DEP. Quique San Francisco, actor y legionario

Ha muerto el gran y polémico actor Quique San Francisco, cuyo primer nombre de pila era Rogelio ( no es broma) aunque, no encajaba políticamente dicho nombre con su personalidad.

Decenas de películas, trabajando desde niño, hijo de otro gran actor, Vicente Haro,  decenas y decenas de programas en TV y de teatro.

 

Estoy seguro que no se le hará ningún gran homenaje.

Este  actor tenía demasiados » defectos» para que entrara en los actuales cánones del actor «reconocido»; ya no hablo del subvencionado, que, con lo que tenemos está claro lo qué debes de ser o decir públicamente para ello.

Decía lo que pensaba, se ciscaba en quién hiciera falta, vistió de militar bastantes años ( su madre, también actriz, lo tuvo que sacar del ejército). Incluso fue legionario, con empleo de cabo, y además francotirador, «sníper» si viviera en  los EEUU; esa especialidad que tan bién interpretaba en ciertas películas el gran actor y periodista ( y que habla perfectamente español) Tom Bérenguer en su papel  de sargento de artillería Thomas Becket.

Se le ha criticado mucho, por su talante un tanto quinqui ( no dudo que lo fuera) , incluso se sacaron a relucir algunos arrestos por violencia, en tierras asiáticas, ambas con más razón que Dios por su parte, al menos para mi gusto.

Admirado Quique, te lo digo con la confianza, aunque no nos conozcamos personalmente, de alguien que tiene exactamente tu edad( bueno, yo dos meses menos)  y que, también tiene el mal vicio de decir siempre lo que piensa. Y, cuando se tiene que ciscar en San Rogelio, en el beato Izquierdo, o en la señorita De Rojas lo hace. Yo también voy de puteado por la vida hace años, pero, al menos la dignidad no me la pisa ni su p.m.

Eras de los pocos actores españoles, que yo sepa, que no se  mordían la lengua a la hora de criticar el cínico  «buenismo» y decir quién te caía bien o mal en política.

Tú no hiciste como tus colegas de los últimos años del franquismo y la transición, los actores españoles que formaban la llamada » Centuria Cero», capitaneada, y nunca mejor dicho, por el duro y carismático actor aragonés Fernando Sancho, también legionario por cierto, que llegó al empleo de teniente echándole cojones en nuestra Guerra Incivil y cainita.

Sí, esos famosos actores del cine y la TV de entonces que, cuando todo cambió, éllos lo hicieron de camisa, principalmente 2 o 3 guaperas que se hicieron » progresistas» y, alguno todavía chupa de la teta a día de hoy

No creo que te hagan muchos homenajes. Tu apellido no empieza con » B» como cierta saga, ni das gritos histéricos y afeminados que te hagan famoso.

Ayer en las TVs apenas hablaron de tu muerte y, en algún canal de TV muy » progre» lo hicieron casi a » balarasa».. Seguro que, en la TVbasura alguna mierda te sacan una vez muerto. Los cobardes tienen esa costumbre.

Por lo menos sí que he leído que, un general de brigada de la Legión te ha hecho su pequeño homenaje en su blog. Te lo dejo abajo por si lo lees  con un vaso de «leche de pantera» en la mano.

 

Aquí te dejo lo que de tí dice el general (R) legionario Rafael  Dávila,

 

QUIQUE SAN FRANCISCO ¡ADIÓS LEGIONARIO! General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

Yo, en el mío, te brindo este pequeño reconocimiento, » caballero legionario», que fuiste mil veces mejor actor que mucho chupasubvenciones de los que ahora corren ante las cámara, en algunos casos poniéndose » morados» de gansear .

 

D.E.P. » novio de la muerte»

 

Miguel G. Aracil

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa

Esas reuniones sociales llenas de hipocresía que llamamos ENTIERROS

Esta semana me ha escrito un conocido para comentarme que, fulano había fallecido. Que lo enterraban al día siguiente a tal hora ( Funeraria Sancho Dávila) y que si quería asistir, para  «así vernos , recordar otros tiempos y echarnos unas risas». No lo mandé a la mierda pues no era mi día » travelero» y andaba yo preocupado por temas de salud familiar, pero sí que le dije dos cosas.

Primero, que la muerte de aquella persona a la que no veía hacía décadas me la taría al pairo. Y que, por otro lado, para mi , un entierro era algo muy serio, y triste ( principalmente para la familia y amigos sinceros, que algunos hay, del finado), no una » quedada» de antiguos colegas que hace años que no se veían y, « aprovechan la ocasión» para ver los kilos que hemos ganado con los años y los cabellos que hemos perdido.

Muy pocas veces acudo a un entierro, a menos que sea de alguien muy querido. De hecho me fastidia y mucho saber que tendré que acudir al mío propio y que no me pedirán permiso para éllo.

Muy pocos días después del «tejerazo» del 23 F fallecía mi padre con poco más de cincuenta años. Sabía que mi vida iba a cambiar y mucho y, además, poco después marchaba para territorios del Este de Europa, me iba a casar, pese a vivir desde hacía años con la que sería poco después mi esposa, y, debería hacerme cargo de una casa. Para mi TODO cambiaba.

Recuerdo que había casi 200 personas en el pequeño Hospital de San Rafael de BCN. Casi todos empleados o exempleados de la Catalana de Gas, más tarde » Gas Natural», empresa en la que mi difunto padre había trabajado desde los 18 años hasta su muerte.

Bromeaban, se daban palmadas en la espalda, recordaban los tiempos de la empresa en la » Fábrica de gas» de la Barceloneta. reían. La rabia me corroía por dentro. Yo conocía a los más jóvenes ya que, por entoces jugaba en su equipo de fútbol. Bueno, en uno de sus equipos, pues tuvo varios. Pero nada dije. Por fin, tras la misa se marcharon, supongo que muchos dirección a cierto bar cercano a tomarse algunos carajillos.

Años más tarde el entierro de mi madre fue menos numeroso y, si exceptuamos algunos editores ( Karma 7, Grupo Editorial Protusa y Arbor Scientae ediciones) míos y algún lameculos del mundillo del misterio que se añadió » per sé», no acudió casi nadie. salvo mi mujer, mi hija con nueve años, y no sé si alguien más . No lo recuerdo.

Pocas veces voy al entierro de alguien.

Ir a dar el último adiós a una persona, ver el sufrimiento y la pena de sus familiares y, aprovechar para hacer vida social me parece simplemente repugnante y oportunista. Tengo mil defectos, pero no he sido jamás ( quizá por desgracia) » oportunista».

Creo que la última vez que asistí a un entiero fue cuando murió el » soldado honorífico» Ricard Portal, un joven de 31 años del Bon Pastor ( barrio de BCN), diagnosticado de una puñetera enfermedad mortal desde los 18 y que, con sus apenas 60 kg ( y dos bemoles cómo un toro) fue capaz de, en esos doce años de » propina» que vivió, casarse, engendrar un hijo ( Sergi), hacerse querido y admirado en diversos círculos militares y de supervivencia de los que era asiduo, y, finalmente morir en la que entonces era mi casa, y ahora oficinas centrales de una muy conocida fábrica de cervezas («Morits» en Cataluña, y que cambia de nombre según la comunidad autónoma).

Murió justo al entrar en la inmensa entrada o recibidor, al que había acudido, junto a otros quince compañeros de la desaparecida «Brigada Polaca» que yo dirigía, perteneciente al primer foro de armas blancas y supervivencias (F.A.B) español que, por desgracia cofundé y coadministré hasta dejarlo y olvidarlo.

Acudíamos a recoger unos cuchillos tácticos y numerales y nominales que habíamos encargado a la empresa cuchillera Muela ( los » Hornet» tácticos especiales).

Murió a los piés de un COMPAÑERO común, un  exboina verde de nombre Enric Carrer » Sulsa»,  mi esposa, y los otros miembros de dicha » brigada polaca». Su cuchillo nominal se lo entregamos ( junto a un sobre para poder sobrevivir unos meses) a la viuda, para guardalo para su hijo, de entonces ocho años, y dárselo cuando fuera mayor. Ahora creo que es militar profesional. Bien por él hijo. Su padre estaría orgulloso si lo pudiera ver; aunque, tras la muerte no hay NADA por desgracia, por mucho que el himno militar-fúnebre a los caídos » diga » La muerte no es el final»

Ese mismo día, y tras la visita del médico forense y de un altercado fuerte y muy desagradable entre » mossos» y la Policía Urbana»de BCN en mi propio domicilio, ante el difunto y la mala mirada del forense, organice en el foro que yo coadministraba una recogida de dinero para la viuda y el huérfano. Recogimos más de 125 mil pesetas ( hablo de hace más de 25 años). El mundo » armado» y uniformado no es tan cainita y ruín y lameculos cómo uno que es muy cercano para mí desde hace más de cuatro décadas.

Compré yo, cómo rewsponsable que era, una gran corona de flores con una inmensa bandera española y, una » corbata funeraria» que decía, en catalán, » Para  Ricardo» Piel de Lobo», de tus camaradas, por Cataluña, por España. Desperta Ferro». 

Aquel entierro fue más castrense que civil. Con banderas, Himno, uniformes ( asistió el coronel jefe de las tropas de montaña de Huesca, del que Ricardo era » soldado honorífico», pese a no haber hecho el servicio militar»). Yo asístí con mi esposa y contamos casi 200 personas de aquel mundillo, incluídos , como supimos más tarde, pues había varios policías y guardias civiles entre los compañeros, un par de » mossos» que habían venido a » vigilar» qué era » aquello» tan » militar y españolista», aunque casi todos hablábamos catalán.

Es el único entierro, dejando los de mi familia íntima, al que he asistido en los últimos casi treinta años .Lo hice de corazón y por leal camaradería.

Desde entonces he sabido o me han avisado de la muerte de compañeros, conocidos, colegas del mundillo y demás. Jamás he asistido por desinterés o, por RESPETO al fallecido(1).

Ir a un entierro, pasar alegremente del muerto, y sencillamente alegrarme por que me encuentro con gente que hace años, quizá décadas que no veo. Darle a la sin hueso sin parar, recordado mil batallitas, ante los llorosos ojos de la afligida familia del difunto, me parece uno de los peores actos de cinismo y falta de respeto que me vengan a la cabeza.

Cuando yo muera espero que venga poca gente. Mi esposa, si está viva, mi hija, un par o tres de amigos que tengo, creo que no me dejo ninguno, y, como tengo ordenado a mi escasa familia de dos patas, ni un sólo símbolo religioso en el lugar, una bandera española ( una en concreto que guardo en mi despacho  y me acompaña ya hace casi 50 años) sobre la caja y, como única música, la de » mi canción»: el peliculero » Yo te diré», de la película » Los últimos de filipinas» que, para mi es algo más que una canción (2).

Buscacharlas a la espera de encontrase con conocidos para irse a tomar unas birras tras el entierro, y coleccionaentierros,  no quiero ni a uno. Para hacer vida social hay mil ocasiones mejores que mi entierro.

Que ustedes vivan muchos años

(1) Hará unos cuatro años tuve que asistir al «pre» entierro de un hermano de mi mujer, con el que ni me hablaba. De hecho no me hablo con ninguo de éllosy eran varios. Lo hice como simple conductor del coche en que viajaba mi esposa, ya que, por mi ni me hubiera asistido, Me quedé fuera de la funeraria. Por cierto, fue el julio y viernes, con lo que me jodió una dobel sesión de buceo.

(2) Como explico en otro artículo de mi blog, esos «últimos de filipinas» son los que resistieron y murieron muchos de éllos en 1898 defendiendo la iglesia fortifiaca de Baler ( Filipinas). Esos mismos soldados cuya calle ha sido eliminada de un pueblo del sur de España por su muy izquierdista alcalde por considerarlos «franquistas» ¿ memoria histórica? . Lo que el C.I no da, un carnet del partido no lo concede»

 

Miguel

 

www.miguelaracil.com

 

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa