Soy un asocial y no me escondo

A mis 65 años puedo ser, si es necesario, un tipo campechano, aunque no tengo puta alemana de alta cuna y baja cama que me caliente la entrepierna a costa de millones. Pero, en general, nada queda de aquel chaval o siquiera de aquel joven o adulto campechano y follonero, aunque eso y por desgracia lo sigo siendo, que fui durante bastantes décadas.

La vida y ciertas situaciones me han hecho asocial.

No de forma patológica, pero sí de forma muy real. pues yo, pese a mi comentario puteril anterior fui, soy y seré monárquico convencido.

Mi lista de amigos ha descendido hasta puntos que, con una sola mano me sobran dedos. Otra cosa son conocidos y amistades o compañeros ( ver el triaje en este mismo blog).

Intento hasta punto desesperados no tener malos rollos con nadie. Pues tengo claro que, cuanto más te relacionas más fácil es que te cabrees y hasta llegues a las manos si tienes mal carácter. Y yo lo tengo.

Ayer sin ir már lejos, tras una reunión con el que fue editor y breve director ( por suerte) de la revista décana del misterio en España me fui al CAP ( Inseguridad Social) que me corresponde a exigir el test del CV-19 que tenemos pendientes mi esposa y yo desde el 20 de marzo. Tras la respuesta airada y chulesca de los funcionarios-robots del centro la cosa estuvo muy cerca de acabar a hostias. Gané yo ( tenía toda la razón y más) y, apenas dos horas más tarde y tras estúpidas escusas, me lo hacían y algunas horas depués (esta mañana) a mi esposa. Pero tuve que volver a otros tiempos de gritos y casi dar un puñetazo a alguien. Lo que me hubiera costado caro sin duda. Hubo suerte.

Volví rápido a mi casa. Por suerte tenía reunión en el elitista Spa del Vampiro Cabreado con una de mis pocos amigos de verdad. Un científico, profesor  en activo de dos universidades catalanas y esposo de una decana de la U.B  con el que comparto muchas cosas, tanto políticas como de gustos por lo militar ( llevó galones algunos años, y no precisamente de cabo), el » survival» y los » knives».

Por cierto, es un tipo » raro» de aquellos que, cuando lo llevo a un evento público y lo presento como doctor, pues lo es, y profesor de dos universidades catalanas, se siente casi » cortado» y no le gusta. Qué diferencia con vari@s casi analfabet@s que gustan de autotitularse » profesor@» y, hasta cuando firman un libro, supuestamente suyo ( black is black..) cometen faltas ortográficas o aseguran en un programa de radio que «Dinamarca es la capital de Noruega«. Pero eso es otro tema.

Cada vez me reuno con menos gente.

No lo hago por esnobismo, pues no es una virtud que digamos. Lo hago por que necesito estar solo. Con mis » hijos» o » nietos» de cuatro patas. Con mi esposa, y no siempre, con mi hija ( idem) y, de vez en cuando con alguno de mis escasos amigos.

Mi vida social ¿? más relajada consiste en sentarme junto a un río y, con un cuchillo, tema del que soy un verdadero experto, y no por ver películas de Ton Bérenger (conste que me encanta dicho actor y periodista yanqui), y una madera y unas cuerdas preparar mil cosas y, encedender un fuego con medios de fortunas, para apagarlo seguidamente, ya que,  está prohibido en este puto país donde cada vez se prohiben más cosas. O sumergirme en mi amado Mare Nostrum y estar un buen rato buceando acompañado de pulpos y peces y estrellas, aunque sean rojas, que no son mis preferidas por mil razones fáciles de adivinar para quien me conoce.

Me gusta, quiero, NECESITO, estar cada día más solo.

No soy un sociópata, pero, como dice mi buen amigo Luismi, el  exsuboficial de ingenieros ( no todos pueden ser de infantería, y menos »  boinas azules» de las FAMET) anteriomente mencionado y profesor de la Universitat de Barcelona y de la U.P. de Catalunya, me relaja, me pone » bien» conmigo mismo mirar correr las nubes, escuchar el sonido del río o mejor del mar, los árboles mecidos por el viento, ver o seguir pistas de animales por el bosque.

Mi vida junto a la Madre Naturaleza,, o paseando mejor por la  tarde o la noche por antiguos barrios medievales, son mi vida social preferida.

No dejo de lado esporádicas cenas con algunos amigos y amistades en el elitista Spa del Vampiro Cabreado o en la misteriosa » Cueva del Inframundo» en las extrañas del mágico Montjuic, » domus» e hipogeo privado de mi amigo el científico. Pero, sólo una de vez en cuando. No me quiero saturar.

Veo gente que presume ¿?¿? de ser muy solitario, de no querer correr por las redes sociales, aunque los ves constantemente escribiendo autopanegíricos , principalmente en FB, a los que añade un patético » me encanta» a sus propios post. Sin duda tiene orgasmos al coleccionar » amigos» en dichas redes.

Me dan lástima. Son esclavos de sus egos. De una sociabilidad que no es  tal. De un mundo hipócrita que no soporto.

Me quedo con mis hijos y nietos de cuatro patas, en ocasiones con mi esposa y mi hija, y con los pocos amigos, menos que dedos tiene una mano, que tengo.

A eso le llamo yo mi » cuota social». Lo demás, algunas «trovadas» ( encuentros) para tomarnos unas birras, firmas de libros ( forma parte de mi ya moribunda profesión) o asistir algún evento, son los impuestos que debo de pagar por pertenecer a una especie, la humana, de la que he renegado hace años.

Lo dicho, soy un asocial, aunque no un sociópata, pues me puedo mostrar realmente campechano si es necesario, aunque mi cuenta corriente esté más limpia que el sexo de una meretriz de lujo.

Acabar ayer casi a hostias en un CAP de la INseguridad Social catalana ne recordó viejos tiempos ( mucho mejores) que no me apetece que regresen. Y, la mejor solución es vivir en mi estado casi anacorético, pero sin prescindir de un buen vermut o una birra ( jamás Moritz), solo con mi amada Madre Naturaleza, un buen libro ( sin ellos no sabría vivir y este viernes sabré si podré hacerlo durante muchos años) y mis » cosas» que ya forman parte de mi cada vez más reducido mundo diario

Felicito de todo corazón, incluso envidio a la gente que es muy social.

Pero, por favor, no busque en mi más «ganado» para aumentar sus amistades, pues yo ya estoy en plena reserva y retiro y, hasta me pongo de color verde o pardo o negro ( jamás rojo) y muerdo si me tocan la cola…sin que yo lo pida.

Un saludo en este atípico y, para mi repugnante verano del 2020, rodeados de incívicos sin mascarilla por las calles y de inútiles, cuándo no canallas, en los lugares de poder

 

Miguel G. Aracil

 

www.miguelaracil.com

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa

Mujer soberbia, adolescentes incívicos guarros de importanción. CV-19 esta mañana

Lo veo todo muy difícil : CV-19 quo vadis

Antes era optimista con el CV-19. Ahora lo soy menos o muy poco

Experiencia de esta misma mañana.

Tengo que desplazarme a un punto del Baix Llobregat por un tema laboral. Me da pereza sacar el coche. Voy en un bus interubano .

De ida casi vacío, salvo un par de adolescentes idiotas que se comportan cómo lo que son y no llevan mascarillas. Ejemplo de un juventud que, en PARTE, no en su totalidad, pero sí en una gran parte es incívica y está muy maleducada. Y, por encima de todo son INSOLIDARIOS.

NO GENERALIZO, pero sin que hay MUCH@S

Dos horas y media más tarde regreso a BCN.

Subo en el mismo bus. Detrás mío una señora mayor, supera los ochenta años. Con bastón. Muy bien vestida.

No lleva mascarilla.

La conductora del bus le recuerda que la mascarilla es obligatoria. Le dice en un catalán muy cerrado que ella no se la pone. La conductora se lo repite hasta en tres ocasiones. La mujer, murmurando detrás mío en un catalán con acento gerundense o de población de la Cataluña más interior sigue adelante sin mascarilla.

Una chica joven con dos niños y cabreada le llama la atención y le dice a la anciana que sea respetuosa pues puede contagiar y, viendo que casi no hace caso ¿ demencia senil? le indica con voz más que alta ( es lógico), al igual que otros pasajeros, que se siente delante de todo, en el asiento reservado a gente mayor, embarazadas o enfermos. Por fin acepta y así lo hace.

Me pongo a leer un libro del reportero Robert D. Kaplan sobre la guerra de los Balcanes que vivió en primera persona.

No me fijo, no me interesa, quién sube y quién baja.

Estoy sentado casi al final, justo delante de los » asientos comunes» que tienen los buses y que permiten sentarse a cinco personas juntas. Están vacíos

Veo de reojo que alguien se sienta en ellos. No presto atención.
Apenas medio minuto más tarde veo que se deslizan junto a mí un par de pies descalzos…Me giro.

Detrás mío «alguien» que, por cultura y costumbre tienen muy arraigado lo de sacarse los zapatos en todo momento.

Nos miramos fijamente. Ya con desprecio por su acto. Lleva la mascarilla por debajo de la boca. Pienso que nos vamos a cabrear.

Dos paradas más tarde se pone los zapatos y baja llegando ya a Hospitalet de Llobregat.

Paro un momento la lectura y repaso. Niñatos incívicos que » pasan» de la mascarilla (hoy habrá mucho incivismo en playas y botellones, tiempo al tiempo), una mujer, paisana mía y bien vestida que, por ¿demencia senil? ¿soberbia? o por la razón que sea, se pasa las medidas por el forro. Y, otros que, ya por costumbre hacen siempre lo que les rota y aquí no pasa nada.

Ojalá me equivoque, pero, creo que los » nuevos focos» serán cómo las quemaduras de la piel por el sol cuando empieza el verano. Que nadie las puede detener pese a las eternas recomendaciones de los dermatólogos. Pero en este caso nos la jugamos todos ( conste que yo ya lo he pasado y mi mujer también y mucho peor)

feliz tarde verbenera

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa