HAY TANTAS NAVIDADES COMO EDADES TIENE UNO O, MEJOR, ETAPAS EN SU VIDA

De niño las navidades eran algo realmente mágico para mi. Las celebraba con la pasión del que lo tiene todo en la vida. Mis padres, mi abuelo materno (los paternos me la traían floja), a mi perra ( «Linda» se llamaba) primero, mis gatos despues ( «Minina» y su cariñoso hijo «Bambi»). Mis amigos con los que jugar a soldaditos. Todo era mágico para mi
Un mal día de enero, yo no había cumplido los 6 años, mi madre me despertó llorando y me llevó a otra habitación. Miré a mi abuelo ( avi, yayo) que dormía siempre a mi lado en la misma habitación ( Poble Sec)…para jamás despertarse. Jamás comprendí por qué se había «ido al cielo» según me dijeron, sin despedirse. ¡una putada sin duda!
Las dos navidades siguientes ya no fueron tan mágicas, aunque, con apenas ocho años llegué a superar aquella primera pérdida y recuperar la ilusión por las navidades
Para mi fueron siempre alegres, incluso las que pasé bastante lejos de mi casa con uniforme o uniformes, pero siempres sabiendo que tenía una familia unida, aunque pequeña (mejor) y un futuro por delante.
Apareció la Parca de nuevo un 1980 y destrozó la magia otra vez.
Con el nacimiento de mi hija Elisabet
volvieron a ser mágicas y, la ilusión en los Reyes Magos, Papa Noel, Miki Mouse y su familia ( grandes amigo de mi hija y míos) las volvieron a llenar de magia e ilusión. Había familia unida, aunque distinta y, un futuro que disfrutar por delante.
Volvió a regresar la puta Parca y ya dió un golpe más que fuerte. Elisabet ya había dejado de creer en los Reyes Magos, Papa Noel, Miki Mouse y, aunque todo iba muy bien ( económica y laboralmente) la vida había cambiado. Quedaba menos ilusión, menos familia y menos futuro.
Con los años, al menos para mí, las navidades son cómo una pista americana que tienes que pasar, pero cuánto antes la termines mejor.
A mis 65 tacos ya no queda NADA de esa ilusión, de esa «magia navideña»
Son días de comer y beber más y, cómo un dolor de muelas o una ciática, esperar que pasen cuanto antes.
Eso no quita que, cuando veo o escucho por la calle o la TV a los niños y niñas hablar alegres sobre Papa Noel, Los Reyes Magos y demás, cierre los ojos y, por unos momentos, sonriendo tras la mascarilla, viaje por el tiempo para recordar, incluso RECUPERAR por unos segundos aquellos años de mágica Navidad.
Encima este año, desde hace diez días, tengo un nuevo vecino ( justo encima de mi despacho)el expresidente del Barça Jan Laporta (no es broma) 🙁
Este año es terrible en muchos sentidos. Lo único que espero, deseo, es que pase pronto y , como en años anteriores, que no suene mi teléfono y alguien de quien no sé nada hace años me felicite con compañerismo pasional. Seguro que, tras la » repentina felicitación» de aquel » missing» habrá algún favor que pedirme.
Es cada año la misma canción, que siempre regresa para Navidad, al igual que los anuncios gilipollas sobre perfumes hablados o susurrados en guiri.
Por eso me alegro y, hasta siento envidia, jamás sana, ya que, la envidia nunca es sana, de aquellos que, al igual que yo hace años, gozan de algo tan NUESTRO como son las Navidades.
Tempus fugit

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa