Treinta año como padre; treinta años cómo escritor: Todo cambia

Fue un dos de febrero de hace 30 años, en Barcelona nevaba y nacía mi hija Elisabet

Treinta años más tarde en  en esa misma fecha vamos en mangas de camisa y mi hija hace. lógicamente, su propia vida desde hace tiempo.

Ese mismo mes de febrero de hace 30 años aparecía mi primer libro, publicado por la , por entonces prestigiosa Editorial Arbor Scientae.

Tuvo muy buena acogida y, tres meses más tarde  aparecería a la venta otro nuevo libro de mi autoría, el cual , tenía en la «reserva», sin saber si vería la luz.

Transcurridas esas tres décadas han visto la luz 58 libros firmados ( y escritos, que yo no tengo » negros») por este » junta letras».

Este mediodía, para celebrar el cumpleaños de mi hija, nos hemos reunido la familia, o sea mi esposa, mi hija, y mis dos gatos, Vlad y Puma, aunque se echaba a faltar los » niños» de cuatro patas de mi hija, el gato Lucki y el perro Scoobydú, que se han quedado en su casa.

Por la tarde ha tocado hablar de nuevos proyectos editoriales, y, cómo recluta ante una gran ofensiva, que no sabes bien por dónde correr , avanzar o refugiarte, yo, con treinta años de experiencia editorial, y bastantes más a nivel periodístico, iba escuchando palabras actuales del argot editorial que, hace treinta años tan siquiera se pronunciaban en las reuniones editoriales.

E-book, Read Times, Amazón-book, plataforma on-line, «parisién» ( aunque esta palabra tiene su origen , para bien o para mal, en el siglo XIX), «editores morosos» ( que los había, pero no tanto cómo en la actualidad, varios de éllos que no son de » acá»), «autodistribución» ( para evitar mordidas y cuernos…)

Este léxico, por lo general negativo, al menos para mí, no se utilizaba en aquellos tiempos

Recuerdo las reuniones editoriales de los primeros tiempos, con mi editor, Josep María Merín, el mejor editor que he tenido, al cual, el tabaco se lo llevó ( al igual que a mi exvecino Terenxi Moix, otro puntal del mundo literario) y su «asesor literario», el profesor de la Universitat de Barcelona y escritor Pere Puiggrós ( Ray Stone), siempre enfrentados él y y yo por todo, principalmente la política.

Allí se hablaba de buenas tiradas ( mínimo tres mil ejemplares), fotolitos, distribuidoras que tan siquiera existen, liquidaciones semestrales de los royaltis, campañas publicitarias que, actualmente sólo algunas » vacas sagradas» ( y algún lameculos o gasterópodos, que esos comen aparte) pueden disfrutar…

Hoy miraba a mi hija, una mujer de 30 años; pensaba en nuestras infantiles aventuras imaginarias con Miki Mouse y  el travieso Pato Donald, que darían nombre a dos de mis gatos siameses, Miki y Donald, ya fallecidos…

Pensaba que, como un famoso «tango viejo» de aquellos que suenan en la tierra de algún editor que hace años tan siquiera me pasa las liquidaciones, «treinta años son mucho, o no son nada, depende de cada cual»…

Para mí, han sido treinta años con mieles, pero también con hieles…

Me miro al espejo, miro a mi hija, a mi esposa, la estantería de mi despacho, dónde se acumulan los libros que he traído al mundo…Y pienso que, treinta años son casi media vida y que, desde aquel lejano febrero de 1986, casi todo ha ido cambiando para bien o para mal…

Incluso mi país, con una caterva de políticos mediocres, más interesados por un escaño que por los ciudadanos y la Nación… peleando entre ellos en su mediocre valía política.

No diré aquello de » me duele el alma» de la copla, ya que, cómo ateo no tengo alma, pero sí que me duelen los recuerdos y, el paso de los años.

El pasado mes de diciembre, a finales, aborté un libro que llevaba escribiendo desde hacía año y medio, con cinco capítulos terminados y el prólogo de un buen amigo y colega de profesión que vive en Madrid, y con el que comparto » mundillo».

Jamás había estado tanto tiempo sin publicar un libro…Quizá sea que, esa socioneurosis o depresióncívica que vive mi país, pues siguen siendo » mío» aunque algunos me lo quieran prohibir, se me contagia día a día

Me queda la Naturaleza, mi amado Mare Nostrum ( mientras escribo estas líneas, en la cadena suena «Mediterráneo» de mi  admirado exvecino Joan Manuel Serrat, ambos de un barrio que se llama Poble Sec  y que, actualmente tan siquiera se parece al que yo conocí, pero sí conocería Willy Fox…).

Me quedan mis gatos, Vlad y Puma, mi esposa, mi hija, miles de recuerdos buenos y malos, decenas de paíse visitados por profesión, pasión y «travelpatía», pero, si algo pudiera pedir a una imaginaria lámpara maravillosa de Aladino , en el supuesto que no la hubiera robado Alí Babá y sus cuarenta ladrones, posiblemente ahora metidos en política y corruptelas ( comisiones las llaman ahora), sería una máquina del tiempo, para, poder regresar a esta misma fecha, 2 de febrero, pero treinta años antes.

 

 

 

 

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa

Sobre una película de “guerra” 51 años después.

Pocos eran los lujos que, de niño y adolescente me pude dar. Salvo jugar con mis añorados “soldaditos” de plástico (quizá de ahí mi ideología “políticamente incorrecta” y ¿belicista? para los “ buenistas”), salir dos domingos al mes con los scouts ( Scouts de España-Exploradores de España, no nos equivoquemos con los “ otros”) e ir dos veces a la semana al cine.

Concretamente al Condal, y el América, ambos en el Paralelo-Poble Sec. Había otros dos cines, el Hora y el Arnau, pero eran cines de “pajilleras” y chinches ya en la zona del “Chino”.

 

Iba dos veces a la semana ya que, mis vecinas de aquel entonces, dos hermanas murcianas (natrales de Águilas, creo recordar) trabajaban limpiando los lavabos de dichos cine y, siempre me daban entradas.

 

No me perdía una, y, menos si eran de guerra.

 

Eran tiempos de dos películas y censura.

 

Más adelante, cómo yo era de aquellos chavales que, aunque no gritábamos ¡¡¡revolución!! ni pintábamos paredes con eslóganes políticos, ni nada por el estilo, ya que, trabajábamos de día y estudiábamos de noche, iba menos al cine. Recuerdo que, sacarme el bachiller superior haciendo nueve horas de trabajo en la aduana cada día me sacaba las ganas de “casi” todo.

 

He dicho CASI…que hay cosas que son muy “apetitosas” tengas quince, tengas  sesenta años…aunque, con la edad…

 

Pero a lo que vamos.

 

Tendría nueve años cuando en las pantallas españolas presentaron la película semibélica (cuatro tiros mal pegados) titulada en castellano “Cañones de Batasi”. Recuerdo más o menos la fecha ya que, dicha película se “lanzó” a las pantallas el mismo año en España que en Gran Bretaña, el 1964.

 

¡¡¡no me gustó nada!!! Y, ahora pienso que, tan siquiera a tal edad pude comprenderla.

 

Hará unos quince años hablamos de ella unos minutos con mi vecino Terenxi  (Ramón) Moix  que, además de Premio Planeta, gran fumador ( así le fue por desgracia) y, amante de los gatos ( al igual que yo) y de Egipto, eran una verdadera enciclopedia del Séptimo Arte.

 

Me dijo, y era de suponer que, dicha película se emitió en España muy censurada ¡¡¡algo habitual con el Paco y los suyos!!!

 

La tenía casi olvidada cuando, no hace muchos días me la dejó un compañero, en edición sin censurar.

 

Cincuenta y un año más tarde la visualicé de otra “manera”…cómo es lógico.

 

La versión íntegra tiene un treinta por ciento más de duración que la censurada, lo cual pude comprobar ya que, la parte “permitida” seguía en castellano, y, un treinta por ciento, lo censurado, en inglés.

 

Ya no digamos algunas escenas. Cómo por ejemplo, cuando la primeriza Mia Farrow se daba de revolcones en la “piltra”, tras enseñar sus escasos y menudos encantos, con el único soldado raso del enclave armado.

 

Pero pasemos al guión dejando claro que, dicha película, que antes fue, según creo novela, está basada en un hecho real.

 

En la década de los cincuenta del pasado siglo, cuando las colonias africanas mandaban al carajo a belgas, franceses y, principalmente británicos, se dieron varios golpes de estado, algunos casi de opereta que, apenas merecieron alguna columna o galerada en los diarios de la época, al menos en España.

 

En una de esas colonias británicas, un jefe local, con la ayuda de un simple oficial del país, un teniente, y gran parte de los soldados negros, buenos, ahora debo decir subsaharianos, que toca cogérnosla con el papel de fumar (personalmente no veo peyorativo llamar negro a un negro o blanco a un blanco, pero…),allí destinados, dieron un golpe de estado a la “ africana”. Cómo tantos otros en apenas siete décadas…y los que vendrán ¿apuestan ustedes algo?.

 

Los únicos que plantaron una resistencia más o menos armada fueron un pequeño grupo de militares británicos. Si no recuerdo mal, un sargento mayor muy estricto de las ordenanzas, un sargento primero, cuatro sargentos y un soldado.

 

Desde el pabellón de suboficiales resistieron las tentativas de rendición incondicional que el teniente golpista, del mismo regimiento que los suboficiales, les había ordenado. Incluso lo llegaron a echar del comedor de sargentos, para humillación del ego de “ mininapoleón” africano.

 

Cuando la cosa estaba mal para los militares británicos, pues sus superiores habían sido hechos prisioneros por los golpistas, llegó el  coronel del regimiento y les ordenó rendirse a los golpistas.

 

El sargento mayor y sus subalternos así lo hicieron.

 

Llamado por sus superiores, militares y, principalmente políticos, se le indicó más o menos que, “ alegrara esa cara” ya que, el nuevo “presidente” ( o sea el cabecilla golpista) había decidido seguir perteneciendo a la órbita británica, aunque independiente y, que, aquellos era bueno para el Reino Unido.

 

El único problema era que, el teniente golpista humillado por el sargento mayor, había ascendido directamente a general (coronel en la película) y, ya de paso, y sin tener “ puertas giratorias” cómo en países muchos más civilizados (¿les suena el tema?) también era el nuevo ministro defensa; y que, lo primero que había decidido era juzgar al sargento mayor, por lo que, podía hacer dos cosas: Dejarse juzgar ( con las garantías “ democráticas” típica de estos países tercermundistas) o, largarse con viento fresco a Inglaterra…Y así lo hizo.

 

O sea que, por ser fiel a su profesión y sus deberes con el uniforme y el empleo (rango militar), le dieron una patada en el culo.

 

No dejó de “emocionarme “que,  un estado cómo el Reino Unido, que en cultura y patriotismo nos da mil veces con la gorra, allí también ese tipo de gente que se conoce cómo políticos “pagaran” la lealtad de sus hombres con una patada  en el trasero…

 

No, no sólo pasan estas cosas en España donde, por ejemplo, en un pueblo del sur se quita una calle que lleva por nombre “Héroes de Baler” ( los “Ultimos de Filipinas” -1898) por sus “ connotaciones franquistas ¿?¿?¿?¿ o, todavía más al sur, otro “ garante de la cultura patria” quería derribar un edificio de finales del siglo XV por que tenía esculpidos en sus muros el yugo y las flechas, ordenadas por los Reyes Católicos. Pero que, el susodicho eminencia e “ilustrado” creía que eran los símbolos de la falange española. Sin olvidar aquellos que, en mi tierra, sacaron una calle dedicada al gran escritor y periodista catalán Josep Pla, al confundirlo con el falangista catalán Joan Pla…

 

Todo un consuelo ver que, aunque en menor medida, este tipo de sujeto al que conocemos cómo “ políticos” al que sólo les importan oscuros ( o dorados) intereses, no son patrimonio de esta castigada y cansada Piel de Toro…

 

Cómo dice un amigo mío, de nombre Juan Carlos (pero sin corona) “todos son iguales”…

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa