El mundo del misterio español a través de sus pioneros

En la década de los setenta, en España parecen soplar vientos frescos de relativa apertura. Se adivinan cambios sociales, políticos y lógicamente culturales. En muchas librerías empiezan a ganar espacio libros de temática “oculta”. Colecciones ya míticas como Otros mundos (Plaza y Janés)o Ciencias Ocultas (Bruguera) proliferan en los aparadores, e incluso aparecen las primeras librerías especializadas en “ciencias ocultas”, algunas de las cuales, tienen que sufrir agresiones por parte de sectores de la extrema derecha. El público en general empieza a familiarizarse con los “platillos volantes”, la parapsicología, astrología, templarios, y temas paralelos, que hasta entonces eran casi tabú debido al ultraconservadurismo del régimen imperante. Los medios de comunicación no son ajenos a estos cambios, y durante algunos años, diversas revistas, dedican tímidamente alguna sección a los temas “misteriosos”. Hemos de esperar hasta octubre-noviembre de 1972, para que el público español tenga en sus manos la primera revista especializada en esoterismo y paraciencias: Karma 7, que de la mano del periodista Josep María Armengou, llega a los kioskos españoles. Nombres ya míticos como Marius Lleget, Muñoz Badía (Profesor Lester), Roca Muntañola, acercan por primera vez al ciudadano de pie, temas como las Caras de Bélmez, la ufología, simbología o un desconocido personaje de nombre Conde de Saint Germain al que una ignorancia casi pueril, confunde con Drácula.
Los temas insignia por aquel entonces, son la parapsicología y la simbología, dos temáticas que actualmente son casi de segundo orden, lo que nos indica el cambio de tendencias del público de hace treinta años y el actual.
Grandes sectores del “saber” ignoran o simplemente intentan ridiculizar aquellos temas “supersticiosos”, e incluso algunos intelectuales como el periodista y escritor Josep María Carandell, los tachan de “contracultura”. Los obstinados miembros del Staff de Karma 7, con escasos medios económicos, siguen su trayectoria, y poco a poco, miles de españoles se entusiasman y empiezan a caminar por los senderos del “misterio”.
Con cien cortapisas por parte de las autoridades, comienzan a celebrarse los primeros congresos paracientíficos, siendo dignos de mencionarse, los “pioneros” celebrados en otoño de 1972, en Nuria (Girona)y San Sebastián.
Pese al conservadurismo imperante en la clase científica española, renombrados miembros de la “familia científica” hispana se interesan por aquellas materias, y así, nombres como los de los médicos catalanes Brualla, Castanyer, el célebre neuropsiquiatra Ricard Puncearnau o una eminencia científica como el profesor Luis Linares de Mula, no tienen inconveniente en participar en congresos, simpósiums y presentar en ocasiones sus ponencias, dentro de un mundo que sigue considerándose todavía, como “oscurantista” principalmente por muchos medios de comunicación.
Es en 1975, hace exactamente 30 años, cuando estas temáticas, reciben un espaldarazo mediático que las popularizará y dará comienzo a lo que muchos ya conocen como “la radio del misterio”. De la mano de un joven Sebastián Daniel Arbonés, más conocido como “Profesor Darbó”, los oyentes españoles reconocen su interés por el tema, y se concede el Premio Ondas al programa La otra dimensión, que será como un faro para muchos de los aficionados al misterio.
Lo que hasta entonces habían sido pequeños congresos, más bien simposiums, cuando no simples seminarios, dejan paso a Congresos Internacionales, que celebrados principalmente en Barcelona, y de la mano del carismático y polémico practicante en medicina Francisco de Asís Rovatti, traen a tierras españolas a muchos de los más renombrados especialistas de dichas temáticas.
Por aquellos tiempos, las colaboraciones se hacen generalmente de forma gratuita, y al contrario que en la actualidad, las poquísimas publicaciones especializadas, tienen graves problemas de supervivencia, principalmente debido a la falta de publicidad que la sequía comercial de empresas y profesionales del esoterismo, ocasionaba en sus arcas. Si exceptuamos algunos de los congresos internacionales, en aquellos primeros años la calidad de las investigaciones y de los profesionales nacionales que colaboran en aquellos medios especializados, es más bien bajo, salvo excepciones. Los lectores leen ávidamente libros de autores extranjeros. Daniken, Bergier, Vallée, Talamonti, Kolosimo, Charroux, etc, pero en España, casi nadie, si exceptuamos a Antonio Ribera y Marius Lleget, destaca con luz propia. En la segunda mitad de los setenta, se dan dos circunstancias que pondrán en lugar de honor a las paraciencias españolas; por un lado la aparición en la pequeña pantalla, de un joven y carismático médico psiquiatra que semana tras semana, irá abriendo la “puerta del misterio” y adentrándonos en los enigmas del “Más Allá” a miles de personas que de su mano, y escuchando su característica y profunda voz, irán conociendo que nuestro mundo está plagado de verdaderos misterios de todo índole y que solo falta que los busquemos. El recientemente desaparecido, solo físicamente, Fernando Jiménez de Oso, conseguirá que muchos jóvenes de aquellos tiempos, decidan seguir sus pasos y convertirse en “profesionales del misterio”. También por aquellos años, aparece en escena otro joven investigador que creará una verdadera escuela, aunque él fuera irrepetible: Andreas Fáber Káiser. En junio de 1976, Faber lanza al mercado su primer número de la ya mítica publicación Mundo Desconocido, que sacará la prensa especializada española de una mediocre condición, para convertirse en una de las tres mejores publicaciones paracientíficas de todo el mundo. El hecho de que en 1980 fuera galardonada con el premio Secinter a la mejor revista especializada lo demostró sobradamente.
Con Mundo Desconocido, aquellos personajes extranjeros que parecían de “otros mundos” y nunca mejor dicho, se acercan cada mes a los lectores en lengua castellana. Faber consigue lo que nadie había conseguido hasta el momento, tener en su staff, a lo mejor y más selecto del panorama paracientífico mundial.
Es de la mano de este catalán de carácter meditabundo y reservado, que empiezan a escribir en España personajes que pasarían a ser “leyendas urbanas” como el periodista argentino Alejandro Vignati, ese “llanero solitario” que por el precio de un viaje a Rumanía, nos conducía de forma estremecedora con su siempre polémica, agresiva y mágica pluma, en búsqueda de Vlad Tepes “Drácula” o el prematuramente fallecido y en ocasiones casi olvidado periodista Pep Miralles, un hombre capaz de en un solo viaje al Languedoc, dar a conocer al ya gran público paracientífico, quiénes eran los cátaros, entrevistar a su último “papa” ,René Nelli, descubrirnos que en el pequeño pueblecito de Rennes-le-Chateau se escondía un gran secreto, y contarnos las andanzas del nazi Otto Rahn por tierras occitanas, y todo ello con un simple fin de semana reporteando, posiblemente con la única recompensa de “gastos pagados”.
Eran tiempos distintos, donde el amor al “misterio” estaba por encima del factor crematístico. También el público empieza a cambiar, ya no se “traga” todo lo que le dan, como se hacía en los primeros años. Los lectores siguen las investigaciones de Ribera, Lleget, Faber, los comparan con los de estudiosos extranjeros, y ven con satisfacción, como el nivel profesional de nuestros “pioneros” va subiendo cada día más.
Aparecen revistas especializadas casi cada año, pero su pervivencia es mínima, algunas no llegan ni al tan temido número seis.
En septiembre de 1982, los amantes de las paraciencias sufren dos graves pérdidas, una la del siempre prolífico y “especial” Vignati, cuya muerte aún hoy levanta leyendas y polémica, y con la muerte de este sudamericano irrepetible, y que quizá hoy publicaría poco, pero en aquellos momentos marcó una línea, llega la editorial de Faber en su Mundo Desconocido (número 75) y que tituló Platino para ti, llanero solitario, como último homenaje a su amigo desaparecido. Aquella sería la última editorial que aparecería en su magnífica revista, pues factores en los que no vamos a incidir, consiguieron que la que fue mejor revista de paraciencias de España, desapareciera de los kioskos, causando una grave pérdida para la seriedad y la calidad periodística del sector.
Personalmente opinamos que en aquel momento, se creó un vacío dentro del periodismo especializado, que tardará muchos años en llenarse, hasta la aparición de las ya muy posteriores revistas Más Allá y Año Cero. Con la desaparición de Mundo Desconocido termina lo que fue la etapa “primegénia” de nuestros temas, y más de tres décadas después de los primeros pasos, solo nos queda que cerrar los ojos y recordar a todos aquellos pioneros que con su amor y pasión por el misterio, en muchas ocasiones casi sin medios, abrieron nuevos y esperanzadores caminos a los que hemos crecido bajo su sombra, y que nos autotitulamos “buscadores del misterio”.

ANECDOTARIO:

Son cientos las anécdotas que se podrían recoger sobre aquellos primeros años, y hemos querido escoger unas pocas, para dar a conocer al público en general, pero principalmente a los jóvenes que no tuvieron la oportunidad de vivir aquellos primeros años, de cómo y cuán distinta era la situación de entonces.
Un caso que ilustra perfectamente los problemas de aquellos pioneros, lo demuestran los graves problemas que sufrieron las primeras librerías esotéricas que se abrieron en España, y más concretamente en Barcelona. La primera fue Epsilón, que de la mano de Joan Nuez Gracia, ofrecía estanterías repletas de libros esotéricos al todavía neonato público.
Fundada en enero de 1973, en los últimos años del franquismo, desde su inauguración tuvo que convivir con las constantes pintadas y amenazas que miembros del partido “ultra” Fuerza Nueva que tenían su sede principal cercana a dicho establecimiento, les dedicaban.
Se les “aconsejaba” de esta manera, que vendieran otro tipo de libros. El asedio llegó a su punto más álgido, en el verano de 1975, en que dicha librería fue atacada con un coctel Molotof, que afortunadamente no causó daños personales.
Más o menos por el mismo tiempo, la otra librería pionera, Arbor Scientae, situada en la céntrica calle Princesa de Barcelona, y dirigida por Josep María Merín, recibía con cierta regularidad la visita de miembros de grupos nacional- catolicistas, concretamente pertenecientes a una rama de la Comunión Tradicionalista, que le aconsejaban que aquellos temas “satánicos” y brujeriles, los olvidara, y se le indicaba que siguieran con la venta de material escolar y “libros serios”.
Ambos tuvieron el coraje suficiente para seguir adelante y convertirse en lugar casi de peregrinaje para aquellos lectores que buscaban unos libros que hasta hacía poco, habían estado casi prohibidos.
Pero también entre los “pioneros” existían tensiones, así recordamos que personas a las que unía una entrañable amistad, por razones profesionales, posiblemente las mismas que les unieron, se volvieron cada vez más distantes. De entre estas “secesiones” debemos remarcar dos, que por importantes fueron de boca en boca entre los que componían el corpus paracientífico del momento.
Una sería la de Andreas Faber Káiser y Alejandro Vignati. Amigos del alma, en ocasiones casi hermanos, en los últimos tiempos de Mundo Desconocido tuvieron bastantes diferencias, lo que no era de extrañar en dos personas de fuerte y difícil carácter, y que el hermetismo de Faber y las malas reacciones de Vignati, principalmente cuando el Valium en ocasiones combinados con otros productos producían en el ya difícil carácter el periodista hispanoamericano, se convertían en fuerte discursión o peor aún, en silencio de semanas entre ambos. En una ocasión y tras un periodo difícil de Vignati, el periodista Enrique Trena, dijo de él: Alejandro tiene a su alrededor algo extraño. El mismo lo nota y tiembla.
Pero si en dos personas como ellos, la confrontación parecía esperada e incluso lógica, muy diferente parecía en dos personajes de carácter afable, amigos desde hacía décadas, amantes de los espacios infinitos, de los misterios celestes y de la buena mesa y la broma, como eran Antonio Ribera, “padre” de la ufología española, y el “marciano” que así le llamábamos entre bromas, Marius Lleget Colomer. Su amistad venía de los años cincuenta, cuando Marius cubría informaciones sobre el recién nacido mundo del submarinismo español, del que Ribera fue pionero, como ya era habitual en él y cofundador del mítico CRIS (Centro de Recuperaciones e Investigaciones Submarinas).
A principios de los ochenta, por razones que posiblemente jamás sabremos realmente, aquella amistad casi fraternal, se enfrió, y en reuniones en que coincidían en el Club de Amigos de Karma 7, que entonces yo coordinaba, cada cual se sentaba en un rincón, alejados entre ellos, hablándose lo mínimo. Marius era un bohemio, improvisador, despistado, de humor latino y Ribera una persona ordenada y constante, de fino humor británico, los dos polos opuestos. En el mundo paracientífico del momento, aquella lejanía entre dos “hombres buenos” y antes grandes amigos, causaba cierto malestar y tristeza, y afortunadamente, en los últimos años de Marius, y con la persistencia de los que éramos sus amigos, se pudo limar bastante aquella aspereza, y una foto entre ambos, era casi como un premio a la constancia.
Desde un principio, hubo una temática que pareció querer separarse de las demás, y hacer su “camino” en solitario, se trataba de la astrología. En aquellos tiempos se le quiso denominar psicocosmobiología, pero la peliaguda palabreja tuvo poco apoyo popular.
Mientras la parapsicología, los Ovnis, o la parahistoria, parecían estar al alcance de todos, la astrología, al igual que la alquimia, estaban rodeados de un halo de elitismo.
En los años treinta de la mano del prestigioso médico catalán, Jacint Gibert, la astrología entra en España en círculos más bien cerrados, y con la Guerra Civil y la dictadura, pasa a ser considerada como una “arte adivinatoria” y por lo tanto se la vincula con la magia y se la persigue y prohibe. Parece difícil que esta ciencia milenaria llegue al ciudadano de a pie, pero el “milagro” se realiza de la mano de un estudioso del esoterismo y el yoga que lleva la astrología a las aulas, a las salas de conferencia, a los congresos, a la calle, y que la hace “comprensible” para todos. Se trata de Joan Muñoz Badía, más conocido en el mundo oculto como “Profesor Lester”. De mediana estatura y fuerte complexión, se trata de una persona extrovertida, con el que apetece tomar unas consumiciones, hablar de cualquier tema mundano, y que incluso no duda en hacer gratuitamente de actor en películas de terror como por ejemplo interpretando el papel de un recio camarero en Viaje al Más Allá. Fue sin duda una persona esotérica y exotérica a la vez. Jamás quiso tomar un avión, y antes de realizar cursos o seminarios y tras autoprohibirse el consumo de carne, si podía, marchaba unos días a practicar técnicas esotéricas al desierto y gélido Port del Comte (Lleida)una montaña con fama de “mágica”, con abundantes avistamientos OVNIS y centro telúrico de primer orden.
De la mano de Lester se forman decenas de astrólogos que después en muchos casos, publicarán sus horóscopos en diferentes medios de comunicación, permitiendo que millones de personas, cuando adquieren la prensa diaria, lo primero que consulten es su pronóstico zodiacal para aquel día. Poco amigo de homenajes, desapareció con la misma modestia que lo había rodeado siempre, y que hizo de él, el “padre” de la astrología popular contemporánea en España.
Como en cualquier circunstancia en nuestro país, con la llegada de las paraciencias a España, nace una cierta rivalidad entre las dos grandes ciudades españolas. Barcelona es la cuna de las primeras revistas, la mayoría de colaboradores son catalanes, y los primeros grandes congresos se celebran en la Ciudad Condal. Entre estas rivalidades que empiezan siendo entre ciudades, hay una que se convierte en algo personal. Se trata de la que nace entre dos personas de muy fuerte carácter, por un lado Jiménez del Oso, y por la otra, el polémico Profesor Rovatti. La profesionalidad y austeridad del primero lo enfrenta con el excesivo ego del segundo, y así en un momento dado, se prohibe la entrada del famoso psiquiatra y sus cámaras a la sala de conferencias durante el Primer Congreso Europeo de Parapsicología organizado y presidido por Rovatti. Algunos años más tarde, la enemistad entre ambos continúa, y la sobriedad contundente de palabra del conocido psiquiatra, contrasta con la visceralidad de Rovatti. Afortunadamente, esta rivalidad que afecta a dos personajes muy influyentes en su momento, no llega a enfrentar a los pioneros catalanes, con los cada vez más omnipresentes e influyentes profesionales residentes en Madrid. Actualmente la situación es muy distinta a los primeros años, y así las principales revistas especializadas están ubicadas en la capital española, como si se tratara de una dualidad cronológica, en la que pasado y futuro se van turnando en la rueda ya imparable de las paraciencias españolas.

Miguel G. Aracil

Una novela que murió al poco de nacer

Las líneas que van a continuación tenían que ser una novela que, murió al poco de nacer, debido a una desgracia familiar grave.
La dejé tal como está, y jamás se me pasó por la cabeza continuarla
Fue un verdadero » aborto literario» D.E.P.

TRAS LAS HUELLAS DE LOS DIOSES

Prólogo:

Aunque basados en la mayoría de los casos en hechos reales, admitidos o no por la ciencia oficial, los nombres de los protagonistas de esta historia, son ficticios, aunque en muchos casos, se refieran a personas reales.
La ambientación en los lugares de Egipto y Venecia que aquí se presentan son todos reales, y prácticamente todo el factor histórico y arqueológico que aquí se recoge, se basa en hechos verídicos.
El haber decidido escribir este libro, es fruto de diferentes viajes al misterioso Egipto, un país que tiene “magia”, y que por mucho que avance la Egiptología, sigue estando rodeada de un halo de misterio, que curiosamente en vez de menguar con el caminar de la ciencia arqueológica, crece con cada nuevo descubrimiento.
Aunque se han escrito miles de libros sobre la historia del Egipto faraónico, todavía son cientos los misterios que guarda el País del Nilo; desde sus verdaderos orígenes, a la función de muchos de sus monumentos; desde las inmensas pirámides de Ghiza, hasta la función de la Esfinge, pasando por quiénes fueron realmente los fundadores de esa civilización, que cinco mil años después de su nacimiento “oficial”, sigue siendo uno de los arcanos más fabulosos de nuestro planeta.
Al escribir esta novela, hemos intentado aunar en un solo volumen, viaje, aventura,misterio, arqueología “heterodoxa”, y que además pueda servir de guía “distinta” para quien decida viajar al país más mágico de nuestro mundo.

CAPITULO PRIMERO:

1939, una vieja historia de guerra

Aquel lunes al mediodía, Enrique y Javier almorzaban en un céntrico restaurante de la Ciudad Codal. Ante ellos humeaban unos platos de fricandó de ternera con guisantes que era un verdadero suplicio de masticar, pero la verdad, en tal día de la semana y en aquella zona, la mayoría de restaurantes estaban cerrados por “descanso semanal” y los dos periodistas habían decidido comer en aquel establecimiento, pues la verdad la comida era lo de menos y sí, una simple excusa para hablar de varios temas de común interés. Ambos aunque hablaban mucho, de hecho casi cada semana por teléfono, y los correos electrónicos eran abundantes, no se veían físicamente desde hacía casi seis meses, cuando Enrique había entrevistado a Javier para una conocida revista catalana, con la finalidad de promocionar el último libro de éste.
Mientras Javier se hacía el remolón pensando si clavar el diente en la dura carne, o jugarse los dientes atacando a los guisantes, sonó el móvil de éste. Al mirar el número sonrió y guiñó pícaramente el ojo a Enrique, pues quien estaba al otro lado del aparato, era Vicente Calvo Espina, director de una revista de la competencia, y que mantenía muy malas relaciones con Enrique desde hacía años, debido a sus “tiks” paranoides y a ver enemigos donde no los había. La conversación fue rápida, solamente un intercambio de palabras, algunos monosílabos por parte de Javier, y una referencia maliciosa al hecho de estar comiendo en Barcelona con Enrique.
Al cerrar la comunicación, Javier dijo entre risas
—Joder, ya le hemos dado el día, la semana y el mes al pobre Calvo, al decirle que estaba comiendo contigo, casi se ahoga,.
— ¡ que se joda! Por los malos ratos que hace pasar a sus colaboradores.
En ese momento y tras dejarse prácticamente toda la carne, se acercó un malcarado camarero que les sirvió el postre del día, unas deliciosas lionesas con chocolate caliente
—Al menos no nos moriremos de hambre y podremos aguantar hasta la cena—dijo Enrique.
En aquel momento sonó el teléfono móvil de Enrique, y al preguntar malhumorado, pues no le gustaban las interrupciones en horas de comida, quién era, apareció la voz de Elisabet, su esposa, que le dijo muy excitada
—Ve al Hospital Clínico cuanto antes, pues tu amigo Bartolomé está muy grave, su hermana María ha telefoneado diciendo que había tenido un nuevo ataque y que posiblemente no salga de esta.
Enrique explicó lo que pasaba a Javier, y tras tomar un último bocado de chocolante caliente, y pagar la cuenta, demasiado abultada para la calidad de los alimentos y desproporcionada si la comparaban con la “simpatía” del servicio, ambos salieron a la calle, donde Javier cogió un taxi para dirigirse al aeropuerto del Prat, donde debía coger una avión para reunirse con su novia.
Enrique se limitó a recorrer rápidamente los apenas cuatrocientos metros que separaban el mediocre restaurante del céntrico hospital barcelonés. Preguntó por el enfermo y le dijeron que se encontraba en una habitación de la tercera planta. Subió todo lo rápido que pudo por la escalera, pues los ascensores estaban colapsados y además la digestión de la frugal comida tampoco era obstáculo, y encontró la habitación donde su ya viejo amigo Bartolomé Marimón Ranera, se encontraba. Aquel hombre rebasaba en mucho los ochenta años, pero aún se podía apreciar que de joven tuvo que ser fuerte y enérgico, y por cierto con mal carácter. Al ver entrar a Enrique, le dijó con los ojos aún enérgicos y duros pero vidriosos, como antesala anunciadora de una próxima muerte
—Siéntate y escucha, me queda muy poco tiempo y lo que voy a decirte es importante para ti.
Enrique, aunque como reportero había visto mucha miseria y desgracia en sus 22 años de profesión, el ver aquel cuerpo cubierto por las sábanas y sus arrugadas manos casi cerradas como garfios la sábana, pensó que su amigo estaba a punto de cruzar el misterioso umbral entre la vida y la muerte. El periodista no dijo nada y se limitó a sentarse en una aséptica silla blanca y ponerse muy cerca del anciano, que con voz trémula pero potente a la vez, le relató una historia que se remontaba a finales de la Guerra Civil española.
—Como bien sabes, pues te lo he contado mil veces, yo luché en el bando de Franco durante nuestra Guerra Civil, era muy joven cuando explotó, yo me encontraba en casa de mis padres, en Puigcerdá, y tras pasar a Francia y volver a España me alisté en el Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, Toda mi familia era de raigambre tradicionalista, y ademá hacía pocos meses, una hermana de mi padre, monja para más señas, había sido violada por unos bárbaros de la FAI. Yo quería guerra, venganza y no dudé en alistarme en el Tercio catalán.
El anciano tosió con fuerza, y su hermana, una mujer aún mayor que él, que rozaría los noventa años y estaba medio adormilada en un rincón de la habitación, acercó un vaso de agua al enfermo, el cual tras beber algunos tragos, continuó su narración
—En enero del 38, y al volver de un permiso de una semana, el cual pasé con una amiga mía muy atractiva—una leve sonrisa apareció en los moribundos labios de Bartolomé—me encontré que mi unidad había sido destinada a otro frente distinto al que yo me encontraba, y se me destinó momentaneamente a la División 102, concretamente al batallón 223, compuesto en gran parte por voluntarios, entre los que se encontraban algunos hombres provenientes de diversos países. Uno de ellos, con el que hice pronto una buena relación, se llamaba Alexis, y era de padre armenio y madre griega, y según me contó, había venido voluntario a España, por odio al comunismo, pues sus ideas religiosas estaban muy arraigadas, aunque no era católico, si no que sentía cierta tendencia por el ideario ortodoxo. Pese a su aspecto tosco y desmembrado, era un hombre de gran cultura. A sus apenas treinta años, era arqueólogo, y había vivido en Egipto durante tres años. Cuando supo lo de la guerra española, decidió enrolarse en las tropas franquistas, y así nos conocimos.
Enrique pensó que quizá aquella sería la última “paliza” que el viejo Bartolomé le contaría. En más de veinte años de conocerse, le había escuchado toda clase de “batallitas”, pero prácticamente jamás había escuchado en su boca, algo que pudiera tildarse de mentira. Siguió escuchando atentamente, aunque el olor a medicamentos y anestesia que había en la planta, lo que él siempre definía como “olor a hospital” le traía amargos recuerdos y deseaba respirar un poco de aire puro.
—Entramos en combate juntos varias veces, e incluso en la toma de la Sierra del Acebuche, yo le salvé la vida en dos ocasiones en apenas tres días. Me prometió amistad eterna.Siempre íbamos juntos, parecíamos hermanos.
—Una noche en plena sierra de Monterrubio y mientras nuestros mandos se preparaban para la batalla de La Serena, Alexis me contó que antes de alistarse, había dado en Egipto con unos documentos de un valor incalculable, que estaban relacionados con una palabra que yo jamás había oido por aquel entonces: “Alquimia”; me habló de un tal Hermes, que bromeando, yo relacioné con uno de nuestro suboficiales, el sargento Termes, un gallego con muy mala leche al que todos odiábamos. Alexis me dijo que aquello era serio, y que este tal Hermes, había sido en la antigüedad un hombre con unos conocimientos increibles, y que conocía la manera de convertir simples metales en oro. Reí con ganas, quizá de forma histérica, pues en aquellos momentos yo no sabía si al día siguiente a esa misma hora, estaría con vida o ya enterrado. Apenas una hora mas tarde, el cabrón del sargento Termes, nos vino a buscar y nos ordenó coger las armas y acompañarlo. Así lo hicimos y en silencio total y en fila india nos adentramos en una zona boscosa. La noche era muy oscura, no había luna, lo que facilitaba nuestro avance, pues éramos menos visibles para el enemigo, y así estuvimos andando casi una hora el gallego, Alexis y yo.
Bartolomé volvió a toser y esta vez fui yo quien le dio agua y le pedí que no hablara más por el momento. Le aseguré que aquello ya me lo contaría en otra ocasión, frente a un par de cervezas frescas, pero él me atajó con un simple gesto de la mano,fiel a su brusquedad habitual y continuó
—No creo que haya otra ocasión—dijo de forma un tanto triste, cosa poco habitual en él
—El sargento nos condujo hasta una cabaña de piedra, muy parecidas a las que utilizan los pastores de la zona para guarecerse, y muy posiblemente esa fuera la función del vetusto edificio.
—Dentro hay una emisora de radio, que esos canallas de “rojos” utilizan para coordinar sus movimientos; se creen que un lugar como ese, medio en ruinas,y relativamente cercano a nuestra líneas, no despertará sospechas. ¡ vamos a joderlos!, no deben de haber más de tres o cuatro, y los “rogelios” al parecer no han dejado tan siquiera centinelas, esto va a ser como coser y cantar.
Empuñamos con fuerzas nuestros “Naranjeros” que les habíamos incautado hacía unas semanas a una compañía de Guardias de Asalto que se habían rendido en el combate de Calahonda y a una indicación del sargento nos lanzamos al interior de la cabaña. Termes entró el primero, gritando como loco ¡Viva Franco! ¡Viva España!, nosotros le imitamos, aunque Alexis no secundó los gritos de batalla, pero nuestros tres mortíferas armas, vomitaron todo el fuego y plomo del que fueron posible, sobre los cinco cuerpos que envueltos en mantas, yacían en el suelo. Hermés, borracho de sangre, sacó su cuchillo de combate, un puñal de los que utilizaban generalmente los falangistas y del cual posiblemente se había ajenciado en una de sus conocidas“razzias”cleptómanas y empezó a acuchillar los cuerpos ya sin movimientso que habían en el suelo. Alexis se cercioró de que no hubiera ningún enemigo más en el exterior, y al ver que estábamos solos, yo encendí mi linterna de pila cuadrada y el panorama que surgió ante mis ojos fue lo más terrible que he visto jamás, aquellos cuerpos, cinco en total, no pertenecían a los “terribles rogelios”si no a una pareja, con toda seguridad un matrimonio y sus tres hijos, el mayor apenas un adolescente de doce años.
Los ojos de Bartolomé se llenaron de lágrimas, era la primera vez que veía llorar a ese hombre, duro e inexpresivo casi siempre.
—Alexis apuntó su arma aún caliente, con odio hacia el gallego, pero me apresuré a desviar el cañón del “naranjero”, aunque te juro que yo sentí los mismo deseos que mi compañero.
—Os juro por Dios que yo no sabía nada de esto—dijo el sargento—a mí me han ordenado tomar la posición y silenciar este nido y yo no sabía ..
—Aquello fue uno de tantos errores de información que por ambos bandos se dieron en aquella época, en los tiempos anteriores a la campaña de Peñarrolla. Yo supe que jamás sería el mismo, y Alexis juró no empuñar jamás un arma, y en un arrebato se automutiló un dedo, concretamente el índice de la mano derecha para no volver a disparar mas una arma. Nuestro mandos lo enviaron a un hospital militar de la retaguardia y después quedó destinado en una compañía de intendencia. Al final de la guerra, pocos meses más tarde de la batalla de Peñarrolla, nos volvimos a ver, coincidiendo con la entrada de nuestras tropas en Barcelona, y le entregué mi dirección, a lo que él me respondió que pronto tendría noticias mías.
—Nos separamos y no fue hasta enero de 1946, pasada la Segunda Guerra Mundial, que desde mi casa paterna me comunicaron que había llegado una carta de Alexis. Hice que me la enviaran a la Ciudad Condal,pues yo me había trasladado a vivir a la ciudad, intentando formar una familia, lo que jamás conseguí, quizá por mi mal carácter. Solo mi hermana María desde que enviudó, y tú desde hace ya veinte años más o menos, me habeis ayudado a soportar mi solitaria existencia, siempre perseguido por las imágenes de aquella pobre familia bañada por la sangre inocente.
—En aquella carta me decía que se había hecho sacerodote de la iglesia armenia, y que entre rezo y rezo, se dedicaba a la búsqueda que llevaba a cabo en Egipto antes de nuestra guerra.
Los ojos de Bartolomé se iban cerrando cada vez con mayor frecuencia, y finalmente en un último esfuerzo casi sobrehumando, me dijo
—Tu Enrique, has sido en parte como el hijo que jamás tuve, por esta razón y sabiendo de tu interés profesional por los temas “raros”, te entrego la última carta que hace ya algunos años recibí de Alexis, quizá tu puedas aprovechar algo de lo que me dice. Hizo una indicación a María, y esta con esfuerzo sacó de su raido bolso, una carta, dentro de un sobre sucio, manchado, pues Bartolomé había sido siempre una persona dejada y poco aseada. Cogí el sobre y lo guardé en el interior del bolsillo grande de mi parka.
Seguidamente, Bartolomé cerró los ojos y entro en un pesado sueño.Los ronquidos y expectores que daba, no presagiaban nada bueno. Me despedí de su hermana y tras pedirle que si sucedía algo me avisara, salí lo más rápidamente posible del hospital; necesitaba respirar aire puro. Ya eran casi las seis de la tarde y anochecía. Me encaminé a mi casa, no demasiado lejos del hospital y el aire frío de la ciudad, me reanimó.
Al llegar y tras saludar a mi esposa, mi hija, que en una habitación realizaba sus “deberes” y a mis gatos, me encerré en el despacho y abri el sobre. La carta llevaba fecha de varios años atrás, y decía textualmente:

Estimado Bartolomé:
Hace tantos años que no nos vemos, que no puedo imaginar como estarás físicamente. Yo sigo con mis investigaciones, mis “chaladuras” como tu acostumbrabas a decir, y una de éstas, me ha llevado a un descubrimiento que me aterra. ¿Te acuerdas que aquella horrible noche que atacamos la cabaña de pastores te comenté algo sobre Hermes?, pues creo que he encontrado unos documentos que cuentan quién era en verdad aquel personaje que podía convertir el plomo en oro, de donde vino, y lo que es más importante, donde se encuentran los documentos que explican como hacerlo. Temo por mi vida, pues el oro, siempre va rodeado y secundado por la sangre. En mi actual retiro de San Lazzaro degli Armeni, pienso a cada momento en sí debo dar a conocer este descubrimiento o sencillamente quemar los papeles que poseo al respecto. Sé que si cayeran en manos turbias, podrían ocasionar más mal que bien, pues el oro envilece a quien lo posee. Rezo, cultivo mi huerto y pido a Dios que me ilumine. No sé que hacer. Quizá no te escriba más pues no quiero ser descubierto, pues me temo que tarde o temprano se sabrá y además de mi vida, que desde aquella noche en la cabaña de piedra, nada vale para mí, otras muchas pueden estar en peligro.
Si no sabes nada más de mí, recuerda que siempre te recordaré como al camarada perfecto que salvó mi vida en dos ocasiones
Tuyo

Alexis Pastuka

Miré el matasellos y la carta venía de Venecia. Sentí curiosidad por conocer aquel hombre, en caso de que aún viviera, pues la carta estaba fechada en 1990, y su avanzada edad era posiblemente un obstáculo para que trece años más tarde, pudiera encontrar al compañero de Bartolomé.
Me prometí hacer una incursión a la preciosa ciudad veneciana y buscar el lugar que mencionaba Alexis en su carta.

(1) Todos los datos referentes a la Guerra Civil aquí presentados, están basados en hechos y personajes reales, pero de distinto nombre.