Un líder se hace y además nace. No es un fantoche. Alejandro Magno

 

 

En estos momentos en que pseudolíderes ( y » lideresas» ), políticos nos machacan con sus mentiras y beleidades, quizá sea hora de recodar a un gran líder militar y humano

 

, Alejandro sabía despertar la admiración en sus tropas. Combatía siempre en vanguardia, exponiéndose a ser herido, y lo fue varias veces. No solo por su coraje, sino también por sus gestos sabía atraerse el afecto y la lealtad de los suyos. Así lo recuerda la famosa anécdota, que nos cuenta Arriano, del penoso trayecto por el desierto de Gedrosia.

«Marchaba el ejército a través de la arena, bajo los rayos de un sol abrasador. Era preciso llegar hasta un lugar donde hubiera agua, y aún quedaba un largo trayecto. El propio Alejandro sufría una sed terrible, pero continuaba al frente de sus tropas entre grandes penalidades. Como suele ocurrir, sus hombres soportaban mejor las calamidades al ver que todos por igual, incluso el rey, las compartían»

Algunos soldados que se habían apartado un poco del resto del ejército a buscar agua «encontraron una hoya poco profunda, donde se había almacenado una pequeña cantidad de agua apenas potable. Recogieron ese poco y se la llevaron a Alejandro como quien le lleva un gran regalo. Y una vez ante el le ofrecieron el agua que traían en una casco. Él lo tomó en sus manos, dando las gracias a quienes se lo ofrecían, y una vez en sus manos, a la vista de todos, la derramó por la tierra»

Ante tal gesto, «todo su ejército recobro de nuevo los ánimos, hasta tal punto que cualquiera podría pensar que el agua derramada por Alejandro se había convertido en bebida para todas sus tropas. Y elogio este bello gesto no menos que otros, porque demuestra la resistencia y el espíritu de lo que según Alejandro debía ser un verdadero jefe.» (Anábasis de Alejandro, VI, 26)

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa