Algunos apuntes históricos sobre la brujería

Ya que esta semana es considerada por muchos cómo brujeril, con su Halloween importado y de origen celta y demás parafernalia, vamos a dejar aquí unos apuntes de la periodista ( Universitat Autónoma de Barcelona) y conocida Cómunity mánager Elisabet Gómez ,que se da la circusntancia que, además es hija mía y hermana de mis gatos.

 

Cuando todavía contaba 17 años, aunque ya tenía en su haber  un Primer Premio de los Juegos Florales de Barcelona ( Jocs floras) escribió un ensayo que, pese a su apena sjuventud, de hecho adolescencia, fue un pequeña best seller, actualmente agotado. Publicado por Editorial Árbor Líber ( Grupo GAFE)

 

¿Qué se entiende por brujería?

 

En primer lugar, sería interesante mencionar los principales conceptos que diferentes grupos de personas tenían de la brujería antes de que la Dra. Margaret Murray (1863-1963), pionera en tratar la brujería como un fenómeno antropológico, nos abriera la mente mostrándonos unos conceptos totalmente diferentes de brujería a los antes conocidos. Entre otros méritos, cabe atribuirle a la Dra. Murray su gran importancia como egiptóloga además de la realización de diversos estudios sobre los orígenes de distintos tipos de culto (gracias a los cuales proporcionó una nueva visión de la brujería).

 

Los primeros historiadores en estudiar la brujería consideraron a los brujos y brujas como personas enfermas que padecían de histerismo y neurosis.

 

Por otra parte, los folkloristas opinaban que los practicantes de la brujería eran personas directamente relacionadas con el ámbito rural, las cuales solían ser de carácter inofensivo pero, que debido a su lejanía del resto de la gente, eran poco sociables y comunicativos, motivo por el cuál se les trataba de “ásperos”. Pese a que la opinión de los folkloristas no era tan menospreciable como la de muchos otros grupos, sí que consideraban a los brujos y brujas como gente aficionada a la preparación de pócimas con finalidades maléficas.

 

En tercer lugar, contaríamos con la opinión de los ocultistas, quienes, muy aficionados al Crepúsculo Celta, consideraban la brujería como una prolongación de dicha cultura que tenía como única finalidad las artes de adivinación.

 

En cuarto lugar, encontramos la opinión de las escuelas esoteristas, de las cuales cabe destacar dos: la de Montague Summers y la de Aleister Crowley. De ésta última, debido a su considerable importancia dentro del ocultismo y esoterismo y, además, de la gran representación para el ámbito de las ciencias ocultas que tuvo A.Crowley, debemos hacer una pequeña reseña:

Esta Escuela abarcó a todos los seguidores de la ideología de, como su nombre indica, su fundador, el ocultista irlandés, Aleister Crowley (1875-1947).

El también llamado Maestro Therión fue miembro de diferentes órdenes esotéricas y ocultistas hasta fundar, en 1905, su propia escuela. Es importante decir que la mayoría de conceptos relacionados con dicho personaje son de carácter satanista y estuvieron muy vinculados a la magia sexual. Uno de los factores más relevantes de Aleister Crowley es el hecho de definirse a sí mismo como “el hombre más malo del mundo” y hacerse llamar “La Bestia 666”.

 

Ambas escuelas mencionadas compartían su opinión sobre la brujería  la cual relacionaban directamente con el satanismo y la magia negra.

 

Ya en último lugar, nos quedaría hablar de la opinión generalizada del pueblo a quienes, guiados a veces por unas ideas impuestas a la fuerza u, otras veces, por la incultura, el hecho de hablar de brujería les hacía venir a la mente la imagen de una mujer con un sombrero negro montada en una escoba y acompañada de un gato o un sapo a los que calificaban de “malignos”, por no hablar de los que sólo pensaban en la figura del Diablo o aquellos más incrédulos para los que las brujas no eran (o son) nada más que un personaje más de mitos y leyendas…

 

También es de destacable importancia la vinculación establecida por la Dra. Margaret Murray entre la brujería ritual y el culto diánico  el cuál, como su nombre indica, nos haría entender los rituales y prácticas brujeriles como la adoración a la diosa romana Diana (identificada con la Artemisa griega), hecho que definiría la brujería como un culto puramente lunar.

 

Así pues, como hemos podido comprobar, el concepto de “bruja” es distinto según cada fuente que consultemos.

 

Uno de los objetivos de este libro es, sin duda, hacer llegar al lector una imagen diferente de todos y todas los practicantes de brujería (ya que no todo fueron mujeres) e intentar demostrar que, quizás, no eran gente tan diferente ni lejana a nosotros ya que todo se debe al contexto social e histórico del momento que vivieron.

 

¿Quiénes eran las brujas?

 

Para dar entrada a este apartado, sería importante dejar dos puntos claros para que estas páginas tomen sentido:

 

  1. En primer lugar y, como hemos dicho sólo unas líneas atrás, no todas las practicantes de brujería fueron mujeres pero sí la gran mayoría. Concretamente el 75%. Es por eso que en este escrito se hará referencia casi siempre a las brujas. Así pues, el lector ya queda informado que también hubo brujos pero que, debido a su bajo porcentaje, acostumbraremos a hablar siempre en femenino de dichos personajes. A nivel de curiosidad y, como parte de la introducción es interesante destacar que en Rusia y Estonia este hecho se produjo a la inversa y la mayoría de practicantes de la brujería fueron hombres; según algunos investigadores, entre los cuales hemos de destacar el nombre de William Monter, esto se debe a que estaríamos hablando de una brujería totalmente distinta a la que vamos a hacer referencia en estas páginas, resumiendo, otro tipo distintito de herejía.

 

 

  1. En segundo lugar también sería importante dejar claro que aunque la mayoría de factores y características que se tratarán en estas páginas tienen una relación directa con la adoración al Diablo, no es una realidad que todas las prácticas brujeriles estuvieran relacionadas con él ni con el satanismo.

Muchas de las personas que practicaban la brujería tenían como único objetivo desmarcarse de la sociedad y que, por algún tiempo, pudieran gozar de esos placeres que estaban prohibidos (por las Iglesias, principalmente) como podía ser el baile o, hasta en algunos casos, la risa.

Es por eso que a lo largo de estas páginas intentaremos dar una imagen tan abierta, extensa y objetiva como sea posible y procuraremos hacer comprender que, todas esas personas, llamadas brujos o brujas, que tuvieron el valor de saltarse las normas para gozar de su vida, y que fueron tan mal considerados y marginados por la sociedad (además de estar perseguidos), quizás ahora, en su situación, serían muchos más y, hasta puede que muchos de nosotros seguiríamos sus mismos pasos intentando desafiar y enfrentarnos a todo aquél que quisiera privarnos de nuestra libertad…

Ya aclarados estos dos puntos, vamos a seguir con el tema de la “mayoría femenina”. Para acabar de centrar esta cuestión, es destacable ver las dos posibles explicaciones a este hecho:

 

La primera de ellas nos habla de que era más fácil que fueran las féminas las que llevaran a cabo las prácticas brujeriles ya que tenían muchas más ocasiones de practicar la magia nociva si ejercían en ocupaciones como la de curandera, comadrona y, hasta en algunos casos, cocinera. Realizando este tipo de tareas, era muy probable que se pudiera preparar algún tipo de pócimas, hechas a base de hierbas, para suministrarlas a los enfermos.

 

La segunda explicación es mucho más simple y más probable, y nos dice que si las mujeres tenían más tendencia a hacer uso de la magia era por el hecho de que no tenían  ningún tipo de poder (ni físico, ni político) y, gracias a lo que pudieran conseguir con las prácticas brujeriles, se sentían más protegidas y, además, podían usar su magia como herramienta de venganza.

 

Posiblemente, cuando oímos hablar de brujas, la idea que nos viene a la cabeza es la de una mujer de avanzada edad y, de esta manera, así se ha establecido el estereotipo. Es muy probable que esto sea consecuencia de que la mayoría de mujeres que ejercían como comadronas o curanderas (rápidamente denominadas “brujas”)  fueran mayores, factor muy lógico si consideramos que estas tareas se basan en la experiencia. Lo curioso es que, si nos guiamos por este estereotipo, descartamos automáticamente la otra idea de bruja que nos viene marcada por un concepto básicamente sexual y relacionado con el diablo, el cuál se presentaba en forma de joven atractivo a una futura bruja.

Dejando que cada uno tome como cierta la opción que crea más conveniente y a partir de aquí cada lector cree su propia imagen de “bruja” para sumergirse en la lectura de este libro, sí que consideramos importante remarcar que, según diversas fuentes, las primeras brujas perseguidas y condenadas fueron chicas jóvenes cuya edad oscilaba, como máximo, entre los veinte y los treinta años; aun así, este dato no tiene porque influir en la visión general de los practicantes de brujería ya que es muy probable que este hecho se debiera a la debilidad mostrada por las jóvenes chicas acusadas y sentenciadas.

Magia, hechicería y brujería

 

Es importante aclarar la diferencia existente entre los conceptos “magia”, “hechicería” y “brujería”; aunque dichas palabras comportan una serie de ideas relacionadas con cada una de ellas es de gran importancia exponer que, por mucha documentación de la que dispongamos, la última noción aportada por cada uno de estos conceptos siempre tendrá un “toque” subjetivo aportado por el autor, algunos matices añadidos que, aunque no hagan cambiar la idea aportada, si la pueden definir de manera diferente.

Empezando por el concepto de magia, quizás el que nos suena más “familiar” o popular y, a su vez, el más extendido en cuanto a ideas, se podría definir este término como el conjunto de recursos empleados para conseguir poderes extraordinarios con el objetivo de dominar el mundo o la naturaleza.

El supuesto origen de la magia puede variar según distintas fuentes; entre ellas, cabe destacar las dos más importantes:

 

  • Antiguos rituales paganos supervivientes (según la teoría del antropólogo Frazer)
  • Culto a la fertilidad (según la Margaret Murray)

 

Hace falta exponer que para hablar de  “magia” y todas las ideas y percepciones que este término designa, tenemos que aclarar que ha sido una palabra que, con su evolución, se separó de otros significados con los que hoy en día apenas existe   relación alguna entre ellos. En sus inicios, los límites entre los conceptos de magia, ciencia y religión no quedaron bien definidos pero, más tarde, una serie de matices como la razón (y por consecuente la fe) y, principalmente, la diferenciación entre la cultura sabia y la cultura popular, provocaron que los tres conceptos mencionados tomaran significados muy distintos.

La cultura sabia, comprendida por los altos estamentos y la parte intelectual de la sociedad, opinó, desde el siglo XIII, que la concepción de la magia estaba relacionada con la brujería y la hechicería (ambos términos englobados, a su vez, bajo la idea de superstición)

La principal diferencia entre estos dos conceptos la encontramos en que la brujería cuenta con la presencia del diablo, a través de un pacto, como recurso de mediación y, por el contrario, la hechicería carece de dicha presencia.

Por otro lado, la cultura popular, formada en su totalidad por el pueblo (como su nombre indica), diferenció entre brujería y hechicería, no sólo por el matiz acabado de exponer sino por los instrumentos utilizados en sus prácticas rituales.

De este modo la cultura popular definió:

La hechicería como una práctica que se basaba en la utilización de materiales empíricos (principalmente hierbas).

La brujería como un conjunto de actividades basadas en la imaginación y la sugestión.

Dentro de esta clasificación (si es que puede ser llamada de tal forma), se tiene que matizar que cuando los europeos modernos hablaban de brujería también tenían presente que esta práctica partía desde la base de dos características o actividades:

 

  • La práctica de la magia negra (realización de maleficios para provocar infortunios de todo tipo)
  • La relación entre las brujas y el diablo (al cuál le rendían culto)

 

La opinión del pueblo era, como podemos observar, nefasta debido, en gran parte, a la dogmatización que las diferentes iglesias cristianas habían llevado a cabo durante mucho tiempo.

Elisabet Gómez ( periodista-Cómunity Mánager)

 

Para saber más sobre brujería buscar en

www.editorialbastet.com

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa

Breve paremiología para » pelotas» y lameculos

Diccionario y paremiología breve ( e imprescindible) del pelotillero

Empezamos con una que es » buque insignia» en bastantes casos, cómo bien puede observarse en ciertos muros.

Existen dos teoría sobre la de hoy: HACER LA PELOTA

La puteril:
Parece ser que antiguamente, muy posible en la antigua Hélade y seguidamente en la Roma clásica,, se llamaba «pelotas» a las prostitutas o amantes de los hombres adinerados. Como estas mujeres hacían y decían cosas del agrado de los hombres que las mantenían para que siempre las eligiesen a ellas y no a otras, a quien imitaba esa actitud (a quien hacía y decía lo que querían escuchar los demás para agradarles y poder sacar algún beneficio a cambio) se les llamaba también «pelota»

La «fernandina»
Se cree que la expresión ‘hacer la pelota’ o ‘ser un pelota’, es decir, adular a alguien para conseguir algún beneficio, proviene del siglo XIX. Por aquel entonces, el billar se hizo popular entre la nobleza española y el descerebrado y muy posiblemente «borderau» rey Fernando VII acostumbraba a jugar junto a cortesanos y nobles. A estos compañeros de juego, se les empezó a conocer como ‘pelotas’ debido a que su principal misión en el juego consistía en dejar las pelotas o bolas de billar de manera que al rey le resultase fácil hacer carambola e introducir las bolas en sus agujeros.

Miguel

www.miguelaracil.com

El autor

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