Quien más casca es quien más tiene que callar…por lo general

Dicen que quién más habla es quien más tiene que callar.

Hace poco he visto un hombre de mi edad recogiendo trastos en un container de la calle Muntaner, cerca de mi casa.

Al mirarlo me he quedado un tanto “chocado” y mi mente ha viajado en el tiempo cuarenta y muchos años atrás. El pobre hombre era un vecino mío de toda la vida, de infancia y adolescencia, y una de las personas más desgraciadas que he conocido

Nacimos y crecimos ambos en una especie de pasaje o mini calle del barrio del Poble Sec ( sí, Serrat era vecino nuestro). Cuando en ese barrio vivían catalanes, o algunos ciudadanos del resto de España. Nada qué ver con lo que hoy vive en dicho pasaje.

En la pequeña vía urbana sólo había veinte números, por lo que nos conocíamos todos. Era como un pueblo. Para lo bueno y para lo malo.

A mi vecino lo conocíamos todos como “Jaumet el mariquita”, ya que en aquellos años 50-60 la palabra “gay” no se llevaba ( ni creo existiera). Como los niños son(somos) crueles, era motivo de mil burlas, y otras tantas hostias por parte de los otros chavales ( yo el primero).

Mientras todos jugábamos a romanos o indios y “americanos”, Jaumet jugaba con sus muñecas, y seguidamente se llevaba su repertorio de hostias “machistas” ¿? Al grito de “eres una nena, eres una nena”…

Pero a lo que vamos. Jaumet el mariquita, que al hacerse mayor pasó a llamarse en la calle “el maricón del Jaume” no conoció a su padre, Murió cuando tenía apenas dos meses. Su madre y un hermano mayor lo criaron con esmero.

La madre, que se consoló de la muerte de su esposo a base de copazos de Soberano, que en aquellas épocas decía la publicidad que “era cosa de hombres”, acabó, no siendo un hombre, pero sí con una cirrosos que se la llevó al otro barrio para gozo de los gusanos, pues estaba rolliza ( humor negro y de mal gusto para muchos).

Jaumet siguió en la calle con su hermano, que, bastante mayor que él, casó con una chica poco agradecida para que una mujer “llevara la casa” (eran otros tiempos)

Jaumet tomó mucho cariño a su cuñada y formaron una familia unida, Por desgracia un puto cáncer se llevó con veintitantos años a la cuñada. El hermano, viudo y muy joven siguió la tradición familiar en caso de viudedades y se agarraba de buena mañana a la “barreixa” (cazalla y moscatel)  y de día y  de noche al Terry ( cognac muy famoso por esos tiempos). Las transaminasas no perdonaron y dos años más tarde se fue a Montjuic a descansar en una caja de pino.

Jaumet se quedó más sólo y perdido que un tanga en Irán.

Ya tenía veintitantos años cuando mi amanerado vecino empezó a llevar a otros homosexuales a su casa. El patio, la minicalle, se puso a hervir de cotilleos ( antes no se hacíían homenajes a los gays ni lesbianas, era todo muy distinto).

Lo criticaban, le giraban la cara, le llamaban la atención ¿?¿?…casi todos. Eso sí, la mayoría alardeaba de “liberal” y “progresista”. Esta palabra empezaba a usarse en aquel tiempo.

Recuerdo uno de los últimos años, posiblemente el último, cuando ya habíamos decidido, por suerte para mí y mi familia, cambiar de barrio y desplazarme al Eixample Esquerra. Jaumet, que seguía con sus oleosas andanzas, trajo para Noche Vieja varios “amigos” a su casa…Aquello fue demasiado…los vecinos, escasos pero muy unidos, y bastantes de ellos del PSUC (ya teníamos “democracia”) lo pusieron a parir ¡¡¡esto ya parece Sodoma!!! Gritaba la “intelectualoide de la calle!!..¡¡¡ Quina vergonya!! (qué vergüenza) gritaba Jordi, que andaba de líder sindical “coquero” y “avanzado” de la Libertad…

Recuerdo que les pregunté con mala leche e indignado: “alguien de vosotros lo ha invitado para que no pasara la Noche Vieja sólo en casa”. Nadie respondió. Sentían terror de aquella “mariconada”…pero nadie se apiadaba de aquel chaval tan desgraciado y solo en la vida…

Y es que, quién más chilla es quién más tiene  que callar.

Siento haber visto así a Jaumet. Que por cierto, como era más guarro que el palo de un gallinero, mal lo veo saliendo de la crisis si es a costa de vender sus favores y encantos.

Ojalá el futuro sea para mi viejo vecino mejor que fue su puteadísimo pasado.

Amén