Cuando España fue ejemplo de LIBERTAD…Eran otros tiempos, claro

Cuando España fue ejemplo de LIBERTAD a seguir

Por lo general, cuando se habla de libertad (palabra preciosa sin duda, otra cosa es libertinaje) casi todos mencionan cómo clásico ejemplo los orígenes de los EEUU, la Revolución Francesa, o la antigua Atenas (que se podría hablar mucho y discutir más) pero a nadie se le ocurre mencionar a España.

Pues mira por donde no siempre fue así.

En mi época de estudiante teníamos un profesor de Historia que era además  oficial del ejército en activo.

Se llamaba Joan Gasol y era de Tortosa.

No era precisamente una persona simpática, pero al salir de las aulas cambiaba bastante.

Un muy lejano sábado por la tarde iba con otros alumnos por la calle “Ample” (Ancha) que daba ( supongo que también hoy) a la parte posterior de Capitanía ( Paseo de Colón) y por donde salían en ocasiones mandos y soldados.

Gasol estaba allí destinado.

Al vernos pasar nos llamó, con su clásica “grito de guerra” ¡¡sopes!! (“sopas”, con acento tortosino) y nos invitó a tomar algo en una tasca, ya que esa era en aquellos tiempos la calle de las tascas ( bodegas de tapeo) de Barcelona.

Recuerdo que entramos a una que se llamaba La Reixa ( La Reja) propiedad de un vecino y amigo de Joan Manuel Serrat ( y mío) de mi antiguo barrio del Poble Sec.

Allí, sentados en unas mesas de madera rústica el “profesor antipático” paso a ser una pedagogo agradable

Entre patata brava y vaso de morapio peleón nos sacó algunos temas de Historia, y uno que a los 4 o 5 estudiantes allí sentados nos dejó un tanto perplejos, y más viniendo de aquel sobrio profesor.

Nos habló de la “Pepa” (Constitución Española de Cádiz) y de la INFLUENCIA tremenda que había tenido en muchos países. Hablo de tiempos del anterior régimen, conste… Que no era lo mismo que en la actualidad

En un principio pensé que el jugo de Baco, barato pero potente, le había afectado.

Pero no. Estuvo contándonos datos que yo guardé, más o menos en la memoria para más tarde profundizar en el tema.

Como no soy profesor de nada, y esto no es un aula no voy a profundizar, pero creo que, vale la pena saberlo, pues prácticamente nadie lo conoce

En el 2012 (bicentenario),cuando se habló POCO de la “Pepa”, e incluso alguno más culto (me refiero a mi tierra en este caso) “desenterró” la sardana “ Pepa maca” ( Pepa bella) prohibida durante muchos años, esperé que en algún programa de TV se hablara de la INFLUENCIA internacional de NUESTRA primera constitución

Quizá se habló y yo me lo perdí por estar por esos mundos del Diablo, pero…

Paso a narrar algunas curiosidades que están relacionadas con el tema

Mientras esa rata mononeuronal que se llamó Fernando VII se ciscaba en “La Pepa” otros muchos países quedaban admirados y la cogían como referencia para ellos.

Pongamos unos cuantos ejemplos:

Cuando a finales del año 1820 el poderoso rey del Piamonte, Víctor Manuel I abdica, es por que aquellos que lo obligan a dejar su absolutismo se han basado, y lo dicen públicamente, en “La Pepa española”…Es verdad que después vendrá el cerril monarca Carlos Felicce (o Félix) y restaura el absolutismo “ fernandino” y se cisca en “pepas y pepes” de origen español

 

En el vecino reino de las Dos Siclias  el pueblo se levanta al mando del coronel Guillermo Pepe (se llamaba así, no es broma) y hacen jurar al absolutista ( y cretino) rey Fernando I una constitución casi idéntica a la “Pepa” que han tomado por ejemplo… El levantamiento de Aliata Vilafranca hace lo mismo y, mirando a La Pepa hace jurar la constitución siciliana …aunque dura poco

Nuestros vecinos de Portugal tampoco son ajenos a los aires modernos y liberales y el verano de 1820 el pueblo se levanta, con ayuda del ejército y le imponen al rollizo rey luso Juan VI una constitución casi idéntica a la Pepa española…

Pero por si alguien piensa que todo queda entre “ latinos” que nos parecemos……acabaremos, para no hacerlo pesado, marchando mucho más lejos. y comentando que los famosos militares rusos sublevados contra el absolutismo del tiránico zar Nicolás I, allá por el año 1825, y que los historiadores conocen como “ decembristas” por haberse sublevado un diciembre, se habían levantado llevando como ejemplo a seguir la Constitución de Cádiz…

Por lo menos en una época tan “oscura” para nuestro país, la “ Pepa” española, olvidada por casi todos, fue un ejemplo de modernidad y libertad para mucha gente de otros países que la tomaron como ejemplo…

Termino con un muy personal ¡¡Viva la Pepa!! (en mi caso ¡¡Visca la Pepa!!!

 

 

La novela de mi vida. Entrevista en la revista Culturama ( el Aracil más íntimo)

Cuando uno ve en el horizonte que los 60 están a pocos años de superar los 50, se plantea por qué razón se dedicó al castigado (a nivel de España) mundo de la literatura.

Dejando de lado el periodismo, que es mi profesión desde hace 35 años, el escribir libros a nivel profesional, no como simple afición (o egolatría en algunos casos), siempre tiene un origen. El mío quizá sean las primeras novelas que leí siendo un niño.

De los 4 a los 6 años mis únicas pero abundantes lecturas eran las aventuras de Tom y Jerry, muy populares a finales de los 50 y principios de los 60 del pasado siglo.

Tuve la suerte de que mi abuelo materno, desde que cumplí los cuatro años y aprendí a leer, me comprara cada quince días una novela de Julio Verne o Emilio Salgari, para “cuando fuera mayor”. Una triste y fría noche de enero me levantaron de la cama para decirme que mi estimado abuelo, con el que compartía habitación, “se había ido al cielo” (con la misma edad que tengo yo ahora). Como no sé de nadie que haya vuelto del “cielo”, sentí que algo en mi vida iba a cambiar con sólo seis años.

Quizá fuera por eso que con esa tierna edad cambié por unas semanas mis libros ilustrados sobre gatos (a los que adoro por encima de todo) peleones pero un tanto inocentones que perseguían a ratones “bacilas” y provocadores, por uno de los libros que mi abuelo me había ido guardando cada quincena durante dos años.

Miré —lo recuerdo pese a la amarga lejanía en el tiempo— las portadas, con doble cubierta, de aquellos libros, editados por Editorial Molino, y escogí uno que, por su ilustración frontal, en el que se veía a un par de “aventureros” descendiendo por una cima con estalactitas y que consiguió llenar mi entristecida mente de mil aventuras posibles. El título de aquella novela de Verne era Viaje al Centro de la Tierra.

La leía por las noches antes de dormir, tras rezar mis tres Padrenuestro y dos AveMarías (quién iba a decir que de mayor sería un ateo convencido) y con mi gato Bambi en el regazo. Aquello era más que una novela para mí. Era un maravilloso viaje al mundo de la aventura y el misterio. Me imaginaba que el iracundo profesor Linderbrock, famoso por su mal carácter (quizás se me pegó a mí con los años, según dicen), podía ser mi desaparecido abuelo y su sobrino, Axel, lógicamente sería yo cuando fuera “más mayor”.

Tardé más de un mes y medio en acabar aquella primera novela que me impactó de una manera ¿psicopatológica?…Vaya usted a saber. Lo que sí recuerdo es que al terminar de leerla les dije a mis queridos padres una frase que repetiría doce años más tarde cuando mis progenitores me negaron el permiso para cursar la carrera militar: «Cuando sea mayor —creo que utilicé la palabra “ grande”— viajaré por todo el mundo y escribiré libros…». Recuerdo la respuesta de mi estimada madre: «Ay, hijo mío, con esa fantasía tuya no me extrañaría».

A mis 58 años he recorrido como reportero y escritor una gran cantidad de países de cuatro continentes, he viajado por desiertos y junglas y he buceado en mares lejanos, pero lo que sin duda ya jamás podré hacer es bajar en rappel por la chimenea de un volcán de Islandia buscando el centro de la Tierra.

Aunque quizá no importe, pues con sólo seis años y mi mente embargada por la tristeza, ya bajé al volcánSnæfellsjökull (puñetero y difícil nombre que no recordaba y he tenido que buscar en Google…), que en la novela de Verne era la puerta a tan maravillosa aventura, para explorar los mil misterios que se ocultaban en el jamás hollado centro de nuestro maltratado planeta.

En definitiva, no tengo apenas dudas de que el “culpable” de mi vocación literaria y mi casi patológica afición por la aventura y los viajes extremos fue aquel libro que para mí fue algo más que una “simple novela” escrita por el autor francés en 1864. Fue, ante todo, el germen de una vida dedicada casi por completo en las últimas tres décadas a escribir libros que, con sus misterios, aventuras y enigmas (pero reales, en mi caso) me convirtieran en un nuevo profesor Linderbrock que, solo o acompañado, intenta buscar el centro de la Tierra. O, tal vez, el centro y origen de mi personalidad, pero mimetizado con cien aventuras que han dominado la vida de este escritor ya maduro que ha hecho de los libros su vida.

*Miguel G. Aracil (Barcelona, 1955) es un periodista y escritor español. Afectado de una grave pero dulce “travelpatía” (necesidad obsesiva de viajar) ha recorrido un buen número de países de Europa, África, Iberoamérica y Asia. A lo largo de varias décadas ha escrito medio centenar de libros, entre los que destacanMisterios de Egipto y Guía del camino de Santiago. Su última obra es El misterio de las catedrales catalanas