Bretaña, megalitos, magia y el Mago Merlín

BRETAÑA, LA PATRIA DE MERLÍN

 

 

Bruma, cantares célticos, naufragios,megalitos, génios y fantasmas; todo esto y mucho más es Bretaña, aquella tierra misteriosa de Francia que con solo 27.000 km cuadrados, ( a menos que a gusto de los nacionalistas bretones, que de haberlos hailos, incluyamos los 7000 segregados por “orden y morro” del centralismo parisino y que corresponden al Loire-Atlantique) se considera la región más “mágica” del territorio galo.

Sobre esta tierra y sus raices y factores mágicos se puede hacer toda una enciclopedia, y si no, que se lo cuenten a los editores de las famosas Guides noires que con su “Bretaña misteriosa” han hecho como se dice habitualmente, “el agosto”.

Nosotros tenemos poco espacio y solo nos proponemos acercar al público español algunos, unos pocos, de los factores misteriosos y mágicos que cubren TODO ( y no son exageraciones de periodista eufórico) el brumoso territorio bretón.

 

Los recorridos megalíticos:

 

Quien más quien menos, sabe que Bretaña es la mayor concentración megalítica no solo de Europa, si no del mundo entero, lo que nos indica que aquel lugar es “especial” y que nuestros antepasados ( aunque fueran franceses) sabían que allí, y justamente allí, había ALGO especial, que les obligó a erigir miles de dólmenes, menhires y cromlechs, muchos de ellos, principalmente los menhires de Carnac, destrozados a golpe de “marteau” ( léase “martillo” en lengua castellana) por los funcionarios decimonónicos de las instituciones parisinas, con la “oficial” función de conseguir piedra para sus innumerables faros, pero con la sospecha de que se hizo para “jorobar” a los nacionalistas bretones que prácticamente adoraban aquellas milenarias piedras, esos mismos nacionalistas bretones que durante la Primera Guerra Mundial, fueron prácticamente “sacrificados” de manera “sospechosa” en combates absurdos y perdidos de antemano frente a los fusiles y ametralladoras alemanes, pero dejemos la política, que al fin y al cabo no es nuestro propósito, y naveguemos por mundos más “mágicos”.

Después de diversas visitas  por aquellas tierras, y recorrer cientos de megalitos, y de añorar mil veces la cocina española ( a la que la francesa no le llega ni a los zapatos, digan lo que digan los “gabaxos”), pudimos dividir el mapa megalítico bretón en dieciseis subdistritos, que nos ocuparíanun centenares de páginas, lo que nos desborda completamente, por lo que decidimos referir solamente las principales aglomeraciones.

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Carnac:

 

      Alguien ( con seguridad paisano mío) lo definió como el “Camp Nou” de los megalitos y así es en realidad, pues podemos distinguir miles de menhires ( y algún dolmen camuflado) que se dividen principalmente en tres grandes concentraciones: Hameau de Ménec integrado por 1111 menhires colocados en once hileras con una longitud de 1190 metros, Kermario, 1029 menhires en diez disciplinadas filas, con 1120 metros de longitud y para finalizar ( por decir algo) el “pequeño” Kerléskan,  con “solo” 594 menhires y un gigantesco cromlech intergrado por 39 menhires. Todo ello rodeado por algunos megalitos “misteriosos”, cuevas y sobre todo el majestuoso túmulo de Saint Michael, uno de los más misteriosos monumentos prehistóricos del país, y que los religiosos ( monjes católicos, más amigos de la antorcha y el martillo que de la Biblia) del bárroco, coronaron con una pequeña iglesia, para intentar cristianizar lo que no cristianiza ni Dios, con perdón, pues es ancestral y telúrico hasta sus más profundas raíces ( las cuales se hallan cerradas con puertas de hierro forjado).

 

Locmariaquer:

 

Nos encontramos en una de las regiones megalíticas más importantes del país armoricano, y sus yacimientos arqueológicos se salvaron gracias a Zacarías Leroucic, quien cuidó y reconstruyó muchos de los menhires y dólmenes caidos. Destaca entre todos la famosa “Table de les Marchands”, un inmenso megalito con túmulo que aún guarda muchos misterios en su interior. En este lugar encontramos al “rey” de los menhires, al gigantesco Grand Brisé, que con sus veinte metros de altura, y 355 toneladas, fue considerado como el eje central de un megamonumento astronómico que reunía los monumentos de Carnac y Locmariaquer. Un buen día ( o más bien malo), algo o alguien lo derribó y actualmente se encuentra por los suelos.

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Arzón:

 

La península del Rhuys, encierra la extremidad meridional del golfo de Moribhan, en cuyas tierras podemos encontrar un gran número de megalitos muy poco conocidos, como el “cerrillo del Cesar”, donde dice la leyenda que se sentó Julio César para observar la batalla naval entre los romanos y los venetos. También encontramos entre otros el Petit Mont, un megalitos con “gafe” pues casi todos los pueblos que han pasado por allí, le dieron algún mordizco, desde los romanos que al parecer quisieron hacer sus letrinas en su cima, hasta los nazis ( nos referimos a los alemanes de la Segunda Guerra Mundial, lógicamente)que según parece la mantuvieron a golpe de mallo con el pobre montículo, buscando no se qué, pero con la excusa de construir un bunker.

 

Así podríamos llenar páginas y más páginas, pero para los más exigentes lectores interesados en este tema, les recomendamos el espléndido ( y caro, que también es importante) libro de bonito formato Megalitos en Bretaña de Jacques Briard ( en español).

 

Cuando hablamos de Bretaña, muchos pensamos, y no nos equivocamos, con un personaje de lo más romántico, que a muchos nos hizo volar la imaginación de niños:  EL MAGO   MERLIN ( de adolescentes, quizá fue la casquivana Morgana quién nos hizo imaginar otras cosas “mágicas) . Pues bien, existe una vieja y actualmente resurgida ( quizá por razones turísticas y por lo tanto crematísticas) tradición que nos explica que el a veces arrogante, a veces pedante, pero siempre “mágico” Merlín, vivió, amó ( que al fin y al cabo también era humano y el “soma” es el “soma”) y murió ( la muerte nos llega a todos por muy magos que sean) en el mágico bosque de Brocéliande. En mis varias decenas de libros escritos, he hablado en muchas ocasiones de lugares mágicos por varias razones, pero en esta ocasión, sin duda nos encontramos en un lugar MÄGICO de veras, la “magia” se siente, la tierra del Forêt,  desprende “algo” especial, y quienes hemos pernoctado en él, parece que pudieramos esperar que en cualquier momento apareciera Merlín o alguno de sus coetáneos, rodeado de traviesos gnomos y elfos, y que en sus fuentes, las ninfas pudieran estar peinando sus rubios cabellos reflejados por la luna en las cristalinas aguas.

Pero entre todo lo que hay en aquel misterioso bosque, destaca por méritos propios, la “supuesta” tumba de Merlín, una antigua tumba megalítica de corredor, con una antigüedad cercana a los 4500 años, en la que ha nacido como por arte de “magia” y nunca mejor dicho, un extraño árbol que está en la actualidad lleno de ofrendas de todo tipo, desde gorros militares de legionarios franceses, hasta cruces, medallas, exvotos, cerería y todo tipo de ofrenda de personas que ante la disyuntiva de poner sus promesas en los oscuros muros de una iglesia perdida o en las mágicas ramas de aquel extraño árbol, no han dudado ( yo en su caso hubiera hecho lo mismo). El lugar, respira y traspira misticismo, pero un misticismo muy alejado al que gusta a mucho y mucha histérico-a que ante una estampa de un supuesto “maestro ascendido” ( generalmente invento de algún “iniciado” de allende el Atlántico que hace su agosto vendiendo estampas “sagradas”) cree que lo(la) está iluminando el “Séptimo Rayo”.

En este bosque, digno de una detallada visita, podemos observar el “Puente del Secreto”, donde según la leyenda, la hada Viviana, declaró su amor a Merlín, o el valle sin Regreso, lugar extraño, donde la tradición asegura que la maga Morgana, un poco “petardo” élla, disfrutaba de sus numerosos amantes, pero que en el caso de serle infieles, los dejaba perdidos en aquella landa por siglos. Si nos adentramos en el bosque, encontramos un extraño megalito conocido como la Hotié de Viviana, y que se asegura que fue refugio y residencia de la hada Viviana ( sabemos que hasta hace algunos siglos, este monumento era conocido como “Sepulcro de los druidas”, y es que históricamente sabemos que este bosque fue un lugar de culto de los antiguos druidas celtas.

Los dedos siguen teclenado sobre el ordenador, y las imágenes de la Bretaña francesa y de sus seres míticos ( o no tanto) desfilan por nuestro cerebro y nuestros ojos, pues a nadie con corazón ( quién sea creyente que diga Alma, pero no es este mi caso) Bretaña, puede dejar indiferente, hay MAGIA ( con mayúsculas) y su gente, abrupta y en ocasiones maleduacada, guarda en sus genes, los misterios que solo un lugar como el país bretón, pueden guardar.

Quizá en otra ocasión sigamos este recorrido ( breve a la fuerza)por la patria de Merlín, el más mágico de todos los magos ( incluidos los del 906)

 

Miguel G. ARACIL .

 

Para saber más

www.editorialbastet.com

 

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa