De profesión APÓSTATA global

Ya me da hasta cosa seguir apostatando de tantas cosas que he sido y he decidido dejar de ser.

El año 1995, una noche del 10 de septiembre, en el Hospital de Sant Pau de Barcelona apostaté de cualquier religión, concretamente la cristiana , que fue en la que me crié o, mejor, me criaron.

Hace unos pocos años, con la «proclamación» de la » republiqueta de los ocho segundos» y viendo lo que vi, aunque yo esos días andaba de uniforme (mimeta) por las montañas malagueñas, comiendo plantas e insectos, apostaté de mi catalanidad.

Me quedaban mi cariño a Barcelona o Ciudad Condal , y a España; sin olvidar jamás mi amor incondicional a los animales y a la Madre Naturaleza.

Por esos tiempos más o menos, apostaté de un mundillo profesional en el que me había movido durante más de cuatro décadas: El misterio en sus vertientes periodísticas y literarias. Tanto cainismo, lameculos, «judas de cuatro perras, pues ni a 30 monedas llegan algunos» y demás, hizo que, tras más de cuarenta años diera de baja a la mayoría de mis amistades, conocidos y similares que tenía en él. Sólo me quedé con tantos como dedos tengo en una mano.

Me quedaba mi amada Barcelona, esa ciudad para mi maravillosa y que me vió nacer, al igual que a todos los Aracil por lo menos desde 1870 ( en el Poble Sec). Pero. con la etapa » Colau» de suciedad en las calles, inseguridad ciudadana ( hace dos sábados un par de magrebiés atacaron a mi esposa y ya tenemos hora para un juicio—mayo del 2022—que sé no servirá para nada, salvo hacernos perder el tiempo a mi mujer y a mi), persecución a los automóviles que no sean nuevos, payasadas institucionales y demás » podemongadas» ya empiezo a sentir sentimientos negativos.

No voy a apostatar de mi estimada Ciudad Condal ya que, estoy seguro que, la en ocasiones llorona actual alcaldesa estará poco tiempo haciendo polvo mi ciudad, pues somos muchos, yo diría que mayoría, los ciudadanos que no la queremos en la Plaça de Sant Jaume. Y, para eso están las urnas y el » seny».

Nieto de socio del Barça, he sido culé hasta los 63 años ( tengo 66), en que, debido a su posicionamiento político ( siempre el mismo por otra parte en mi exequipo) dejé de ser culé. Apostaté de mi exclub de toda la vida y para siempre.

Si a eso le añades haber tenido de vecinos directos durante cuatro meses ( fin de año pasado y los primeros meses del actual) al equipo de campaña de Jan Laporta y varios cabreos director con éllos ( guardo una carta, gentil y caballerosa, eso sí, y un regalo del actual » presi» del descafeinado club pidiendo disculpas. Aceptadas por mi cuenta) ha hecho que acabara apostatando del todo de mi exclub

Ya poco me queda por apostatar

Me quedan mi escasísima familia de dos y cuatro patas (esposa, hija y mis hijos y nietos gatunos o perrunos), unos pocos amigos en los que confío ( muy pocos, cada vez menos), mi amor a mi país, que se llama España, a la Naturaleza, y, ante todo a los animales, mi gran pasión.

No creo que jamás me vea obligado a apostatar de lo poco que me queda.

Seria muy duro para mi y tendría que pensar muy bien si entonces no debía apostatar de lo más sagrado que te da una madre al nacer

Menos mal que , apostatar no cuesta dinero, pues en caso contrario no podría pagar la luz, ese macrorrobo institucionalizado que muchos sufrimos y muchos callan por ideología o idiotez.

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa