Repotero por el mundo. Asqueado y maravillado ante una oscura tumba nativa.

REPORTERO POR EL MUNDO
Llevaba varias semanas recorriendo distintos territorios y países de Mesoamérica.
Estaba fascinado por su arqueología, sus misterios por descubir sus paisajes. También asqueado de la, en muchas ocasiones, corrupta policía, sus comidas siempre picantes, sus «idealizados» guerrilleros zapatistas que, pude comprobar que al menos los que yo conocí, se trataba poco más que de mísera gente armada que no siempre se regía por ideales nobles, dirigidos desde Suiza por un vivales con dos «pelucos» Rólex ( que se hicieron famosos por algunas fotos) y, un » delegado» en Barcelona que resultó ser un vasco ( al menos al que yo conocí más tarde en Barcelona—calle Carretas—) politizado, extremista y anacrónico en todo. Los antiguos exguerrilleros de la ya pasada ( eso se pensaba y piensan algunos) guerra civil de Guatemala, metidos muchos a » guardas de seguridad» ( escopeteros) de ciertos bancos, en cuyas puertas parecían verdaderos forajidos de película de «espaguetiwester», o, sencillamente eran bandidos en toda regla.
Había una mezcha de fascinación, cierto cansacio, pero ante todo asombro por lo que veía.
Mis dos cámaras Nikkon sacaban humo (no existían las digitales) y mis blogs de notas se llenaban uno tras otro.
En el altiplano o zona montañosa de unos de esos pequeños y coloridos países, en el que me habían asegurado y hasta jurado que, en sus partes más remotas los sacrificios humanos entre los actuales descendientes de los mayas todavía no habían desaparecido, me acerqué a uno de sus cementerios.
Como persona bastante » viajada» pienso que, los mercados, cementerios y buses son el termómetro que te indica la temperatura y salud de los pueblos.
Me senté con algo de comida, peor todavía que la mejicana, en algo parecido a una tapia del camposanto. Mientras sacaba mi Victorinox (navaja suiza) con bloqueo para abrir algunas latas y botellas de birra peleona, pude ver a una familia numerosa sentada sobre una tumba oscurecida por los años.
Como ya había observado antes, cada tumba era de un color chillón distinto. Todo tenía su propia simbología sincrético y má spagano que cristiano.
Varios ojos desconfiados me observaban, entre miedosos y con cierto odio.
Comieron sobre la tumba,quemaron algo que me pareció copal y, tras hacer algún tipo de ritual , muy habituales entre aquella gente, se marcharon.
Al pasar delante de donde yo me encontraba, el que parecía el cabeza de familia me saludó ceñudo tocándose el ala del sombrero vaquero con una mano y, de su pequeño pero » chapo» cuerpo, pues apenas llegaba al 1,50 cm, pude ver que colgaba un enorme y herrumbroso machete de selva (lo mejor en esos lugares, nada de cuchillos de acero bohler , 440c, sanwick, 154cm. ni hostias) . El mío estaba junto a mi oculto y minetizado equipaje de espalda.
Me acerqué a una de esas tumbas y pude comprobar que, me encontraba en otro mundo. Un mundo totalmente distinto y anclado en el tiempo.
Ni mejor ni peor, sólo distinto
Huesos de animal allí sacrificados, sobre la negra tumba me lo confirmaron
Cuánto daría por recobrar la Libertad que tenía en esos tiempos y las mil ilusiones perdidas que jamás regresarán
El único consuelo es que, todo lo que he vivido en esta vida, la ÚNICA que vivimos y tenemos, no me lo quitará nadie, por muy poderoso que pudiera ser.
SOMOS Y NOS LLEVAMOS SÓLO QUE HEMOS VIVIDO.
Feliz tarde
www.miguelaracil.com

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa