Centenario de Antonio Ribera; dos opiniones, Miguel G. Aracil, Pedro P. Canto

Esta semana se cumple el centenario del nacimiento del padre de la ufología española y de nuestro submarinismo patrio, ya que fue cofundador del decano C.R.I.S. El primer centro y club de buceo español . Me refiero  al barcelonés Antonio Ribera i Jordá.

Creo que dentro del en ocasiones cainita mundillo en el que llevo más de cuarenta años moviéndome profesionalmente, soy el único que puedo asegurar que conocí desde hace muchas décadas al Antonio Ribera escritor de misterios y OVNIS y al Antonio Ribera buceador, ya que yo mismo soy submarinista ( titulado) desde mi ya lejana adolescencia ( Barcelona 1955). Lo conocí en sus dos facetas unidas.

Aunque me dieran dinero no podría poner fecha fija al día o mes en que conocí a Antonio.

Mientras a otros de mi mundillo sí les pongo fecha, por ejemplo a cierto «personaje» al que escuché en persona ( calle Urgell) su primer discurso, que empezaba diciendo  machacona y narcisistamente y con su peculiar acento» jo soc, jo soc, jo soc…» ( yo soy….) para terminar con la misma frase, pues su ego es patológico, cuándo no hilarante, y fue a finales de septiembre de 1977, de Antonio, mucho antes y en el mundo de los » hombres peces» como a él le gustaba denominar a los que somos submarinistas, no puedo poner una fecha debido a su lejanía.

No haré una biografía y un C.V. de Antonio, pues ya otros, principalmente el escritor turolense y Premio Planeta 2017 Javier Sierra, su » nieto ufológico», la hace en su página web ( ver).

Para no repetir lo que dice Sierra, y que sin duda repetirán algunos otros que tan siquiera lo conocieron, pues de » francotiradores de  oido» que esperan que alguien muera para hacer su minuto de gloria conozco muchos, me limitaré a contar algunas experiencias o anécdotas casi desconocidas de Antonio Ribera.

Ese humanista renacentista, al que yo así definí hace años, y creo que otros han gustado de dicha definición pues veo que la repiten, es conocido por muchos, más por sus libros o escritos  en revistas que por algunas de sus facetas personales.

Permítame el lector citar algunas de ellas.

Antonio Ribera, el PIONERO de tantos temas, ya dió a conocer en 1956 un pecio ( barco hundido) y un inmenso fondeadero lleno de trozos y cuellos de ánforas en 1956 en su libro » Els homes peixos» ( «Los hombres peces») y lo comunicó a las autoriadades ¿? arqueológicas del momento.

Situados ambos entre Creixell y Torredembarra ( Tarragona) cuando buceaba por aquella zona junto a su amigo el comandante de las Armada italiana Scandolo. Antes lo había hecho con otro compañero suyo del C.R.I.S. Ferrán creo que se llamaba.

Desde 1970 a 1985 yo estuve buceando decenas de veces cada año ( si el viento de Levante lo permitía) sobre estos yacimientos y, pese al esfuerzo de Antonio para darlos a conocer, el material arqueológico seguía allí, para placer de ciertos submarinistas (pocos en aquella zona) y de algún resturante de la Costa Dorada que servía sus » calçotades» sobre «tegulaes» romanas conseguidas en el segundo de estos yacimientos.

Lo había comentado varias veces con Antonio y siempre, desde sus miopes y en ocasiones casi infantiles ojos aparecía  una mirada de tristeza y me decía ( traduzco al castellano): » Miquel, en este país la cultura no la respetan ni quiénes han de hacerlo».

Supongo que allí siguen dichos yacimientos tan bien conocido por mí, sobre los que escribí varios artículos ( con fotos) en la revista » Vida Submarina» y que comuniqué personalmente a las autoridades arqueológicas. Supongo que se lo pasaron por el coleto con aquello de » no hay medios»

Recuerdo un día muy feliz en que salimos con el coche mi esposa Gemma, mi hija Elisabet, muy pequeña por entonces, mi difunta madre y yo. Nos paramos a comer en un resturante cerca de Sant Feliu de Codina, donde habitaba Antonio.

Habíamos estado visitando sant Miquel del Fai, pues necesitaba nuevas fotos para el libro que por entonces yo estaba escribiendo ( «Paseo por la Cataluña mágica y ancestral«, Editorial Arbor Scientae) y, coincidimos en el párking del restaurante con Antonio. Él estaba aparcando y lo fui a saludar. Recuerdo que abrió la puerta del coche y bajaron alegres y ladrando toda una escuadra de perros.

Toda mi escasa y única familia se acercó para acariciar a las escudra canina de Antonio.

Estuvimos hablando un rato y, mi difunta madre y Antonio se quedaron casi una hora hablando de animales, gatos y perros, pues Antonio tenía de ambos en su casa, mientras nosotros en la nuestra sólo teníamos gatos.

Cuando los cinco (de hecho cuatro, pues mi hija estaba jugando en los columpios) humanos finalizamos la faunística conversación, Antonio le dijo una frase a mi madre , sobre los humanos y los animales caseros, que la he hecho mía, y repito desde entonces y en la que creo a pie juntillas.

Antonio eran un gran amante de los animales y eso ya lo dice casi todo de él, al menos para mí.

Una tarde, casi de noche, en la avenida de Roma de Barcelona se celebró una conferencia sobre OVNIS. Hablaron Antonio Ribera, mi compañero de redacción por entonces Marius Lleget ( también cofundador del CRIS aunque no sabía nadar…) y un tercero que no recuerdo o no quiero recordar.

Cuando le tocó a Ribera la charla se la reventó el también escritor Pedro Guirao.

Guirao, escritor profesional con su nombre o diversos pseudónimos en sus novelas ( Bruguera), casi lo humilló delante de todos, hasta el punto de hacerlo  casi llorar de rabia.

Antonio era pacífico, pero se enfrentó a él y estuvieron a punto de llegar a las manos. Cómo yo conocía a Guirao y sabía de su peculiar pasado( me lo ahorro) y juventud y sabía que era hombre bravo, y no primerizo en las reyertas a la brava, acudí en ayuda de Antonio y…yo no era Ribera ni pacífico..Y la cosa acabó mal.

Me supo mal ver casi llorar a Ribera.

Podría contar muchas anécdotas de Ribera pero me alargaría hasta en cansancio.

Voy a terminar con una en la que, para mi disgusto, no hizo el mejor de sus papeles.

Por aquel entonces yo ocupaba el puesto de coordinador de redacción en la decana y mediocre retista Karma 7, dirigida por su fundador, el supremacista (y voy a ser moderado) Josep María Armengou i Marsáns, » catalá químicament pur» ( catalán químicamente puro) como a él le gustaba definirse y DEJABA ESCRITO en ocasiones..

En la redacción de dicha cabecera estábamos el susodicho director, mi compañero (DEP) Marius Lleget i Colomer, hombre culto y legal, la secretaria de redacción ( me muerdo la lengua) y yo.

La revista iba de mal a peor. Y el director vio un filón en la controversia que por aquel tiempo empezaba por el best-seller del periodista navarro Juan José Benítez y su » Caballo de Troya»

Armengou olfateó que alimentar la controversia, incluso encizañar el tema podía dar buenos resultados. Y, pese al disgusto  y cabreo que por ello demostramos Lleget  y yo, puso toda la cizaña que pudo ( y más), con la ayuda de un madrileño que todavía vive y con el que mantengo un eterno desprecio MUTUO, y el conductor de un conocido programa de radio sobre misterios ( antes había pocos, no es cómo ahora que florecen cómo flores en primavera) y día sí, día también, llamaba a Antonio a su casa y lo encabritaba sobre el tema.

Al final, Ribera se dejó llevar de uno de los tres defectos que para mi gusto tenía y…la pifió con el tema. Todos sabemos cómo acabo, pero muy pocos sabemos quiénes movieron ciertos hilos para llevar a cierta desgracia al en este caso ingenuo ( lo fue más veces, conste, pues pecaba de creerse muchas cosas que no eran…era bastante ingenuo en sus ilusiones) Antonio Ribera.

La última vez que estuve con Antonio fue de casualidad y lo encontré en las Ramblas de Barcelona paseando.

Lo saludé con alegría, aunque antes me la había jugado en una conocida revista, la única que sobrevive en la actualidad y trata sobre misterios ( descarto las morosas que me deben dinero) en el peor momento de mi vida. Y fue la secretaria de dicha publicación, a la que llamábamos » Genni» ( se llamaba María Eugenia) la que intercedió, sabiendo que yo lo estaba pasando terriblemente y que Ribera había metido la pata.

Dejando la anterior salida de tono de Ribera, fui a saludarlo y me devolvió con su exquisita educación decimonónica el saludo.

Hubiera sido un placer si no llegar a ser por que se dirigió hacia mí en castellano, lengua que jamás habíamos utilizado en nuestras muchas converaciones desde hacía décadas sobre mil temas.

Le dije que me mirara, que era Miquel Aracil…Me miró con sus ojitos y me empezó a contar que él había sido uno de los fundadores del CRIS, que había escrito y traducido muchos libros, que…Lo miré apenado y vi que Antonio no se encontraba bien. Ya era un Antonio Ribera en el final de su verdaderamente sabia vida.

Le di un cariñoso abrazo ( soy poco de abrazar a los hombres) y me dije para mí mismo» Antonio, nuestro Antono Ribera el » home peix» se está acabando»…

Poco tiempo más tarde me comunicaba su muerte.

Me he guardado para mí muchas anécdotas y muchos temas sobre Antonio.

Desde su verdadera guerra personal con el comandante piloto Antonio ( Toni) Pujador, con el que compartió expedición a Rapa-Nui o isla de Pascua ( ver libro de Ribera), y al que yo conocí mucho y estuve bastantes veces en su precioso piso de la calle Balmes, hasta curiosas anécdotas gastronómicas, pues Ribera, todo lo que tenía de sabio, lo tenía de buen comensal ante la mesa ( igual que yo)

Termino guandando el más querido de los recuerdos para ese HUMANISTA, ese SABIO, que fue Antonio Ribera i Jordá. Nuestras conversaciones sobre ánforas Dréssel, OVNIS ( no me interesaban en demasía, pero en boca de Ribera eran apasionantes), misterios, perros y gatos ( mi pasión). Y dejando en lo más hondo de mi mente y para siempre los tres defectos que considero tuvo Ribera. Uno que comparto desde mis quince años…otro que jamás he tenido y puede considerarse menor y muy tópico entre los chistes malos dedicados a los catalanes ( y judíos), y el tercero que, por desgracia le hizo mucho daño para el resto de sus días.

Aunque este blog es de mi autoría, pensé que, ya que él fue páter de tantos escritores, periodistas e investigadores del misterio (muchos pasamos por su casa, con la inefable…Trini, su segunda esposa, la » Africana», por ser «cavalla» y de la que hablará a continuación mi amigo Pedro P. Canto), principalmente los OVNIS, debía dar voz algún miembro de la segunda y también de la tercera ( y más conocida) generación del misterio.

Puesto al habla con dos de la segunda gerenación o sea la mía, mejor no reproducir algún comentario y los obvio. Hay muy mala leche en algunos que han decidido dejar este mundillo ( no  les quito razón por dejarlo).

De la tercera, de la que salieron muy buenos investigadores y escritores, aunque algunos se creen ser más de lo que realmente son, fui descartando hasta quedarme con dos nombres. Por ser personas de mi total confianza, serias, y profesionales cómo la copa de un pino.

Al primero, Javier Sierra, lo descarté pues ya ha escrito y escribirá mucho sobre Ribera, y más este año , su año, el AÑO ANTONIO RIBERA. El segundo es un amigo mío, al igual que Javier Sierra, conste, y , para mi gusto, fue el mejor ufólogo de la Tercera Generación, aunque en ocasiones sea difícil de encasillar.

Me refiero al escritor, empresario,  máxima autoridad europea en el tema Indiana Jones, y , lo más difícil, amigo sincero y correspondido de mi familia, Pedro. P. Canto.

Un hombre tan raro en ocasiones cómo yo, pero legal y sincero que merece ser escuchado y saber alguna de sus adolescente experiencias con ese gran SABIO que fue Antonio Ribera o Jordá que,. si existiera algo tras la muerte, que para mí no existe, estaría ahora riendo con su amigo de muchos años Marius Lleget, éste último fumando su eterno cigarrilo, sobre alguan roca perdida del planeta Marte y hablando de OVNIS o de …buenas y bien servidas mesas.

Hasta siempre Antonio

 

Miguel G. Aracil ( escritor)

 

Dejo paso a Pedro P. Canto

 

No me preguntéis qué año corría porque me asusta ver cómo pasa el tiempo.

Ya con 14 años había empezado a inquietarme ese apasionante mundo de las cosas extrañas que pululan por el cielo. Devoraba cuanto caía en mis manos y era un ávido oyente de programas de radio –recordemos que por entonces no existía internet, y lo poco que alcanzábamos a encontrar se amontonaba entre otras reliquias en el barcelonés Mercat de Sant Antoni dominical.

Un año después, mientras estudiaba BUP, descubrí que uno de los pioneros de esta controvertida disciplina, Antonio Ribera, era barcelonés y, no sé cómo, conseguí su número de teléfono. Debíamos preparar un trabajo para la clase de religión y no se me ocurrió otra cosa que, en un colegio del Opus Dei, intentar llevarlo a mi creciente pasión y escribir sobre “Los OVNIS en la Biblia”. Convencí a mis padres de que el que habría de ser mi primer encuentro con Antonio, era un requerimiento imprescindible para aportar “enjundia” a mi trabajo: les necesitaba porque ellos habrían de llevarme hasta Sant Feliu de Codines, donde residía Antonio. Para un crío de 15 – 16 años de entonces, es como hablar de Japón.

Lo siguiente fue contactar con el UFÓlogo, con más nerviosismo que interés, para proponerle un encuentro entre ambos, habida cuenta del proyecto estudiantil en el que me veía inmerso… Vamos, que le vendí la moto con el único propósito egoísta de conocerle y estar un rato con él.

Su respuesta fue tajante: “Si, chaval. ¿Cuándo te va bien?”. Recuerdo que incluso cruzó unas palabras con mi padre, para indicarle cómo llegar hasta el 46 de la calle Barcelona, donde él vivía junto a Trinidad –Trini-.

Y llegó el día. Me había peinado y puesto colonia. Recuerdo que hacía frío y que se me cayó el portafolio mientras subía las sinuosas y oscuras escaleras hasta su apartamento.

“Toc, toc”. Me abrió la puerta Trini, quien vestía una especie de chilaba de punto multicolor, despeinada, con cara de pocos amigos y que ni siquiera me miró a la cara.

  • Soy Pedro, tenía una cita con…
  • Pasa, coño, pasa. ¡Que se me escapan los gatos!

“Me he equivocado, fijo” pensé. La pintoresca dama –dicho sea con todo el respeto, pues llegué a adorarla con los años- me azuzó hasta el comedor, al tiempo que veía a perros ladrando a mi paso y a medio quintal de gatos que se lamían sobre los libros que se amontonaban en aquel pasillo, bien en estanterías o en reposando en inmensas columnas sobre el mismo suelo.

Al final del pasadizo estaba el comedor frente a un inmenso ventanal que iluminaba toda la estancia. Al fondo había un escueto salón con una mesa baja de centro y unos sofás en su entorno, donde Antonio estaba sentado, con unos amigos.

“¿Tomas café, Pedro?”… ¡Si apenas me dejaban tomar gaseosa en casa!

Los primeros minutos los pasé embutido en aquel sofá, con las piernas muy apretaditas, el portafolio sobre las rodillas y una bolsa con algunos útiles encima de él, intentando hacerme un hueco en aquella sobremesa de valetudinarios, intentando no parecer demasiado imberbe.

Y llegó mi hora. Antonio me espetó: “Bueno, pues cuando quieras podemos empezar”. Yo, todo ufano, saco el cuaderno con algunas preguntas, un bolígrafo y mi porta-casete de la bolsa. Y apreto el botón de “record” para iniciar la grabación…

“Ay, madre, que no entra.”

Y justo en ese momento –no media hora antes mientras subía la escalera, o un par de horas antes, mientras seleccionaba metódicamente el material que iba a llevar a la entrevista- me doy cuenta que no he metido en la grabadora la cinta virgen TDK de 90 minutos que había comprado expresamente para esa entrevista, para esa situación, para ese momento.

Supongo que mi cara y todos los colores que adoptó, hablaron por mí. Antonio se limitó a soltar una risotada enorme, contagiando a Trinidad y a todos los presentes, que me hundió aún más en mi humillación.

Cuando dejo de reír, un tiempo que me pareció infinito, se giró hacia mí y con un tono tan paternalista como conciliador, me dijo: “A todos nos ha pasado. Ya eres medio UFÓlogo”. Y girándose sobre la mesita donde tenía el teléfono, una lámpara de pie y seis millones de cosas más, alcanzó la primera de las cintas que se apilaban allí. Leyó el epígrafe y, sin siquiera, inmutarse, me la entregó y dijo “ya tienes cinta, Pedro. Si te ponen un 10, es gracias a mí”. Y volvió a reírse.

No me acuerdo de mis preguntas de aquella tarde. Ni tampoco de sus respuestas, la verdad. Pero jamás he olvidado aquel gesto, la calidez de su trato, su intención de satisfacer mis inquietudes más allá de lo necesario. Su cercanía. Su generosidad…

Nunca me atreví a confesarle que también había olvidado la cámara con la que pretendía sacarle unas fotos

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa