Hasta los mismísimos cojones.

Pese a mi ya popular mal genio, que según parece hasta me gusta, cómo bien lo indica el nombre de mi blog, soy de esas personas que el noventa y nueve por ciento de las mañanas, duerma o no lo haga, me levanto positivo y en ocasiones hasta parezco alegre.

Tras la ducha fría de siempre, sea verano o invierno, normalmente por las mañana hasta canturreo, en voz baja, para no despertar a la parienta que se levanta un poco más tarde.

Entre mis mil defectos no está el ser un » neura» ( conozco a bastantes) que un día está hecho una fiesta y al siguiente un entierro. No soy neura. Al menos en este sentido.

Pero cuando me levanto con mal pié, normalmente por que hay motivos, es mejor tenerme alejado.

Eso sí, son en esos pocos días «bordes» los que más lúcido estoy y más certeras son mis opiniones.

Hoy es uno de esos días

Aunque me encanta la lluvia y el viento ( si no he de bucear, claro), quizá el hecho de llevar ya más de dos días con la puñetera » Gloria» encima, me ha ayudado a levantarme de mala leche.

También ayuda, principalmente es éso, que, con el paso de los años, y cuando ves que la cosa se va terminando, das un vistazo atrás y ves que hay mucho pasado. Miras hacia delante y ves que queda poco y gris futuro.

Es entonces que miras los últimas semanas o meses y te dices ¡estoy haciendo el «julai«!( gilipollas en el argot barriobajero)

Quizá me haya pasado eso hoy al levantarme.

Cuando ves que el mundo editorial, al menos en el que nos movemos los que somos simples » humanos» va de mal a peor, tanto a nivel de autor cómo de pequeño editor, pues el mundo del libro en España, a menos que seas una » vaca sagrada» no da de comer cómo antes, tan siquiera de » malcomer». Cuando ves que en el mundo del periodismo freelance más de lo mismo o peor, pues la prensa escrita española ( y europea en general) está en coma irreversible y además, los esquiroles, que florecen cómo setas en otoño, se ofrecen para escribir gratis, acompañados por multiorgasmos de roedor por poder «fardar» en la red social de turno que han publicado tal o cual, y que sus seguidores pongan un baboso » qué envidia sana te tengo» o un pelotillero » felicidades, tú lo mereces«.

Cuando todo esto va acompañado de ver en ocasiones los finales de mes cómo verdaderas pistas americanas para fuerzas de élite, por lo difícil para llegar que son en ocasiones, te planteas muchas y crueles preguntas.

La primera es ¿ por qué coño tengo que ir yo ayudando gratis a gente ( no a los animales, que para mí son sagrados) que apenas o nada conozco y habitualmente me piden favores? ¿me los harían éll@s en caso contrario?

Qué gano yo dedicando mi tiempo a  honores y loores a gente que ya no está ( a menos que hayan sido amistades mías o tuviera una relación directa), si, en bastantes ocasiones sólo sirven cómo doble fondo para ciertos buscavidas. Lo he vivido esta misma semana y por tres veces consecutivas.

Qué gano yo mandando un reportaje gratis, aunque tengo guardados centenares ya publicados en mis archivos,  a publicaciones de » escuadra» (las leen cuatro y el cabo) que son el capricho de algún aspirante a director de cabecera ( revista) pero que ya tiene la vida resuelta con su trabajo habitual.

Qué gano yo, cuándo alguien a quién no conozco me contacta para que le haga ( gratis lógicamente) una ruta o un itinerario por una zona, región, país, o lo que sea, y que conozco y he narrado en mis libros o reportajes. Haca poco lo viví con un par de niñas pijas ( aunque supongo puretas)  y sus maridos.

Entre las cosas que más lamento cuando ya mi ciclo vital va terminando es no haber sido pesetero.

Mil defectos tengo, pero pesetero, por desgracia no ha sabido serlo.

Si alguien me pide hoy o mañana que vaya caminando a Santiago de Compostela descalzo para ayudar a una protectora de animales o asociación que a éllo se dedique, ahora mismo me saco los » calcos» ( zapatos en argot barriobajero) y cojo mochila y bordón ( y cuchillo, aunque sea una simple » Victorinox») y para allí pongo rumbo. ¿ Por qué? Pues por la sencilla razón que, los animales siempre han sido mis mejores amigos. Éllos no te joden o apuñalan por la espalda.

No es que yo haya estado falto de » amigos», ni mucho menos. Incluso los años que fui director de  revistas los tenía para dar, vender y regalar.

Pero yo prefiero otro tipo de amigos que, al menos para mi gusto , no abundan.

Cada vez, con el paso del tiempo, y más tras un año 2019 aciago a nivel familiar, aunque parece que sale el Sol por el horizonte, me vuelvo más solitario.

Cada semana hablo un rato, sea por teléfono o ante unas birras en mi despachp o en el Spa del Vampiro Cabreado, mi » santo santorum» al aire libre, con uno de mis escasos amigos.

Es profesor de dos universidades. Es la antítesis del científico » tópico» y » típico», que lo es  de sobras por su CV.

Más bien parece un ya casi reservista coronel de los SEAL y del SAS. Ambos  nos contamos nuestras penas y alegrías (estas últimas más bien pocas en los últimos tiempos) y ambos coincidimos, el más que yo últimamente, en hacer cierta vida anacorética.. Él con sus perros, yo con mis gatos. Ambos con nuestra afición a las armas blancas y la Naturaleza.

Él tiene que lidiar con decenas de alumnos en sus clases en la universidad. Yo, por suerte, trabajo en plan » lobo solitario» . Pero ambos, y creo que no somos los únicos, buscamos la soledad social cómo una forma de PAZ personal.

Para terminar pienso que, esa PAZ PERSONAL  e íntima que busco, que puede ir muy bien acompañada con perderme  varios días por los bosques con una mochila, un cuchillo, un miniequipo  y un » tarp» cómo refugio, o bien de horas de buceo por mi amado Mare Nóstrum, está totalmente reñida con esa práctica tan poco agradecida de hacer el julai. 

Por dicha razón querid@ lector, a menos que usted me conozca y tengamos amistad, no me pida muchos favores personales, ya que, a menos que estén por medio mamíferos de cuatro patas ( no mamónidos de dos) puede que, si estoy de buen día, lo más habitual, le diga que no. Si estoy de mala folla, cómo hoy, quizá tenga que recurrrir a la coprolalia.

No se lo tome usted a mal, estimad@ lector»; es que  a mi edad, uno ya quiere vivir tranquilo, aprovechar los días, las horas, los minutos, sin perderlas haciendo gratis el gilipollas para otros y, ante todo, disfrutar a solas ( o con mi mujer) de un buen libro leído en plena Naturaleza, un paseo por el bosque, una sesión de buceo en el Cap de Creus o, simplemente tomarme una birra con alguno de mis escasos amigos.

Quizá mañana no gaste tan mala leche y cambie de opinión, aunque lo dudo, pues soy persona de ideas fijas

Reciba mi más sincero (siempre soy sincero, otro de mis defectos) saludo

 

Miguel G. Aracil

 

 

 

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa