Siento PENA, TRISTEZA, RABIA, MIEDO…

 

Casi tres horas paseando por el centro de Barcelona.

Calles prácticamente vacías. Comercios, algunos de ellos centenarios, cerrados para siempre o, con el cartel de » liquidación por cierre».

Dos librerías de «viejo» que conozco desde chaval con el cartel de » En alquiler-Lloger»

Una visita por el antaño marabúntico y turístico Portal del Ángel. Prácticamente vacío si exceptuamos un par de pícaros profesionales, sin duda balcánicos por sus cartelitos stándar ( Tengo siete NINIOS i quiero dar de comer, que Dios te lo pagará» agachados y mirando de reojo a la espera que cayera alguna limosma de una gente que no se hallaba en la zona.

El Corte Inglés vacío ; incluso en la planta de «Montaña, caza y pesca» era yo el único paseante ante la mirada pasota y agria de tres o cuatro empleados.

De regreso a casa , la única cola de gente que he observado era junto a un Cash Convérter, típico negocio que aprovechan las penurias de los demás para ganar dinero abundante, pagando una miseria por algo que ellos venderán, en ocasiones, por diez veces lo pagado.

Casi una veintena de personas de distintas etnias y sin respetar distancia alguna esperaban para vender bicicletas, televisores y material vario. Caras amargadas, algunas pendencieras, discutiendo por quién iba primero. Apenas mascarillas. Me ha recordado escenas vividas en países muy lejanos del tercer Mundo hace décadas.

He sentido desazón.

Sólo he llegado a mi casa convencido de una cosa. JAMÄS volveré a ver en las calles la vitalidad que había visto en mi ciudad en estos 65 años de vida que llevo a mi espalda.

Y lo visto por mi, es extrapolable a cualquier lugar de España.

Qué el Destino nos coja confesados.

Sociedad quo vadis.

www.miguelaracil.com

 

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa