Amigos, compañeros, conocidos y saludados. No confundamos los términos…

He decidido recuperar este post del blog que antiguamente colgaba en mi web personal. Lo acabo de actualizar el día 15 de febrero del 2015. Desde que lo escribí hasta ahora han sucedido bastantes cosas y, al estar en España ( o lo que queda de ella) casi todas malas ( cómo la política). Por lo tanto, han habido cambios,; no es la » clasificación» pero sí en algunos personajes

Tenía Catalunya un gran escritor ampurdanés, de nombre Josep Pla. Sí, ese al que un alcalde gerundense que en lugar de cerebro tenía una cebolla—”ceba” en catalán, y nunca mejor dicho, o sea separatista—le negaba una calle por confundirlo con Joan Pla y su camisa azul, y que posiblemente—me refiero al “cebollo”—había estudiado y se había cultivado intelectualmente junto a un «ilustrado» colega suyo de Granada, que quiso tirar al suelo un edificio de finales del siglo XV, edificado por los Reyes Católicos ( Fernando realmente listo y maquiavélico e Isabel una verdadera «meapilas» que, además se lavaba poco íntimamente) porque tenía grabado en sus muros desde hacía más de 500 años el yugo y las flechas, confundiéndolo con el símbolo de los fascistas españoles. Pero es que España es el país puntal de la cultura ( sólo hay qué ver a sus dirigentes), incluso por delante de Trinidad y Tobago…o Mali

Pero dejemos la política, que no nos da de comer, aunque sí nos da en ocasiones por dónde amargan los pepinos.

Josep Pla, que no Joan Pla, dijo en una ocasión que él tenía “amigos, amistades y saludados”, que era distinto.

Por cierto, cuando escribo estas líneas, otra » intelectual», regidora de cultura ¿? en el Ayuntamiento madrileño de los «podemitas» también parece que le tiene «ganas» a Josep Pla, al igual que a Dalí y otros personajes por » franquistas»…

Es que ya se sabe que, en la extrema derecha y la extrema izquierda ( se necesitan entre ellos y ellas), o sea entre los » intelectuales» de nuestro puteado país, hay mucha lumbrera…

Yo discutía, siendo un chaval de 20 tacos, con mi padre sobre ese tema.

Era uno, quien esto escribe, un buen scout (Grupo 240, Impessa, Exploradores de España, jefe de tropa–Poble Sec-Barrio Chino– y con más chulería y mala leche que una crónica revertiana) de los que creía que se podían tener “muuuuuuuuuchos amigos”.

Mi padre, al que ya por desgracia le quedaba poco de estar en este puñetero mundo, me decía “no. Amigos se tienen pocos, lo importante es que sean buenos; otra cosa son los compañeros”

Ahora, a mis 60 tacos, habiendo dejado mi uniforme de scout en el armario hace más de 35 años (scout un día, scout siempre) y viendo como ideales ( no todos, que los gatos, la Naturaleza y mi país son sagrados) y cabello me van dejando abandonado día a día, comprendo las palabras de mi estimado padre y las del reportero y escritor ampurdanés.

Sí, ya sé que llevaba boina el pobre señor Pla, pero era negra, a lo Paco Martínez Soria, no roja a lo Fal Conde ( líder carlista, para quién no sepa quién era dicho personaje), señores cebollos y cenutrios, sean de donde sean…

Y como yo soy más raro que un regidor de urbanismo pobre o un chiste gracioso contado por  Mariano Rajoy, he personalizado la afirmación de Pla desde hace bastantes años.

Mi círculo de amistades lo divido entre varios “empleos” ( perdón el “militarismo”, pero uno es así de políticamente oncorrecto):

Amigos; muy pocos, y entiendo por ese sagrado nombre aquellas personas a las que siempre podré pedir un favor, que se alegrarán de mis éxitos y sufrirán mis desgracias. Y yo lo mismo con ellos. Fíjese quien me lee habitualmente que son pocas las veces que utilizo la palabra, sagrada, “amigo”.´

Amistades: Personas con las que me une una excelente relación. Que me ayudarán “casi” siempre, y yo haré con ellos lo mismo, pero que en algunos casos muy íntimos no les voy a contar mis penas ni ellos a mí las suyas. Tengo bastantes amistades, y las conservo con orgullo. Los puedo llamar “amigos”, aunque realmente son amistades, un grado menos en el escalafón. Son los que prefiero, la verdad.

Compañeros: Son aquellas personas, hombres y mujeres, a los que me une una actividad común. Profesional, deportiva o de asueto. Con los que pasas buenos ratos, pero que a la hora de la verdad es probable, no siempre, te dejen más vacío que el expediente ginecológico de la Heidi.

Conocidos: Son aquellos a los que conoces, hablas en algunos casos. Les pides o bien les haces un pequeño favor, pero que en muchas ocasiones te preguntas ” ¿cómo «collons» se llama este ti@, que no me acuerdo?”. Son aquellos que, en algunas ocasiones, cuando estás firmando libros se acercan con otra persona y te abrazan o te saludan calurosamente, como si hubieras intercambiado fluidos desde hace años con ellos. O cuando tienes un cargo de cierta importancia—sea editorial o en un lupanar, no importa—te vienen a saludar y te piden un favor en nombre de no sé qué puñereta vez en la que “fuisteis muy amigos”.

Tarjetas perdidas: Para los que tenemos ¿ teníamos? la oportunidad de viajar bastante ( aunque mal está la cosa con la crisis y la morosidad editorial que va para largo…o ya es crónica) existe este tipo de “relación social”. Se trata de aquella persona, hombre o mujer, con la que compartes un viaje de 15, 20 o 30 días. Haces unas excelentes relaciones, te haces fotos con ellos, ríes y, al despedirte en el aeropuerto y tras prometer intercambiar emails, haces un intercambio de tarjetas de visita… que poco después van a la basura. Y sólo te acuerdas de ellos, en ocasiones ni de su nombre, al ver, años después, fotografías de aquel viaje.

Ya sé que esta tabla de equivalencias es algo muy personal. Lógicamente, es la mía. Pero por ella me guío, y cuando la repaso me digo:

Amigos, más bien pocos. Amistades, bastantes, y en ocasiones estupendas. Compañeros, muchos; buenos, regulares ( cómo en Ceuta y Melilla), malos y algunos que ni para chusma de galera valdrían. Y, finalmente Saludados, que como no se declaran al Fisco los puedes tener a cientos, aunque en ocasiones te llevas sorpresas, para bien o para mal. A los tarjeteros los voy a olvidar hoy.

Hace años recibí un paquete de MRW de un (¿una?) desconocido en cuyo interior había un libro que destilaba veneno contra un ex amigo mío, muy televisivo ( y ahora » rumbero» cuando ve en coche, según parece, junto a su esposa ). Lo leí con cierto reparo y cabreo, y tras leer que quien aquello escribía decía más o menos que seguía considerando su amigo a quien había crucificado en las casi 300 páginas del libro pensé por un momento “para tener amigos así, mejor me compró un cesto de cobras de Nueva Delhi y me acuesto con ellas para repasar el Kama-Sutra”.

Dejé de tener relaciones con aquel autor ( lo que no quiere decir que no comparta lo que allí escribió, o al menos en parte), por cierto, policía de profesión, aunque se oculte en ocasiones tras algún pseudónimo.

Bueno, este es mi pensamiento de esta semana, pero actualizado.

Un poco anticuado, quizá, pero uno es más antiguo que la corbata de Pedro Picapiedra  y,  dependiendo del día me levanto más o menos lacerante y borde…que para eso están los bordes y las fronteras….

Un saludo a mis amigos ( pocos , pero buenos, al menos eso espero), a mis amistades ( bastantes), compañeros y conocidos ( o “saludados” según el señor Pla, Josep, no Joan,).

En Barcelona, a 15 de febrero del año 666 antes de la Recuperación Económica de España y de tener un Gobierno cómo debería tener un país del Primer Mundo.

Fdo: El Borde más borde, de la Frontera

El autor

Periodista y escritor, mis pasos me han llevado a moverme por el mundo del misterio y de todo lo que tiene dos explicaciones: la ortodoxa y la heterodoxa