El “emperador del Amazonas” que hablaba con acento andaluz

Poco o nada se habla en los medios españoles, y menos en los de Sudamérica, del latente secesionismo que, desde la segunda mitad del siglo XIX ( Fiebre del Caucho) anida en una gran parte de la Amazonía.
Para desespero de Colombia, Perú, pero principalmente Brasil.

Reporteros y autores españoles que han estado por aquellas tierras en épocas recientes ( Javier Reverte, Vilarrubia y otros) lo mencionan brevemente en libros o crónicas.

Incluso en algunas zonas, como en los alrededores de Acre, grandes contingentes militares , supuestamente allí acuartelados para el tema de la droga, tienen en ocasiones otras ” preocupaciones”

Pero para no alargarnos.

Diez años después del final de la monarquía brasileña (1889) los gobiernos de Bolivia y Brasil entraron en cabreos ( disputas para ser más educados) por la zona de Acre , situada al extremo suroeste del actual Brasil.

Mientras ambos países iban a gorrazos, el español, concretamente gaditano, Luis Gálvez Rodríguez de Arias con un pequeño ejército ( muchos de ellos españoles, principalmente gallegos y algún canario y extremeño) llegó a la región desde Manaos y proclamó la independencia de una gran parte de aquella inmensa región. Redactando incluso una constitución, que, aunque parecida a la nuestra de Cádiz, era todavía más liberal y avanzada.

El gobierno brasileño, perplejo al principio, y cabreado después, mandó varios meses más tarde un verdadero ejército para acabar con la “República de Acre” gobernada por un español.

El gaditano no se amilanó e, incluso proclamó el estado de sitio en la región.
Entre febrero o marzo ( no hay una fecha REAL) del año 1900 el español cayó prisionero de los brasileños y fue encarcelado

Una parte de la Historia que muy pocos saben y que, al menos que yo sepa, sólo el escritor español Alfonso Domingo, y el brasileño Marcio Souza ( El Emperador del Amazonas) han abordado con cierta profusión.

Si se hubiera llamado John Macdonald o Peter Cooper ( por inventarme dos nombres “yanquees”) tendrían novelas, películas e incluso, vaya usted a saber, alguna calle en su ciudad natal

 

Por gentileza de

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El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa

Cuando los templarios llegaron a las Islas Baleares

LOS TEMPLARIOS EN LAS BALEARES

 

Cuando se habla del Temple en nuestro país, tendemos a referirnos solamente a los enclaves y encomiendas de la Península Ibérica, obviando, de manera lamentable, a los caballeros que residieron, combatieron y trabajaron en las Islas Baleares.

Pensemos que A.J. Forey en su impresionante trabajo The Templers in the Corona de Aragón asegura que los derechos, rentas y posesiones que los caballeros tenían en las Baleares eran las segundas en importancia del reino de Aragón, después de las del castillo de Monzón. Forey, tras consultar los archivos de la época, asegura que en el año de la supresión del Temple, sólo esa encomienda pagaba de impuestos 920 masmudines ( moneda de oro normalmente de origen árabe), lo que nos da una idea de cuáles serían sus ingresos brutos.

Al hablar de la reconquista de dichas islas, debemos mencionar dos nombres: Jaime I el Conquistador, criado bajo la tutela, no lo olvidemos, de los monjes-caballeros y, seguidamente, la Orden del Temple.

Pese a algunas tentativas anteriores por parte de los condes catalanes que se remontan al siglo XII, los monarcas catalanoaragoneses no se habían decidido a conquistar dichas islas, las cuales en días muy claros, podían observarse desde diversos puntos de Cataluña.

El día 16 de noviembre de 1228 se celebra una comida en la ciudad de Tarragona, a la que asisten invitados por el comandante o cómite de galeras Pere Martell, el rey Jaime junto a otros nobles catalanes, entre ellos Ramón de Montcada, cuya familia estaba muy relacionada con el Temple, e incluso dio un maestre de la orden (Pere de Montcada), Guillem de Claramunt, descendiente directo del Maestre templario Arnau de Claramunt, el Conde de Ampurias, en cuyo feudo existía una de las más importantes encomiendas templarias de Cataluña (Castelló de Ampurias)   uno de cuyos descendientes, posiblemente Hug de Ampurias, fue el responsable de las desastrosas negociaciones que acabaron con la última posesión templaria en Oriente (Isla fortificada de Ruad, 1303) y posiblemente también estaba presente Guillem Cádell, que coincidiendo con la conquista de Mallorca, sería Maestre de la Orden en la provincia catalanoaragonesa.

Aunque dicha conquista ya interesaba al monarca desde hacía algunos años, posiblemente influenciado desde muy joven por sus antiguos  preceptores en Monzón, es en esa reunión, en la que una buena parte de los asistentes estaban relacionados con la Orden, donde se toma la decisión de armar una flota y un poderoso ejército y lanzarse a la conquista de las islas.

Según parece, y aunque no se ha difundido excesivamente el hecho, los nobles catalanes de las zonas de Lleida y Tarragona tenían escasas, por no decir ninguna, ganas de emprender dicha campaña, pues sus anhelos y ambiciones miraban hacia tierras valencianas, mucho más cercanas, por lo que el papa Gregorio IX, un fanático de la lucha contra todo tipo de herejía (fue el creador de la Inquisición) o religión distinta a la católica, decidió darle carácter de cruzada, intentando de esta manera conseguir una mayor asistencia de guerreros peninsulares y del sur de Francia ( y también, de paso, que más tarde el monarca cataloaragonés en “agradecimiento” participara en las Cruzadas en Tierra Santa).

En poco tiempo, el monarca consiguió reunir una flota integrada por 159 embarcaciones, de las cuales sólo 12 eran galeras de guerra, siendo las otras naves de transportes para los soldados y sus caballerías. Sobre el número de hombres que integraban el ejército no hay unanimidad, pues mientras el historiador y teniente coronel de artillería Miquel Ribas i Pina, una de las mayores autoridades en la vertiente militar de la conquista balear, aunque muy ortodoxo en sus estudios, cree que podían ser 1500 caballeros y unos 15.000 peones y auxiliares, otros investigadores más cautos, entre ellos Hermergild Crespi, opinan que el número de hombres a caballo sería de poco más de 700, mientras sí coinciden en la cantidad aproximada de peones.

En lo que sí parece que hay unanimidad, es que la Orden templaria colaboró con un centenar de caballeros, lo que es una cifra muy importante si pensamos que a estos se deben de añadir los sargentos y peones que formaban parte así mismo de dicha cuerpo militar, lo que puede dar una cifra aproximadamente superior a los 1.000 hombres.

El día 5 de septiembre de 1229, la flota levanta anclas desde los puertos de Tarragona, Cambrils y Salou. La gente embarcada tiene distintos orígenes. Principalmente catalanes, también los hay de occitanos ( posiblemente algunos son cátaros que deciden huir de la persecución francesa contra dichos herejes), italianos, y algunos aragoneses, navarros y castellanos.

El ejército a su llegada a Mallorca se divide en cuatro cuerpos diferentes, uno al mando del propio rey, otro del obispo de Barcelona, el tercero con Nuño Sancho, poco amigo de los templarios y que no destacaría precisamente por su valor y maestría castrense, y el cuarto a las órdenes de Guillem de Montcada y su hermano Ramón, donde se encuadran todos los templarios, que están directamente bajo las órdenes del valeroso conde de Ampurias.

El primer encuentro importante se lleva a cabo en Porto Pí (12 de septiembre), donde los templarios luchan con gran valor contra un grupo superior de sarracenos, aunque la indisciplina y la precipitación de algunas tropas ajenas a la Orden,hace que una parte de las huestes cristianas caigan en una emboscada que cuesta la vida a los dos hermanos Montcada, comandantes de dicho cuerpo de ejército, así como a un buen número de cristianos, entre ellos posiblemente varios templarios.

Poco a poco las tropas cristianas van avanzando, con los templarios en cabeza. Ante los muros de la fortificada capital mallorquina, sólamente los templarios y algunas unidades reales, más acostumbrados a sitiar grandes ciudadelas, están a la altura de las circunstancias, pues la artillería cristiana y sus ingenieros, estaban habituados a sitiar pequeños castillos roqueros, pero no una fortaleza como aquella.

Finalmente conquistan la plaza, con cierta ayuda “divina” según las leyendas.

La carnicería contra los musulmanes es terrible, y unos 3000 hombres de armas y 15.000 civiles huyen a la inaccesible y exuberante sierra de Tramontana, donde sobrevivirán en una lucha de guerrillas algunos años, hasta ser vencidos y sometidos muchos de ellos a la esclavitud, pasando casi dos centenares a posesión del Temple.

El monarca, muy amigo de sus maestros en la infancia, los templarios, agradece la ayuda de estos de forma generosa, pues según Ricard Soto y Companys, les concedió 525 caballerizas(porción de tierra suficiente para poder vivir un caballero y su familia), lo que actualmente equivaldría a una extensión aproximada a las 3238 hectáreas. Además, el Conquistador concede a los caballeros el castillo de la Almudaina en la capital,un barrio cercano a la judería, y el importante puerto de Almonetir, donde existían dos pequeñas fortificaciones así como una de las principales fuentes de agua dulce de la zona. En octubre de 1230, ya estaba creada la primera encomienda de las islas y cuyos últimos comendadores fueron Pere de Sant Just, posiblemente uno de los templarios que pudo continuar con sus actividades en la zona de la Geltrú tras la disolución, y Bernant Fesfonts.

También adquieren lo que será su principal enclave, Pollença, donde habitará un lugarteniente junto a parte de los caballeros. Sabemos que el primer responsable de dicho enclave fue Fray Arnau de Cursaval. Años más tarde, y muerto ya Jaime I, en esta localidad habrían serios roces entre los monarcas y el Temple, a raíz de las responsabilidades juridiccionales. Su influencia en dicha población, una de las más importantes del archipiélago, les llevaría a mediados de ese siglo a tener pleitos con la Iglesia a raíz de los derechos e impuestos que generaba el templo de dicha localidad.En el cercano monte(Puig) aún se conserva un enclave conocido como Puig del Templers

Ya asentados, algunos caballeros buscan inmediatamente el aspecto mágico y ancestral de la isla, y así nos encontramos que en lo que fue antiguo talayot prehistórico en el sagrado Puig de Son Vila, cerca de Alcudia, instalan lo que muy posiblemente fue un lugar de meditación y oración, y que aún hoy los habitantes de más edad conocen como El Fort dels templers (El fuerte de los templarios).

De todos modos, el corazón mágico y sagrado de la isla, el Santuario de Nuestra Señora de Lluc, patrona de la isla, es según muchos investigadores, entre ellos García Atienza,la obra clave de los templarios para reivindicar y poner a dicha isla bajo la protección de la Virgen, o lo que es lo mismo,de la Gran Diosa Mater.

 

Menorca, la isla sagrada.

Cuando la mayor de las Baleares ya estaba en manos cristianas,y una buena parte de élla pertenecía al Temple, los dirigentes de la Orden giran sus ojos hacia una isla llena de misterio, que aún hoy levanta polémica debido a sus extrañas y autóctonas construcciones prehistóricas, y que desde la más remota antigüedad, estaba considerada como un lugar sacro, Menorca.

Con la caída de Mallorca, los musulmanes de la isla vecina deciden rendir vasallaje al rey cristiano, pero de una forma casi simbólica. Jaime I, siendo consciente de que no le quedan fuerzas militares para emprender una nueva conquista, acepta el tibio vasallaje y decide olvidar dicha ínsula. Pero no pasa lo mismo con los templarios, que desean poseer la mágica isla del “Toro Sagrado”, representado por las imponentes taulas y las arcanas “navetas”. Son varias las veces que los monjes-caballeros insisten al monarca para que se decida a conquistar aquella pequeña isla, que al parecer era muy importante para los Pobres Caballeros de Cristo, los templarios.

Finalmente, en un encuentro entre el rey Conquistador y el comendador de Mallorca, Fray Ramón Serra ( que llegaría a Maestre provincial) se decide conquistar dicha isla, aunque utilizando un pequeño ardid, pues solamente se envían tres galeras armadas y llenas de hombres, los cuales de noche se despliegan y encienden sus fuegos de manera que parezca que son un gran ejército. Los musulmanes se rinden casi sin luchar y aceptan ser súbditos del monarca cristiano. Los templarios consiguen poner el pie en una de las islas más misteriosas de todo el Mediterráneo.La misma ínsula donde milenios atrás se habían practicado cultos aún hoy desconocidos y cuyos habitantes habían adorado al toro, animal solar.

Las dos grandes islas ya están en poder cristiano, y los templarios han conseguido uno de los propósitos que, según algunos investigadores, ya se habían propuesto desde hacía décadas, pues Atienza nos dice al respecto: No tendría que sorprendernos que la Orden del Temple contase ya con su presencia en las islas cuando, apenas aprobada su regla ( 1128) las incluyó entre sus provincias cien años antes de su conquista.

Queda claro que las Baleares fueron de una gran importancia para los caballeros del Temple, y que muy posiblemente desde que se hicieron cargo de la educación del futuro Jaime I, el más importante monarca de la corona catalanoaragonesa, ya influyeran, de forma más o menos directa, para que el monarca, antes de “reconquistar” nuevos territorios, accediera a la conquista de aquellas islas lejanas y cercanas a la vez, que para los caballeros tenían un valor doble, tanto en el aspecto estratégico y comercial, como desde un punto de vista místico y sagrado, pues sabían, o por lo menos intuían, que en esos pagos, y desde hacía milenios, los antepasados habían rendido culto a unas divinidades que podían encajar perfectamente en su ideario oculto.

 

RECUADRO:

Se conoce una curiosa leyenda que nos habla de la puntual aparición de San Jorge durante el asedio a la capital balear.Aunque de esta “ayuda celestial” se han dado muchas y variadas versiones.

Estaban los soldados cristianos un tanto sofocados debido a la numantina resistencia de los árabes mallorquines para petados tras los muros de la ciudad cuando, sin que nadie supiera de dónde, apareció un majestuoso caballero de blanca capa y espada centelleante, montado en un bravo corcel del mismo color que la capa, que a golpes de mandoble se abrió paso entre los agarenos, contagiando de coraje a las tropas cristianas que lo siguieron gritando con ardor hasta conquistar toda la ciudad. Eso es al menos lo que nos cuenta la Crónica de Marsili, que dedica los honores al santo guerrero, aunque historiadores posteriores y menos piadosos parecen creer que quién iba enfundado bajo la espléndida capa y cortando cabezas enemigas era o bien el aragonés Juan Martínez, o más probablemente el caballero, posiblemente templario, Berenguer de Gurb, que al igual que sus camaradas de Orden, se distinguió por su valor durante todo el asedio a la ciudad.

 

Recuadro:

Durante el ágape que reunió a varios nobles y prohombres catalanes junto al monarca en Tarragona, y donde se decidió la decisiva invasión de Mallorca, parece ser que existía un plan ya preparado de antemano, y al cual los templarios no eran en absoluto ajenos, incluso hay indicios que parecen indicarnos que tenían preparada una gran cantidad de dinero para “ayudar” al rey Jaime, económicamente débil en esos momentos, a preparar dicha expedición de conquista, lo que nos lleva al convencimiento de que el interés de los templarios por dichas islas se remontaba en el tiempo.

 

Miguel G. Aracil

 

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El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa