¿Existe un cementerio de los sentimientos?

Ayer por la noche lo hablaba con mi esposa. Rodeados de gatos asilvestrados y jabalís.

¿Qué sucede con los grandes sentimientos que tuvimos y actualmente ya no existen?

Saqué cómo ejemplo a tres personas que fueron importantes en mi vida.

La primera se llamaba ( para mí está muerto hace décadas) Carlos. Mis difuntos padres lo medio adoptaron cuando él tenía cuatro años y yo apenas seis. Formaba parte de eso que actualmente se llama » familia desestructurada», menudo eufemismo para definir una escoria familiar. Padre borracho y gandul, madre que no era la Virgen María ( conste que soy ateo) y dos hermanas a cada cuál más puta. Una de ellas mi mejor amiga hasta irme a la «mili»

Se crió con nosotros, por suerte para su marchita salud.

Lo consideré mi hermano. No era bueno, nunca lo fue, pero yo lo quise cómo a un hermano. Lo compartimos casi todo.Juguetes, amigos, vacaciones, comida…

La penúltima vez que lo vi fue en la estación de Francia (RENFE). Yo acababa de regresar de la » mili» y él marchaba. Le di mis últimas 500 «pelas» para la » cantina».

Desde entonces sólo supe que hacía de «camello» entre España y la India. No apareció ni cuando murió mi padre ( muy pocos años después de nuestro último abrazo de despedida) ni cuando murió mi madre.

El pasado invierno, cuando yo lo creía criando malvas por alguna sobredosis lo ví por la calle Urgell hecho un zombie…No sentí ni frío ni calor. Nos miramos; el con mirada perdida de drogadicto. Nuestra fraternal unión estaba muerta para siempre hacía décadas.

Otro sería mi mejor amigo desde los preciosos tiempos de los scouts ( Scouts de España-BCN-240 Impessa).

Desde que coincidimos siendo apenas adolescentes fuimos íntimos.

Siempre fue mi » segundón» tanto en uniforme, galones u otros temas, aunque él, profesionalmente ha llegado muy alto en el mundo de la » seguridad». No teníamos secretos. Incluso fue el » padrino» ( aunque no religioso, ya que ambos somos ateos, aunque de derechas)de mi hija.

Un día, cómo ya empezaba a ser habitual en su neurótica manera de ser, decidió dejarnos de hablar a mi esposa, mi hija y a mí…Me supo muy mal, y conste que muy pocas cosas me pueden herir desde hace años.

Es vecino mío.

El otro di lo ví y apenas lo reconocí. Siendo un cachas había quedado con poco más que hueso y piel. No sé si se trata de alguna de sus dietas excéntricas, a las que siempre fue aficionado, o algo peor, cómo parecía indicar su deterioro físico…
Ese día estaba en la puerta de mi casa, junto al geólogo profesor doctor Luismi Doménech ( U.B y U.P.C)y otras amistades del «Spa del Vampiro Cabreado». Apenas le dediqué unos segundo para ver su deterioro. No sentí ningún sentimiento de pena ¿¿¿ y aquellos años de amistad íntima y de camaradería uniformada y fraternal??

El tercer caso que ayer comentamos y que, curiosamente mi esposa escuchaba con respeto, fue el de una exnovia mía de nombre Isabel.

La conocí en una batalla campal entre dos grandes unidades de » minynos escoltes de Catalunya» ( scouts nacionalistas catalanes) de la que ella era una » cap» ( jefe) de rángers y las unidades que yo mandaba en los Scouts-Exploradores de España ( Poble Sec-Barrio Chino). En un pueblo de Osona llamado » Seba» ( nada mejor que ese nombre para este tipo de batallas).

Les salió mal el embite a los nacionalistas de camisas azules y rojas ( rángers y pioneros), pero, curiosamente nos conocimos e hicimos novios; pero novios en serio, nada de simples «ligues» ( a los que yo era muy aficionado en aquellos tiempos)

Aquellos noviazgos de «padres de por medio» y haciendo planes para el futuro. La política, esa puta política que nos enfrenta muchas veces, esa puta política que hizo que nos conociéramos, nos separó.

Éramos incompatibles. Aunque físicamente parecidos, pues ambos éramos rubios y con ojos azules, la » frontera» ideológica ( aunque menor que la que se vive actualmente en mi tierra) hizo que aquello se » dejara correr»….

Hará unos 19 años, en el bus 42 de Barcelona, preparándome para partir esa misma noche a Burkinna Fasso ( Alto Volta cuando yo era estudiante)y Mali, escuché una voz que me «sonaba»

Era Isabel que iba con una adolescente, más o menos de la edad de mi hija por entonces. Se sacó las gafas de sol y, nuestro ojos, azules pero ambos más fríos, se encontraron. No nos dijimos nada.

Bajamos cerca de la Plaça de Catalunya y cada cual marchó por su lado. Yo solo y ella con su hija. Pensé que, aquella chiquilla hubiera podido ser mi hija sin la puta política…Aunque no cambio a mi esposa por ella ni loco.

Por unos momentos pasaron por mi mente una serie de recuerdos íntimos y la canción de Juan Bau » La Estrella de David», «nuestra» canción en aquellos tiempos felices.

Cuando los sentimientos de cariño o amistad han sido muy fuertes o íntimos, pienso con inocencia pueril que, deben de quedar en algún lugar, en unos » registros akásicos» del corazón que, aunque no existan, quizá deberían de existir, aunque fuera para quemarlos de una vez por todas.

Sin duda sólo son recuerdos que quedan en algún lugar que sólo conocen los neurofisiólogos, pero, que, en ocasiones, acuden a recordarnos que, una vida está hecha en su mayor parte, de recuerdos…Buenos y malos

El Toro de la Vega y las Dos Españas

EL TORO DE LA VEGA, LAS DOS ESPAÑAS A DÍA DE HOY

Siempre he rechazado el concepto de “las dos Españas”.

Jamás han existido “dos Españas”.

Nosotros, los españoles, y en dicha término añado, les guste o no, a mis paisanos (sólo por razones geográficas) Oriol Junqueras y Artur Más, somos y pensamos tan distinto que, podríamos hablar de los 47 millones de Españas. Una por cada ciudadano.

Tan siquiera podemos hablar, según mi visión personal, de un enfrentamiento entre las “dos Españas” durante nuestra fraticida Guerra Incivil ( 1936-1939).
En dicha contienda, los enfrentamientos entre socialistas, comunistas, anarquistas y demás “aristocracia del barrio” en el bando “republicano” causaron centenares de víctimas en su propio bando. Y, por el bando “nacional”, muchísimo más organizado, los enfrentamientos entre los chulescos y matones falangistas y los beatos requetés ( M.C.L.B.) causaron también bastantes víctimas, incluso tras terminar la guerra. Eso sí, en este caso estaba el “Paco” que, bajito, regordete y con voz aflautada, gastaba muy mala leche y, pegaba un puñetazo en la mesa, lanzaba un “ Me cago en Stalin” ( lógicamente no iba a ciscarse en Dios, y menos ante la “ Collares” y el brazo de Santa Teresa) y se acababan las disputas entre los camisas rojas del “Cara al Sol” y los “ boinas rojas” del “Oriamendi” ( M.C.L.B.) . Es lo que tiene que tuvieran su propio caudillo…

No, para mí jamás había existido el concepto “las dos Españas” hasta hoy

Sí, hoy han existido dos Españas: la de millones de españoles que hemos sentido asco, repugnancia, vomitera al ver o escuchar cómo un grupo de “intelectuales de la lanza” perseguían, torturaban y, finalmente asesinaban a un pobre toro; el cual, me jugaría las glándulas que segregan la testosterona, no pidió ser protagonista de esa ¿fiesta? repugnante para mí (y muchos millones de personas) . Sin descontar a los energúmenos que han agredido a varios periodistas que cubrían dicha “vergüenza” paleolítica.

Por otro lado había la “otra España”, la del garrote, la “fobiacultura”, las tradiciones bestiales heredadas de una oscura Alta Edad Media de la que muchos no han salido.

Esa España rancia, inculta, altomedieval, que, merecería tener de monarca a un anormal y mononeuronal cómo el decimonónico Fernando VII y su tardía inquisición. Y conste que soy monárquico de toda la vida.

Hoy sí, por fin han quedado claras las dos Españas, que no se dividen entre derechas e izquierdas, si no en personas que respetamos y amamos a los animales y una minoría que, disfruta y se siente más ¿patriota? y tradicionalista haciendo sufrir a un pobre animal, demasiado noble para ellos.

Quién esto escribe ha viajado cómo reportero por muchos países de cuatro continentes, y, amo el viajar, pero, si alguien me busca, puede estar seguro que jamás me encontrará en un pueblo dónde se tortura y asesina a un toro que no se lo merece y, que, además, agraden a los periodistas.

Señores que disfrutan con esta vergüenza llena de sangre, ustedes merecerían seguir viviendo en la España de Fernando VII, ya que, sin corona, pero están a su altura cultural.