El “joven Nicolás”: un ¿héroe? para un país de pandereta y moral necrótica

Al poco tiempo de morir el dictador, me refiero al “gallego” bajito, gorderas, alopécico y de voz aflautada, y, por encima de todo, muy cabrón. Hago este resumen físico para no confundirlo con algún otro pseudo dictador que no llega a serlo debido a que no le dejan, pese a dominar muchos medios de comunicación subvencionados y al que muchos consideran ya un “cadáver político”. O bien a otros que ni a “dictadores” llegan ya que, se quedan en simple soplagaitas cainitas y fraticidas.

Pero a lo que vamos. Por aquellos tiempos me tiré unas “vacaciones” de setenta días en el Hospital Militar Gómez Ulla ( Cirugía) de Madrid con un agujero en el maleolo derecho que, todavía 37 años más tarde, me duele en ocasiones

Allí tuve la ocasión de conocer algunas monjas que sólo podría definirse cómo verdaderas mal nacidas que escondían el escaso “rancho” de los soldados, y más si éramos unos “ rojos separatistas” y además “polacos” ( mira que llamarme a mí “ rojo y separatista” con la fama de “ facha” que me han colado hace años…).

Pero por encima de todos conocí -lo he contado en otras ocasiones- soldados heridos en la humillante “Marcha Verde” del Sáhara que organizó el país vecino ( que no hermano, pues antes prefiero ser hermano de un caimán) que se llama Reino de Marruecos aprovechando el mal rollo que teníamos en España ( Estat Espanyol en TV3, Catalunya Radio o RAC-1)

Sí, en ese humillante suceso histórico hubo heridos, muertos y mandos militares que con dos cojones respondieron al fuego del “ moro” ( los famosos “ pakos”) y les costó un “puro” de mil pelotas.

Un lejía murciano, de apellido Segura, y que me hizo un tatuaje con tres agujas, dos mondadientes y un poco de tinta (y que luzco en el brazo derecho) me preguntaba en aquellas larguísimas semanas encerrados en un agujero bajo nivel del suelo y que se supone que era la sala  de “ cirugía”: ¿ pijo en Dios, qué cojones tengo que estar yo herido por culpa de un país de pandereta?. Continue reading

El beso de la mujer que salió de una tumba ( novela)

       El beso de la no-muerta

 

Cansado, enojado y decepcionado con todo y casi todos es cómo se encontraba ese día Enrique.

La jornada anterior había viajado a Madrid, para intentar sin éxito, cobrar una deuda ya prehistórica que le debían en Daltons Editores correspondiente a un laborioso y extenso trabajo de hacía más de tres años sobre los misterios cátaros. No sólo no había podido cobrar un mísero euro, sino que, no había tenido la oportunidad de decirle cuatro frescas, o posiblemente hacer algo peor, a la cara a Gerardo Artigas, el impresentable responsable de la filibustera editorial, que tenía como norma de la casa engañar a sus autores con mil truculentas falacias. Continue reading