Crónica de mis mejores amigos desde que nací ( de 4 patas, claro) o)

Hace mucha calor y no me apetece escribir reportaje alguno y mucho menos algún capítulo de mi próximo libro

A mí, me inspira el frío y la lluvia.

Prefiero pensar y recordar, teniendo a mi lado el mejor amigo que jamás haya tenido, Vlad. uno de mis gatos siameses.

Hago memoria y me remonto 59 años atrás, cuando mi madre tuvo la mala o buena ocurrencia de parirme.

Me remonto a mi casa del Poble Sec, barrio barcelonés donde nacieron desde Joan Manuel Serrat hasta mis bisabuelos maternos ( sobre 1875) y que en aquellos tiempos estaba habitado por catalanes. Eran otros tiempos, claro. Ahora le daría envidia a Willi Fog, pues no serían necesarios 80 días para dar la vuelta al mundo…

Al nacer en casa vivía «Linda» una preciosa perrita que fue mi mejor amiga de infancia.  Tanto me quería que, cuando llegaba el » practicante» ( un borracho que por suerte jamás me golpeó con el hígado) a ponerme una inyección ( en caso de no estar mi padre) tenían que encerrarla para evitar que lo mordiera. Aunque suene desagradable la casualidad, Linda murió de una hepatopatía grave..Y jamás lo había mordido.

Fue mi primer disgusto en este puto, que no perro, mundo.

Para sustituir a Linda trajimos a una gatita de nombre Minina (poco originalidad de mis padres, debo reconocerlo) que desgraciadamente nos salió cleptómana. Actualmente, y sabiendo que se ajenciaba lo que no era suyo la hubiera llamado » Marteta» o Georgina ( femenina de Jordi en catalán) pero hace 50 y muchos años todo era distinto. Minina tuvo un hijo, al que bauticé, fue la primera vez que ponía nombre a un gato, Bambi.

Mientras Minina intentaba robar lo que podía de la cocina ( aunque puedo prometer que jamás se llevó nada a Suiza o Andorra) Bambi dormía en la cama con mi adorado abuelo y conmigo.

Una puñetera noche mi abuelo no despertó ( tenía mi actual edad) y, pocos  días después, hecho yo polvo por la pérdida de mi » avi» moría envenenado Bambi con 9 meses de edad. No me cisqué en Nadie, pues en aquellos tiempos yo era un niño creyente y que aspiraba hacer la primera comunión.

Poco después nos vimos obligados a entregar a Minina a una protectora de animales pues aquel animal no era bueno ( aunque fuera un gato) y robaba más que ¡¡¡calla, Miguel, que después te vetan en ciertas emisoras  de radio y TV y te quejas…!!!)

Inmediatamente llegó » Tigre» con un mes. Lo más bonito que he tenido si exceptuamos a mi «Puma» . A los 7 meses era un bestia que disfrutaba tirando mis soldaditosde plástico por los suelos para mi cabreo…Murió a los dos años  y medio años envenenado por algún@ hij@puta del barrio.

Trajimos a» Bigotis», negro como el azabache pero con mal carácter. Había nacido en el cine América del Paral-lel. No era un animal que se hiciera querer. Más huraño que ciertos amigos¿?¿? cuando se hacen famosos en TV no se dejaba apenas acariciar. Estando Bigotis en casa llegó, por suerte «Puf» una maravilla de gato blanco ( con un ojo verde y otro azul) como la nieve que me tenía loco. Bigotis se escapó un día y jamás supimos de él. Puf era mi perdición ( sin llegar al caso de Vlad).

Llegó el momento de servir a mi país ( anticuado que es uno) o lo que es lo mismo, hacer la «mili». Marché a » sudar» la » boina azul» y, según me comentaron mis padres, cada vez que llegaba una carta mía ( que era casi a diario) Puf se sentaba encima, como oliendo a su » hermano Miguel» ( que en aquellos momentos olía a sudor, chusco y madera de CETME).

Como nunca tuve el famoso » mes de permiso», en un «rebaje» de fin de semana, al llegar me dijeron mis padres que Puf estaba enfermo…Llegué, le besé el hocico y seguidamente murió. Sin duda estuvo esperándome hasta que mi vió…¡¡¡Me cago en….!!!

Terminando o casi, la «mili» llegó Bonica» ( Bonita en castellano para gustazo de Wert) que vivió los duros momentos de la muerte de mi padre y quedarnos bastante solos en casa. Quería mucho a mi madre, pero algo menos a Gemma, que aunque novios vivía en mi casa (después nos casaríamos) desde hacía años.

Blanca como el armiño. Murió y al día siguiente fui a comprar a Boleta ( Bolita) la primera siamesa que tuvimos.

Buena hasta la locura nos hizo felices a mi madre, mi esposa y a mí. Después Boleta conocería a mi hija que nació estando ella en casa. Se llevaron bien ambas, aunque Boleta jamás perdonó del todo a mi esposa por haber traido «otra hermana» a casa, y menos aquella tan llorona.

Murió a los once años y, el mismo día fuimos a buscar a dos hermanitos siameses ( 22.000 calas que nos costaron en las Ramblas). Miki y Donald

Miki era sosón, aunque muy tranquilo. Donald, mi pasión, me hizo feliz durante los 11 años que vivió. Murió de un puto derrame cerebral.

Ese mismo día nos fuimos a Sant Cugat ( San Cucufate para Wert) del Vallés a buscar a dos gatitos casi recién nacidos: Vlad Y puma. Sin duda, tuvieron con Miki a su padre, su madre y su instructor: todo a la vez. Fue impresionante mientras vivieron juntos.

 

Murió Miki ( los riñones), que tenía ciertos problemas emocionales, y, ahora nos quedan el » guaperas» y sensible, pese a ir de » duro» Puma, y mi obsesión: Vlad.

No me puedo quejar. En mis 59 años he tenido los mejores amigos de cuatro patas, aunque no pueda decir lo mismo de los de dos.

Me despido con un simple MIAU!!!!

 

 

 

Barcelona, 3000 años más antigua de lo que se creía

Barcelona, 3000 años más antigua

Hasta hace muy poco tiempo se creía que los orígenes de Barcelona se remontaban como máximo a los siglos V-VI a.d.C, con los primeros asentamientos ibéricos en Montjuic, y más tarde la construcción de la romana Barcino.

Algunos hallazgos fortuitos parecían indicar que el “llano” barcelonés fue visitado de forma ocasional por algunos grupos de cazadores en pleno neolítico. En el año 1917, mientras se realizaban unas obras en la calle Muntaner, se encontró una tumba neolítica con algunas piezas de sílex. Más tarde el hallazgo de algunas hachas del mismo material indicó que la actual Barcelona había sido recorrida hace milenios por algunos pequeños grupos, los cuales no llegaron a asentarse en la zona.

El descubrimiento a mediados de 1990 de una necrópolis neolítica con más de 20 enterramientos junto al templo prerrománico de Sant Pau de Camp, en pleno Raval, ya levantó serias dudas sobre los primeros habitantes del llano barcelonés.

La historia de Barcelona deberá replantearse al ser descubierto recientemente por un grupo de arqueólogos un asentamiento fijo, con grandes silos acampanados, así como algunos enterramientos de niños en la actual calle Reina Amalia, muy cerca de la anteriormente citada necrópolis prehistórica, con la que muy posiblemente guardaba cierta relación.

Tras ser estudiado el yacimiento, Miquel Molist, arqueólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), declaró que “los asentamientos de dicha época pudieron ocupar unas cuatro hectáreas en el llano barcelonés”.

Estas medidas, pertenecientes a una población que se remonta al 3500 antes de nuestra era, son considerables si las comparamos con la extensión total de la Barcino romana, que apenas llegaba a las diez hectáreas.