Navidades: Fiesta, alegría e hipocresía.
Dicen las buenas gentes que las Navidades alegran el alma. Posiblemente sea que cómo yo no tengo alma, no se me alegra nada.
Recuerdo la infantil alegría que las navidades despertaban en mí hasta los seis años.
Ese año, tras el júbilo que en aquel niño aplicado habían despertado los muchos juguetes que los Reyes Magos me habían traído por ser muy bueno (¡¡collons, cómo he cambiado!), vino una nube oscura a enturbiar las felices fiestas, que ya no serían jamás las mismas. Continue reading