la desaparecida revista Mundo Oculto, mi editor me pidió, supongo que por razones comerciales beneficiosas para él,o para la publicidad de la revista, que fuera a entrevistar a un “mago” egipcio (Sic) que trabajaba en un céntrico barrio de Barcelona. Fui a su casa-templo-consultorio y ante mí apareció un individuo de imponente aspecto que intentaba vestir como un verdadero “sacerdote de Horus”, aunque el aspecto general era más bien el de un payaso de circo. En aquel momento y tras hacerle algunas fotos que aún conservo en mi archivo personal, pensé que si un verdadero mago-sacerdote egipcio levantara la cabeza, sin duda se “cargaba” con su magia a aquel pobre y esperpéntico personaje; pero ¿en verdad los sacerdotes-magos egipcios tenían unos conocimientos de magia verdaderamente poderosos?.

Como bien dice Sierra, los egipcios estaban convencidos de que todo en el Universo, tenía vida, incluido lógicamente los grandes templos.

Pensemos que la magia, se consideraba por el Estado egipcio, como una de las mas primordiales actividades. Sus libros de magia, no estaban escritos por particulares o freelans sino que lo hacían altos y respetados funcionarios e incluso instituciones estatales, como era el caso de la Casa de la Vida, y una vez escritos, pasaban a formar parte de la biblioteca real propiedad del faraón y de sus altos funcionarios, o del Archico del Estado.

El escritor francés Jean Yoyotte nos dice al respecto:”es de una magia de Estado, coherente,razonable, admirablemente serena, de donde procede la visión egipcia del mundo”.

Sin duda, el principal de los magos del Estado, era el mismísimo faraón,pues como dice Christian Jacq (1)El faraón es el gran mago por excelencia, por que en él, se encarna la fuerza de la vida.

Pero sin ser faraón, otros grandes magos llegaron a ser prácticamente divinizados, como el famoso Imhotep, que llegó milenios después de su muerte, a ser identificado por los cultivados griegos, con su dios de la medicina Asclepio. Tampoco podemos olvidarnos del célebre Khaemuase, cuarto hijo del gran Ramsés II, que además de ser uno de los magos más famosos de dicha civilización, también puede considerarse como el “padre de la arqueología”, ciencia por la que sentía gran pasión y a la que se dedicó en cuerpo y alma.

Hasta nosotros han llegado los nombres de otros poderosos magos egipcios y en ocasiones, de sus poderes, como es el caso del célebre Harnohuphis, considerado por muchos como el “último gran mago egipcio”, quien en el año 172, durante la batalla de Mhordavia, librada entre los soldados romanos de Marco Aurelio ( en sus tropas también habían egipcios) que se habían quedado desde hacía días sin agua y estaba a punto de morir de sed y unas numerosas huestes de tribus bárbaras,con un antiguo ritual mágico, Harnohuphis consiguió que “milagrosamente” lloviera, y de esta manera salvó de morir de sed a las legiones de Roma y de paso hizo huir a sus enemigos.A nivel anecdótico,comentaré que hace un par de años, mientras participaba en una expedición en el País Dogón ( República de Mali) misterioso pueblo éste que algunos han querido relacionar con los antiguos egipcios, pude ver personalmente a un “iniciado” hacer un ritual de magia para atraer la lluvia, y puedo prometer, que lo que hasta entonces era un cielo azul maravilloso, se convirtió en pocos minutos en algo negro como el carbón, y jamás en mis 48 años, he visto llover tanto como aquella tarde: ¿ casualidad? Posiblemnte sí, pero siempre me ha quedado la duda, entre otras cosas por qué el mago o “inicado” dogón al que acompañaba un chacal, no sabía que lo estábamos observando.Pero continuemos con nuestros magos egipcios.

Aquellas gentes estaban convencidos de que los templos eran seres vivos, pero aún en tiempos mucho más próximos, algunos investigadores siguen creyéndolo. Al respecto, el filósofo alsaciano René Schwaller decía hace unas pocas décadas después de estudiar extensamente las creencias mágicas de dicho pueblo, que éllos eran conscientes de que cada una de las partes del templo, de sus columnas, salas, arquitrabes, etc, representaban todos los órganos y partes vitales de un cuerpo humano. Como dice Jacq, las imágenes grabadas en las paredes y muros de los templos, toman vida cada día cuando las palabras rituales son pronunciadas por el sacerdote-mago. Es en la ceremonia de la mañana, sin duda la más importante del día, cuando la imagen del faraón, representada en los muros del templo, “baja” y se encarna en la persona del sacerdote que iniciará los rituales mágicos.

Sabemos gracias a una estela de la época del faraón Ramsés IV, que incluso los templos, al ser considerados como “cuerpos”, eran protegidos con amuletos y fórmulas mágicas para así “expulsar todo mal de aquel cuerpo”.

Pero además había otros cuerpos muy importantes para proteger, como era el caso de las momias de faraones, familiares reales y prohombres reales; para ello el mago, debía utilizar 104 amuletos diferentes, los cuales atados a los dedos de los pies o a los mismos pies, hacían circular las fuerzas mágicas a través de todo el cuerpo antes de llegar  a la cabeza.

A nivel anecdótico, diremos que “curiosamente” una de las plantas “mágicas” utilizadas por los magos egipcios, incluso en medicina mastológica (  referentes a los senos de las mujeres) era el rosal y la rosa, pues los consideraban relacionados con la Gran Madre Isis ( que amamantó a los gemelos cósmicos Shu y Tefnut)y esta divinidad fue según opinan muchos investigadores ( entre los que me cuento)la que sincretizada como Virgen Negra llegó a la europa medieval posiblemente traida por los templarios, los cuales, y no creemos que sea una mera casualidad, sentían verdadero fervor, por la rosa y el rosal, pudiendo asegurarse, que la mayoría de los toponimios que existen en España y que hacen mención a esta planta, fueron en su tiempo enclaves de la Orden del Temple (2).

Los libros de “magia” egipcios han sido buscados, ambicionados y cotizados por un numeroso grupo de coleccionistas, anticuarios y ocultistas de todos los tiempos, pero posiblemente quien más pápiros mágicos llegó a reunir, fue el anticuario de Alejandría Giovanni Anastasi,que además de cónsul de Suecia y Noruega, era muy posiblemente un verdadero “ladrón de tumbas”. En la primera mitad del siglo XIX, aquel “coleccionista” había reunido una numerosa colección de papiros que hablaban de alquimia, magia, hermetismo,botánica mágica, etc, y que según él, habían estado enterrados en Tebas y encontrados por “un anciano”. Entre aquellas maravillas de la antigüedad se encontraban joyas como el Papiro mágico de París, los dos papiros ocultos de Berlín, y los papiros alquímicos de Leyden y Estocolmo.Por razones que suponemos económicas, aquella verdadera “biblioteca esotérica” se repartió por casi toda Europa, principalmente por Inglaterra, Suecia y Holanda, e incluso en París se puso un buen número de aquellos misteriosos papiros a la venta por una módica suma, la cual fue pagada por la Biblioteca Nacional ( lote 1073, mayo de 1857) la cual en una demostración de la estupidez que es patente entre mucho “sabio oficial”, la reseñó como “Lote 574; suplemento griego”. ¿Se hizo este “reparto” por razones económicas o se hizo guiado por alguien que prefirió que aquella documentación estuviera mal repartida por distintos países?(3)

No vamos a extendernos sobre los conocimientos mágicos que poseían los antiguos egipcios, sobre éllo hay “algunos” buenos libros (4) ( exceptuamos los escritos por “magos” y “magas” actuales), y terminaremos este capítulo con una frase que define lo que el antiguo habitante del País de los Faraones creía que era la magia:”La magia es conocer el Poder,saber hablarle, saber escucharle,sumergirse en el interior de ls múltiples formas que adopta sobre la tierra de los hombres”

 

  • El Saber mágico en el antiguo Egipto. Círculo de Lectores
  • En mis libros Gran Guía de la Cataluña mágica (Ediciones La Espiral) y Guía mágica del Camino de Santiago (De Puigcerdá al Finisterre por el Camino de las Estrellas)de ediciones Indigo, pongo numerosos ejemplos al respecto.
  • Asunción Fernández y Cinta Gil, publicaron un interesante reportaje sobre el tema titulado Los magos del Antiguo Egipto,el cual apareció en el número 2 de la revista especializada Misterios de la Arqueología y del pasado (1996)
  • Sin duda y para mí, el anteriormente citado libro de Christian Jacq, es el mejor y más accesible para el público en general.

 

 

 

SÉPTIMO CAPÍTULO

 

¿EGIPCIOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA?

 

 

Siendo responsable de la sección de arqueología submarina ( Monografías arqueológicas submarinas ) que se editaba en la revista Vida submarina, me enteré que en una zona cercana al Cap de Creus, un grupito de submarinistas franceses, estaban depredando un pecio ( barco hundido) y que de él estaban sacando ánforas pertenecientes a la, para nosotros lejana y misteriosa, cultura etrusca. Lo comenté a las autoridades correspondiente y lógicamente molestas por el delito de depredación arqueológica,  me dijeron que “era imposible” que fueran etruscas, pues sencillamente los etruscos, pueblo itálico anterior a la fundación de Roma ( aunque después coexistieron durante un tiempo)no habían llegado jamás a España. Puedo garantizar que aquellas ánforas eran etruscas, pues he visto de idénticas en museos arqueológicos italianos.Curiosamente cuando yo defendía el paso de etruscos por la Península Ibérica, se realizó el descubrimiento en el norte de España, y concretamente en un asentamiento astur, de una escultura que varios especialistas definieron como “etruscas” y que hizo que alguno ( menos mal) aceptara que en algún momento dado, “podía” haber existido cierta relación entre un grupo de etruscos y algunas tribus astures(1),y una autoridad como el profesor Alonso Ares, catedrático de arte, relacionó la escultura y la cultura etrusca y por cierto, a los “racionalistas” no les cupo la tan recurrida opción de achacar el hallazgo a un “naufragio forzoso” de un “barco perdido”, pues el descubrimiento se hizo en Astorga, lejísimo del mar.

Los historiadores y arqueólogos en general, se basan en unos esquemas inamovibles, y si un “intruso” ( este sería mi caso) les explica algo que se sale de sus “dogmas” sencillamente lo niegan y punto.

Si le preguntamos a un catedrático de Historia Antigua español,( o francés, o alemán, o de donde sea) si los egipcios llegaron en alguna ocasión a España,o a Francia o a… la risotada está asegurada, y como máximo nos dirá amablemente que no seamos incultos, pero al parecer existen algunos restos, tanto filológicos como físicos, que parecen demostrar lo contrario.

No vamos a repetir lo que ya dijimos sobre el tema en un libro anterior (1), pero sí que vamos a indicar algunos hechos que demuestran que “posiblemente” en plena prehistoria o protohistoria hispana, algunos egipcios llegaron por mar a nuestras tierras.

La toponimia podría darnos algunas pistas, pues un nombre egipcio como Ja-fre o Ja-fra lo encontramos en algunos pueblos de la costa catalana, y en el caso de uno de éstos, Jafre (Girona), muy cerca de un inmenso poblado donde se han encontrado figuras del dios egipcio Bes. Lugares como Neiba o la Neira de Jusá en Lugo, o el apellido Neira, se parecen a la diosa Neith, señora de Sais. Diversos apellidos españoles como Menes, Menen, Mino o Meneses parecen tener una relación con el nombre de uno de los faraones egipcios: Menes el rey que unificó los dos reinos, el Alto y el Bajo Egipto.

Pero llegados a este punto, el lector podrá pensar con toda razón que esto se debe a casualidades, aspecto que aceptamos plenamente, pero cuando el tema deja de ser toponímico y pasa a ser físico, la cosa ya cambia.

En algunas zonas de Almería, se han encontrado objetos que difícilmente pudieron ser elaborados por los nativos de aquella zona, destacando los brazaletes fabricados con la concha del molusco llamado pectúnculus” y los “vasos de pié” o de doble cavidad, que excepto en algunos yacimientos andaluces costeros, solo se encuentran en tierras egipcias (2).Otros objetos muy sospechosos son algunas cuentas de vidrio de color azul que son oriundas del País del Nilo, y que solo se han encontrado en Europa en la zona andaluza y un yacimiento de Cornualles.

Existe una curiosa teoría defendida por el profesor P. Quiring que asegura que fueron nativos hispanos los que consiguieron endurecer el cobre, mezclándolo con estaño, con lo cual obtuvieron el bronce (3)que luego sería adquirido por comerciantes egipcios para exportarlo a diferentes países. Solo exponemos esta teoría como “curiosa” pues no nos parece demasiado verosímil.

Son numerosísimas las figurillas egipcias encontradas en las Baleares, principalmente en Ibiza, pero lógicamente los arqueólogos oficiales pueden aducir que se trata de “importaciones” que los púnicos, que habitaron durante siglos aquella bella isla, trajeron de Egipto, aunque parece ser que algunas de estas figurillas egipcias, se han encontrado en yacimientos anteriores a la llegada de los cartagineses ( púnicos).

Hace algunos años, en un yacimiento del Pirineo, en este caso francés, concretamente en el término de Ussat-les-Bains se encontró una pequeña figura enterrada de indudable origen egipcio.Los arqueólogos no supieron o no quisieron dar una explicación al hallazgo.

Otro dato de la “posible” visita de los egipcios a tierras españolas, es la que nos cuentan los investigadores Javier Sierra y Jesús Callejo Cabo en su libro La España extraña (4)conforme en el año 1996, los investigadores José Antonio Sanromán y Pablo Novoa, descubrieron cerca de Santa María de Oia (Vigo) un misterioso petroglifo donde podía observarse claramente la silueta de un barco egipcio de los utilizados en las primeras dinastías. Estos autores aseguran que en el grabado se observan claramente los mástiles y las velas de estilo egipcio (5).

Hemos intentado solamente presentar al lector algunas “posibles” pruebas de qué los egipcios pudieron hace milenios, llegar a tierras peninsulares, lo que no debe de extrañarnos, pues el autor pudo observar personalmente hace varios años en un museo arqueológico rumano, muy cerca del Mar Negro, varias cruces ansadas ( de la Vida) claramente egipcias, que se habían encontrado en un yacimiento anterior a los dacios. Si llegaron a Rumanía, por qué no pudieron hacerlo a la Península Ibérica. La pregnuta queda entre interrogantes, y quizá algún día, al igual que ocurrió con la estatua etrusca encontrada en Astorga, curiosamente en pleno Camino de Santiago,alguien encuentre una estatua de Isis, Osiris o Bastet que demuestre que los habitantes del País de las Pirámides, hace milenios desembarcaron en nuestro país.

 

  • Cuando Noé llegó a España ( la Historia Oculta), ediciones Protusa.
  • Cuestionario de Cronología Ibérica. Autoeditado por el autor
  • Das Zinland der Altbrozezeit.
  • Editado por EDAF.
  • En los últimos años y a raíz de un artículo mío publicado en la desaparecida revista Karma 7, algunos “investigadores” han visitado las Cavorques (Alt Empordá)y han visto en uno de los grabados que hay en la cueva de mayor dimensiones, un barco “egipcio”. Es verdad que en algunos lugares del País del Nilo hay algunos grabados muy parecidos al que aún hoy puede apreciarse en una de las paredes, pero se trata sin duda de embarcaciones posteriores a la ocupación romana, posiblemente del siglo III o IV d.C.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OCTAVO CAPÍTULO

 

 

 

 

 

Egipto, tierra de faraones: Lista de los principales reyes.

 

En más de una ocasión, cuando recorro los maravillosos templos egipcios o las numerosas pirámides, leo en mi guía de viaje ( generalmente utilizo las de la editorial Lonely Planet ( en España editadas hasta ahora por ediciones Kairós)y en muchas ocasiones aparecen los nombres de tal o cual faraón. Situar a Ramsés II, Amenofis IV o Keops, es relativamente fácil para cualquier aficionado a la milenaria cultura egipcia, pero cuando los nombres que aparecen son Userkaf, Ramsés V, Necao I o Intef II, nuestro cerebro se horroriza, sin saber bien ni a qué dinastía pertenece, ni tan siquiera a qué época. Por dicha razón hemos creido que podía ser de utilidad para aquel lector que quiera viajar a Egipto y nos honre con la compañía de este trabajo, o sencillamente quien leyendo un artículo o reportaje sobre el País del Nilo, vea el nombre de un faraón o una dinastía, saber más o menos cuándo reinó, y decimos “más o menos”, pues podemos asegurar que no existe una cronología unificada sobre el reinado e incluso con la existencia de algunos de estos antiguos reyes.Y solo vamos a poner un ejemplo: si repasamos la lista de faraones publicada por alguien tan conocido como el alemán C.W. Ceram, autor entre otros “clásicos” del famosísimo libro Dioses, tumbas y sabios, podremos ver que en muy poco, y en ocasiones en nada, coincide con la lista que nos puede dar el prestigioso doctor en arqueología y autor de renombre Christian Jacq.

En esta parte del libro, hemos intentado presentar el mayor número de faraones conocidos, pues les podemos asegurar, que algunos de ellos, son actualmente desconocidos, y al hablar de ellos algunos egiptólogos, los califican de otros reyes menos conocidos o como el propio Jacq, como otros reyes. Sin duda reinaron faraones de los que nada se sabe, ni su nombre, ni su historia, ni tan siquiera dónde están enterrados, y al paso que va la egiptología, dudamos que jamás se llegue a saber quienes fueron en realidad.

Para dar una información doble, hemos querido desechar el presentar estos nombres por orden alfabético, y sí en cambio, por orden cronológico, destacando a qué dinastía pertenecieron.Esperamos que esta lista sea de utilidad para el lector, dejando bien claro, que según que autores, denominan al mismo faraón con un nombre que varía en su escritura y pronunciación.

 

ÉPOCA PREDINÁSTICA: aproximadamente hacia en 3100.(Se entiende que todas las fechas que siguen a continuación,son antes de nuestra era)

 

Rey Escorpión

Narmer

 

DINASTÍAS TINITAS:

 

I DINASTÍA ( 2960-2770, no se conocen exactas las fechas de los reinados)

Aha

Djer

Uadji

Dehuene

Adjib

Semerjeti

Kaa

 

II DINASTÍA (2770-2640)

Hetepse

Jemui

Raneb

Nimetjiyer

Peribsen

Jasejemu

 

IMPERIO ANTIGUO:

 

III DINASTÍA:

Nebka (2640-¿)

Zoser (2624-2605)

Sejemhjet

Huni (¿-2575)

 

IV DINASTÍA:

Snofru (2575-2551)

Keops ( 2551-2528)

Djedefreh (2528-2520)

Kefrén (2520-2494)

Micerinos (2494-2471)

Shefpsekaf (2471-2467)

 

V DINASTÍA:

Userkafh (2466-2458)

Sehure (2458-2446)

Neferirkare (2446-2427)

Posiblemente un faraón desconocido

Neusrerre (2420-2396)

Menkaurph (2396-2388)

Asoshi (2388-2355)

Unas (2355-2325)

 

VI DINASTÍA:

Teti (2325-2300)

Userjahre (2300)

Pepi I (2300-2268)

Merenhre I (2268-2254)

Pepi II ( llamado también Neferoirjare)(2254-2160)

Merenre II (¿?)

Nitocris ( ¿-2155)

 

VII Y VIII DINASTÍA:

Varios reyes apenas conocidos (2155-2134)

 

IX y X DINASTÍA:

Varios reyes apenas conocidos ( 2134-2040)

 

IMPERIO MEDIO

 

XI DINASTÍA:

Inteph I ( ¿-2118)

Inteph II ( 2118-2069)

Inteph III (2069-2061)

Mentuhotep I ( 2061-2010)

Mentuhotep II (2010-1998)

Mentuhotep III (1998-1991)

 

XII DINASTÍA:

Amenemjet I (1991-1961)

Sesostris I (1961-1926)

Amenemjet II ( 1926-1892)

Sesostris II (1982-1878)

Sesostris III ( 1878-1840)

Amenemjet III (1840-1797)

Amenemjet IV (1797-1789)

Neferusokeb (1789-1785)

 

SEGUNDO PERIODO INTERMEDIO

 

DINASTÍAS XIII Y XIV (1785-1650), en algún momento, ambas dinastías son paralelas.

 

DINASTÍAS XV Y XVI (1650-1540) faraones desconocidos, periodo conocido como de la dominación hicsa.

 

DINASTÍA XVII

Inteph (¿?)

Sekenenra-Tah (1570-1560)

Kjamosis (1555-1551)

 

IMPERIO NUEVO:

 

XVIII DINASTÍA

Ahmosis (1552-1306)

Amenophis I (1552-1527)

Tutmosis I (1527-1506)

Tutmosis II (1506-1494)

Hatseputh (1494-1490)

Tutmosis III (1438-1412)

Amenophis III (1412-1402)

Amenophis IV (más conocido como Akhenatón)(1402-1364)

Smenkher (1364)

Tutankhamón (1364-1338)

Hay (1337-1333)

Horenheb (1333-1306)

 

XIX DINASTIA

Ramsés I (1306-1304)

Seti I ( 1304-1290)

Ramsés II (1290-1224)

Menefta (1224-1204)

Seti II (1204-1194)

Amenméhs (1194)

Siptah (1194-1188)

Tauhsert (1188-1186)

 

XX DINASTÍA

Sejnatj (1186-1184)

Ramsés III ( 1184-1153)

Varios faraones con el nombre de Ramsés ( del IV al XI)(1146-1070)

 

EPOCA TARDÍA

 

XXI DINASTÍA

Smedes (1070-1044)

Psusemtmet I (1040-990)

Amenemote (990-984)

Posiblemente un faraón desconocido (984-978)

Siamún ( 978-960)

Susennes II ( 960-945)

 

XXII DINASTIA ( conocida como Bubástida)

Sheshonk I (945-924)

Osorkón I (924-887)

Posible faraón desconocido (quizá Sheshonk II)

Osorkón II (862-833)

Takelot II (839-814)

Sheshonk III ( 814-763)

Pymui (763-758)

Sheshonk IV (758-722)

 

XXIII DINASTÍA
Petubastis ( 808-783)

Osorkón III (quizá del 760 al 750, aunque poco se sabe)

Takelot y otros reyes desconocidos (750-740)

 

XXIV DINASTIA

Tefnajt (725-718)

Bokennranef (718-712)

 

XXV DINASTÍA ( ETÍOPE)

Piye (no se sabe bien la datación, posiblemente 740-713), aunque pudieron haber varios reyes desconocidos

Taharka (690-664)

Tanutamón y otros reyes desconocidos (664-656)

 

OCUPACIÓN ASIRIA

(671-664)

 

XXVI DINASTIA (SAITA)

Nekao I (672-674)

Psamético I (664-610)

Nekao II (610-595)

Psamético II (595-589)

Apries (589-570=

Amasis ( 570-526)

Psamético III (526-525)

 

XXVII DINASTÍA (DOMINACIÓN PERSA)

 

XXVIII DINASTIA

Amirteo ( 404-399)

 

XXIX DINASTIA

Hacoris y otros reyes desconocidos (393-380)

 

XXX SINASTÏA

Nectanebo I ( 380-362)

Teos (362-360)

Nectabeo II ( 360-343)

 

SEGUNDA DOMINACIÓN PERSA

(343-332)

 

MACEDONIOS

(332-305)

 

PTOLOMEOS

(305 antes de nuestra Era hasta la dominación romana)

Varios faraones con el nombre de Ptolomeo y reinas llamadas Cleopatra, entre ellas la bella ( aunque parece que no tanto)y seductora Cleopatra VII, posiblemente la reina egipcia más famosa, conquitadora de los corazones de Julio Cesar y Marco Antonio.

 

Como hemos visto, hay periodos de la historia egipcia, llenos de sombras, en los que reinaron oscuros faraones de los que no conocemos tan siquiera su nombre, y que muy posiblemente estén enterrados en olvidadas tumbas en el desierto egipcio.

Aun a fuer de parecer repetitivos, volvemos a recordar al lector, que dependiendo del egiptólogo o investigador que sea, estas fechas pueden variar, e incluso en ocasiones los nombres.

Algunos autores hablan de faraones muy anteriores a los primeros conocidos, y que estarían vinculados a fantásticas ( o quizá no tanto) dinastías prehistóricas.

Como no todo es apalear a los arqueólogos, también debemos de indicar que seguir la cronología real de Egipto es francamente difícil,y es fácil que haya contradicciones, pues aquellas gentes, utilizaban un sistema basado en los años de reinado de cada monarca; así los antiguos egipcios tenían la costumbre de descomponer el tiempo, en función de los años de reinado de cada monarca. Casi todos los documentos con que trabajan loe egiptólogos, comienzan con la fórmula siguiente: “ el X mes de tal estación, el X día, en el año X, bajo la Majestad del Faraón X”.

 

El Canon de Turín y los Shemsu Hor.

 

Posiblemente podríamos saber más de los monarcas egipcios y su cronología si un ignorante no hubiera mandado en pleno siglo XIX el famoso Papiro Real de Turín ,también llamado “Canon de Turín” ( encontrado en el interior de una tumba tebana) al por entonces rey de Cerdeña dentro de una simple lata de galletas.                                          Cuando llegó a su destino, se encontraba en un estado patético, de manera que jamás pudo ser restaurado completamente.

En sus oríegenes, parece que incluía el nombre de más de 300 faraones, incluyendo los “faraones-dioses” anteriores a los primeros soberanos “terrestres”.

Los monarcas egipcios estaban enumerados por orden cronológico, junto a la duración de cada reinado, indicado en años, meses y días. En él se encontraban divididos los reyes en periodos, y aportaba una lista completa de los monarcas que gobernaron tanto en el Alto como en el Bajo Egipto desde los “faraones-dioses” hasta el último rey de la XIX dinastía Tausert ( 1188- 1185 a.d.C).

En este papiro se mencionan a nueve dinastías anteriores al primer faraón “histórico” Menes. Se trata de los misteriosos Venerables de Menfis, Venerables del Norte y finalmente los Shemsu Hor (Seguidores o discípulos de Horus).

En el Papiro de Turín, se menciona el siguiente cómputo cronológico:

 

venerables Shemsu Hor, años 13420

   reinos hasta los Shemsu Hor, años 23.200 …

 

lo que nos da la escalofriante cifra de 36620 años de reinado de misterioso faraones hasta que llegara a reinar el primer faraón “histórico”.

Estos Shemsu Hor son considerados por la tradición, como los “Fundadores de Heliópolis”.Graham Hancock los describe en uno de sus  más populares trabajos (1)con estas palabras: Si confiamos en los textos antiguos, la búsqueda de la vida después de la muerte, fue incorporada en Egipto durante la Primera Ëpoca. Desde el principio estuvo asociada con un tenebroso grupo de seres semidivinos llamados Shemsu Hor.

¿Quiénes eran estos extraños seres que califica de semi-divinos? 2). Posiblemente en el caso de que en realidad llegaran a existir, debido a la friolera de milenios trascurridos, jamás lo sepamos, a menos que un día se dé un descubrimiento arqueológico que aporte alguna luz sobre los “Seguidores de Horus”

Sin duda son muchos milenios de civilización egipcia, pero no podemos ignorar el famoso Canon de Turín que de estar totalmente conservado, quizá hubiera podido aportar alguna luz sobre los orígenes y los faraones egipcios.

Con este enigma sobre la cronología de la civilización egipcia,uno más de los que envuelve la historia del País del Nilo, dejamos este pequeño viaje por el EGIPTO MISTERIOSO.

 

  • El Espejo del Paraiso. Editado por Grijalbo
  • Como era de esperar, son varios los autores que siguiendo la teoría exohistórica relacionan a estos “Seguidores de Horus” con una civilización extraterrestre. Aunque nos parece una hipótesis muy cercana a la ciencia ficción y aventurada, tampoco nos atrevemos a negarla a priori.Para los interesados en esta teoria, recomendamos las obras de Zecharía Sitchin, principalmente su libro La guerra de los dioses.

 

 

 

 

EPÍLOGO:

 

   Me parece que fue ayer cuando empezé a escribir este libro, pero sin duda, al hablar de la civilización conocida más antigua del planeta ( si descartamos a los misteriosos sumerios)unos pocos meses son apenas una gota de agua en el Océano.

Hemos intentado que en estas páginas ya leidas, el lector encontrara “algunos” de los grandes misterios que encierra la mágica tierra de los faraones, y decimos “algunos” pues sin duda deben ser tan numerosos que no creemos que jamás se llegue a saber toda la historia de dicho país. Los avances científicos dentro de la egiptología y las disciplinas complementarias deberían aportar cada día más luz sobre su pasado, pero a sabiendas de que se me puede tachar de “negativo” o incluso de paranoico, soy uno más de los que creen que hay poderes e instituciones que pondrán todos los palos posibles a las ruedas, para que jamás “algunos” aspectos o sucesos de la varias veces milenaria historia egipcia, lleguen a conocerse.

Los “oficialistas” seguirán dentro de cincuenta años explicando a nuestros nietos, que las pirámides son “tumbas”, asegurando que la Esfinge representa al faraón Kefrén, que las “maldiciones” egipcias son “cosas de niños”, y que apenas quedan “misterios” para descubrir en el País del Nilo, pues los “científicos” los han “descubierto” prácticamente todos.

Fijémonos por cierto en un suceso que parece pasar desapercibido para el público. Cada vez que las crisis políticas hacen peligrar el turismo en Egipto( su principal fuente de ingresos) se realiza “por casualidad” un nuevo e interesante hallazgo. Me pregunto, estos “casuales” descubrimientos que por poco que investiguemos vemos que estaban como “archivados” en algún hermético dossier, ¿ no incluirán algunos otros de más íncomodos que no interesan airear?, perdone el lector, pero me temo que quizá pueda ser así.

Mi buen amigo Javier Sierra, a quien dedico este libro, hace años me prologó el libro Atlas de la Cataluña mágica y misteriosa; en él, saltaba el Mediterráneo, y varios milenios y viajaba a Egipto, pues Javier padece al igual que yo y tantos otros, de una egiptopatía que le ha hecho viajar cerca de una treintena de veces a dicho país, y en dicho prólogo nos hablaba de que el maravilloso templo de Luxor, visitado por decenas de miles de turistas cada año, estaba edificado sobre uno anterior, y este sobre uno más antiguo, y a la vez este último sobre uno más viejo, y éste sobre otro… y así hasta perderse sus orígenes en el pasado mas remoto, en una verdadera noche de los tiempos, que tan siquiera los más fantasiosos sueños de Lovecraft pudieron imaginar.

Egipto es MAGIA y MISTERIO, y en ocasiones cuando estoy allí, mirando ensimismado las pirámides, preguntándole mentalmente a la Esfinge ¿ quién eres realmente?, o paseando por Karnak o el imponente Valle de los Reyes, pienso que si un imposible día, todos los enigmas y misterios de Egipto fueran descubiertos, el País del Nilo, quedaría reducido a miles de kilómetros de arena, un inmenso río, y dos increibles “avenidas” de palmeras que acompañan en su lento caminar al Nilo; pero no, no creo que jamás se llegue a saber todo los secretos que encierra el país mas maravilloso que conozco.

Antes de despedirme del lector, agradecerle que haya recorrido con el autor “algunos” de sus enigmas, y un consejo, o si se quiere, un ruego muy personal: si usted no ha estado jamás en Egipto, viaje, hágalo cuando pueda, y si ya lo ha visitado, hágalo de nuevo, con toda seguridad conocerá aspectos de este país, de su historia, de sus arqueología, que no conocía y que “quizá” le contagie de esta “egiptopatía” que quien esto escribe sufre desde hace años.

 

El autor

Barcelona(Esquerra del Eixample)-Port de la Selva (Costa Brava)

 

 

EL AUTOR

 

Si usted desea ponerse en contacto con el autor o comentar alguna parte de este libro, puede hacerlo en el apartado postal 38070 (Barcelona 08080) o en el email:

 

mgaracil@wanadoo.es

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Siempre he creido que hay dos tipos de lectores, los que compran un libro, lo leen y sencillamente lo archivan en una estantería, que son la mayoría, y un segundo grupo, más reducido, que una vez leido, se interesa en profundizar en el tema, ampliar los datos; ese tipo de lector es el que acostumbra a consultar la bibliografía, y es que yo, que creo pertenecer a este segundo grupo, agradezco sinceramente que tras leer un libro que ha sido de mi interés, el autor me complemente con una bibliografía que en caso de interés, pueda ayudarme.Voy a confesar que cuando en un ensayo, el lector obvia adjuntar una bibliografía, pues… no me convence.

En este libro, hemos intentado presentar una bibliografóa lo mas amplia pero accesible posible, descartando libros agotados, excepto en algún caso muy concreto, que por el interés del libro en sí mismo, sería interesante para el lector interesado, hacer una labor de hunter book y localizarlos.

 

Aldred, Ciril: Los egipcios. Círculo de Amigos de la Historia

 

Alfonso, Dr. Eduardo: El Egipto misterioso. Ediciones Bergua (*).

 

Alvarez López, José: El mensaje de la Gran Pirámide. Ediciones Aura

Misterios egipcios. Editorial Kier

 

Aracil. Miguel G. Cuando Noé llegó a España. Grupo Editorial Protusa

 

 

Ares, Nacho: Egipto el oculto. Corona Borealis.

Egipto insólito. Corona Borealis

Arias Condeminas, J: Tutankhamón. Ediciones Gasso.

 

Bauval, J y Gilbert, A: El misterio de Orión. Grijalbo

La cámara secreta. Grijalbo

 

Bernard, Jean-Louis: Historia secreta de Egipto. Plaza-Janés

 

Brackman, Arnold C.: En busca del oro de Tutankamón. Javier Vergara Editor.

 

Braem, Harold: El mensaje de las pirámides. Martínez-Roca

 

Brier; Bob: Momias de Egipto. Ediciones Edhasa

 

Brunton, Paul: El Egipto secreto. Editorial Kier

 

Budges, Sir Wallis. El lenguaje de los faraones. Tikal

 

Carter Howard: La tumba de Tutankhamón.b Editorial Destino

 

Ceram, C.W. Dioses, tumbas y sabios. Varias editoriales.

 

Cleator, P.E. Los lenguajes perdidos. Ediciones Orbis

 

Däniken, Erich Von: Los ojos de la Esfinge. Plaza y Janés

 

García Font, Juan. Dioses y símbolos del antiguo Egipto. Ediciones Fausi

 

Grilleto, Renato: Las momias. Editorial EDAF

 

Guirao, Pedro: El enigma de las pirámides de Egipto.

Ediciones A.T.E.

 

Hancoch, Graham: Las huellas de los dioses. Ediciones B.

El espejo del Paraiso. Grijalbo

                 Guardían del Génesis. Planeta-Seix Barral

 

Jacq, Christian.El Valle de los Reyes. Martínez-Roca.

El Egipto de los grandes faraones.Martínez Roca.

El saber mágico en el antiguo Egipto.Planeta.

         Nefertiti y Akhenatón. Martínez-Roca

 

Javier Sierra: En busca de la Edad de Oro. Ed. Grijalbo

 

Lange, Kurt: Pirámides, esfinges y faraones. Editorial destino

 

Lemesurier, Peter. La gran pirámide descifrada. Teorema

 

Lurker, Manfred: Diccionario de dioses y símbolos del antiguo Egipto. Ediciones Indigo

 

Michalowzki, M. : Egipto. Ediciones G.G.

 

Miguet, Maurice: Tutankamón; el mayor misterio de Egipto. Ediciones Posada (*).

 

Moreux, Abate T. La Ciencia misteriosa de los faraones. Editorial Conjunta

 

Ozaniec, Naomí. El libro de la Sabiduría egipcia. Tikal.

 

Paczenski-Ganslmayr: Nefertiti quiere volver a casa. Planeta.

 

Pochán, André: El enigma de la Gran Pirámide. Plaza y Janés

 

Presedo, Francisco J. A la sombra de la Esfinge. Historia 16 (monográfico nº 2)

 

Rachewiltz, Boris:El libro de los muertos de los antiguos egipcios. Editorial Destino

 

Romer, Jhon y Elisabeth: La violación de Tutankamón.Planeta

 

Schoch, Robert M.: Los viajes de los constructores de pirámides. Editorial Oberón.

 

Schreder, Hermann: Tronos bajo el polvo y el fango. Editorial Luis de Caralt (*)

 

Sierra, Javier: En busca de la Edad de Oro. Grijalbo

 

Uzcátegui, Oscar: El Egipto gnóstico. Ediciones Indigo

 

Vandemberh, Philipp. La maldición de los faraones.Plaza y

Janés.

Siguiendo las huellas de nuestro pasado. Plaza y Janés

 

Vidal Manzanares, César: El hijo de Ra. Martínez-Roca

 

(*) Se trata de libros interesantes, pero difíciles de encontrar, no imposibles, en la actualidad en las librerías españolas.

 

 

 

VIDEOS:

 

Para los lectores aficionados a los videos, les recomendamos los siguientes:

 

Egipto, en busca de la inmortalidad. ABC (Colección Historia de las Civilizaciones perdidas)

 

Hablan las pirámides. Muy Interesante

 

Los secretos de las pirámides. Producciones Kalender

 

 

ÍNDICE

 

Una apreciación muy personal

Prólogo

 

CAPÍTULO PRIMERO:

 

El misterio de la Esfinge.

 

Las pirámides de Ghiza: ¿Un mapa estelar?

 

Cuando el Carbono 14 se vuelve loco

 

CAPÍTULO SEGUNDO

 

Tutmosis II y Ramsés VIII: Las tumbas perdidas del valle de los Reyes.

 

CAPÍTULO TERCERO

 

Australia, El Pacífico, América: ¿Visitadas por los egipcios?

 

 ¿Egipcios en América?

 

 ¿También en la isla de Pascua?

 

 ¿Huellas egipcias en Australia?

 

 Volviendo a puerto

 

CAPÍTULO CUARTO

 

Cincuenta mil cadáveres esperando un descubridor:La maldición del Oráculo de Shiva

 

CAPÍTULO QUINTO

 

El misterioso mundo de las maldiciones:

 

La maldición de Tutankamón: ¿Realidad o ficción?

 

Más maldiciones y más víctimas

 

Tablillas y amuletos “malditos”

 

Otras maldiciones sin explicación

 

¿Podemos encontrar respuestas científicas a dichas muertes?

 

CAPÍTULO SEXTO

 

Una técnica perdida: ¿Conocían los egipcios el arte de ablandar la piedra?

 

La magia en Egipto

 

CAPÍTULO SÉPTIMO

 

¿Egipcios en la Península Ibérica?

 

 

CAPITULO OCTAVO

 

Egipto, tierra de faraones: Lista de los principales reyes

 

El Canon de Turín y los Shemsu Hor.

 

EPÍLOGO

 

EL AUTOR

 

BIBLIOGRAFÍA

 

VIDEOS

 

ÍNDICE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa

REFLEXIÓN, INCIVISMO Y CORONAVIRUS

Hoy es la segunda vez en esta semana que salgo a comprar (comida y medicamentos para mi mujer).

Por las calles más gente de la que debiera. Salta a la vista quiénes vamos a comprar, pasear al perro, a un hospital o quiénes se están tocando los huevos y dando el paseo.

Zona Mercat de Sant Antoni. » Sin techos» sentando y dando las charleta entre éllos al igual que hace dos semanas y que al principio de esta. Conste que el ejército ha montado en Montjuic un hospital para este colectivo necesitado.
Perfecto. Pero se les debe de indicar que, a ellos también les afecta el no ponerse de charla sentados en los bancos públicos.

Me dan mucha pena, pero, el estado de alerta es para tod@s.

Colas en los super y gente que se saltan las medidas de distanciamiento a la torera.

Hoy he visto varios e incluso he tenido que llamarle la atención a una tipa ( me ahorro definiciones floklóricas para no herir a los,» buenistas» ).Incluso el guarda de seguridad le ha llamado la atención. Ella ha dicho literalmente con gran » salero»… » pues niño, ni me había enterado»…

Llego al despacho tras guardar la comida y leo críticas atroces en Twitter a que la Iglesia en Barcelona haga unos servicios » espirituales» especiales para quien lo requiera o desee.

Mire usted, yo soy ateo y apóstata. Dicho lo cual, que la Iglesia dé el servicio que le dé la gana o le salga de la «Santa Hostia» a sus fieles, me la trae al pairo. Pero no lo voy a criticar. ¿Qué daño hacen al resto de ciudadanos?

Hay cosas mucho más criticables y CONDENABLES y que espero que, una vez pasada esta pesadilla, se pasen debidas cuentas.

Estoy bastante positivo pues veo que lo de mi mujer, ya por el cuarto día sin fiebre , que era para mi lo más preocupante, se va desarrollando bien, a la espera que no haya cambios, pues ella se la juega..

Pero, siempre hay un pero, viendo el INCIVISMO de bastantes, pues no son sólo » algunos», mal veo que se acabe pronto con esta pandemia

Mano dura y disciplina ( eso que tan poco gusta a algunos, a menos que sea en sus adorados países..dictatoriales y «socializantes») a los incívicos, pues el puto virus nos afecta a todos.

Carpe Diem

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa