Ensayo: Brujería ¿Religión o liberación?

 

 

 

Elisabet Gómez ( periodista-Social Media)

 

Prólogo: Miguel G. Aracil

 

 

 

Por gentileza de www.editorialbastet.com

 

¿Qué se entiende por brujería?

 

En primer lugar, sería interesante mencionar los principales conceptos que diferentes grupos de personas tenían de la brujería antes de que la Dra. Margaret Murray (1863-1963), pionera en tratar la brujería como un fenómeno antropológico, nos abriera la mente mostrándonos unos conceptos totalmente diferentes de brujería a los antes conocidos. Entre otros méritos, cabe atribuirle a la Dra. Murray su gran importancia como egiptóloga además de la realización de diversos estudios sobre los orígenes de distintos tipos de culto (gracias a los cuales proporcionó una nueva visión de la brujería).

 

Los primeros historiadores en estudiar la brujería consideraron a los brujos y brujas como personas enfermas que padecían de histerismo y neurosis.

 

Por otra parte, los folkloristas opinaban que los practicantes de la brujería eran personas directamente relacionadas con el ámbito rural, las cuales solían ser de carácter inofensivo pero, que debido a su lejanía del resto de la gente, eran poco sociables y comunicativos, motivo por el cuál se les trataba de “ásperos”. Pese a que la opinión de los folkloristas no era tan menospreciable como la de muchos otros grupos, sí que consideraban a los brujos y brujas como gente aficionada a la preparación de pócimas con finalidades maléficas.

 

En tercer lugar, contaríamos con la opinión de los ocultistas, quienes, muy aficionados al Crepúsculo Celta, consideraban la brujería como una prolongación de dicha cultura que tenía como única finalidad las artes de adivinación.

 

En cuarto lugar, encontramos la opinión de las escuelas esoteristas, de las cuales cabe destacar dos: la de Montague Summers y la de Aleister Crowley. De ésta última, debido a su considerable importancia dentro del ocultismo y esoterismo y, además, de la gran representación para el ámbito de las ciencias ocultas que tuvo A.Crowley, debemos hacer una pequeña reseña:

Esta Escuela abarcó a todos los seguidores de la ideología de, como su nombre indica, su fundador, el ocultista irlandés, Aleister Crowley (1875-1947).

El también llamado Maestro Therión fue miembro de diferentes órdenes esotéricas y ocultistas hasta fundar, en 1905, su propia escuela. Es importante decir que la mayoría de conceptos relacionados con dicho personaje son de carácter satanista y estuvieron muy vinculados a la magia sexual. Uno de los factores más relevantes de Aleister Crowley es el hecho de definirse a sí mismo como “el hombre más malo del mundo” y hacerse llamar “La Bestia 666”.

 

Ambas escuelas mencionadas compartían su opinión sobre la brujería  la cual relacionaban directamente con el satanismo y la magia negra.

 

Ya en último lugar, nos quedaría hablar de la opinión generalizada del pueblo a quienes, guiados a veces por unas ideas impuestas a la fuerza u, otras veces, por la incultura, el hecho de hablar de brujería les hacía venir a la mente la imagen de una mujer con un sombrero negro montada en una escoba y acompañada de un gato o un sapo a los que calificaban de “malignos”, por no hablar de los que sólo pensaban en la figura del Diablo o aquellos más incrédulos para los que las brujas no eran (o son) nada más que un personaje más de mitos y leyendas…

 

También es de destacable importancia la vinculación establecida por la Dra. Margaret Murray entre la brujería ritual y el culto diánico  el cuál, como su nombre indica, nos haría entender los rituales y prácticas brujeriles como la adoración a la diosa romana Diana (identificada con la Artemisa griega), hecho que definiría la brujería como un culto puramente lunar.

 

Así pues, como hemos podido comprobar, el concepto de “bruja” es distinto según cada fuente que consultemos.

 

Uno de los objetivos de este libro es, sin duda, hacer llegar al lector una imagen diferente de todos y todas los practicantes de brujería (ya que no todo fueron mujeres) e intentar demostrar que, quizás, no eran gente tan diferente ni lejana a nosotros ya que todo se debe al contexto social e histórico del momento que vivieron.

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¿Quiénes eran las brujas?

 

Para dar entrada a este apartado, sería importante dejar dos puntos claros para que estas páginas tomen sentido:

 

  1. En primer lugar y, como hemos dicho sólo unas líneas atrás, no todas las practicantes de brujería fueron mujeres pero sí la gran mayoría. Concretamente el 75%. Es por eso que en este escrito se hará referencia casi siempre a las brujas. Así pues, el lector ya queda informado que también hubo brujos pero que, debido a su bajo porcentaje, acostumbraremos a hablar siempre en femenino de dichos personajes. A nivel de curiosidad y, como parte de la introducción es interesante destacar que en Rusia y Estonia este hecho se produjo a la inversa y la mayoría de practicantes de la brujería fueron hombres; según algunos investigadores, entre los cuales hemos de destacar el nombre de William Monter, esto se debe a que estaríamos hablando de una brujería totalmente distinta a la que vamos a hacer referencia en estas páginas, resumiendo, otro tipo distintito de herejía.

 

 

  1. En segundo lugar también sería importante dejar claro que aunque la mayoría de factores y características que se tratarán en estas páginas tienen una relación directa con la adoración al Diablo, no es una realidad que todas las prácticas brujeriles estuvieran relacionadas con él ni con el satanismo.

Muchas de las personas que practicaban la brujería tenían como único objetivo desmarcarse de la sociedad y que, por algún tiempo, pudieran gozar de esos placeres que estaban prohibidos (por las Iglesias, principalmente) como podía ser el baile o, hasta en algunos casos, la risa.

Es por eso que a lo largo de estas páginas intentaremos dar una imagen tan abierta, extensa y objetiva como sea posible y procuraremos hacer comprender que, todas esas personas, llamadas brujos o brujas, que tuvieron el valor de saltarse las normas para gozar de su vida, y que fueron tan mal considerados y marginados por la sociedad (además de estar perseguidos), quizás ahora, en su situación, serían muchos más y, hasta puede que muchos de nosotros seguiríamos sus mismos pasos intentando desafiar y enfrentarnos a todo aquél que quisiera privarnos de nuestra libertad…

Ya aclarados estos dos puntos, vamos a seguir con el tema de la “mayoría femenina”. Para acabar de centrar esta cuestión, es destacable ver las dos posibles explicaciones a este hecho:

 

La primera de ellas nos habla de que era más fácil que fueran las féminas las que llevaran a cabo las prácticas brujeriles ya que tenían muchas más ocasiones de practicar la magia nociva si ejercían en ocupaciones como la de curandera, comadrona y, hasta en algunos casos, cocinera. Realizando este tipo de tareas, era muy probable que se pudiera preparar algún tipo de pócimas, hechas a base de hierbas, para suministrarlas a los enfermos.

 

La segunda explicación es mucho más simple y más probable, y nos dice que si las mujeres tenían más tendencia a hacer uso de la magia era por el hecho de que no tenían  ningún tipo de poder (ni físico, ni político) y, gracias a lo que pudieran conseguir con las prácticas brujeriles, se sentían más protegidas y, además, podían usar su magia como herramienta de venganza.

 

Posiblemente, cuando oímos hablar de brujas, la idea que nos viene a la cabeza es la de una mujer de avanzada edad y, de esta manera, así se ha establecido el estereotipo. Es muy probable que esto sea consecuencia de que la mayoría de mujeres que ejercían como comadronas o curanderas (rápidamente denominadas “brujas”)  fueran mayores, factor muy lógico si consideramos que estas tareas se basan en la experiencia. Lo curioso es que, si nos guiamos por este estereotipo, descartamos automáticamente la otra idea de bruja que nos viene marcada por un concepto básicamente sexual y relacionado con el diablo, el cuál se presentaba en forma de joven atractivo a una futura bruja.

Dejando que cada uno tome como cierta la opción que crea más conveniente y a partir de aquí cada lector cree su propia imagen de “bruja” para sumergirse en la lectura de este libro, sí que consideramos importante remarcar que, según diversas fuentes, las primeras brujas perseguidas y condenadas fueron chicas jóvenes cuya edad oscilaba, como máximo, entre los veinte y los treinta años; aun así, este dato no tiene porque influir en la visión general de los practicantes de brujería ya que es muy probable que este hecho se debiera a la debilidad mostrada por las jóvenes chicas acusadas y sentenciadas.

 

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Magia, hechicería y brujería

 

Es importante aclarar la diferencia existente entre los conceptos “magia”, “hechicería” y “brujería”; aunque dichas palabras comportan una serie de ideas relacionadas con cada una de ellas es de gran importancia exponer que, por mucha documentación de la que dispongamos, la última noción aportada por cada uno de estos conceptos siempre tendrá un “toque” subjetivo aportado por el autor, algunos matices añadidos que, aunque no hagan cambiar la idea aportada, si la pueden definir de manera diferente.

Empezando por el concepto de magia, quizás el que nos suena más “familiar” o popular y, a su vez, el más extendido en cuanto a ideas, se podría definir este término como el conjunto de recursos empleados para conseguir poderes extraordinarios con el objetivo de dominar el mundo o la naturaleza.

El supuesto origen de la magia puede variar según distintas fuentes; entre ellas, cabe destacar las dos más importantes:

 

  • Antiguos rituales paganos supervivientes (según la teoría del antropólogo Frazer)
  • Culto a la fertilidad (según la Margaret Murray)

 

Hace falta exponer que para hablar de  “magia” y todas las ideas y percepciones que este término designa, tenemos que aclarar que ha sido una palabra que, con su evolución, se separó de otros significados con los que hoy en día apenas existe   relación alguna entre ellos. En sus inicios, los límites entre los conceptos de magia, ciencia y religión no quedaron bien definidos pero, más tarde, una serie de matices como la razón (y por consecuente la fe) y, principalmente, la diferenciación entre la cultura sabia y la cultura popular, provocaron que los tres conceptos mencionados tomaran significados muy distintos.

La cultura sabia, comprendida por los altos estamentos y la parte intelectual de la sociedad, opinó, desde el siglo XIII, que la concepción de la magia estaba relacionada con la brujería y la hechicería (ambos términos englobados, a su vez, bajo la idea de superstición)

La principal diferencia entre estos dos conceptos la encontramos en que la brujería cuenta con la presencia del diablo, a través de un pacto, como recurso de mediación y, por el contrario, la hechicería carece de dicha presencia.

Por otro lado, la cultura popular, formada en su totalidad por el pueblo (como su nombre indica), diferenció entre brujería y hechicería, no sólo por el matiz acabado de exponer sino por los instrumentos utilizados en sus prácticas rituales.

De este modo la cultura popular definió:

La hechicería como una práctica que se basaba en la utilización de materiales empíricos (principalmente hierbas).

La brujería como un conjunto de actividades basadas en la imaginación y la sugestión.

Dentro de esta clasificación (si es que puede ser llamada de tal forma), se tiene que matizar que cuando los europeos modernos hablaban de brujería también tenían presente que esta práctica partía desde la base de dos características o actividades:

 

  • La práctica de la magia negra (realización de maleficios para provocar infortunios de todo tipo)
  • La relación entre las brujas y el diablo (al cuál le rendían culto)

 

La opinión del pueblo era, como podemos observar, nefasta debido, en gran parte, a la dogmatización que las diferentes iglesias cristianas habían llevado a cabo durante mucho tiempo.

 

Evolución de la brujería

 

Dos grandes ideas contribuyeron en el desarrollo de la brujería:

 

  1. La adoración a las fuerzas consideradas origen de la nueva vida.
  2. El miedo a la muerte.

 

La primera de estas ideas se relacionó con la fecundidad y fue representada por una diosa de carácter femenino, ya que tiene que ser una hembra la que dé a luz a cualquier tipo de símbolo de vida

Considerando la brujería como una “religión” ritualista, hemos de destacar que este tipo de práctica era muy frecuente ya en tiempos inmemoriales y que, por lo tanto, estaríamos hablando de una creencia que a lo largo del tiempo ha ido recibiendo diferentes nombres, pero siempre ha tenido unos mismos objetivos. La prueba de este hecho es el hallazgo hecho en Ariège (Francia), donde se encontró una pintura que fue pintada en el fondo de una cueva, en dicha población, se cree que hace unos 12000 años aproximadamente. Dicho grabado representa a un hombre, vestido con pieles y llevando unas enormes astas, que se encuentra rodeado de animales.

Esta pintura, de función puramente religiosa, es la prueba que el hombre paleolítico creía que el hecho de asociarse con los animales cazados (vistiéndose con sus pieles) era una ofrenda para los dioses, los cuales, como recompensa, le ayudarían en sus futuras cazas. De dicha creencia, a partir de la figura del hombre astado (como el representado en la cueva de Ariège) nacerá el concepto del Dios “cornudo”, imagen que se ha encontrado simbolizada en muchos países a lo largo de la historia (entre ellos, los de Asia Menor, Egipto, Roma, Grecia y los que formaban parte del Mediterráneo). Al principio, el dios astado no era más que otra de las deidades a las cuales los pueblos y civilizaciones politeístas adoraban pero, más tarde, se convirtió en símbolo del sexo masculino y de aquí surgió la aparición a las deidades masculinas.

 

Por el contrario, la aparición de la deidad femenina no está tan clara, aunque sí se sabe con certeza que estuvo situada en el Paleolítico. Algunos especialistas afirman que esta figura empezó a tomar importancia cuando, gracias a las tareas campestres practicadas por mujeres, nació la agricultura.

A partir de ese momento, la diosa madre (o diosa mater) ha sido representada de diversas maneras y ha recibido distintos nombres variando, cada uno, en relación a la zona o cultura; aun así, todos esas deidades  tienen en común la representación de la fecundidad y, como consecuencia, el atribuirles la creación de la tierra.

 

Prácticas sexuales en los rituales religiosos (a modo de aclaración)

 

En muchos pueblos antiguos se practicaba el sexo en rituales y, siguiendo esta costumbre, las mujeres seguidoras de la brujería, también lo hacían; es importante decir que dicha costumbre no estaba mal  vista en su momento ya que no se realizaba de forma obscena sino porque, aunque los ritos religiosos cambiaban según las circunstancias y necesidades de la gente, el propósito siempre era el de potenciar la fuerza creadora y la fertilidad (tanto a nivel de la agricultura y la ganadería como de procreación humana).

Fueron los sacerdotes quienes, por primera vez, relacionaron la religión con la moral desencadenando, por lo tanto, en atribuir el calificativo de “inmoral” a todo aquél que, siguiendo unas normas religiosas, practicaba sexo en los rituales.

Contrariamente a otras religiones, en la brujería (si es que se puede considerar como tal) nunca se ejercitó la prostitución con la finalidad de entregar el dinero recaudado a la divinidad o divinidades adoradas; aun así, durante los sabbats medievales se llevaban a cabo prácticas sexuales para procrear.

Para conocer el origen de dichos actos debemos retroceder hasta tiempos remotos cuando el hombre aun no tenía conocimiento alguno sobre los cuidados necesarios para cultivar plantas y, como consecuencia de esta ignorancia, creía en la realización de rituales con la finalidad de que los vegetales dieran fruto.

Los ritos practicados se hacían en honor a la madre naturaleza y, en ellos, se realizaban todo tipo de prácticas sexuales que, actualmente, serían consideradas como orgías. Dichos actos se practicaban en diversas zonas y aunque podían variar de fecha, siempre coincidían con la primavera y el otoño, factor que dio paso  a que, aun hoy, dos de los días más importantes para el calendario cristiano sean el primer día de mayo y de noviembre, festividades que, dependiendo del lugar, cambian de nombre (especialmente la última) pero tienen un mismo significado.

 

Relacionado con el tema de los rituales encontramos que una de las principales características de la brujería es el desnudo; así pues, las brujas asistentes a los sabbats asistían, a menudo, descubiertas. Esta costumbre  tiene su origen en viejas religiones; de la misma manera, los judíos ya danzaban sin ningún tipo de prenda alrededor del Becerro de Oro (representación del Dios egipcio Apis) rememorándolo como símbolo sexual de la fecundidad de Egipto.

 

Actividades brujeriles

 

Partiendo ya de conceptos diferentes de brujería, al hablar de las actividades brujeriles nos volvemos a encontrar con diferentes matices según nos fijemos en la explicación u opinión de la cultura popular o de la cultura sabia.

La primera de ellas estaba preocupada por las prácticas brujeriles que se llevaban a cabo ya que, en muchos casos, el pueblo era el principal perjudicado y, como consecuencia, se acabó por relacionar automáticamente el concepto de brujería con el de “maleficios” y, por lo tanto, se juzgaba y condenaba a los brujos y brujas por dicha causa sin analizar el caso en concreto.

La cultura sabia, en cambio, estaba realmente preocupada por la relación que la práctica de la brujería guardaba con el diablo (no olvidemos que una gran parte de los componentes de este grupo eran miembros de la Iglesia) y los pecados que con él se realizaban ya que se creía que la herejía de las brujas había llegado a ser más deliberada y organizada y, consecuentemente, representaba una amenaza social, política y económica ya que las libertades de las que gozaban los brujos y brujas podía llegar a captar a una gran parte de la población quienes, guiados por un nuevo culto, podían dejar de banda las doctrinas oficiales en busca de nuevas experiencias.

 

Características de la brujería (aspectos fundamentales)

 

Después de hacer una recopilación de diversas fuentes, podríamos decir que para hablar íntegramente de brujería, ésta tiene que cumplir con cuatro puntos esenciales:

 

 

  1. El pacto con el diablo
  2. El aquelarre

 

  1. Los vuelos
  2. La metamorfosis

 

 

 

 

  1. El pacto con el diablo

 

Como anteriormente hemos dicho, el pacto con el diablo era una de las dos características que los europeos modernos atribuían a las prácticas brujeriles y, además, se convirtió en una de las cuatro características básicas de la brujería.

La idea clave sería que los brujos y brujas hacían un pacto con el diablo al cual le ofrecían servicios y la potestad de su alma después de la muerte y, a cambio, este último les proporcionaba salud y otro tipo de poderes mientras estuvieran en vida.

De estos casos, nació la imagen de brujería como una práctica nociva, idea que no se difundiría por Europa hasta el siglo IX o X (diferente según la zona).

 

  1. El aquelarre y los sabbats

 

Desde finales del siglo XVI hasta, aproximadamente, 1640, la palabra aquelarre se utilizaba en toda la Península Ibérica; más tarde, tras la independencia de Portugal, pasa a emplearse solamente en España (extendiéndose también hacia Euzkadi Norte) mientras que en el resto de Europa se usa, para definir el mismo idea, el término sabbat.

Aquelarre es una expresión de origen vasco (akelarre) que significa literalmente “llano del macho cabrío”. Se denomina con este nombre a las reuniones regulares y establecidas que celebraban los brujos y brujas de toda Europa con finalidad mayoritariamente lúdica y no teniendo siempre como función principal la adoración al diablo. El número de participantes en estas celebraciones variaba según las zonas en que se realizase pero es remarcable que las diferencias llegaban a ser abismales, ya que en España podíamos encontrar un promedio máximo de entre 200 y 300 participantes (número que aun se reducía más si nos centramos en Cataluña) mientras que en Europa Central (principalmente en la Selva Negra) se celebraban aquelarres (sabbats en este caso) de hasta 18000 o 20000 participantes. Por lo tanto podemos decir que una de las principales diferencias entre los sabbats y los aquelarres era el número de asistentes.

Brocken (el pico más alto de los montes Harz, Alemania) fue el lugar más famoso de celebración de sabbats en toda Europa. Fue allí además donde transcurrió la escena del sabbat detallada por Goethe en su obra Fausto.

Las dos celebraciones brujeriles más famosas que tenían lugar durante el año eran las de la noche del 30 de abril (noche de Walpurgis) y la del 31 de octubre (Halloween, víspera del Día de Todos los Santos).Aun así, también eran de una importancia destacable las noches del 1 de febrero (víspera de la Candelaria) y 31 de julio (Fiesta de la Cosecha).

Por último es importante destacar que uno de los tópicos más extendidos de los aquelarres y sabbats, el sacrificio de niños, es falso casi en su totalidad, ya que son muy pocos los casos que se conocen sobre el tema y, entre estos, la mayoría tuvieron lugar en Inglaterra.

 

3.Los vuelos

 

La creencia en la realización de “vuelos” por parte de las brujas empezó para encontrar una explicación al hecho que pudieran trasladarse cientos de kilómetros para asistir a los aquelarres o que llegaran a lugares desconocidos y secretos sin que nadie detectara sus movimientos.

A menudo se representaba a las brujas volando gracias a las fuerzas del viento o bien por sus propias capacidades y fuerzas, pero a partir de que se informó del uso de ciertos productos para volar se llegó a la conclusión que los “viajes” realizados por los brujos y brujas eran propiamente alucinógenos. Para confirmar dicha teoría, contamos con los experimentos que se realizaron durante el siglo XX en los cuales, reproduciendo antiguas recetas, se pudo comprobar que muchos de los ungüentos utilizados contenían atropinas y otros sustancias tóxicas las cuales, en contacto con la piel, tenían efectos alucinógenos y provocaban fantasías, euforias, y extraños sueños que daban lugar a algunas de las experiencias vividas por las brujas.

 

4.La metamorfosis

 

En último lugar, y relacionado directamente con el fenómeno de los vuelos, encontramos la metamorfosis. El término se usa para designar la supuesta transformación que realizaba una bruja para convertirse en un animal (generalmente un lobo) y poder desplazarse y viajar de forma discreta.

Este fenómeno nunca ha sido aceptado como un hecho real ya que nunca se encontraron pruebas que demostrasen que una bruja pudiera llevar a cabo dichas transformaciones. Una de las pocas personas que sí creyó en esta idea fue el médico francés Jean Bodin (siglo XVI). Aun así, por lo general, la mayoría de intelectuales de la época moderna relacionaba la idea de la metamorfosis con una consecuencia más de los alucinógenos ingeridos por los practicantes de la brujería.

No obstante tenemos que hacer referencia que en algunas zonas de Europa se juzgaron y sentenciaron a varios lobos creyendo que eran brujas; afortunadamente, este tipo de casos fueron pocos y puntuales y, por lo general, la acusación de metamorfosis no apareció con frecuencia en los juicios.

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ENEMIGOS DE LA BRUJERÍA

La persecución de brujas

 

 

Cuando hablamos de “caza de brujas” acostumbramos a pensar, erróneamente, en un grupo de gente (para muchos, sea la fecha que sea, llamado Inquisición) alrededor de una hoguera, quemando a una señora de más bien avanzada edad, cara fea, y normalmente abrazada a un gato negro, a la que entre gritos y bramidos califican de “bruja”. Pero, en realidad, las persecuciones de brujas, fueron mucho más allá de unas simples hogueras.

Mientras nos documentábamos para realizar este trabajo, pudimos comprobar que, cuando leemos información sobre el tema ahora tratado, muchos autores sitúan los hechos en épocas históricas diferentes, esto se debe a que, como ya comentamos en otros apartados, la brujería practicada en algunas partes de Europa, era totalmente distinta a la entendida en los países de Europa Occidental.

Aun así, hay una idea clave con la que todos los escritores e investigadores del tema, independientemente de su procedencia, han estado y están de acuerdo: las persecuciones de brujas siempre se llevaron a cabo en momentos en que la aparición de nuevas ideologías amenazaba la autoridad de la Iglesia, es decir, siempre que ésta veía en peligro su hegemonía.

En términos generales podemos decir que ha habido tres grandes olas en las cuales las persecuciones de brujas han sido muy intensas pero, antes de empezar a explicarlas, tenemos que aclarar que, ya desde el siglo IV, momento en que Constantino el Grande lleva a cabo la oficialización del cristianismo, acción con la cual este último pasa de estar “perseguido” a ser “perseguidor”, empiezan a ser acechadas y, muy a menudo, castigadas, todas aquellas personas que se apartan de la ortodoxia marcada por la Iglesia, es decir, todos aquellos a los que se les podía acusar de herejes o heterodoxos.

La primera de las olas de persecución y, de las tres citadas, la de menor importancia, es la que tuvo lugar a principios del siglo XIII cuando, coincidiendo con el momento de mayor auge de la herejía cátara, también mal llamada “albigense”, la Iglesia decide barrer todo signo de heterodoxia y herejía incluyendo, entre estas, lo que actualmente llamamos brujería y creando, para ello, La Inquisición.

 

Tenemos que destacar que esta primera persecución masiva de brujos y brujas se limitó a la parte más meridional de Europa, coincidiendo, lógicamente, con los enclaves dónde la herejía cátara había tenido un mayor asentamiento.

 

La segunda serie de fustigaciones contra los practicantes de brujería, tuvo lugar en el siglo XV; como ya sabemos, este periodo vino marcado como una época de transición. El fin del mundo medieval, sumado a los destacables hechos que recientemente habían sucedido como pudieron ser la peste negra, problema tanto social, como político y económico que acabó con gran parte de la población europea, o la Guerra de los Cien años (1337-1453) la cual se podía considerar como una verdadero conflicto bélico europeo (ya que se extendió por numerosos reinos de la antigua Europa), además de un importante desarrollo del nacionalismo, dio paso a un siglo de desilusiones y dudas (entre las cuales, algunas afectaban directamente a  la Iglesia poniendo en duda, de nuevo, su autoridad).

Fue entonces  cuando la justicia, prácticamente dominada por los poderes políticos y eclesiásticos del momento, pone en marcha una importante caza de brujas que se prolongaría hasta dar paso a una tercera ola de persecuciones.

 

Los linchamientos de los siglos XVI y XVII, los cuales eran una prolongación del siglo anterior, formaron el tercer, y podríamos llamar último, gran exterminio de brujas.

Los cambios ideológicos provocados por el Renacimiento y la Reforma derribaron en una parte importante los esquemas ortodoxos del catolicismo, provocando que la Contrarreforma y los protestantes (entre ellos los anglicanos, calvinistas, puritanos y luteranos) quemaran y colgaran a herejes y brujas con una postura aun más radical e integrista de la que, hasta entonces, habían practicado las autoridades católicas.

 

Ahora que ya conocemos las tres olas más importantes de las cazas de brujas, podemos dar paso a una breve explicación sobre la procedencia de las sentencias y escarmientos aplicados a las víctimas de estas persecuciones.

 

A lo largo del tiempo, los castigos impuestos a aquellos que eran acusados de brujos o brujas variaban según el momento o la condición social; de este modo, una persona condenada por practicar la brujería podía ser colgada, condenada a cadena perpetua y, en algunos casos quemada (aunque la “muerte en la hoguera” no llegó a llevarse a la práctica tantas veces como la gente cree). Veamos ahora las tres fuentes de donde podían provenir las penas aplicadas:

 

  1. La ley eclesiástica: era, sin duda, la más cruel a la hora de imponer los castigos; como ya hemos comentado en otras ocasiones eso se debe a la ira y el rencor que provocaba a la Iglesia el hecho de que las brujas practicaran una religión “no oficial” que, además, podía llegar a gustar a gran parte de la población los cuales, una vez abrieran los ojos, podían “convertirse”.

 

  1. La Ley civil: Estaba en manos de lo que ahora llamaríamos, simplemente, justicia; es decir, cuando alguien era acusado de brujo o bruja se le aplicaba un castigo según las leyes establecidas al respeto por el estado.

 

  1. La ley de linchamiento: la ponían en práctica lo que podríamos llamar el “populacho”, es decir, una serie de personas a las que, aunque les daba igual el hecho de que una “bruja” hiciera pócimas y viviera aislada en una cabaña, si que les molestaba y provocaba el motivo para condenarlas el hecho de que según se contaba (y, normalmente, quien lo hacía era la Iglesia), las brujas fueran las causantes de las tormentas, nieve y granizos que malechaban sus cosechas.

 

De estas tres fuentes, podemos comentar a modo colectivo que la primera de ellas, la ley eclesiástica, fue en casi todo momento (a excepción de los últimos años en que se habla de brujería) la de mayor influencia; tiempo más tarde, las condenas impuestas por la Iglesia se verían reemplazadas por las leyes civiles, surgidas de una Europa que, una vez terminado el feudalismo, tenía, generalmente, una sociedad más estructurada. Por último la ley de linchamiento sólo actuó en los años en que la población se veía gravemente afectada por el fenómeno de la brujería y, además, lo hizo siempre de forma ilegal.

 

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LA INQUISICIÓN: persecución y caza de brujas

 

Según su definición enciclopédica, la Inquisición fue (citamos textualmente) << La institución judicial creada por el pontificado en la edad media, con la misión de localizar, procesar y sentenciar a las personas culpables de herejía.>>

Aun así, cuando hablamos de este término nunca pensamos en que hubo dos tipos de Inquisición en periodos distintos que, eso sí, tenían en común que ambos aparecieron en momentos en que la iglesia veía amenazado su poder y autoridad.

Hablaremos en primer lugar de la “Antigua Inquisición”, creada en el siglo XII  y que tuvo como principal objetivo la persecución de cátaros, los cuales, como consecuencia de sus pensamientos, encajaban perfectamente en el concepto que la Iglesia tenía de “hereje”.

Siglos más tarde, y después de una época que podríamos llamar de “transición” en la cuál la Inquisición no hizo grandes matanzas, llegará, en el siglo XV, la llamada “Nueva Inquisición” la misma organización que trescientos años antaño pero ahora centrada en la persecución de brujas y de judíos.

Por último, después de ver el comportamiento y las actuaciones llevadas a cabo por esta institución eclesiástica, haciendo un breve estudio sobre sus los procedimientos usados por esta institución, haremos referencia, mediante el análisis de una tabla estadística, a la Inquisición española la cual, a diferencia de la medieval, se fundó legalmente en el año 1478 (a propuesta del rey Fernando V y la reina Isabel I) y desapareció por completo en el año 1843.

 

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La Antigua Inquisición

 

Desde el siglo IV, momento en que el cristianismo es considerado religión estatal en el Imperio Romano, los herejes empezaron a ser castigados por el Estado, principalmente si sus actuaciones había alterado el orden público.

 

Cientos de años más tarde, concretamente en el siglo XII, la aparición de nuevas herejías hizo replantearse las penas a aquellos que fueran contra la religión oficial y, para ello, se creó una organización que pudiera aplicar dichos castigos.

Para tal función, el Papado, a cargo en ese momento de Inocencio III (Pontífice desde el año 1198 hasta el 1216), decidió fundar un grupo eclesiástico que guardara la ortodoxia religiosa. Fue en ese preciso momento que tuvo lugar la creación de la Inquisición, aunque no sería hasta 1231 que con los estatutos Excommunicamus del papa Gregorio IX se constituiría legalmente. La organización y el desarrollo de dicha orden le fue encargada a Santo Domingo de Guzmán (1170-1221).

 

Esta decisión afectó principalmente a los cátaros, un conjunto de sectas heréticas cristianas quienes, en el siglo XII, vivían un momento de gran influencia en Bulgaria, Albania y Eslovenia. El término “cátaro” proviene del griego (Katharos) y significa “puro”. Se supone que los cátaros fueron el resultado de la unión, a través de los siglos, de novacianos (secta formada en el siglo III), paulicianos y bogomilos (estos últimos los más influyentes). Dicha “herejía” criticaba la lujuria y la opulencia en que vivían obispos, cardenales, papas y gran parte del clero. Por este motivo, por sus críticas y su particular visión de la Iglesia, los cátaros fueron, hasta finales del siglo XIV (momento en que desaparecieron por completo), el blanco constante de las persecuciones eclesiásticas.

Además de la herejía cátara,  la Antigua Inquisición también aplicó gran parte de sus sanciones, escarmientos y condenas a los valdenses, los miembros de un grupo cristiano, creado en la segunda mitad del siglo XII por Pierre Valdo, que se oponía a la autoridad eclesiástica.

 

La Nueva Inquisición

 

Coincidiendo con los primeros años del Renacimiento, en España en particular, empieza una verdadera cacería de “nuevos” herejes, siendo los más perjudicados las distintas comunidades judías que se encuentran repartidas por toda la Península Ibérica, donde los actos de la Inquisición, en esta etapa también llamada “el Santo oficio” o la “Chicharra” (debido al “achicharramiento” de víctimas que se llevó a cabo), coinciden con verdaderos “progroms” efectuados por la población, y en algunos casos intrigados por las autoridades eclesiásticas. Pero junto a las razzias que sufren las comunidades hebreas, también los grupos reales o supuestamente brujeriles sufren la persecución de la Inquisición, que a partir del siglo XV y, hasta muy entrado el siglo XVII, será un verdadero “martillo de herejes”.

De todos modos, podemos asegurar que la cacería de brujas en España fue mucho menor que la llevada a cabo en otros países europeos, entre los cuales se encontraban, principalmente, aquellos sometidos a la doctrina protestante o calvinista.

En España si exceptuamos algunos procesos muy famosos como los de Zugarramundi (Navarra) llevados a cabo en el norte peninsular, el celo de la Inquisición va dirigido hacia criptojudíos y en algunos casos los marranos ( musulmanes que habían adoptado, recientemente, la fe cristiana).

Para vergüenza de los españoles, la Inquisición en nuestro país se mantuvo hasta 1843 (primer año del reinado de Isabel II), tras un primer intento fallido de los liberales en las Cortes de Cádiz, en 1812.

 

Procedimientos

Aunque los castigos a los que eran sometidos las víctimas de la Inquisición eran, generalmente, crueles, si alguien decidía ir a confesar al Tribunal de la Inquisición su delito, la sanción aplicada sobre él era mucho menor que la aplicada sobre las personas a las que se había de juzgar y sentenciar. Para llevar a cabo dicha confesión, el culpable tenía un tiempo, llamado “periodo de gracia”, que duraba  aproximadamente un mes; una vez terminado dicho transcurso, empezaba el verdadero proceso. Si, como acabamos de decir, se daba el caso que el sospechoso confesaba su culpabilidad, el máximo castigo que este podía recibir era una peregrinación, un suplicio público, una multa o cargar con una cruz.

Si el Tribunal de Inquisición decidía procesar a una persona sospechosa de herejía, el prelado del sospechoso, cardenal encargado de acusar a la víctima, es decir, lo que actualmente llamamos un “fiscal”, publicaba el requerimiento judicial. Aquellos que se negaban a obedecer los requerimientos eran buscados por la policía inquisicional y, a la vez, se prohibía que nadie pudiera darle asilo en su casa ya que, en el caso de que esto sucediera, la persona que había alojado al condenado, también era castigada.  Una vez los acusados eran localizados (en caso de haberse ausentado intentando evitar el juicio), recibían una declaración de cargos contra ellos.

Durante bastantes años, el hecho de denunciar a alguien a la Inquisición fue algo muy común ya que el nombre de los acusadores era ocultado; este factor demuestra hasta que punto podía llegar la falta de objetividad de los juicios ya que, como consecuencia, la gente tomaba esta norma como una arma de defensa y la usaba para denunciar a sus enemigos o a gente con la que se había visto encarada por algún motivo (expropiación de terrenos, deudas, enfrentamientos hereditarios, etc.). Afortunadamente, el papa Bonifacio VIII (al papado entre 1294 y 1303) canceló esta práctica y, a partir de ese momento, los acusadores perdieron su anonimato; además, si se daba el caso que alguien cometía una falsa acusación, era señalado obligándole a llevar consigo dos lengüetas de tela roja cosidas en el exterior de la ropa. El miedo que provocó la norma establecida por Bonifacio VIII contribuyó a descender el número de denuncias en los tribunales de la Inquisición.

Respondiendo a una actitud propia de una institución totalmente corrupta, la mayor prueba de la falta de objetividad y neutralidad de la Inquisición la encontramos en el “curioso” y, a su vez, macabro acontecimiento de que todo acusado estaba obligado a responder de todos los cargos que existían contra ellos, convirtiéndose así, en su propio inculpador. Además, siempre que la sanción impuesta al acusado fuera de carácter material, había un acuerdo según el cuál la Inquisición se quedaba con una parte de los bienes y, la restante, pasaba a ser propiedad de la Iglesia, hecho que justifica el interés de dichos organismos en que el sospechoso fuera declarado culpable fueran cuales fueran las circunstancias.

El Tribunal de Inquisición, establecido en un lugar concreto, normalmente una plaza, durante un periodo definido que podía durar semanas o meses, estaba compuesto por lo que podríamos llamar actualmente un “consejo”, formado por clérigos y laicos, los cuales ayudaban a dictar un veredicto. Durante el juicio, el testimonio de dos testigos se consideraba, generalmente, testimonio de culpabilidad. Además, siguiendo la autorización puesta en práctica por el papa Inocencio IV (en el cargo entre los años 1243 y 1254), estaba permitido torturar al sospechoso  con el fin de extraer la verdad. Una vez terminado el juicio, en una ceremonia pública llamada sermo generalis o auto de fe se daba a conocer públicamente el castigo o sentencia aplicado al culpable. Según la gravedad del delito cometido, las penas variaban en importancia. Normalmente, se acostumbraba a aplicar sanciones que implicaban confiscación de propiedades o encarcelamiento del culpable. En casos más importantes, se podía llegar a condenar al culpable a cadena perpetua y, si las circunstancias llevaban a entregar al condenado a las autoridades civiles, éste era, en poco tiempo, ejecutado.

Cuando el procesado se trataba de un hereje o una bruja, los castigos aplicados eran distintos. En la mayoría de los casos los acusados eran, directamente, quemados en la hoguera y, un bajo porcentaje, conseguía cambiar las ardientes llamas por las rejas de la cárcel aunque, eso sí, sometiéndose a cadena perpetua. Por otra banda, si el delito cometido por estos grupos de gente era sumamente leve (caso que se dio en contadas ocasiones) el acusado era obligado a pasearse por toda la localidad donde residiese con un capirote, capucha en forma cónica que cubría la cabeza (usada actualmente por los miembros del Ku Kux Klan), encima de un carro o, a veces, un burro, con la finalidad  que se avergonzase y se arrepintiera de su delito; mientras el “paseo” del condenado tenía lugar, aquellos que lo presenciaban estaban autorizados a tirar todo tipo de objetos encima de él. Por último, si un acusado de herejía confesaba su delito arrepintiéndose de sus creencias y retractándose de ellas, se le concedía la gracia de poder ser asesinado (cortándole el cuello) antes de quemarlo en la hoguera para evitarle, así, el sufrimiento.

A continuación, y para concluir con este apartado, adjuntamos una tabla estadística, extraída de las fuentes más conservadoras, sobre la densidad de persecución de brujas en Europa hacia el año 1600. En ella, podemos observar el número de perseguidas y el porcentaje correspondiente sobre el total de habitantes en dieciocho países. Según algunos investigadores, estas cifras demostrarían que la caza de brujas llevada a cabo por la Inquisición es algo totalmente insignificante ya que, como podremos observar en esta tabla, los porcentajes nos indican cifras muy pequeñas. Aun así, tenemos que recordar que no estamos hablando de acusados de un delito, sino de gente condenada por su ideología. En total, se calcula que hubo cerca de 100.000 causas de brujería en Europa, de las cuales, unas 50.000 personas, es decir, la mitad, acabaron en la hoguera; observemos a continuación la variaciones entre los países.

La densidad de persecución de brujas en Europa
País Ejecuciones Habitantes
Portugal 7 (0,0007%) 1.000.000
España 300 (0,0037%) 8.100.000
Italia 1000* (0,0076%) 13.100.000
Países Bajos 200 (0,0133%) 1.500.000
Francia 4000* (0,0200%) 20.000.000
Inglaterra/Escocia 1500 (0,0231%) 6.500.000
Finlandia 115 (0,0238%) 350.000
Hungría 800 (0,0267%) 3.000.000
Belgica/Luxemburgo 500 (0,0384%) 1.300.000
Suecia 350 (0,0437%) 800.000
Islandia 22 (0,0440%) 50.000
Chequía/Slovaquia 1000* (0,0500%) 2.000.000
Austria 1000* (0,0500%) 2.000.000
Dinamarca/Noruega 1350 (1,0391%) 970.000
Alemania 25000 (1,0563%) 16.000.000
Polonia/Litauia 10000* (2,0941%) 3.400.000
Suiza 4000 (0,4%) 1.000.000
Lichtenstein 300 (10%) 3.000

(*) No se sabe con precisión si las cifras son correctas.

Como hemos podido observar, los dos países con mayor número de quemas de brujas son, en este orden, Alemania, en primer lugar, seguida de Polonia y Lituania, representadas como un solo país. Pero, por el contrario, si nos fijamos en el porcentaje total, el país que más extendió su caza de brujas fue  Liechtenstein, con un 10% del total de la población.

En el otro extremo de la estadística encontramos a Portugal, con un porcentaje del 0,0007% y, además de Islandia y los Países Bajos que también destacan por el bajo número de quemas, es importante la baja presencia de estas persecuciones en España e Italia (ambas muy por debajo del 0,01 por ciento) países los cuales, junto con Portugal, fueron los únicos en conservar la Inquisición, adaptándola a su nueva base nacional. Muchos antiguos estudios atribuyen que la cifra de persecuciones brujeriles en Italia, España y Portugal fuera tan insignificante al hecho de que el Santo Oficio estaba tan ocupado con las persecuciones de judíos, mahometanos y protestantes, que no disponía de suficiente tiempo para perseguir a las brujas y demás herejes.

 

En conclusión, y como ratificación al dato que ya hemos comentado más de una vez a lo largo de estas páginas, podemos decir que, en España, la Inquisición no llevó a cabo una caza de brujas tan extensa como la que se ha intentado dar a conocer. Aun así, esto no justifica las maldades y carnicerías que se llegaron a hacer con algunos grupos sociales y menos aun, la que se hizo con brujas y herejes en el resto de Europa a la mayoría de los cuales se les privó de su vida sólo por ser diferentes…

 

El Malleus Maleficarum: justicia a golpes de Martillo.

El Malleus Maleficarum, popularmente conocido como “Martillo de brujas”, fue escrito entre los años 1485 y 1486 por los dominicos alemanes Heinrich Kraemer (autor principal; teólogo nombrado en 1474 inquisidor para el Sur de Alemania) y Jacob Sprenger (profesor de teología en la Universidad de Colonia, nombrado inquisidor de Renania en 1470).

Su aparición en el mercado, a finales del siglo XV, se debió, en gran parte, a la autorización dada por el Papa Inocencio VII (en el cargo del 1404 al 1406). El pontífice, después de haber promulgado, en 1484, la bula Sumis Desiderantes, en la cuál se reconocía y se condenaba el delito de brujería, dio el correspondiente permiso para llevar a cabo su redacción y publicación. Sus autores, quienes podían “presumir” de haber cooperado en el procesamiento de brujas aunque con una fuerte resistencia por parte de diversas  autoridades, se sirvieron de dicha obra para publicar sus errores y enseñar, a partir de ellos, todo tipo de métodos para condenar a los practicantes de brujería. Conjuntamente, seguramente para rebasar aun más el odio en contra de esta herejía, se adjuntó, como prólogo al escrito, la bula papal antes mencionada.

El “Martillo de brujas” fue escrito con la finalidad de coaccionar a los tribunales públicos mediante una serie de razonamientos morales para hacer reflexionar sobre el asunto de la brujería e intervenir jurídicamente en este tema. En menos de dos siglos, se publicaron casi treinta ediciones del Malleus Maleficarum de un número de ejemplares desconocido. Once de esas ediciones quedaron en Francia, dos de ellas en Italia y, en mayor número, dieciséis en Alemania, país natal de sus escritores. Afortunadamente, en España, se calificó esta obra de “demencial” y fue, rápidamente, despreciada.

El libro se escribió de manera que fuera fácil de entender y usar; de este modo, la obra tomó forma de manual bien ordenado y completo (a menudo en forma de preguntas y respuestas) que además iba complementado por un apéndice de un Código de lo criminal que las ediciones masivas permitían distribuir sin restricciones.

Según algunas fuentes, una vez terminada la obra, al ser mostrada en la Universidad de Colonia, suprema instancia censora encargada de revisar todos los libros antes de su publicación, su impresión fue denegada. Por este motivo, se tuvo que llegar a un acuerdo para falsificar el documento oficial que permitía publicar la obra. Desconociendo si el legajo fue realmente manipulado de forma total, sí que han coincidido todas las fuentes en que, al menos de forma parcial, el permiso fue corrompido.

Como novedad entre los temas expuestos en el “Martillo”, es destacable la tendencia misógina de la obra, en la cual se describe a las mujeres como las únicas culpables del delito de brujería a causa de sus devociones al desenfreno sexual y al libertinaje; es por este motivo -dicen sus autores-, que las mujeres se hacían brujas, para poder disfrutar de los placeres carnales con el diablo. Asimismo, también es relevante la afirmación de que las mujeres poseen una gran capacidad para el crimen.

Además de instruir de forma rigurosa en como reconocer y castigar a los herejes y practicantes de brujería, el Malleus Maleficarum contiene un amplio capítulo aparte (algo así como un nexo) en el que se habla y se describen todo tipo de técnicas para llevar a cabo las más variadas clases de torturas. Exponer dicho contenido era necesario, según sus autores, para poder lograr que los acusados confesaran.

Aunque de contenido cruel, cabe destacar que Heinrich Kraemer y Jacob Sprenger crearon, a través de las páginas del “Martillo”, un refinado y completo método para interrogar a los condenados; de la misma manera, también dejaron instrucciones escritas sobre cómo deberían insinuarse en la confianza del acusado y prometerle clemencia para facilitar, de este modo, la confesión del imputado. Siguiendo con el estilo nefasto que caracteriza a la obra, los autores también dejaron constancia de cómo confundir y engañar a las víctimas en interrogatorios contradictorios para llevarlas, así, a manifestaciones imprudentes, de las que fácilmente podrían culparse a otras brujas.

En último lugar, cabe destacar que los autores aprovecharon las páginas del libro para invitar, a través de soporte teológico y asesoramiento legal, a “señalar con el dedo” a todo aquel o aquella que fuese sospechoso de brujería; además, aprovecharon la ocasión para acusar de hereje a todo aquel que negara la realidad de la brujería, una cruda realidad que muchos pretendían terminar a duros golpes de Martillo…

 

 

 

 

Médicos vs. Brujas: ¿rivalidad profesional?

 

Tanto Pennethorne Hughes como la doctora M.Murray ya nos hablaban en algunas de sus obras de la mala relación entre médicos y brujas; pero, este enfrentamiento tiene origen en tiempos mucho más remotos y, la prueba de ello es que en el Concilio de Ankara (año 314) la brujería ya quedó prohibida como rama de la farmacia, castigando con varios años de prisión a todos aquellos que, por ser brujos, trataran con cualquier tipo de plantas con fines medicinales o curativos.

Observemos las interesante palabras que P.Hughes recoge en su libro titulado La brujería: <<En muchas ocasiones, los médicos de aquellos tiempos vieron en la bruja a una “rival”>>. Por otra parte, M.Murray habló del tema aun más duramente en su obra El dios de los brujos en el que dice, y citamos textualmente: <<Cuando la Iglesia aún se dedicaba a aplastar los restos del paganismo, se vio reforzada por la posición de la profesión médica, la cual veía en los brujos y brujas a sus rivales más peligrosos en el campo económico>>.

Analicemos detenidamente esta última parte de las palabras pronunciadas por la doctora Murray. En ellas, deja en clara evidencia que los expertos en medicina temían a las brujas por miedo a la rivalidad que les suponían en su ámbito profesional. Se sabe, tanto por fuentes escritas como por los estudios realizados por diversos profesionales, que en muchas localidades (principalmente en aquellas que eran lejanas a lo que ahora llamaríamos “núcleos urbanos”) una parte importante de las mujeres acudían a las brujas (aunque quizás en este contexto sería más apropiado hablar de “curanderas” o, como bien indica el significado verdadero de la palabra, “mujeres sabias”) a la hora de dar a luz y, según fuentes procedentes de la doctora Murray: << algunas de ellas eran tan hábiles que eran capaces de practicar perfectas cesáreas, con una seguridad total para la madre y el niño>>.

Además de estas cualidades, y gracias al hecho de trabajar a menudo con hierbas y plantas “mágicas” (ahora las llamaríamos, simplemente, medicinales), en diversas ocasiones en una “bruja” se unían los conocimientos de un médico (como acabamos de ver según fuentes de M.Murray) y, al mismo tiempo, de un farmacéutico. Estos factores provocaban que gran parte de la población y, por lógica y debido al contexto social e histórico, la de menos recursos económicos, prefirieran acudir a una bruja antes que a un galeno para solucionar sus problemas de salud.

 

Basándonos en las fuentes obtenidas del escritor Miguel G. Aracil, el tema tratado en este apartado da lugar a una clasificación dentro del ámbito de los “brujos-sanadores”. Así pues, y como podemos leer en su libro La Cataluña Bruja, las habilidades “mágico-curativas” se podían obtener de dos formas distintas:

 

  • A través de estudios y experiencia
  • De manera innata.

 

En el caso de que la persona sanadora hubiera obtenido sus dones de manera natural, este hecho podía deberse a cuatro factores distintos:

 

  • La herencia familiar: Quizás el más común de los casos; la brujería era, a menudo, hereditaria y, como consecuencia, las habilidades para sanar también. Aun así, cabe destacar que, las dotes heredadas se transmitían, mayoritariamente, de madres a hijas.

 

  • El día de nacimiento: Según se cuenta, habían unos días en concreto en que las personas nacidas lo hacían con poderes sanadores. Estas fechas podían variar según la tradición o el lugar pero, generalmente, las siguientes eran las comunes en todos los lugares: La noche de San Juan (la Víspera, el 23 de junio),  Navidad y San Silvestre (25 y 31 de diciembre),  la Candelaria (2 de febrero), San Judas Tadeo (28 de octubre), etc.

 

  • El lugar de nacimiento: Las creencias contaban que en algunas localidades, debido quizás a la concentración de fuerzas telúricas, sus habitantes nacían, casi en su totalidad, con poderes sanadores.

 

  • El orden de nacimiento dentro de la familia: Si coincidía la posición dentro de la familia en padres e hijos y, a su vez, eran del mismo sexo; se producía el don. Por ejemplo: el quinto hijo del quinto hijo de una familia nacía, según se cuenta, con poderes.

 

Ahora que ya sabemos  “como” se podía llegar a ser brujo o bruja, vamos a hablar de la clasificación que tenían estas personas según las especialidades a las que se dedicaban.

Dicha clasificación la hemos podido realizar gracias a los libros del célebre escritor Joan Amades (en concreto, gracias a su obra Bruixes i bruixots. Arxiu de tradicions populars) y a la obra de Joan Guillamet Bruixeria a Catalunya además de la gran ayuda del libro ya mencionado anteriormente de Miguel G. Aracil. Nos parece importante mencionar las fuentes de información usadas antes de empezar a exponerlo ya que este tema no será tratado muy ampliamente y así se da al lector la oportunidad de poder ampliar, según lo desee, sus conocimientos al respeto.

Como último detalle antes de empezar, es importante decir que la clasificación expuesta a continuación se dio o se da (según afirman aun algunas personas), solamente en Cataluña y que, por este motivo, los nombres con los que se calificaban a los brujos y brujas, serán respetados y escritos en catalán.

 

  • Desagulladors: Joan Guillamet los define como “bruixots” dedicados, principalmente, a la cura de animales aunque en algunas ocasiones se les atribuía el remedio de personas mediante extrañas oraciones.

 

  • Endevinetes: Serían el equivalente a nuestros radiólogos actuales. Es decir, según se cuenta, podían ver el interior de los cuerpos de los pacientes, como si de modernos Rayos X se trataran. En este caso, estaríamos hablando pues de una persona con un don obtenido exclusivamente de forma innata y nunca a través del estudio.

 

  • Oracioners: La primera condición para ser uno de ellos es tener que haber nacido en Jueves Santo. Su principal aptitud era poder curar mientras recitaban oraciones; debido a esto, conocen un gran número de oraciones mágicas secretas (a menudo propias) y las recitaban un número de veces en concreto (generalmente siete).

En algunos casos curaban también con la ayuda de “señalar”, es decir, hacían la señal de la cruz o, a veces, otros misteriosos signos sobre el paciente enfermo; en este caso, reciben el nombre de senyadors.

 

  • Saludadors: Se trata de personas generalmente nacidas en las noches de San Juan o de Navidad que tenían virtudes sanadoras muy especiales y, en algunas ocasiones, se asegura, aunque no se puede saber si es o no del todo cierto, que muchos de ellos nacen con una la marca de una cruz en su paladar.

 

  • Setens: Su nombre, setens (“séptimos”) se debe a que la condición para que tengan poderes es que tienen que ser el séptimo hijo o hija de una familia que todos los demás hermanos o hermanas sean del mismo sexo.

Suelen curar a través de la imposición de manos ya que, según dicen, tienen unas fuerzas sobrenaturales en ellas; se asegura que pueden coger con ellas hierros candentes sin dolor alguno. Se dedicaban a curar, principalmente, las quemaduras.

 

  • Trencadors: Son muy parecidos a los senyadors pero se relacionaban con el hecho de que el paciente estuviera afectado por un “mal de ojo” o algún “trabajo mágico”. En este caso sus curas servían también para romper el “hechizo”. Se cree  que algunos de estos “sanadores” podían usar sus poderes a distancia  si ya habían visto en alguna ocasión, anteriormente, al enfermo.

 

  • Xucladors: Nacidos el día de San Judas Tadeo, se aseguraba que tenían una mancha de color rojo intenso en su garganta. Pueden absorber o “chupar” (de aquí su nombre en catalán) las heridas de los demás, extrayendo el mal o enfermedad del paciente y sanándolo sin riesgo alguno de contagiarse. Aun así es curioso que, según nos cuenta Joan Guillamet, los “xucladors” eran inmunes a la hora de absorber las enfermedades pero si, por casualidad, una gota de sangre de un paciente infectado quedara en contacto con la del sanador, este último era contagiado inmediatamente.

 

 

Para terminar con este apartado, hablaremos de ese “sanador” que respondería a la maliciosa idea de brujo o bruja que mucha gente tiene; Miguel Aracil así lo decía: << un “especialista” que entra con todos los honores en el tipo de brujo o bruja que todo el mundo supone,  pues por encargo, puede hacer tanto el bien como el mal.>>

 

  • Samaires: Son temidos y muy respetados. Conocen  un gran número de oraciones y conjuros de memoria los cuales pueden servir para curar el más grave de los casos. Curioso es que, llegado el caso,  quizás por venganza o por encargo,  pueden provocar horribles dolores a otras personas hasta el punto de hacerles perder el apetito para provocar que adelgacen hasta su muerte.

 

Después de esta pequeña introducción al mundo de lo que llamaríamos “medicina brujeril” es importante comentar que, fuera de la imagen de una mujer haciendo pócimas en un enorme caldero, aun hoy, en pequeños pueblos de muchos países, sus habitantes, delante de pequeñas molestias (y esto es importante remarcarlo) acuden al que llaman el “sanador” del pueblo, una persona que no es un brujo pero sí, a base de experiencia, ha logrado, gracias a hierbas e infusiones curar esos  malestares que, quizás no son tan molestos como para coger el coche y desplazarse hasta la gran y lejana ciudad, pero sí para seguir viviendo con ellos. No olvidemos que, a su vez, la gran mayoría de las medicinas distribuidas en farmacias y hospitales están hechas, casi en su totalidad, de combinaciones de diversas hierbas y plantas; así pues, si unos señores que trabajan en un laboratorio pueden llegar a realizar estas mezclas “mágicas”, ¿quiénes somos nosotros para decir que nadie más es capaz de hacerlo?

 

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SALEM: Una auténtica caza de brujas.

 

En el año 1692, la pequeña localidad de Salem, en la colonia norteamericana de Massachusetts, fue el escenario de una verdadera “caza de brujas”. Por aquel tiempo, la menuda y pacífica población contaba  con a penas un centenar de familias y fue de tal grado la importancia  de la matanza realizada que, desde entonces, Salem pasó a la historia como cuna del delirio.

Actualmente aun se conservan 552 documentos originales que nos hablan de la “caza de brujas” realizada en dicha población; todos ellos están expuestos por el Peabody Essex Museum.

 

A grandes términos, es importante remarcar que en América del Norte el número de víctima asesinadas por ser acusadas de brujas fue mucho menor que en el resto de Europa; además, y como dato que lo corrobora, podemos decir que aunque las leyes jurídicas de las poblaciones norteamericanas eran las mismas que en su metrópolis, a excepción de la cacería de brujas cometida en Salem, sólo se condenó y ahorcó por este motivo a un total de doce personas en toda Norteamérica.

 

A finales del siglo XVII, Salem, conocido actualmente como Danvers, era un pueblo dividido por terribles disputas. Personas de fuera de la zona y, generalmente, de un alto nivel económico estaban reemplazando a los primeros habitantes del pueblo; este hecho provocó grandes problemas y son muchos los historiadores que han demostrado que los acusados de brujería fueron, mayoritariamente, los recién llegados o aquellos que habían colaborado con ellos. Así pues, y basándonos siempre en la teoría de los historiadores, se dice que los primeros colonos, tras verse incapacitados para detener la llegada de nuevos habitantes quienes, muy posiblemente, acabarían por suplantar a las familias pioneras y  arrendatarias, recurrieron  a las acusaciones de brujería para vengarse de ellos.

 

La historia empezó cuando unas inocentes niñas, Betty y Abigail Williams, hija y sobrina respectivamente del ministro y reverendo del pueblo Samuel Parris, cayeron enfermas; después de un largo seguido de exageraciones y mentiras (provocadas, entre otros, principalmente por su padre y los médicos que trataban con ellas), acabaron por señalar como culpable de su enfermedad a una esclava (deficiente mental) procedente de las Antillas que cuidaba de ellas. Después de estas declaraciones, la niñera en cuestión, Tituba, junto con otra mujer inválida, Sarah, fueron sentenciadas y procesadas como practicantes de brujería. Tituba, como ya hemos dicho anteriormente, esclava, fue encarcelada y, posteriormente, vendida; Sarah fue, muy posiblemente, ahorcada o falleció en prisión.

 

A partir de ese momento, y hasta el fin de la terrible persecución, se empezó a acusar de bruja (o brujo en algunos casos) a cualquier persona sospechosa de cualquier tipo de conducta extraña.

 

La feroz cacería de brujas terminó en enero de 1693, un año después de haber empezado. En ese momento aun había más de ciento cincuenta personas encarceladas, acusadas de practicar brujería; de estas, cincuenta y cinco habían confesado su relación con las fuerzas del mal.

 

El final de dicha persecución llegó gracias a la actuación del gobernador real, William Phips, quien intervino a favor de los perseguidos. En el momento que se declaró como terminada la ola de ejecuciones, el tribunal había sentenciado a muerte a veintiséis mujeres y a seis hombres (entre ellos fue muy destacada la condena del sacerdote protestante George Burroughs quien, tras cometer el grave “error” de criticar los juicios realizados, fue acusado de ser el jefe de las brujas); en diecinueve de los casos la condena ya había sido ejecutada, dos hombres más habían fallecido en la cárcel y, quizás el caso más funesto, otro acusado fue torturado hasta que pereció bajo los pesos con los que los verdugos quisieron obligarle a hablar.

Medio año más tarde de que concluyera la caza de brujas, William Phips, perdonó a todos los sospechosos de brujería que todavía no habían sido ejecutados e indultó a los muertos.

 

Cuatro años más tarde de todos estos hechos, los jurados de Salem firmaron una confesión de error y suplicaron clemencia. Aun así, y pese a no saberse con certeza que fue lo que pasó con los denunciantes de las persecuciones, diversas fuentes del siglo XVII explicaron que, dichas personas, cayeron en el desprestigio y tuvieron un mal final, hecho que demuestra que a pesar de la clemencia suplicada por la justicia de Salem, el tema de la brujería y sus sentencias se prolongó aun algunos años…

 

Entre los miembros que formaron parte de la cruel justicia impartida en Salem, cabe destacar el nombre del juez Jonathan Corwin el cual adquirió, a los 24 años, el único edificio que permaneciendo en dicha localidad, tiene vínculos directos con la cacería de brujas llevada a cabo en 1692; estamos hablando de la “casa de la bruja”, residencia de J.Corwin durante más de cuarenta años y propiedad de su familia hasta medianos del siglo XVIII. El edificio en cuestión es una excelente muestra de la arquitectura del siglo XVII y actualmente, después de haber sido reestructurado, es uno de los museos más significativos del pueblo.

 

 

A continuación, ofrecemos una lista con la relación de algunas de las personas que fueron víctimas de la “caza de brujas”  hecha en Salem.

Como podemos ver en el cuadro, de la treintena de personas cuyos nombres constan en esta lista, dieciocho, es decir el 60%, fueron ahorcadas y tres cumplieron cadena perpetua pero peor aun es el hecho que solamente cinco de las personas acusadas fueron inculpadas. Esta fuente también demuestra que, como llevamos diciendo a lo largo de este trabajo, la mayoría de practicantes de  brujería eran mujeres; fijémonos sino en que, de todos los acusados, sólo encontramos el nombre de cuatro hombres (entre ellos el de George Burroughs).

 

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 LA BRUJERÍA EN CATALUÑA

 

Una tierra de tradición brujeril

 

Debido a la gran importancia que Cataluña tiene en la historia de la brujería, hemos decidido dedicar un apartado especial a esta zona.

 

Leyendas, tradiciones, dichas, “rondalles” (palabra típicamente catalana) son esos pequeños detalles que contribuyen y dejan huella, de una forma u otra, en la historia de un país, de una tierra, de una región… De este modo, si nos dedicáramos a analizar paso a paso muchas de las localidades catalanas, veríamos que, la mayoría de ellas, ya sea por esa antigua leyenda que pasó de padres a hijos, o por la tradición que dice que ese campanario está hoy en ruinas como consecuencia de una “juerga brujeril”, tienen alguna relación con la brujería (dejando al libre albedrío de cada uno como se entienda el concepto).

 

 

Para realizar este apartado hemos creído interesante hacer referencia a seis lugares que pueden ser considerados como “enclaves brujeriles” ya que tienen bastante o mucha relación con las brujas. En un principio, creíamos oportuno exponer un número concreto de estos lugares por cada una de las provincias catalanas pero, después, teniendo en cuenta que la actual división catalana puede considerarse más o menos reciente, optamos por exponer los seis lugares con más relevancia en el tema sin clasificarlos de ninguna manera en especial.

En la elaboración de esta breve investigación realizada en los diferentes puntos brujeriles que se podrán leer en el siguiente apartado, hemos utilizado, en la mayoría de localidades, leyendas (y en algún caso dichas) para explicar su origen brujeril creyendo que, además de ser la forma más ilustrativa y amena de conocer la historia de estos lugares, era una manera de tener una visión más amplia de la mentalidad de cada zona siglos atrás. Aun así, como en muchos lugares se podrá observar, es curioso ver que algunas de las fábulas que se contaban sobre la brujería, aun seguían, hasta no hace muchos años, pasando de boca en boca.

Una vez terminado el apartado de los enclaves brujeriles, continuaremos nuestra exposición de la brujería en Cataluña con un breve apartado sobre la meteorología y las brujas y, por último, con la historia y vida de una de las brujas más famosas del siglo XX: Lidia Noguer. Un personaje que nos reafirmará que, realmente, la brujería en Cataluña tuvo un gran peso (hasta en el ámbito literario).

 

 

En último lugar, para dar una imagen clara al lector sobre la gran cantidad de núcleos brujeriles que encontramos en Cataluña, hemos considerado muy oportuno ilustrar estas páginas con un mapa que nos muestra dos facetas muy distintas pero, a la vez, muy curiosas e interesantes para argumentar la importante existencia de brujas en Cataluña. Por una parte, el mapa nos muestra las localidades en que se ejecutaron a personas por ser acusados de brujos y brujas. Por otra lado, se nos indica en que lugares las mujeres originarias de ese pueblo (o ciudad) eran consideradas brujas sin prueba alguna.

 

 

Principales enclaves brujeriles catalanes

Pedraforca

 

Con una altura de 2.450 metros y marcando la línia de frontera entre las provincias de Barcelona y Lleida, se encuentra el Pedraforca, una montaña de imponente belleza y de gran tradición brujeril.

 

Según se cuenta, los grandes grupos de brujas solían agruparse para celebrar sus aquelarres, en lo más alto de la montaña; por otra parte, también se cree que, los grupos  más reducidos, se reunían en lugares como el dolmen de la “Taula de Maçaners” o en “La font de els bruixes” y el “Roc de les bruixes” (ambos puntos muy cercanos a la localidad de Gòsol, Berguedà).

 

El origen del Pedraforca viene marcado, principalmente, según dos leyendas; aunque ambas coinciden en tener como protagonistas a Dios y al Diablo veamos cuales son, exactamente, los matices que las diferencian:

 

La primera de ellas dice que, en un tiempo remoto, el Diablo escogió la magnante montaña con la intención de construir un castillo; una vez terminada su obra arquitectónica, el Diablo declaró la guerra a Dios y, éste último, poco amigo de las batallas, envió a San Miguel acompañado por un grupo de ángeles que se enfrentaron contra los demonios residentes en el diabólico castillo. El final de la batalla, claramente  ganada por Dios, San Miguel y sus ángeles ayudantes, tuvo como resultado la destrucción del castillo y, en su lugar, un enorme agujero que dio paso a la extraña forma geológica que hoy caracteriza la mágica montaña…

 

La segunda leyenda, quizás más generalizada porque mezcla factores de fe (como Dios y el Diablo) con factores puramente históricos (como la represión musulmana en Cataluña), expone lo siguiente:

Una noche, encontrándose gran parte de Cataluña bajo el dominio de los musulmanes, muy cerca del Pedraforca, se empezaron a escuchar extraños ruidos; al mismo tiempo se oían chillidos (sin saber si eran de persona) que ruidos de piedras cayendo una encima de la otra…

Cuando, pasada la noche, los habitantes de la zona salieron de sus casas, vieron, asombrados, que un inmenso castillo había sido levantado en lo más alto de la montaña; asutados, empezaron a decir que lo que sus ojos veían sólo podía ser obra del Diablo y, sumado a este miedo, les aterrorizaba pensar en el hecho de un posible pacto entre los musulmanes y el Demonio ya que, si esto sucedía, se habría consolidado un bando totalmente invencible. Aterrorizados por los hechos, y ante la imposibilidad de enfrentarse a las fuerzas del mal, los habitantes de la zona veían con amargura como los musulmanes, desde lo más alto del castillo, no paraban de atacar a los cristianos que se acercaban por los alrededores constituyéndose, de este modo, como una fuerza invencible. Derrotados por el miedo y un fuerte sentimiento de impotencia, la gente sólo hacía que rezar…

Pero cuenta la leyenda que, la Noche de San Silvestre, última noche del año, se repitieron los ruidos estremecedores (esta vez con un sonido similar al de los truenos), que tiempo atrás se habían oído. A la mañana siguiente, al salir de sus casas, el pueblo volvió a quedar asombrado al ver que el diabólico castillo había desaparecido dejando, en su lugar, una acumulación de piedras que, entre dos puntas (de roca) formaban, propiamente, la imagen de una tridente (en catalán “forca”, palabra que daría origen al nombre de la montaña, Pedraforca).

 

Ambas leyendas recogen, en su final, que hasta no hace mucho tiempo, las gentes de los pueblos cercanos al Pedraforca aseguraban oír, en la Noche de San Silvestre, extraños ruidos en lo más alto de la montaña…

 

 

Vallgorguina

 

Este pequeño pueblo del Vallès Oriental, considerado uno de los enclaves brujeriles más importantes de Cataluña, tiene, actualmente, cerca de mil habitantes.

De su nombre se ha especulado con dos posibles orígenes: en primer lugar con “Vall de gorgues” (Valle de hoyas) entendiendo como tal a los canales naturales por donde circula el agua. En segundo lugar, se atribuye el origen de dicha toponimia a “Vall de la Gorgina” (nombre de una supuesta bruja del siglo XVII).

 

Según nos cuentan algunas fuentes, Vallgorguina y sus alrededores fueron, a menudo, durante el siglo XVII, lugar de refugio de muchas brujas principalmente de origen vasco y navarro (hecho que explicaría la presencia de topónimos vascos en la zona).

Además de estar rodeada por un gran número de fuentes supuestamente mágicas y “milagrosas”, cabe destacar, en Vallgorguina, la presencia del dolmen de “la Pedra Gentil”. Dicho megalito no está, actualmente, en su ubicación original; a finales del siglo XIX un grupo de habitantes de la zona, consideraban que la ubicación del dolmen (muy cercana a la actual) no era suficientemente buena para que la gente pudiera divisarlo y, siguiendo esta “paranoia”, lo trasladaron. Lo peor de ello fue que, ante el desconocimiento de cómo poner las piedras del megalito, éste fue reconstruido con pocos cuidados y atenciones, hecho que provocó su degradado estado actual.

Pero la aventurada “mudanza” no pudo acabar con la gran cantidad de leyendas que, hasta hace poco tiempo, se seguían contando acerca de las brujas y la “Pedra Gentil”. Estas historias, que pasaban de generación en generación, se empeñaban a contar que todas las brujas del Maresme y del Montseny se reunían en el concurrido dolmen con la intención de provocar horribles tormentas.

 

Aun hoy, docenas de años después de que las brujas hayan dejado de reunirse en “la Pedra Gentil”, muchos grupos esotéricos y ocultistas acostumbran a reunirse en este lugar diciendo sentir la gran cantidad de energía que el megalito desprende y aprovechando para realizar diversos rituales (tanto sea de magia blanca como negra). Así que, probablemente, esa “magia” que conducía a las brujas a reunirse en Vallgorguina, aun hoy siga ahí, a solo unos pocos kilómetros de la Ciudad Condal, en una pequeña localidad tan enigmática que, hasta el origen de su propio nombre, está lleno de misterio…

 

Viladrau (Montseny)

 

Este pequeño pueblo, situdo en la comarca de la Selva que está habitado, actualmente,  por unos 900 habitantes fue, entre 1618 y 1622, el escenario de un macabro récord de víctimas por brujería.

Pero Viladrau no fue el único punto brujeril de la región ya que toda la zona del Montseny ha tenido fama siempre por su relación con las brujas. Del mismo modo, en Arbúcies, pueblo cercano a Viladrau, es famoso el refrán que dice “De Sant Hilari a Arbúcies, dotze cases, tretze bruixes”.

 

La obsesión que los habitantes de la zona del Montseny tenían con las brujas en el siglo XVII era algo extraordinario; desde siempre, esta zona había alimentado, continuamente, su creencia en curanderas, feticheras, etc., factor que dio paso a una importante cultura popular formada a partir de supersticiones y leyendas. Circulaban rumores, en el año 1618, que durante la noche del 2 al 3 de noviembre del año anterior se había celebrado una reunión de brujas en Sant Segimon para provocar tormentas y granizo. Efectivamente, ignorando si fue o no fruto de la casualidad, el 1617 pasó a la historia de Cataluña como el “año del diluvio” ya que las inundaciones de ese periodo destruyeron casas, cosechas, y hasta muros y edificios centenarios.

 

Coincidiendo con el lanzamiento de la Contrarreforma por parte de la Iglesia, el pueblo, furioso, buscaba la manera de, una vez más, terminar con la herejía y, para realizarlo, empezó, literalmente, a cortar cabezas. Solamente en el pueblo de Viladrau se sentenciaron y colgaron a catorce mujeres acusadas de brujería; esta cifra, que en principio nos puede parecer algo abundante si la comparamos con las conservadoras estadísticas mostradas en el apartado “La Inquisición”, dobla su importancia y su magnitud si consideramos que, por aquel entonces, el pequeño pueblo constaba, tan solo, de ochenta casas.

Entre las diversas acusadas (todas mujeres) de brujería en la zona destaca el nombre de Francesca Trèmol, conocida como la Bacada y considerada la organizadora de los ritos brujeriles. Junto a ella, otras mujeres como Maria Joaneta, Esperança Marigó, Elisabet Martí, Maria Puig i Rosquelles, etc. también fueron consideradas brujas y perseguidas como tales; posteriormente, a causa de su condición, fueron condenadas, torturadas y, finalmente, ahorcadas.

En todo caso, cabe destacar que la cacería de brujas hecha en esta localidad catalana, nada tuvo que ver con la Inquisición ya que, como en el apartado correspondiente comentábamos, ésta no tuvo una gran influencia en nuestro país comparándola con el resto de Europa. Muy a menudo, estas masacres fueron obra de la justicia civil impulsada, casi siempre, por los concejales municipales. Concretamente, los procesos de Viladrau fueron presididos por el Gobernador General de las baronías de Taradell y Viladrau, Antoni Vila i de Savassona, máxima autoridad jurisdiccional del momento en la zona.

 

Hoy, casi cuatro siglos más tarde de estos macabros hechos, cada 31 de octubre se celebra, en Viladrau, la “Nit de Bruixes”, una celebración que, pese a considerarse un festival lúdico y recreativo, es de alguna forma un homenaje a todas aquellas mujeres quienes, una vez más, murieron luchando por su liberación…

 

 

Altafulla

 

Este pequeño pueblo de cerca de 2500 habitantes, está situado en el litoral tarraconense y, en verano, cientos de turistas recorren una y otra vez sus calles sin imaginar que se encuentran en una localidad que, como algunos especialistas la definen, puede considerarse la “capital meridional” de las brujas catalanas.

 

La certeza de que un buen número de personas practicaban la brujería en Altafulla parece innegable ya que, hasta hace pocos años, algunos habitantes de la zona (principalmente, por tradición, los de edad más avanzada) aseguraban que el campanario de Altafulla, inacabado, había sido destruido por las brujas quienes, según lo que cuentan las viejas historias, se reunían junto a la ermita de Sant Antoni. Además de este lugar en concreto, también encontramos fuentes que nos informan sobre las reuniones brujeriles en los restos arqueológicos de Els Munts (vila romana).

 

Aun hoy, desde hace algunos años, un grupo de vecinos de esta bonita localidad organizan, la última semana de junio de cada año, la “Nit de Bruixes”, una modesta feria esotérico-ocultista con todo tipo de actividades relacionados con estos ámbitos. Dicha celebración sirve, de algún modo, para además de crear un ambiente lúdico y de diversión en el pueblo, conmemorar lo que antaño fueron las reuniones de brujas en Altafulla, sin duda uno de los núcleos brujeriles más importantes de Cataluña.

 

Una curiosa tradición cuenta que, algunas noches, las brujas de Altafulla al oír las campanadas de la doce, se convertían en pájaros después de untarse con un ungüento especialmente preparado para la ocasión y pronunciar, en voz alta, la palabra “altafulla”. Enlazando con esta extraña leyenda, también se cuenta que si, por el contrario, era un hombre el que se untaba con el ungüento y pronunciaba la palabra “baixafulla”, se convertía en asno.

Por último es interesante comentar que, según algunas fuentes, el origen de las prácticas brujeriles de Altafulla (y de la zona en general) lo debemos a atribuir a una “herencia” de las sacerdotisas romanas que rendían culto a viejas deidades clásicas y que, con la llegada del cristianismo, fueron obligadas a desaparecer o a ocultarse de las autoridades religiosas quienes nunca perderían las ganas de encontrar nuevas formas de herejía…

 

Cervera

 

Al hacer este apartado sobre los principales enclaves brujeriles catalanes, nos hemos encontrado con algunas dificultades para reunir información sobre este tipo de lugares en la provincia de Lleida. Sin embargo, el primer pueblo leridatano que nos vino a la cabeza al pensar sobre el tema fue Cervera, municipio de la comarca de la Segarra que consta, aproximadamente, con unos 7.500 habitantes.

Este municipio, poseedor de un fabuloso pasado histórico, alberga, cada mes de agosto en los patios de su célebre Universidad, la “Fira del Gran Boc”, una feria esotérico-ocultista que es considerada, sin duda alguna, la más importante de este tipo en toda Cataluña.

Posiblemente por su tradicional celebración esotérica hemos decidido añadir Cervera en las páginas de este trabajo; aun así, es necesario aclarar al lector que, pese a su reputación brujeril, poco más que su veraniega celebración vincula este precioso pueblo con la brujería.

 

Pero más allá de los límites de la histórica población, nos encontramos con un caso de posible brujería. Sería por aquel entonces la primera mitad del siglo XIX cuando, una vieja mujer, de aspecto malcarado y desconfiado, que ejercía de comadrona en Biosca, fue asesinada de terrible forma. La historia cuenta que ya desde hacía años, la anciana mujer, conocida por todos como Baquiol, era acreditada, entre la gente del pueblo, como “la bruixa”, mote que, como es de imaginar, no hacía gracia alguna a Baquiol.

Un día de tormenta, cuenta la historia, mientras paseaba por la zona, Baquiol fue a pedir limosna a una masía cercana. Sus habitantes, como era de esperar, viendo su descuidado aspecto y, muy posiblemente, conociendo su fama, libraron a la anciana mujer una miserable donación. Baquiol, enfadada por la poca generosidad de esa familia, les advirtió que pronto volverían a saber de ella…

Pasado muy poco tiempo de estos hechos, el hijo mayor de la familia moría de forma inexplicable y, como era de esperar, sus padres no tardaron en culpar a Baquiol por los hechos; seguidamente, un grupo de hombres se dirigió hacia un bosque cercano a la zona (hábitat de la anciana) y le dieron una horrible paliza atándola en un árbol para que muriera de frío. Ya de noche, la torturada mujer logró, tras mucho esfuerzo, desatarse y se dirigió hacia Biosca, en busca del párroco (Mossèn Gatuellas) para que le protegiera. El religioso, viéndola cansada y herida, albergó a Baquiol hasta que logró recuperarse de sus heridas. Pero, para su desgracia, su mala suerte aun no había terminado ya que, de vuelta a casa, un grupo de hombres la asaltaron y la llevaron hasta un cruce de caminos donde, minuciosamente, tenía preparado toda una gran cantidad de madera. El nutrido grupo de hombres lanzó a Baquiol tres veces a la hoguera; las dos primeras, la desgraciada mujer logró escapar pero, ya la tercera vez, su cansancio y su edad agotaron sus fuerzas y acabó finalmente quemada, muriendo de la forma más cruel.

 

Esta historia, documentada en varios libros, es la prueba de que la incultura y la superstición de algunos grupos sociales podían llegar a atribuir, a una anciana mujer, sólo por su aspecto, el calificativo de “asesina” (a parte del de “bruja”) y condenarla, sin justicia alguna, al peor de los castigos…

 

 

Llers

 

Llers, una pequeña población de acerca de 900 habitantes muy cercana a Figueres, ha tenido fama, a lo largo de los tiempos, por su tradición brujeril.

 

Un antiguo refrán, que aun hoy puede ser oído en tierra ampurdanesas, nos aclara la abundancia de brujas en la zona, diciendo así:

“De bruixes a Llers i de pa a Cervià, n’hi ha més que en tot l’Empordà”

 

Además de su particular reputación brujeril, la fama de las brujas de esta zona ampurdanesa se vio aumentada, en gran parte, gracias al libro Les bruixes de Llers de Carles Fages de Climent. Esta obra, escrita en 1922, es considerada, actualmente, una “joya” y muchos coleccionistas ansían tener una copia en sus bibliotecas; además, según la opinión de algunos expertos, Les bruixes de Llers se considera una obra esencial de la literatura catalana de principios del siglo XX.

Cuando Fages de Climent, poco tiempo antes de publicar su preciado libro, se desplazó a la pequeña localidad de Llers para entrevistar a sus habitantes y obtener información acerca de la brujería en la zona, los residentes de la zona obsequiaron al escritor con un gran número de refranes (en catalán, habitualmente, llamados rondalles) que argumentaban y afirmaban, sin duda alguna, la existencia de brujas en la zona.

 

Cuenta una leyenda, que la “jugarreta” (por decirlo de algún modo) más importante que las brujas hicieron en esta zona fue cuando, una noche de San Silvestre, decidieron atacar el campanario de Figueres. Al parecer, una vez más, esta acción tuvo que ver con la meteorología ya que, según se cuenta, dicho campanario molestaba a las brujas a la hora de provocar tormentas. En el ataque se unieron brujas de diversas procedencias (Llers, Palau Savardera, el Roselló, etc) y, montadas en sus escobas, llevaron acabo su particular “asalto” al campanario; pero, para su mala suerte, esa noche el campanero sufría insomnio y, al ver todo ese grupo de brujas que invadían la zona, empezó a tocar las campanas con la intención de ahuyentar a las brujas; aun así, éstas fueron fuertes y resistieron durante horas aunque, finalmente, “volvieron a casa”. Según algunas fuentes, hasta el año 1936, momento en que, como consecuencia de la guerra civil, el campanario de Figueres fue sometido a graves daños y destrozos, aun se podían observar, claramente, las “señales” de esa particular y, de alguna forma “mágica”, batalla de la noche de San Silvestre…

 

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 Tormentas, relámpagos, granizo y… ¡brujas!

 

Muy a menudo, en cuentos y leyendas populares, los personajes expresan su sorpresa delante de un repentino cambio diciendo: “Esto tiene que ser cosa de brujas…”.

Esta misma frase, que quizás nosotros la consideramos “fuera de contexto”, es, precisamente, lo que solían decir los payeses y, en general, toda la gente del pueblo, cada vez que veían acercarse mal tiempo. A raíz de estos hechos y de la particular facilidad de culpar a las brujas por todo aquello considerado “extraño”, la gente aumentó su particular manía hacia las brujas y dieron paso, de este modo, a las ya nombradas en otro apartado “leyes de linchamiento”.

 

Y es que, en realidad, como pasó, pasa y pasará en todos los tiempos, todos tendemos a “barrer para dentro” y, si algo no nos afecta lo omitimos pero si, por lo contrario, nos incumbe, no dudamos en eliminarlo. Por ese motivo, ya sea en el siglo XII o en el siglo XV, lo único que a los campesinos les podía molestar de las prácticas brujeriles que ciertos grupos de gente, generalmente aislados, llevaban a cabo eran sus posibles consecuencias. Quizás por tradición, o seguramente gracias a la planeada difusión que la Iglesia llevó a cabo exponiendo que las brujas provocaban catástrofes meteorológicos, durante décadas los payeses siempre creyeron que la principal causa de las tormentas y demás fenómenos atmosféricos eran las brujas y, para solucionarlo, llevaron a cabo todo tipo de acciones.

En primer lugar encontramos el frecuente uso de amuletos los cuales, normalmente hechos de forma artesanal pero cargados de una profunda fe, colgaban en distintos sitios de la casa (muy habitualmente en las entradas). Es un claro ejemplo de este caso el uso de “pedres de llamp” (piedras relámpago) nombradas por diversos autores como Joan Amades, Miguel G. Aracil y Valeri Serra. Este curioso amuleto, muy usado hasta hace relativamente poco tiempo, consistía en poner en las ventanas de la casa que se quería proteger, hachas de sílex prehistóricas. Como podemos deducir, algunos coleccionistas ofrecen, actualmente, importantes sumas de dinero para conseguir exponer, entre sus vitrinas, este tipo de utensilios.

Otro medio de “evitar” las invocaciones meteorológicas de las brujas era mediante la oración y la protección que la gente pedía a Santa Ágata. Según algunas creencias, Santa Ágata (siglo III dC) fue una noble virgen siciliana de gran belleza y riqueza. En España, representa la protectora de todas las mujeres y, además, es considerada una de las mayores enemigas de las brujas. Por este motivo, payeses y campesinos acudían a orar a Santa Ágata para proteger sus cosechas. Según cuenta una antigua tradición, si durante el día de Santa Ágata (5 de febrero) se hacían unos especiales repiques de campanas en honor a la santa, se lograba evitar que las brujas de la zona provocaran cambios meteorológicos. Como podemos imaginar, cuando se producían estos hechos, las brujas se malhumoraban gravemente ya que veían que, en pocos minutos, sus conjuros habían sido anulados…

Por este motivo, cuando las “presuntas” brujas presenciaban que los grupos de campesinos iban hacia la iglesia, intentaban evitar que las oraciones e invocaciones del pueblo pudieran invalidar sus conjuros y, antes de que empezasen las plegarias,  provocaban fuertes tempestades de agua, granizo e incluso aire (dependiendo de la zona) con la intención de alertar y, a su vez, asustar a los campesinos.

De esta particular “batalla” (si se nos permite la expresión) nacieron los “comunidors” (comunidores), unos característicos monumentos que, aun hoy, podemos presenciar en tierras catalanas y andorranas. Estas edificaciones, situadas siempre cerca de las iglesias, consistían en la disposición de cuatro columnas sosteniendo un cubierta formando, así, una especie de refugio. Estos edificios eran construidos para mantener la seguridad de la gente ya que, cuando se asistía a celebraciones religiosas en contra de las brujas, la gente llegaba a tener miedo delante de las posibles consecuencias que estas, muy enfurecidas, podían provocar. De este modo, protegidos debajo de estos edificios, sacerdote y feligreses podían llevar a cabo sus rituales “antibrujeriles” sin ningún tipo de peligro. Además de su función protectora contra las amenazas brujeriles, estos pequeños edificios eran utilizados también con fines comerciales y, a la salida de las misas, eran convertidos en una especie de “mercadillos” donde se comercializaba con pequeñas reliquias y diferentes objetos religiosos.

 

Según algunas fuentes, en la zona de la comarca de la Garrotxa se colgaba, en las puertas de las casas, hasta no hace mucho tiempo, unas cruces hechas con hojas de palma orientadas hacia el Canigó con la finalidad de evitar las tormentas que las brujas pudieran causar. Relacionado con las tradiciones brujeriles que alberga la montaña del Canigó, es muy curiosa la que asegura que esta montaña, habitual lugar de celebración de aquelarres, era un punto clave para la creación de tormentas. Según la leyenda, cuando los brujos y brujas de la zona celebraban sus encuentros en el Canigó, bastaba con que uno de ellos pegaran tres golpes (generalmente con un palo) en el gélido lago Calandrá (muy cerca de la montaña). Pero, en ocasiones, los tres golpes no eran suficientes y, si se quería causar una tormenta, uno de los brujos o brujas tenía que convertirse en águila para poder guiar a las nubes de tormenta hacia el lugar deseado.

Como último elemento de defensa contra los “ataques meteorológicos”, es muy destacable el salpás, un ritual mágico-religioso que los sacerdotes rurales llevaban a cabo en muchas regiones. Dicho ritual consistían en sellar, de forma simbólica, la puerta de las casas con una mezcla hecha a base de agua bendita y sal para evitar así que demonios, brujas y espíritus malignos entraran en el hogar ritualizado. Según algunas fuentes, en ciertos periodos históricos de crisis (generalmente agrarias), los sacerdotes que llevaban a cabo dicha ritualización eran recompensados con huevos (como muestra de agradecimiento a la protección ofrecida).

 

Como antes hemos dicho, una de las formas que las “maldiciones meteorológicas” enviadas por las brujas podía tomar era el granizo. Esta, como aun actualmente pasa, era la más temida de las precipitaciones. Pero, según la tradición, el granizo no era siempre obra de las brujas ya que, mucha gente decía que, en ocasiones, era obra de Dios.

Para saber cual era la procedencia del granizo, se ingenió un procedimiento que desvelaba, supuestamente, el origen del pedrisco. La acción era muy fácil y cualquier persona la podía llevar a cabo; en primer lugar se cogía un trozo de granizo y se ponía encima de una medalla bendita, se esperaba a que el hielo se deshiciera y, pasado unos minutos, cuando este ya había cambiado de estado, se observaba lo que había dentro de la piedra; si había un pelo blanco dentro de la piedra, es que las precipitaciones habían sido provocadas por las brujas y, peor aun, si ese pelo era rojo, el granizo había sido obra del diablo; si, por el contrario, no había ningún pelo en la piedra, la tormenta había sido obra de Dios.

Esta creencia de los pelos dentro de las piedras que, en un principio, nos puede parecer algo extraño y sin mucho sentido, tiene su origen en unas antiguas dichas de la zona de Mequinensa (zona aragonesa influenciada por la lengua y cultura catalanas) que contaban que cuando las brujas querían invocar un temporal esquilaban a las cabras y, por ese motivo, siempre quedaban pelos dentro de las piedras de granizo enviadas por las brujas. Veamos, a continuación, como se expresaban estos refranes que demuestran que, allí donde fueran, las brujas eran culpadas de todo tipo de acciones.

 

“Diuen que al ramat on hi ha una cabra negra sense cap pèl blanc,

no hi cau mai un llamp”

 

“Diuen també que quan les bruixes volen congriar un temporal, xollen les cabres;

per això dintre de cada pedra s’hi troba un pèl”

 

 

Como conclusión al apartado podemos decir que, después de haber investigado en diversas fuentes, hemos podido comprobar que, como ya imaginábamos, el hecho de que las brujas podían provocar temporales, granizo y ventiscas, no son más que leyendas, antiguas tradiciones que antaño fueron usadas como argumentos para, una vez más, tratar de “malas” a las brujas. Aun así, sí que es necesario aclarar que, realmente, los brujos y brujas tenían mayor facilidad que el resto de la población para adivinar las previsiones meteorológicas; esto se debía, simplemente, al hecho de que, siguiendo la calificación de “gente del bosque” (origen de la palabra bruja), todos los practicantes de brujería, independientemente de su aspecto o sus ideas, pasaban gran parte del día entre hierbas y plantas hecho que les proporcionaba unos conocimientos extraordinarios sobre el comportamiento de la naturaleza en cada periodo del año. Esto explica su “habilidad” para presenciar los cambios meteorológicos de los próximos días. Aun así, este hecho no es nada extraño ya que, actualmente, podemos encontrar en muchas zonas, payeses que, después de haber pasado toda su vida en el campo, son capaces, después de ver que un escarabajo se ha escondido en su agujero, de pronosticar el tiempo que hará mañana.

Así que, como hemos podido ver, tres, cuatro y hasta cinco siglos antaño, brujos y brujas prevenían el tiempo con sólo observar las raíces de una planta; hoy en día, en pleno siglo XXI, docenas de meteorólogos profesionales, equipados con equipos de última generación, son incapaces de hacerlo ¿será realmente cosa de magia…?

 

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Lidia Noguer, musa de los célebres y bruja de Cadaqués.

 

Raro es el caso de encontrar, entre la juventud actual, alguna persona que no se muera de ganas por conocer a su ídolo; este hecho, aplicable a todas la edades, aunque destacable entre los adolescentes, ha ocurrido a lo largo de nuestros tiempos y si, actualmente, docenas de personas hacen colas interminables en grandes almacenes para conocer a los cantantes de Operación Triunfo o para que el ganador del último premio Planeta les dedique un libro, tres décadas antaño pasaba lo mismo con los cantantes del Dúo Dinámico y dentro de diez años lo mismo sucederá con la estrella del momento…

Pero, cuando hablamos de estos hechos, siempre acostumbramos a relacionarlos con grandes núcleos urbanos y, afortunadamente, hoy en día, llegar hasta las grandes ciudades no supone dificultades importantes pero, por desgracia, tiempos atrás, los desplazamientos eran bastante más difíciles. Es por ese motivo que resulta difícil de imaginar que, durante la primera mitad del siglo XX, una mujer pescadora y que viviera aislada en un pequeño e incomunicado pueblo del litoral catalán tuviera la posibilidad y el privilegio de conocer y relacionarse con seis grandes figuras del mundo cultural del momento como serían Salvador Dalí, Josep Pla, Federico García Lorca, Luis Buñuel, Eugeni d’Ors y el músico, Xavier Montsalvatje, además que por las mesas de su pensión pasaran también Picasso, Puig i Cadafalch, André Derain y Durn i Reinalds, entre otras muchas celebridades. Esa mujer, a la que se podría calificar de afortunada por su suerte al codearse con estos célebres personajes, se llamaba Lidia Noguer y fue conocida por todo el mundo como la última bruja de Cadaqués.

 

LÍDIA de CADAQUÉS, la musa del Empordà.

 

Lidia, junto con Gala y Ana María Dalí formó, sin duda, el “triángulo de musas” que inspiraron y condicionaron, hasta cierto punto, la vida, y por consecuente la obra, de Salvador Dalí. Posiblemente, sino hubiera sido por la ayuda de la deslumbrante mujer, Dalí no hubiera llegado tan lejos en su carrera profesional ya que Lidia le ayudó, de forma importante, en tres asuntos de la vida del artista:

 

  1. Le prestó dinero para que pudiera viajar por primera vez a París, justo después que su padre le echara de casa
  2. Le inspiró un método propio de pintura al autor.
  3. Le vendió una pequeña cabaña de pescadores, de apenas cuatro metros, que era donde sus hijos guardaban las herramientas de pesca. Esa misma choza se vería convertida, años más tarde, en la gran casa de Port Lligat, uno de los tres vértices de la actual ruta daliniana formada en conmemoración del centenario del nacimiento del célebre pintor.

 

Pero no sólo Dalí quedó sorprendido por Lidia; también García Lorca, quien frecuentemente visitaba la casa del pintor en Cadaqués, tuvo la oportunidad de conocer a la genial mujer. Aunque amigo de Dalí, Lorca conocería a Lidia gracias a Ana María, hermana del pintor. El joven escritor quedó cautivado por las locuras geniales de la bruja y, desde aquel entonces, preguntaba a menudo a Dalí por Lidia.

 

Relacionado con los tres personajes (Lidia, Lorca y Dalí), haremos mención de una curiosa e ingeniosa anécdota que sucedió a través de envíos epistolares entre ellos. Después que Dalí se hiciera una fotografía al lado de Lidia y de una amiga de ésta, también bruja, llamada “Filo” (aunque más conocida como “Patum”), el pintor recibió una carta de Lidia en la que exponía su alegría por el hecho de que él no se avergonzaba de relacionarse con brujas. Junto al escrito, una ocurrente frase así decía: <<Le participo que estaba en medio de la cultura, o sea, la filosofía catalana. A la derecha tenía la Filo-Sofía y a la izquierda la mujer catalana estaba…>>. Este hábil juego de palabras, impactó tanto a Dalí que, tras definirlo como una “estupenda definición de la cultura” reenvió la carta, sin ningún tipo de modificación a Lorca.

 

Además de aprovechar la ocasión para demostrar su ingenio, gracias a este intercambio de cartas sería publicado, en 1922, el libro, del cual ya hemos hablado anteriormente, Les bruixes a Llers, de Carles Fagés de Climent e ilustrado por Salvador Dalí. Esto se debe a que en la carta anteriormente mencionada que Lidia manda a Dalí, ésta aprovecha para decirle (citamos textualmente del libro Dalí, entre Dios y el Diablo): «Dile a Fagés que tiene que hacer un libro, que las brujas tienen que gastar sus perras».

También el músico Xavier Montsalvatge (1912-2002) pareció quedar impresionado con la bruja y, gracias a su influencia, escribió la obra La serenata de Lidia de Cadaqués, título curioso ya que, muy posiblemente, si lo hubiéramos escuchado antes de conocer esta información, hubiéramos imaginado que era una pieza dedicada a alguna persona especialmente amada por el músico.

 

 

 

Josep Pla (1897-1981) fue otra de las celebridades que conoció a Lidia. Lo hizo cuando, acompañado por el Doctor Víctor Rahola, paseaba por el camino que transcurre desde Cadaqués hasta Port-Lligat. Cuando, de repente, se cruzaron con Lidia, el célebre escritor hizo la siguiente descripción de ella (la cual está publicada en su libro Cròniques de l’Empordà): <<es una mujer con un cesto de pescado que saludó a Don Víctor con extraños y aparatosos cumplidos. Es evidente que parece una mujer del pueblo, pero por su vestido se ve que alberga la pretensión estrafalaria de parecer una señora: lleva un peinado aparatoso, una blusa hueca llena de lacitos, faldas a la moda de cinco años atrás, y unos pobres zapatos de torcidos tacones, de una irreparable tristeza. Adornada así parece una mezcla de alcahueta y bruja venida a menos>>

Cuando Lidia se alejó, Rahola explicó a Pla: << Es Lidia, hija de Sabana, la última gran bruja que hubo en Cadaqués…>>

 

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Lidia, hija de bruja, heredera de una “maldición familiar”…

 

Como ya comentamos en otro apartado, se supone que las prácticas brujeriles eran, muy a menudo, hereditarias y, más aun, cuando se trataba de la transferencia entre madres e hijas. Siguiendo con esta tradición es curioso saber que Lidia heredó de su madre, Sabana, su “diploma” en brujería…

Sabana era una mujer muy mal considerada en el pueblo. Odiada por unos y temida por otros, sus extrañas aficiones contribuyeron a dar énfasis a esa antipatía que los vecinos sentían por ella. Por este motivo, se llegó a acusar a Sabana de tener todo tipo de poderes mágicos pero, entre ellos, el más curioso fue, sin duda, el de la atribución que se le hacía a la extraña mujer de conocer el secreto de la licantropía, es decir, tener la facultades para practicar la metamorfosis y convertirse, de esta forma, en  lobo. Así nos los cuenta Miguel Aracil en su libro, anteriormente mencionado, La Cataluña bruja:

 

<< Tenía Cadaqués por aquel tiempo un “vigilante” nocturno famoso por su fealdad,  pues tenía la cara casi desfigurada,  posiblemente por una viruela infantil,  y que según nos dijeron le llamaban el cara grabada,  pero también era popular por su valor,  pues a nadie ni a nada temía. Una noche en que la fría tramontana obligaba a todos los vecinos de esta localidad a estar encerrados en sus casas,  el vigilante nocturno escuchó un extraño ruido en una calle,  concretamente un callejón porticado,  y al acercarse,  vio que ante sus ojos un enorme perro negro,  muy parecido a un lobo,  gruñía y le mostraba su terrible y blanca dentadura. Lejos de acobardarse,  el hombre cogió su chuzo (arma típica de estos vigilantes nocturnos,  consistente en un grueso bordón con regatón) y se lo lanzó con toda la fuerza de su nervudo brazo a la cara del fiero animal  que, lleno de dolor marchó corriendo hacia el monte,  concretamente en dirección a donde vivía la Savanna.

A la mañana siguiente se encontró con nuestra bruja,  y vio atónito que llevaba toda la cara morada y herida,  y cubierta con un sucio vendaje. Al preguntarle cómo se había hecho aquello,  la bruja se limitó a decirle que el día anterior había tropezado con una piedra y caído de cara al suelo, dándose un fuerte golpe. Con este suceso creció la fama de aquella mujer, pues todos consideraron que el animal nocturno y la bruja,  eran la misma criatura.>>

 

De estas líneas, sean o no verdad, podemos deducir, sin duda, cual era la reputación que tenía Lidia en Cadaqués y, debido a la fama de su madre, en toda la comarca ampurdanesa.

 

Sumados a su mala reputación, los problemas familiares persiguieron a Lidia desde que era una niña. Por esos tiempos, su madre, Sabana, murió en un incendio . El padre de Lidia sería inmediatamente acusado de haber provocado el accidente pero, a causa de falta de pruebas, sería puesto en libertad pocos días después aunque, eso sí, con graves consecuencias. El siniestro afectó demasiado a su vida dejándolo en un lejano mundo del que jamás iba a despertar; poco tiempo después se ahorcaría en el sótano de su casa, sin que nadie llegara a descubrir nunca quien provocó ese incendio (ni si su condición de bruja había tenido algo que ver en ello)…

Pero la desgracia acompañaría a Lidia más allá de la adolescencia; cuando la mujer se encontraba ya en un nivel estable de vida, con un negocio floreciente en marcha, y una familia, las cosas volvieron a ir mal… Inmersa en una depresión que podríamos calificar de “amorosa”, de la cual hablaremos más adelante, Lidia abandonó su negocio de pescado. Poco tiempo después, su marido, Nando, un buen pescador de la zona, también decidió retirarse y, en estado melancólico, se quedó en su casa familiar de dónde no saldría jamás; pocos años más tarde se ahorcó. El trauma de la muerte de Nando condicionó de manera importante la vida de los hijos de Lidia, Benvingut y Honori, quienes, afectados por lo sucedido y después de obsesionarse con un “supuesto” hallazgo de radio en el Cap de Creus, fueron internados en el manicomio de Salt (Girona). Con el paso del tiempo, aunque las fuentes confirman que murieron en pocos años, Lidia perdió todo contacto con ellos…

Sola y sin nadie a su lado, Lidia se acabaría por convertir, realmente, en el despojo de mujer que Josep Pla había descrito en las líneas de sus Cròniques de l’Empordà.

 

 Lidia y Eugeni d’Ors

 

También el memorable escritor catalán y teórico del novecentismo Eugeni d’Ors (1881-1954), más conocido como “Xenius”, se vio involucrado en la vida de Lidia de Cadaqués de una manera muy especial; pero, a diferencia de Dalí o Lorca, él despertaría en Lidia un sentimiento muy distinto, un efecto de carácter amoroso que, sin duda alguna, llevarían a la pobre mujer a la más profunda locura…

El escritor catalán conoció a Lidia a través del doctor Víctor Rahola (el mismo que paseaba con Josep Pla cuando este hizo su peculiar descripción de la mujer). Por aquellos tiempos, el médico se relacionaba con otro galeno barcelonés llamado doctor Ors, cuyo hijo, Eugeni d’Ors, se estaba recuperando de una importante enfermedad. Explicándole Rahola lo bueno que eran los aires de Cadaqués, el doctor d’Ors decidió que una buena temporada ahí beneficiaría los problemas de salud de su hijo. De esta forma, Eugeni d’Ors, acompañado de un amigo quien también padecía una enfermedad similar a la suya, se dirigió hacia Cadaqués donde Víctor Rahola le había buscado alojamiento. La pensión en la cual se alojarían Eugeni y su amigo fue, indudablemente, la casa de Lidia, una amable y simpática pescadora de buen ver-decía Rahola- que vivía acompañada de su marido y sus dos hijos pequeños. El precio por su estancia era, por aquel entonces, de 16 reales diarios, alimentación incluida.

De este modo se conocieron Lidia y Eugeni d’Ors quien, contentísimo  por su estancia en casa de la bruja, permanecería allí durante algún tiempo. Fue durante ese periodo cuando se supone que Lidia se enamoró de “Xenius” (afirmación que siempre sostuvo el doctor Rahola).

 

A lo largo se su vida, Lidia clasificó, probablemente influida por su amor por “Xenius”, a las personas que iba conociendo en dos grupos distintos según la simpatía que estos le transmitían:

Por un lado se encontraban, según Lidia, los “buenos”, aquellos en que podía confiar y, como consecuencia, eran bautizados como “La sociedad del secreto de Xenius”.

Por otra parte, estaban los “malos”, grupo que comprendía el resto del pueblo, todos aquellos que no eran buenos, los que la criticaban, hablaban mal de ella y, en definitiva, la odiaban. Este grupo era conocido por Lidia y su gente como “La sociedad de cabras y anarquistas”

 

Lidia, la “Ben Plantada”

 

Con el título de la “Ben Plantada” se conoce una de las composiciones más célebres d’Eugeni d’Ors. Publicadas durante el verano de 1911, las glosas de esta obra tienen como tema central la vida de un pequeño pueblo costero que, a causa de la llegada de una nueva joven a su comunidad, ve totalmente mitificada su vida. Dicha joven, representará el perfecto modelo tanto de belleza como de la nueva tendencia que impulsará el movimiento de la nueva ética novecentista promulgada por Eugeni d’Ors.

 

Esta obra fue sin duda, el eje central de la relación entre “Xenius” y Lidia. Nunca se llegó a saber verdaderamente si la bruja ampurdanesa era o no “Teresa” pero, aun así, Lidia siempre tuvo claro que Eugeni d’Ors se había basado en ella para crear a la protagonista de su novela. Esta terrible duda (aunque para Lidia fuera toda una certeza), llevaría a la bruja  al trastorno; desde entonces empezó a afirmar delante de la gente que ella era en realidad Teresa y llegó a tal su locura por demostrarlo que asistió a actos culturales presididos por Eugeni d’Ors afirmando su carácter de “auténtica y genuina ben plantada”.

Pero la incertidumbre nunca se aclaró y hasta Víctor Rahola llegó a contar a Josep Pla que fue el propio Eugeni quien, en un momento dado, confesó a Lidia que ella era la “ben plantada”…

La polémica de todo este asunto acabó, de forma casi total, con la vida de Lidia. A partir del momento en que toda esta historia se dio a conocer, Lidia empezó a sufrir constantes trastornos que acabarían convirtiéndose, poco tiempo después, en una desmesurada locura. Fue por aquél tiempo que la bruja abandonó su negocio de pescado y, seguidamente, tras las tragedias familiares protagonizadas por su marido y sus hijos, su locura fue en aumento de forma irreversible. Lidia murió sola, y representando a la desmejorada y cruel bruja que se pinta en las caricaturas, en el año 1946.

 

En el año 1953,  tras la muerte de Lidia, Eugeni d’Ors empezó a preocuparse por la figura de lo que había representado la bruja y, tras recorrer las calles y caminos que Lidia frecuentaba, acompañado de Cesáreo Rodríguez-Aguilera, recogiendo datos y detalles sobre la vida de la bruja, escribió el libro “La verdadera historia de Lidia de Cadaqués”. Dicha obra, de publicación póstuma, fue ilustrada por Salvador Dalí (a petición del autor) con cuatro planchas las cuales intentaban, sin duda, loar la figura de Lidia. El libro, de gran éxito, debido a la importancia tanto de su autor como de su ilustrador, fue reeditado y traducido al catalán el 12 de abril del 2002.

 

Para terminar con el tema de la relación entre Eugeni d’Ors y Lidia, es interesante hacer referencia de un artículo que el escritor catalán publicó en el diario Arriba, Madrid el martes 9 de agosto de 1949. El escrito en cuestión no puede ser adjuntado íntegramente debido a su extensión pero, aun así, veamos alguno de los fragmentos más significativos :

 

[…] Lo mismo da el que hablemos de esquizofrenia que de psicastenia. Lo malo está en confundir la enajenación con la locura. Ésta propende siempre a hundirse en la tercera clase de la clasificación. La manía tiene una fatal curva, que lleva a la imbecilidad. Varias mujeres hubo, entre 1912 y 1922, que aseguraron ser Teresa la Bien Plantada. Una de ellas, a Xenius, en ocasión de visitar un manicomio, en compañía del doctor Alzina y Melis, de Bolonia, se le colgó al cuello, prodigándole las expresiones de ternura más obscena […]

[…] Para poner las cosas en este punto, en su punto, se escribe el presente evangelio de Lidia, la de Cadaqués. Y también, un poco, en guisa de pago de una deuda. Como un «Leit-moti»> en el curso de aquél, se ha repetido la sentencia que designa como lo más triste, en quienes sufren delirio de persecución, el tener razón. Esta razón, venenosa para la razón, hubiera podido robar, por lo menos, la serenidad a un hombre, en quien la injusticia se cebaba. A orillas del abismo, le colocaron inicuas hostilidades, más de una vez. Si salió indemne, quizá se debió a una misteriosa asistencia lejana, que logró tomar sobre sí el veneno; tal chupa el saludador la herida hecha por la mordedura de un can. Una Comadre oscura pudo ser el vaso expiatorio que preservase a un hombre, a un pensamiento y a una obra, de precipitarse en las tinieblas, desde la luz.»

“Lidia de Cadaqués. Locura y enajenación”. Arriba, Madrid, 9 de agosto de 1949

Como podemos observar, en el artículo, Eugeni d’Ors habla de la esquizofrenia que viven algunas personas y, como ejemplo, cita experiencias vividas con varias mujeres que aseguraban ser Teresa (la Ben Plantada). Es evidente que el autor hace uso del medio de comunicación para argumentar que él no se basó en ningún hecho ni vivencia transcurrida en Cadaqués cuando se decidió a escribir su célebre obra. Además, como nos muestra el escrito, Eugeni d’Ors aprovecha estas líneas para hablar de la bruja catalana, llamándola, como de forma despectiva, “Lidia, la de Cadaqués”. El escritor dice de ella que, justamente para poner las cosas “en su punto”, es decir, para aclarar que, realmente, nada tuvo que ver con el personaje de Teresa, está especialmente escrito este artículo.

 

En busca de Lidia (desde Cadaqués hasta Agullana)

 

Aprovechando el final del verano y los últimos días cálidos y sin lluvia en la Costa Brava, a principios del mes de septiembre decidí ir en búsqueda de los “lugares claves” en la vida de Lidia Noguer.

Evidentemente, mi visita había de empezar por la maravillosa localidad de Cadaqués, pueblo acogedor y marinero que consta, actualmente, con aproximadamente dos mil habitantes.

En medio del ancho y despejado paseo marítimo, una escultura de Dalí nos indicaba, firmemente, la importancia que el artista había tenido en ese pueblo. Los pocos turistas que quedaban ya por la zona lo miraban curiosos y, con la ayuda de una guía en sus manos, todos parecían reconocerle. Seguidamente se hacían fotos junto a él. Me paré a pensar y me di cuenta de que no podía imaginar las cientos de fotos que la gente se habrá hecho al lado de esa estatua a lo largo de los tiempos pero, lo mejor de ello, es que esa cifra se iba a duplicar el próximo año debido a la celebración del Año Dalí. Cuando finalice el 2004, docenas, cientos, o quizás miles de personas tendrán una foto al lado de la emblemática estatua pero ¿cuántas de ellas conocerán la relación del artista con Lidia de Cadaqués…?

 

Con la ayuda de algunos libros que llevaba en mi mochila, no tardé mucho en llegar a lo que antaño fue la última residencia de Lidia; una pequeña choza, situada al lado de la calle Verge del Carme, destruida casi de forma total, a pocos metros de las cristalinas aguas de Cadaqués. El lamentable estado de la casa de Lidia se remonta a tiempos de la Guerra Civil cuando, ya por aquella época, el inmobiliario de la cabaña se limitaba a un solo asiento (por decirlo de algún modo) hecho a base de paja. Las obras d’Eugeni d’Ors, ennegrecidas por el humo, recordando momentos supuestamente gloriosos, eran el único adorno que la vivienda (si se podía llamar así) tenía.

 

 

Acabada mi visita por Cadaqués, y después de haber visitado la casa de Dalí en Port-Lligat la cual, de alguna u otra forma, mantiene relación con Lidia ya que, como antes hemos dicho, fue ella quien le vendió los “muros base” para construirla, decidí que mi próxima parada había de ser el pueblo de Agullana, una pequeña población de unos 650 habitantes donde Lidia pasó sus últimos días.

 

A la edad de 78 años, los pocos amigos que Lidia aun conservaba (destacando, principalmente, a Dalí, entre todos ellos) decidieron que el estado de desequilibrio mental que la pobre mujer sufría era motivo para llevarla a una residencia. De este modo, y sabiendo que Lidia no podía afrontar ningún tipo de gastos económicos, entre todo el grupo de amistades pagaron a la ya anciana mujer su estancia en el Asil Gomís de Agullana donde pasaría sus últimos tres años de vida hasta perecer en 1946.

 

Según lo que nos cuentan algunas fuentes, Lidia pasó sus tres últimos años en el asilo contando a los demás ancianos sus historias sobre los personajes con los que se había codeado durante su vida y, los demás residentes, dejaban hablar a Lidia pensando que todo era fruto de una avanzada demencia senil.

 

Lidia murió el año 1946. Fue enterrada en el cementerio de Agullana pero, en realidad, su verdadero funeral no tendría lugar hasta el año 1989.

El año 1956, celebrando el décimo aniversario de su muerte, los amigos de Lidia  fueron a colocar en su tumba un epitafio (pagado por Dalí) con unas palabras “en clave” escritas por Eugeni d’Ors años atrás; pero, desgraciadamente, y pese al esfuerzo e insistencia del Ayuntamiento de Agullana, el obispo Cartanyà de Girona prohibió que fuera así, por considerar el epitafio irrespetuoso. Por este motivo, la lápida permaneció fuera de su lugar durante más de 35 años. Primeramente estuvo durante un tiempo guardada en el mismo cementerio, más tarde, fue trasladada al pueblo de Pontós (Alt Empordà) donde un exalcalde de Figueres, Ramon Guardiola, amigo de Dalí, se ofreció a guardarla. Finalmente, en 1989, en medio de una polémica celebración, se colocó la lápida en su lugar correspondiente, al lado de los restos mortales de la bruja. De este modo, después de tan larga espera, Lidia pudo, por fin, descansar en paz…

 

Dicen así las palabras escritas en el epitafio:

 

 

 

 

 

DESCANSA AQUÍ,

SI LA TRAMONTANA LA DEJA,

LIDIA NOGUÉS DE COSTA,

SIBILA DE CADAQUÉS,

QUE MÁGICA DIALÉCTICAMENTE,

FUE Y NO FUE A UN TIEMPO

TERESA LA BIEN PLANTADA.

EN SU NOMBRE CONJURAN

A CABRAS Y ANARQUISTAS

LOS ANGÉLICOS.

 

 

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Así, después de pasar penas y glorias en tierras del Empordà, Lidia pudo descansar para siempre en Agullana, lugar que, aunque lejos del mar que la vio crecer, ofrece, desde el punto más alto de su cementerio, una bonita panorámica de la comarca…

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Libros

 

  • ARACIL, Miguel G. La Cataluña bruja. Editorial BASTET. 2003.
  • ARACIL, Miguel G. Guía maldita de Cataluña. Editorial BASTET. 2002.
  • ARACIL, Miguel G. Gran Guía de la Cataluña mágica. ESPIRAL. 2002
  • ATIENZA, Juan G. Guía de las brujas en España. Barcelona. Editorial Arín.1986.
  • BASCHWITZ, Kurt. Brujas y procesos de brujería. España. Luis de Caralt.1968.
  • CARO BAROJA, Julio. Las brujas y su mundo. Alianza Editorial.1968.
  • DONOVAN, Frank. Historia de la brujería. Alianza Editorial. 1971.
  • GUILLAMET, Joan. Bruixeria a Catalunya. Paraula Viva. 1976.
  • HUGHES, Pennethorne. La brujería. Editorial Bruguera. 1974.
  • MASANÉS, Cristina. Lídia de Cadaqués. Quaderns Crema. 2001.
  • MURRAY, Margaret A. El culto de la brujería en Europa Occidental.

Editorial Labor. 1978.

  • MURRAY, Margaret A. El Dios de los brujos. México, D.F. Efe. 1986.
  • VARIOS AUTORES. Dalí 1904-2004. (Edición especial “La Caixa”). Barcelona.

Edicions 62. 2003.

  • WALLACE, C.H. La brujería en el mundo. Edisven. 1971.

 

En la red

 

http://ralf.nexenservices.com/hp_gironella/bruixespedraforca.html

http://tiemposmodernos.rediris.es

http://www.alterguia.com/MAGIA

http://www.arrakis.es/~loisscribt/misterios/salem.htm

http://www.editorialbitacora.com/armagedon

http://www.sarmiento.org.ar/conf_dors.htm

www.altemporda.com

www.avui.es

www.conoze.com

www.elpunt.com

www.escriptors.com

www.festes.org

www.google.com

www.lletra.com

www.salem.org

www.salvador-dali.org

www.sapiensdigital.com

www.vilaweb.com

 

Otros (revistas, publicaciones, etc.)

 

ARMENGOL, Anna. Realidades de la brujería en el siglo XVII: entre la Europa de la caza de brujas y el racionalismo hispánico.”Universidad Autónoma de Barcelona

 

MORALES, Joan. “Bruixes a Viladrau”, dentro de Sàpiens, núm. 4, febrero 2003.

 

www.editorialbastet.com

Blog de

www.miguelaracil.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

¿Quién es quién?

 

  • ¿Qué se entiende por brujería?
  • ¿Quién eran las brujas?
  • Magia, hechicería y brujería
  • Evolución de la brujería
    • Prácticas sexuales en los rituales

religiosos (a modo de aclaración)

  • Actividades brujeriles
  • Características de la brujería (Aspectos fundamentales)

 

Enemigos de la brujería

 

  • La persecución de brujas
  • La Inquisición: persecución y caza de brujas
  • La Antigua Inquisición
  • La Nueva Inquisición
  • Procedimientos
  • El maleus maleficarum: justicia a golpes de Martillo.
  • Médicos vs. brujas: ¿rivalidad profesional?
  • Salem: Una auténtica caza de brujas.

 

La brujería en Cataluña

 

  • Un tierra de tradición brujeril.
  • Principales enclaves brujerils catalanes
  • Pedraforca
  • Vallgorguina
  • Viladrau (Montseny)
  • Altafulla
  • Cervera
  • Llers
  • Tormentas, relámpagos, granizo y… ¡brujas!
  • Lídia Noguer, musa de los célebres y bruja de Cadaqués.
  • Lidia de Cadaqués, la musa del Empordà.
  • Lidia, hija de bruja, heredera de una maldición familiar
  • Lidia y Eugeni d’Ors
  • La Ben Plantada
  • En busca de Lidia (desde Cadaqués hasta Agullana)

 

Bibliografía

 

 

 

 

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa